Camino de Santiago

jeudi 1 décembre 2016

Gran Hotel Othelo

Hoy comienza el invierno que ya comenzó y que en cierta medida no termina nunca bajo esto cielos. El solsticio de invierno llegará dentro de veinte días marcando el fin de la reculada de la luz y su lento retorno. Un par de veces, de regreso del verano austral, borracho de sol en pleno enero, viendo al avión adentrarse en la fría oscuridad del noreste me he preguntado si estoy bien de la cabeza. 

El cuento es que una de estas noches vi Winter sleep. En pleno invierno, en medio del paisaje roto de la Anatolia central, un hombre avejentado escribe columnas que no leerá nadie. Alguna vez creímos que serías mucho más de lo que has sido, le dice su hermana, con esa crueldad fría que la tibia familiaridad consiente. Su mujer, por su parte, intenta paliar la pobreza ambiente a través de una especie de ONG informal. Hasta ahí llegan los parecidos porque nuestro hombre es rico y su mujer joven.

Cuando me levanté del sillón habían pasado más de tres horas, ya era más de medianoche y yo estaba hambriento porque no había cenado. Hacía tiempo que el cine no me jugaba una pasada así. Cuando niño, entraba al mediodía a la función cuádruple del cine Avenida Matta y salía hacia las ocho sin saber ni cómo me llamaba. Ahora uno cree tener las ficciones bajo control y, sin embargo, cualquier noche una historia turca le altera el programa.

Winter sleep se apoya en tres relatos de Chéjov y en un descenlace de Dovstoyevski para contar no mucho más que el lento discurrir de los días en un sitio remoto. Y entreabrir el alma de sus personajes. No suelo permitirme frases así pero a ratos creía estar leyendo un libro de Coetzee. En un momento de tensión aguda, dos personajes, a punto de irse a las manos, resuelven la situación soltando sendas citas de Shakespeare. A lo Marías, o sea, y con música de Schubert.

En fin, para no embalarme más ni largar destripes, acabo con una simpleza. Nuestro personaje, que fue actor cuando joven y es un celoso de cuidado, de esos que están seguros de no serlo, posee y atiende un pequeño hotel rural: el Hotel Othelo.

Palma de oro en Cannes. Qué menos.

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vendredi 25 novembre 2016

¿Qué habría ocurrido si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta?

El Reino, 5

En un relato de Robert Callois, Cristo es conducido ante Poncio Pilatos. El prefecto romano duda y finalmente decide liberarlo. Cristo vuelve a predicar entre los suyos y muchos años más tarde muere convertido en un sabio. A la generación siguiente ya nadie lo recuerda.

Las cosas podrían haber sido de otra manera, claro, y muchas veces es nimio el detalle que las carga hacia la luz o hacia la sombra. ¿Qué habría ocurrido si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta?, glosa Carrère en El Reino

Imposible no leer la ucronía de Callois sin pensar en el presente. ¿Qué habría ocurrido si Al Gore hubiese ganado en Florida en el 2000? Es lo que tiene un hecho mayor como la intronización de Faisán Dorado y su peinado a la cabeza del mundo, que sobredetermina (qui coiffe) cualquier consideración.

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Gebhard Fugel, Primera estación del calvario

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Me queden dos o tres detalles sobre los que podría decir algo a propósito del Reino pero mi ejemplar del libro se va de viaje hasta mediados de diciembre (y yo no me muevo), de modo que suspendo hasta entonces esta serie. No sin antes levantar esta cuestión que sí me parece central y sobre la que pido la colaboración de los amigos lectores. En décimo párrafo del versículo 20 del capítulo IV, el dedicado a Lucas, cuando se describe el Apocalipsis de San Juan, Carrère cuela una jetilla :) O bien se trata de un error en el orden de los signos ortográficos, que debió ser éste ): Está en la página 490 de la edición de bolsillo Folio. Ya sé que cambiará la página según las ediciones pero, si dan con el detalle, gracias por verificar si es una errata en mi edición (lo que creo) o una voluntad expresiva del autor. Sería muy gracioso si así fuese, y pondría al Reino en la lista de libros precursores en la legitimación de las jetillas en la literatura, como hizo Elvira Lindo con el uso del jajaja como palabra en Lo que me queda por vivir

samedi 19 novembre 2016

Como loro en el alambre

Gira europea de Cohen en 1972. ¡1972! Se suceden las ciudades en desorden, Tel Aviv, Berlín, Copenhague, Viena, Manchester, hasta el que sería el concierto final de esa gira, en Jerusalén. El filme que registra todo aquello —los escenarios, los públicos, las bambalinas— se llama Bird on a wire y se estrenó en 1974No le gustó a Cohen en su momento, pidió que cambiaran el montaje, y tampoco. Y allí quedó, olvidado. Hasta que en 2009 el director, Tony Palmer, lo retomó e hizo esta versión. 

