jeudi 5 février 2015

Retazos porteños

Diario del Cono Sur, 9

Mira que ir a Buenos Aires y, en lugar de escribir sobre Nisman y Kitschner, ponerse a hablar de zorzales y de fetos en formol. Y luego quieres tener lectores. ¿Y quién te dijo que yo quiero tener lectores?

Al despegar, Buenos Aires es un sinfín de luces de colores junto al río chocolatero. Al aterrizar, Santiago por la mismas, si cambias al río por la cordillera. El avión ha venido buscando la última luz del poniente. No sé si será posible un viaje aéreo que haga durar el crepúsculo largas horas, un día entero. Por lo pronto, esa será mi fantasía erótica a la hora de buscar el sueño. Y como plan B, una navegación por mar entre Montevideo y Valparaíso vía el Cabo de Hornos.

Quién supiera leer la ciudad por sus luces. Entiendo que las luces rojas indican a los pilotos la altura de los edificios, mientras que las demás componen el entramado del tráfico entre los volúmenes edificados. Por otra parte, y para reforzar la sensación de continuidad entre una y otra capital, estos últimos años la cotorra argentina ha venido colonizando Santiago. Menudos cotorreos que hay que oír entre los árboles y los postes de la luz. Lo mismo con los locutores deportivos chilenos, que imitan descaradamente a los argentinos.

También sobre cotorreos, el uso porteño del indefinido en lugar del compuesto es cortocircuitante: «Todavía no almorcé», dicen. «A la Argentina se la robaron tres veces y todavía no murió». Y la señora, concentrada en la cinta giratoria buscando su maleta: «Y, no la vi la maleta». 

El taxista que nos lleva hasta el Gran Rex al espectáculo de Les Luthiers -Viejos hazmerreíres se llama- dice que él no iría a verlo. «Todos los que vienen de fuera, Los Beatles, bueno, Los Beatles, no, Youtube (Youtube dice, queriendo decir U2, supongo), vienen de última». Pero Les Luthiers juegan de locales, replico. «Bueno, igual no iría».

El Gran Rex, sin embargo, está lleno. Un placer ver un teatro lleno de gente sencilla que sabe disfrutar de un espectáculo. Se reconcilia uno no sé con qué, con los porteños puede ser, que andan algo cabizbajos, como asustados frente a lo que viene y a lo que va. El de Les Luthiers es un humor popular inteligente, si eso existe. Y buena música, hecha con califones y bidets. Están viejos y se ríen de su propia vejez con chistes bien hechos. Tal vez demasiado hechos. No sé si olvidan eso de que primero hay que escribir y luego borrar los chistes.

No es que los taxistas sean iguales en todas partes, sólo lo parecen. Los bonaerenses son muy de Macri, y algunos le echan la culpa de todo a los ladrones y a los extranjeros. Y creen que Macri no robará, porque ya tiene. 

Lo dejo por ahora. Mañana digo algo sobre el Ateneo o pongo un autorretrato, si eso.

Source: Externe

Del libro «Santiago desde el aire»

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mardi 3 février 2015

El cementerio transparente

Diario del Cono Sur, 8

Epifanía de la mañana en Buenos Aires. Suena una sonata bien sonante mientras compartimos un alfajor de maicena dos cuculíes, un zorzal sabiá y este viejo zopilote.

Apuramos las últimas horas yendo del Museo de patologías al de Aguas corrientes, siguiendo el consejo del amigo V.

La Facultad de medicina de la Universidad de Buenos Aires, que abriga al Museo de patologías, se ve venida a menos. El museo exhibe los estragos de la lepra, la sífilis, los cánceres, enfisemas y otros enemigos de la lozanía. Se alinean pobrecillos nonatos y tristes seres que debieron encarar la vida cubiertos de defectos. Y manos y pechos tatuados con imágenes circenses, que en su día habrán sido exhibidas con disimulo o desparpajo. Un cementerio transparente detenido en la eternidad provisoria del formol.  

A propósito de mi amigo el taxista checo, un tablero muestra las autopsias realizadas en 1920 -el museo tiene cien años- ordenadas por nacionalidades: 56% de argentinos, 20% de italianos, 14% de españoles, 10% de rusos y unos cuantos uruguayos. Redondeo, claro.

