vendredi 8 juillet 2011

El GPS

(Voy y vuelvo 6)

Viajar es oír al GPS y escuchar a quien conmigo va. Como el marinero del romance.

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jeudi 7 juillet 2011

Ars longa Visa brevis

(Voy vuelvo 5)

Si te gusta la miel, aguanta a las abejas, escribió una vez Erasmo. Tal vez dijo aguanta como quien dice soporta, en el sentido anglo-deportivo del término. Así es como vamos probando mieles por estas serranías de España y Portugal, en imitación de Unamuno, y sin embargo aún no vemos a la primera abeja. Mariposas sí, a tutiplén.

O el que quiera celeste que le cueste. Al precio que está el combustible -Ars longa Visa brevis, según la fórmula de Vi Tin- , lo que cuesta el celeste en la mitad superior del cuadro y el verde en la mitad inferior son los atascos en los anillos de circunvalación -puto París-, las noticias de la radio, la famosa crisis greco-romana.

Yo no escribo de eso aquí, me contento con contar historietillas como quien toca su campanilla, pero en los largos trayectos entre dos puntos mi Erasmus personal me lleva a esos asuntos, el sentido de la existencia, la arbitrariedad del arte contemporáneo, el desajuste perpetuo de la economía mundial, sin perder de vista la flora y fauna de la cordillera, el sabor de la guinda y la molleja, los olores del pino, del cloro y del poleo, típicos tópicos turísticos.

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mardi 5 juillet 2011

El fado

(Voy y vuelvo 4)

En la casa de fados, el púber bebe vino con su madre y el pretendiente de su madre, y entre dos fados de Lisboa y uno de Coimbra juega a los marcianitos en su móvil y en el móvil de su madre. El pretendiente aún no le cede el suyo.

En el baño, el fadista canta otro fado frente al espejo y, como la luz se apaga súbitamente, el cantor suelta un gas y la luz vuelve a encenderse.

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lundi 4 juillet 2011

El hotel

(Voy y vuelvo 3)

El paraíso es un hombre que ronca un domingo por la tarde al borde de la piscina de un hotel de provincia.

El hotel está vacío, despoblado como la región, que tiene apenas 35 habitantes por kilómetro cuadrado. Ustedes son los únicos huéspedes, dice el dueño del hotel, y hoy tenemos una fiesta de familia, fiestas a las que nunca podemos ir, el trabajo de hotelero es muy esclavizante. Si no les importa, aquí tienen las llaves del hotel. Y si vienen turistas, que no vendrán, pero si vienen, díganles que hoy no atendemos.

Así que aquí estamos esperando a ver si aparece alguno, francés o belga de preferencia, y si asoma algún inglés, mejor que mejor, aquí estamos esperando para darle largas.

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Indignaos

(Voy y vuelvo 2)

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jeudi 30 juin 2011

Voy y vuelvo

Voy rumbo a Iberia. Saludos.

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lundi 28 septembre 2009

Dos días en Marburg

Que es una ciudad del centro de Alemania, con jardín botánico y universidad, en la que estudiaron Ortega y Gasset, Hannah Arendt, los hermanos Grimm y mi murciano favorito. Como las guerras no lo han arruinado, un paseo por el casco viejo de Marburg representa un viaje desde el medievo al presente, con una larga escala en tiempos del romanticismo alemán (pero todo romanticismo es alemán).

Las autopistas alemanas están impecables y perpetuamente en reparaciones, lo que explica que por ellas se vaya simultáneamente muy rápido y algo lento, y sea mejor orientarse en ese laberinto con un GPS, que es el karaoké de la autopista.

Ayer domingo se celebraban elecciones legislativas en Alemania y, aparte los carteles con la cara de la gigante Angela y el puesto callejero del Partido Pirata, éstas pasaban casi desapercibidas para el visitante. Tal como sus resultados.

El otoño, en cambio, sí que es notorio, sobre todo para quien llega desde el oeste (el otoño anida al este). O sea que hace en Marburg por ahora un tiempo para perderse en los bosques que la rodean y en el dédalo de sus calles y escaleras de piedra, y recuperar fuerzas en un Biergarten tomándose un Auflauf, el platillo local, con una Altbier, y ya con las fuerzas recuperadas trincar un Zwiebelkuchen, una tarta de cebolla.

Y mirar cómo se mueve la gente, que recuerda a otra gente. Ese anciano recuerda a Hesse, esa muchacha a Bettina, un amor de Goethe, tal como la describe Kundera en La Inmortalidad. La bella, el anciano, la inmortalidad, todas las presencias parecen ser ideas y todas las ideas parecen ser alemanas.

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