Un filme sobre el artista on the road, un topicazo donde los haya dentro de la topiquísima cultura rock. Lo bueno de éste es que se cuela el año 72 a borbotones y hace añicos la previsible hagiografía. También será mérito de Cohen haber abierto espacios al público —y mérito del público haberlos reclamado. «Canta», exige uno desde la platea, como quien dice «calla y canta». Oye, que yo también tengo mis derechos, reclama el cantante, como si de una asamblea se tratase.

Grouppies tratando de llevarse al ídolo a la cama. Un par de airados espectadores reclamando y obteniendo que les devuelvan el dinero de las entradas por la mala calidad del sonido (Cohen lidiando con un altoparlante chillón). Uno de los músicos confesando haberse quedado dormido mientras Cohen cantaba Suzanne. Entrevistadores que descubren en directo que no fueron capaces de retener las inspiradas respuestas del vate por no haber sabido apretar el botón. Otro, en Israel, interrogando maquinalmente a Cohen sobre su judeidad:

—¿Con qué frecuencia va a la sinagoga?

—Depende de la calidad de las canciones.

Así hasta el concierto final. La gira se hacía larga, repetitiva. A veces me siento como un loro repitiendo una canción que compuse hace muchos años, repite el cantante, like a bird on a wire, como loro en el alambre. «Sean comprensivos con el ruiseñor deprimido», le pide al público por ahí. Tanto así que sobre el escenario, en Jerusalén, resiente un súbito burn out. (La mitad de Montreal dira surmenage, la otra mitad burn out. En esos años no sé si ya se usaba el término, hoy passe partout).

El artista que reclama libertad al público que lo constriñe, otro topicazo. Pero por esas imágenes finales de Bird on a wire se cuela una forma de verdad. Vale la pena verlas. (Y si sólo quieren ver ese final, arrastren el cursor hasta 1:20).

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mardi 15 novembre 2016

Diálogo sobre el cine asiático

Comienza la película. Desfilan las primeras escenas...

—Esta ya la vimos.

—Yo no.

—Sí la vimos.

—La verías con otro.

—La vimos juntos.

—Vimos la otra, In the mood for love.

—Esta también. Te vas a acordar en cuanto aparezca el singapurense.

—¿El japonés?

—¿Ves que la vimos? 

—Que no.

—Dices que no porque quieres verla de nuevo.

—Qué buena pinta tiene...

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samedi 12 novembre 2016

Cristo, ¿era populista?

El Reino, 4

Cristo, ¿era populista? Es una pregunta de temporada. Que, formulada así, de buenas a primeras, resulta algo populista.

«Los agudos reproches que Jesús formula a las elites de su tiempo harían conque hoy se lo llamase populista», escribe Carrère en una de las últimas páginas de El Reino. Vaya en su descargo el hecho de haberse leído una ingente biblioteca bíblica y haber escrito un resumen de 600 páginas antes de deslizar la afirmación ésa. Lo dice a propósito de un cristo que monta Jesús donde un fariseo, tras aceptar la invitación a su mesa y ponerlo de vuleta y media. No es la única vez que el líder las emprende violentamente contra los fariseos. «Cargáis a la gente con un peso que vosotros mismos no portáis», los acusa.

Liderazgo carismático, antielitismo y oportunismo son característicos del populismo. Eso, y todo lo que permita remplazar una elite por otra. Se desploma el Foro mientras del otro lado del Tíber se levanta San Pedro. Nada nuevo. O todo de nuevo.

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 Van Dyck, Cristo y los fariseos, c. 1620

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dimanche 6 novembre 2016

El prepucio

El Reino, 3

Pedro y Pablo firmaron en su momento un particular tratado de Tordesillas. Pedro se ocuparía de los judíos, el punto de salida del cristianismo, y Pablo de los gentiles, su punto de llegada. Tal vez estaban de acuerdo en que el cristianismo transformaría a la cultura grecorromana penetrándola. La cuestión que los separaba era si esa penetración debía hacerse con o sin prepucio.