Le pregunto al encargado si, descontando estudiantes y profesores, viene algún visitante. «Y, alguno viene… como es gratis». Nosotros somos los primeros visitantes de este 2015. El ultimo de 2014, antes de las vacaciones de enero, dejó escrito en el libro de visitas: «Qué cagaso (sic). Buenísimo».

En el taxi, de regreso, como el iPad ha quedado mal apagado, vuelve a sonar la sonata. Le celebro el buen gusto musical al taxista. «Y, no es la radio del coche, me dice. Es su teléfono. Conteste».

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dimanche 1 février 2015

La ventana

Diario del Cono Sur, 7 

Despierto y oigo ruidos raros, voces. Ya está, se trata de una toma de rehenes, pienso. Descorro la cortina y aparece colgado de una cuerda el limpiador de vidrios. Estamos en un octavo piso. Buenos días, sesión de fotos.

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También desde la ventana, a pocos metros, veo el costurón que dejó la explosión en el edificio de la mutual judía. Una bomba terrorista mató allí a 85 personas hace veinte años. Un reciente coletazo de esa explosión, que debió de quebrar en su momento los vidrios que lava el trabajador de la foto, es la muerte del fiscal Nisman, que acababa de inculpar a la presidenta Kitschner de fabricar la impunidad de Irán en ese atentado.

El pedazo de Buenos Aires que veo desde esa ventana comprende oficinas, habitaciones, escuelas -María Admirable- la copa de los árboles del Museo Colonial -un palo borracho está en flor ahora mismo-,  el movimiento de las calles que se pierden a la distancia, como ríos o corredores aéreos.

Me pierdo yo también en esas distancias, sorteando luego en el movimiento de la ciudad una concentración de Podemos-Argentina, con banderas griegas y siñalética española. Y a gente que me advierte que abra bien los ojos porque en Buenos Aires, desde el corralito, atracan a la luz del día.

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mercredi 21 janvier 2015

A ti, Lolita

Diario del Cono Sur, 4

Por muy alto que esté el lugar desde donde se la mire, la ciudad resulta inabarcable: siempre hay más detrás. También sucede con el ruido, que puede ser sordo o agudo pero es siempre continuo. 

Un amigo belga me decía años atrás que el hecho diferencial de Santiago no era su tamaño ni su barullo sino la cantidad de peluquerías por kilómetro cuadrado. Habría tantas peluquerías (que aquí llaman salones de belleza) como en Madrid hay bares o librerías en Buenos Aires. Pero más que peluquerías, o bares, o incluso librerías, hay ahora en Santiago salones de pilates. Y hasta ayer no sabía yo que el pilates es una especie de gimnasia para santiaguinas.

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O será esto un fenómeno del barrio que atravieso para ir de mi piso 19 hasta la librería, que tiene nombre de niña, de cachorra y de novela, Lolita. Un nombre tan lindamente palindromático: A ti, Lolita.

El libro que compro opera un prodigio: es el último de Savater y el primero que no me gusta. No me gusta particularmente el capítulo que le dedica a Santiago, quiero decir. Se trata de periodismo literario: el autor recorre varias ciudades y las describe a través de su escritor emblemático. A Santiago le toca en suerte Neruda. Pero los entrevistados no tienen nada muy sustancioso que decir y hay una coma mal puesta. Tanto así que la impresion de conjunto es que nuestro querido filósofo le ha echado a la cundidora. Mejorará en cuanto hable de Buenos Aires y Borges, no me cabe duda.

Hablando de palíndromos y viendo éste que le dedica a los islamistas mi amigo Montañés: Mal si leís así el islam, caigo en la cuenta de que todo palíndromo que se le dedique al islam comienza mal y termina peor.

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lundi 19 janvier 2015

La virgencita del cerro

Diario del Cono Sur, 2

Se supone que hoy es el lunes triste, el día más deprimente del año. Espero que no sea para tanto, aunque haya amanecido nublado y desde mi atalaya la niebla no deje ver los entusiasmantes emblemas del futuro y del pasado de Santiago, un alto edificio en forma de supositorio y la virgencita del cerro, respectivamente. 

El falso adagio hindú del Hotel MarigoldEverything will be all right in the end... if it's not all right then it's not yet the end, del que hablaba anoche con S, se podría traducir así: «Al final todo se arreglará, y si no se ha arreglado aún es porque todavía no es el final». Se podría traducir mejor, hay que intentarlo. No sé por qué la gente no intenta traducir, si traducido se entiende mejor. En Barajas se me acercó una señora albaceteña y me preguntó si esa era la fila de priority. Y no era, claro.

