jeudi 26 juillet 2018

La primera gota

Sequía en Bélgica.

Un país sobrepoblado como éste sólo es viable con lluvias continuas, escribí hace unos días. A veces escribo cosas de las que no tengo ni idea. Para informarme y opinar con sensatez debería cruzar la línea férrea e ir a entrevistar a un profesor de bioingeniería, uno de aquellos que construyen modelos conceptuales de exportación. Pero hace muchísimo calor y yo estoy de vacaciones.

Así es que desgrano las horas escrutando el cielo a ver si llueve. El mundo es un lugar muy curioso. Pasamos años reputeando a la lluvia que nos aguaba la fiesta cuando habíamos puesto la mesa con el mantel de la abuela en la terraza y sin decir agua va el cielo se cerraba a llover. Y ahora deja de llover tres semanas y el cielo se nos cubre de presentimientos funestos. ¿Y si no llueve en agosto? ¿Y si no llueve en otoño? 

Para despejarlos me pongo a imaginar la marca que dejará la primera gota en la mano tendida del personaje de la fuente que está frente a la iglesia de San Nicolás en el centro de Bruselas. La estatuilla es obra de Jos de Decker y la escena está tomada del cuadro de Bruegel, «Los Ciegos», que ilustra la parábola evangélica que dice que si un ciego se deja llevar por otro ciego los dos caerán en el mismo hoyo. Pero la lectura que hace De Decker es menos pesimista y a ella me aferro mientra estiro yo también la mano esperando la primera gota que no viene.

bruxelles12111

Posté par Josepepe à 18:00 - Commentaires [0] - Permalien [#]
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