La alianza entre Dios y los hombres, corazón del judaísmo, fue sellada bajo la condición de la circuncisión. Abraham debió circuncidarse a sí mismo para luego circuncidar a su descendencia. Griegos y romanos, en cambio, juzgaban esta práctica bárbara. Antíoco Epífanes, rey griego de Siria, llegó a prohibirla, y el emperador Adriano hizo lo propio tres siglos después.

La circuncisión pasó así a ser una piedra de toque. Para los judíos, sojuzgados por Roma y rodeados de griegos, la circuncisión era la condición que les evitaba, creían ellos, ser asimilados por el paganismo grecorromano. Tanto más que algunos judíos romanizados se descircuncidaban. 

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Bellini, Circuncisión de Jesús, c. 1500

Timoteo, lugarteniente de Pablo, era un judío de padre griego y no estaba circuncidado. Cuando se convirtió, bajo la presión de los judíos del lugar, Pablo debió circuncidarlo con sus propias manos. Luego Pablo ya pasó de esas presiones e impuso en el seno del primer cristianismo la no obligación de la circuncisión para los conversos. Cómo es que nadie ha pintado esa escena, se pregunta Carrère. Vamos a suponer que Carabacho la pintó y un cretino, de los que abundan, quemó la tela. Por cierto, la pintura tiene mucho que mostrar —cómo no— sobre este doloroso asunto. Ribera, por ejemplo, pinta al apóstol Bartolomé con dos atributos en las manos: un libro y un cuchillo, o sea.

Y la escultura. No hay una pieza de mármol que encarne mejor el espíritu del Renacimiento que el David de Miguel Ángel. Sin embargo que cuando la estatua monumental dejaba el taller del escultor florentino para ocupar el sitio que le estaba destinado en la plaza de la Señoría le llovieron piedras. Un desnudo, pase, pero ¡uno de cinco metros! Y eso que, contra la verdad histórica, el joven rey hebreo no aparece circunciso. La explicación corriente para este contrasentido es que el canon de la representación en la época era ése.

Probablemente. Arriesgo otra, complementaria. Así como, en recuerdo de la destrucción del templo de Jerusalén, los judíos suelen dejar una esquina de cualquier obra inconclusa, Miguel Ángel, por otras razones, practicaba también la estética de lo inacabado —non finito. En este caso su manera de no acabar del todo el David fue dejarle en su lugar el prepucio.

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mardi 1 novembre 2016

Una epifanía kazaja

Vi tiempo atrás una película kazaja, Lecciones de armonía, de Emir Baigazin. La piropeé aquí: puro darwinismo social. Incluso bromeé en Twitter sobre mi afición al cine kazajo a partir de esa única experiencia.

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 Angel herido se llama la segunda de Baigaizin. Son varias secuencias de las vidas de cuatro muchachos que intentan convertirse en adultos, obligados a salir del nido y a hacerse un sitio fuera. Es el mismo asunto del primer filme, sólo que esta vez está multiplicado o divivido por cuatro historias paralelas. Jaras, el Pollo, el Sapo y Aslan tienen unas madres que los cuidan, a pesar de la pobreza en una aldea kazaja en los años noventa, tras el desplome del imperio soviético, pero esos cuidados que dan fuerzas para desplegar las alas, llegado el momento también estorban. Ese intersticio es el que explora Baigazin.

Se trata de una constante universal, el rito de paso entre la infancia y la edad adulta, aquí declinado por lo particular kazajo: el mutismo del paisaje y de las interacciones. No parece haber nadie que sonría en las dos horas que dura la película, ni siquiera en las escenas cortadas, que también las vi.

Son tópicos universales y circunstancias particulares, exóticas en este caso en relación al público al que se dirigen. Porque se trata de un puro producto Arte, hecho para los festivales europeos y su público. Puedo equivocarme, pero no creo que el público kazajo se interese por estas imágenes, o lo hará sólo en la medida en que se pregunte qué les verán de bueno en Berlín.

Las de Jaras, el Pollo, el Sapo y Aslan son historias tristes que acaban mal. Baigazin, sin embargo, sublima esas caídas icarescas en una secuencia final de un depurado kitsch, tan demagógico como bien conseguido. Uno de ellos entona en italiano el Ave Maria de Schubert, mientras los demás se recogen en su soledad compartida. Una epifanía kazaja, ya digo.