Los ingleses del Hotel Marigold ni siquiera cogen un tren -lo comento por si el amigo V asomase- sino un autobús, tan tópico en su recorrido que dan ganas de bajarse en seguida. En el avión vi también otra de temática hindú, una comedia a lo Spielberg rondement menée. Un cocinerito indio invade Francia. ¿Someterá la patria de la ilustracion culinaria a su oscurantismo picante, como en la novela de Ulbec? Al final el cocinerito se casa con la cocinerita, aplicando el falso adagio hindú.

En Barajas no, pero en Zaventem por una vez había más policías y armas que pasajeros y maletas. Entre todos los males del terrorismo también está el de dar por buenas las armas que protegen de las armas.

Merino, hoy, como si hablase de mi tío, que no viene más a menudo por aquí por la lata que le da hacer la maleta. Y esperar lo que tarda en aparecer en la cinta repartidora en Pudahuel. Y ver como la olisquean los sabuesos del SAG, dispuestos a no dejar entrar en Chile -potencia alimentaria y forestal, reza la propaganda- ni la castaña que él lleva en el bolsillo para curarse el reuma.

Para no hablar de la lata de que no aparezca la maleta o, peor, que los del SAG la abran y exhiban a la faz de la tierra nublada un paisaje hecho de supositorios y de virgencitas.

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samedi 17 janvier 2015

París de noche

 Diario del Cono Sur

A su derecha pueden ver París, la ciudad luz, la torre iluminada. Es un espectáculo una ciudad iluminada de noche. Cada vez que sobrevolemos París habremos de decirlo: todos somos Charlie. Esperen a que se lo diga ahora a los que hablan inglés. Y a la izquierda, prosigue el piloto, otro espectáculo, más lejano pero igualmente sobrecogedor: Sirio, Isis y un poco más abajo, Júpiter. Estrellas la dos primeras -brillan con luz propia, titilan. Júpiter, en cambio, es un planeta, la luz que refleja es la del sol. Los tres fueron importantes en antiguas mitologías, la egipcia, la grecorromana. Todavía dice algo más sobre la importancia de Isis en las crecidas del Nilo, pero se me escapa el detalle. 

Parece la voz de un hombre joven. Algo me dice, sin embargo, que tiene horas de vuelo. Apenas dejamos atrás París y ya asoma Burdeos, abierto en dos por el Garona. Mirando sus luces formar la piña urbana, cómo no pensar en el asunto que quema, el supuestamente difícil ensamble en Europa de la población musulmana, según se lo formula, por lo desestimados que se sienten algunos y el empeño que pondrían en dejarse arrastrar por predicadores a sueldo de mandamases dominadores. Europa ha trasmitido un relato hecho de razón práctica, pero el relato del delirio es tentador. «Ya verán de lo que somos capaces los que nos desprecian». Y así será como unos cuantos darán vueltas allá abajo mirando a ver dónde morder, o escapando ya quizás. Exagero, espero.  

Aun así quiero creer que no nos equivocamos cuando vinimos. Ahora que me alejo y abarco Europa con la vista desde arriba, no estará de más decirlo.

Desde Barajas

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Voy y vuelvo

Voy y vuelvo. Saludos.

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dimanche 19 octobre 2014

La mar estaba serena

Diario de Córcega

La isla donde me fui a leer Así empieza lo malo es un continente por donde se la mire. Un mundo entero, con sus montes y sus pueblos, y así desde la prehistoria, o antes. Los corsos hacen abundante uso de sus formas, de la isla y de su bandera. Baste oírles hablar, y con qué orgullo contenido, du continent, sin embargo, para ver que se trata de un apego paradójicoLo cierto es que en el continente los bonos de Córcega andan por las nubes, según en qué materias. Los franceses pueden elegir qué indicación regional quieren ver en la matrícula de sus automóviles, y son muchos los que, sin ser corsos, eligen el emblema de la isla. Porque trae buena suerte y acojona a los rivales.

Como Napoleón, que comenzó su andadura en Córcega y la acabó en Santa Elena. Subimos al avión en el lugar donde el corso perdió la batalla, hace dos siglos -conmemoraciones a la vista-, con música de Beethoven y de ABBA, y bajamos en el sitio donde nació, o en el pueblo de al lado. Desde el aeropuerto belga vimos al león de Waterloo y desde el corso al de Rocappina.  Y a la hora en que volamos, exactamente, el exprimer ministro francés Lionel Jospin presentaba en mi pueblo su libro llamado Le mal napoléonien.