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samedi 29 octobre 2016

El museo imaginario del Nuevo Testamento

El Reino, 2

La imagen que ilustra la portada de la versión de bolsillo du Royaume es un fragmento de La llamada de Pedro y Andrés, de Duccio di Buoninsegna, pintor toscano gótico. Una opción curiosa, porque es destacable el escaso protagonismo de Pedro en el libro, dedicado como está éste a Pablo y a Lucas.

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Según ha expuesto el propio Carrère, hay un momento en la historia de la pintura en que los personajes dejan de ser figuras idealizadas, prototipos, y pasan a ser reales, a ser retratados sobre la base de personas existentes, se entiende. Puede ser el caso de estos dos pescadores de Galilea, los hermanos Pedro y Andrés, por el gesto de perplejidad con el que acusan la llamada de Cristo, éste último sí prototípico.

La edición española opta por ilustrar con Los Cuatro evangelistas, de Jordaens, flamenco y barroco por donde lo mires.

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Se trata de una obra de juventud del flamenco que de mayor se convertió en protestante, en «evangélico» justamente, como se dice en Sudamérica (los mapuches mejoran el calificativo llamándolos «angélicos»). Donde se ve a los cuatro evangelistas leyendo y tomando apuntes, añosos ya Lucas, Mateo y Marcos rodeando a un jovencísimo Juan. Rotundos y algo empastados todos, «jordaneanos» a más no poder. Agrando el cuadro para señalar dos detalles, dos tonterías.

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 Me fijo en las manos, muy vivas e inquietas, expresando la concentración en la labor. Incluso hay una, arriba a la izquierda, que se estira para que la luz llegue sobre las escrituras. Quién es el del gesto, Lucas o Marcos, está difícil establecerlo, tanto más que para ahorrarse un modelo Jordaens los pinta casi iguales.

Carrère hace en El Reino alguna que otra referencia a la pintura e inevitablemente señala el hecho de que Lucas es el patrono de los pintores, tanto así que a la hora de pintarlo Van der Weyden se autorretrató. Pero lo más notable al respecto es que a pesar de la profusión de imágenes sacras y en particular sacadas de los evangelios, a pesar del impulso que dio a la iconofilia cristiana la contrarreforma, no todas las escenas de los evangelios están representadas.

No hay ni un Carabacho ni un Rembrandt que muestren la circuncisión de Timoteo a manos de Pablo, el exorcismo de la pitonisa, también por Pablo, o la conversión del carcelero de Filipas —apunta Carrère. Ni un puto pompeux pintó a los tesalonicences velando a sus primeros muertos, convencidos de su resurrección inminente. O la primera letra dictada por Pablo a Timoteo, que sería el momento inicial de las Escrituras. 

Una imagen que no existe es una imagen imaginaria. En alguna parte nos espera el museo imaginario del Nuevo Testamento. 

mercredi 26 octobre 2016

El campo de batalla

El teatro al que fuimos anoche a ver Battlefield me invita hoy a dar a conocer mis impresiones. 

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Que lo haga por las redes sociales o por mail, me propone. OK, pero será por el blog. 

Battlefield, el campo de batalla final del Mahabharata, la epopeya de la India ancestralJean-Claude Carrière, santo de mi devoción, cuenta en su Diccionario de la India que un lector tarda un año en leer el libro. La versión adaptadada al teatro, hecha por Carrière y Peter Brook, comenzaba en Avignon a la puesta del sol y acababa a la salida. La versión que vimos ayer dura sólo una hora, durante la cual se suceden las historias de los últimos protagonistas de la saga frente al campo de batalla, cansados ya de dar guerra. 

(Carrière cuenta también que al comienzo del Mahabharata dos reyes jóvenes mueren dejando dos princesas viudas y sin hijos. Vyasa, el autor, se queda sin personajes. ¿Cómo hará para continuar el poema anunciado? La única solución es que entre en su propio relato, vaya hasta el lecho de las princesas viudas y las fecunde. Sus hijos se disputarán luego el imperio del mundo y el autor será doblemente el padre de sus personajes. Una primicia en la historia de las palabras).

El Battlefield que vimos ayer es una puesta en escena minimalista para unas historias potentes. La serpiente mata a un inocente. ¿Quién es el culpable? La serpiente culpa a la muerte. La muerte culpa al tiempo. El tiempo culpa al destino. 

Un rey se despoja de sus atributos para internarse en la selva, que es a donde va un rey cuando ya no reina. Entrégaselos a los pobres, intima a su segundo. Este se vuelve hacia nosotros, los de la platea, los de las toses. ¿Es usted pobre?, pregunta, mirando a uno. Es evidente que no hay pobres en la sala. Los pobres no van al teatro a ver sagas hindúes. No, responde el primero. Tampoco, el segundo. El tercero tiene alma de actor y dice que sí.

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dimanche 23 octobre 2016

El rumor de mi nombre en la conciencia de los demás

El Reino, 1

Cantábamos con la guitarrita Por la calzada de Emaús en un momento de la misa. La canción era todo lo que había hecho por nosotros Vaticano II, el aggiornamento. Algo era, claro, pero no era lo esencial. No había sabido contarnos La más grande historia jamás contada, que era como se llamaba la película. Pero ni siquiera la película, por larga que fuese (duraba cuatro horas), había conseguido contarnos bien la historia, es decir hacer que nosotros quisiésemos contarla a nuestra vez. No sé de qué se quejan si abandonamos primero las iglesias. Y luego abandonamos los cines.

La canción decía así: Por la calzada de Emaús un peregrino iba conmigo. No le conocí al caminar. Ahora sí, en la fracción del pan. Y ahora sí, sólo ahora, no sin un poco de emoción, lo entiendo. Ese peregrino no decía ser quién era, le bastaba mostrarlo con un gesto.

Se conoce que he estado leyendo El Reino. Que es, en dos palabras, la historia de Pablo contada por Emmanuel Carrère. Yo a Pablo me lo imaginaba el Sancho Panza de Pedro, el Laurel de Hardy, el inseparable segundón. Y de eso, nada, al contrario. El primer mérito de Carrère es informativo y es que al traducir la vieja historia a la narrativa al uso en el París de hoy nos la pone en bandeja, como hacían el cura con la hostia y el monaguillo con el platillo.

Tiene otros méritos. Y algún demérito, también. He sabido de buenos lectores que abandonaron el libro en la fatídica página 33 por culpa del narcisismo desatado del autor. Haberlo comenzado por el segundo capítulo. Además que el narcisismo las da malas y buenas.

Malas, muy malas: «Hubiese querido dialogar con ese pequeño yo de hace unas semanas, que se aleja», escribe Carrère a propósito de su intríngulis existencial. Pero también las da buenas:  «Lo que (Dios) nos pide, todos los místicos concordarán, es lo que menos deseamos dar (...). Para Abraham, su hijo Isaac. Para mí, la obra, la gloria, el rumor de mi nombre en la conciencia de los demás», escribe también.

El dulce rumor de mi nombre en la conciencia de los demás. El peregrino que iba a Emaús, en cambio, ni siquiera decía quién era.

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dimanche 16 octobre 2016

El nombre

Un detalle sobre el flamante Nobel de literatura 2016, el nombre. Bob Dylan vino al mundo como Robert Zimmerman y se rebautizó a sí mismo como Bob Dylan. Lo de Bob por Robert se entiende a la primera. Y lo de Dylan fue por su escritor favorito, Dylan Thomas. Su primer paso hacia el Nobel fue ése, adoptar el nombre de un escritor consagrado.

Otro tanto hicieron años antes los dos Nobel chilenos, Lucila Godoy Alcayaga y Neftalí Reyes Basoalto. Godoy cambió su nombre por Gabriela Mistral, en imitación del Premio Nobel francés Frédéric Mistral, y Reyes por Pablo Neruda, por mor del escritor checo Jan Neruda. Y el francés Alexis Leger, que pasó a llamarse nada menos que Saint-John Perse, en imitación del poeta latino Aulo Persio Flaco...

Se conoce que sus nombres civiles fueron juzgados banales por estos ciudadanos, por lo que los remplazaron por otros bien sonantes, tomados de escritores consagrados, dando así un primer y significativo paso hacia el Olimpo literario. O sea que también en este aspecto, Dylan es menos heterodoxo de lo que parece. El desvío a Estocolmo lo llevaba ya en el nombre.

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Sobre nombres y premios, Nicanor Parra escribió esto:

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dimanche 9 octobre 2016

El puñado de tierra

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De la mano de su nieto, Matías Pintor regresa a su pueblo de El Bierzo noventa años después de haberlo dejado atrás.