Y mientras tanto, a mi tío dale con recordarme que cuando niño me vistió de Napoleón y me subió a un escenario a cantar lo siguiente: Yo soy Napoleón, Napoleón. ¿Por qué reís, por qué reís? ¿Dudáis acaso de que soy yo Napoleón? Ya admiraréis de mi brazo el empuje atronador. ¿Por qué reís, dudáis, repito, de que soy yo Napoleón?

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La forma de la isla vista desde el interior de una cueva en Bonifacio

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Si Dios soltase a una banda de macacos en el sur de Córcega, seguro que escogían para vivir el sitio de Filitosa. Aquel montículo, ese paraje. Desde donde, cuentan los arquéologos, los primeros corsos presenciaron la invasiòn de la isla y erigieron menhires con la imagen del jefe de los invasores -la cara de emoticón, los atributos sexuales a la base, y la espada a la espalda, faltaría más- para fijar su poder, atraparlo y apropiárselo. Cuando los invasores se hiceron con Filitosa, el jefe se encontró con el problema de decidir qué hacer con su propio santuario levantado por el enemigo. Tomó entonces una decisión: le quitó la cabeza a su efigie, la reformateó y se la volvió a poner. 

Lo que recuerda la técnica ésa de los romanos de levantar las estatuas de los mandamases atrornillando la cabeza, para poder quitarla sin destruir la estatua cuando había que remplazar al mandamás por el siguiente. 

Pregunta para el arquéologo: cuántas Filitosas han desaparecido bajo la pica de los emprendedores o quedado simplemente cubiertas por la capa de tierra que año a año echa la propia tierra sobre sí misma, diez centímetros por siglo. Ni tantas, ni tan pocas.

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En el borde sur, Córcega cambia de carácter, y de granítica se convierte en calcárea. Y los acantilados sobre los que se asienta Bonifacio, desde donde Córcega mira a Cerdeña, son blancos. Bonifacio, ciudad cortomaltesca, imán para piratas. La leyenda cuenta que para tomarla, allá por 1420, los impetuosos soldados del rey de Aragón cavaron en el acantilado en una noche una escala de 190 peldaños. Puede ser. O bien fueron los pacientes frailes franciscanos quienes lo hicieron, para llegar a una fuente de agua dulce al borde del mar. 

Mucho después, en 1855, una tormenta lanzó contra las rocas de la isla Lavezzi, frente a Bonifacio, a la goleta La Sémillante -La Alegre-, que había zarpado la noche anterior desde Marsella llevando 700 hombres y un cargamento de pólvora a la guerra de Crimea, esa península putinesca, como cuenta Alphonse Daudet en sus Cartas de mi molino.

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Desde el mirador se ven hileras de montes, verdes, azules, y en ellos la forma de los pueblos, unos desparramados, como estrellas, otros recogidos, como ovejas. Y por todos lados el maquis corso, bajo y espeso, y las formas inconstantes de las rocas, como si fueran nubes: un simio se agacha a beber y se transforma en perro, una tortuga levanta el hocico y parece dinosaurio, un bestiario de piedra en movimiento.

Al lado, los vecinos, cuyos gestos o ruidos uno sigue instintivamente por si acaso se les fuese la olla. Y no. Son unos viejecillos que vuelven de prisa a su casa para no perderse el concurso de la tele, frente a la que se sientan como niños obedientes.

Por el horizonte se aleja el ferry que vuelve al continente. Por esa mar que cabría mirar con malos ojos porque se ha ido convirtiendo en una frontera mortífera. Pero no, para qué.

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dimanche 28 septembre 2014

Voy y vuelvo

Vengo de comprar una guía de la isla donde me iré a leer Así empieza lo malo, que también compré, así como un libro de Coetzee, el único que aún no he leìdo. Cuando acabe El Maestro de Petersburgo tal vez escriba unas líneas que llame Para leer a Coetzee, o Leer a Coetzee, o Coetzee. El primer capítulo del Maestro... debe de estar entre lo más triste que he leído en mi vida, y esto último es un elogio. Para alegrías, ya tenemos suficientes con las que nos trae el día a día. 

De paso me detuve a observar a la gente que, como dice Marías, así, en general, está loca.

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samedi 2 août 2014

Voy y vuelvo

Eso. Saludos.

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