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mercredi 5 octobre 2016

Siete días en Portugal

No cabe un turista más en Lisboa. Exagero apenas, siempre caben unos cuantos más. Como en Barcelona. Hay que ser comprensivos: Túnez, Egipto, el Magreb, están cerrados al turismo. ¿Dónde van a ir de citytrip los jubilados septentrionales si no es a las ventiladas ciudades de las costas ibéricas, dónde van a sentirse más cómodos y estar mejor atendidos?

La mejor manera de seguir siendo comprensivos es alejarse un poco, y eso es lo que hacemos. Bordeando la costa hacia el sur, hacia el Cabo de San Vicente, hacia el punto extremo donde el océano se convierte en una realidad total.

Enfrente tenemos el paisaje de las sierras del Alentejo y a las espaldas los acantilados de la Costa Vicentina, en cuyas hendiduras se forman playas. O al revés, según nos giremos. Allí todavía pueden verse casas campesinas que dan la espalda a la mar mientras abren puertas y ventanas al campo. Blancas, con los dinteles azules, uniformadas y bien dispuestas.

Así fue como fuimos de una playa de naturistas a una playa de surfistas, de una playa de añosos alemanes a un playa de alemanes bisoños. Ya es octubre y aunque el verano sea extensible o interminable, esa costa debe de ser la menos frecuentada de Portugal. 

Así que todo bien. Tanto, que pasar varios días desconectados resulta llevadero, como seguir el curso del canal de riego y llevar la atención de los sapos a las garcetas y observar luego en la caleta cómo se asa una lubina.

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Y después de estas consideraciones geoculturales, una consideración geopolítica: los portugueses llaman «geringonça» al gobierno socialdemócrata de Costa apoyado por la izquierda. No daban por él dos días y lleva ya diez meses. La «jerigonza» de Costa era el horizonte o el espejismo de Pedro Sánchez. Desde donde cayó al abismo oceánico o a la piscina sin agua ya por el interminable verano.

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lundi 12 septembre 2016

La boda

En Colombres está el Archivo de Indianos, el museo de la emigración asturiana que contiene las colecciones que dan cuenta del despliegue de Asturias por el mundo.

A inicios de este agosto se inauguró la sala Chile. En uno de sus paneles hay unas imágenes que muestran la historia del Paxarín parleru. Allí estuvieron una de sus hijas y una de sus sobrinas descorriendo el velo de esas imágenes. 

Dos palabras sobre la imagen de la boda. Eran los años de la posguerra y el material fotográfico era escaso y caro. El fotógrafo sólo contaba con tres negativos para cubrir el evento. Las fotos habían de salir bien a la primera. Y salieron bien, a la primera. Faltaría más.

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samedi 10 septembre 2016

Vino o no vino

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Creía haber concluido. Y debo decir que fui bastante feliz allí por donde anduve. Pero resulta que también escribí esto que sigue y no sé cómo tomármelo:

Mañana te vas del pueblo. Suerte que tengo. Y no es porque no quiera quedarme.

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mercredi 7 septembre 2016

Volverse a mirar

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La sierra de Cameros. Las vacas en la sierra de Cameros. Las cabras en la sierra de Cameros. El habla de Vicente en San Román. El agua del Ebro bajando a Castilla. La catedral de Burgos. La judería de Hervás. Las tablas del Divino Morales en San Martín. Una mata de hortensias en San Martín. El agua corriendo por las calles de San Martín. El viento soplando en la plaza de San Martín. El agua corriendo entre las piedras, en Acebo. Una familia en Acebo. La sierra de Gata. La sierra de Malcata. Los castaños «abuelos» en el castañar de San Martín. El helicóptero apagando el fuego. Los azulejos y vitrales ingenuos en Portugal. La muralla de Sortelha, en Portugal. La iglesia de Santiago, en Belmonte, en Portugal. El dintel de una ventana en Robledillo. Las ventanas. Las puertas. Las puertas-ventanas. El color del aceite en Robledillo. El color de la miel en Robledillo. El color del vino en Chinchón. Las tinajas de vino en Chinchón. La Asunción de la Virgen, por Goya, en Chinchón. La plaza de Chinchón. Los piños de ovejas en el campo extremeño. El atardecer desde el mirador de Llerena. El amanecer desde el mirador de Llerena. El Cristo en la cruz, de Zurbarán, en Llerena. La escultura del «tumbaíto» en Llerena. La sombra de las palmeras en Llerena. La capilla de San Blas en Santa Olalla. La meseta desde arriba. Las montañas desde arriba. 

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samedi 3 septembre 2016

El chapurráu

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Extremadura es grande, conviene abordarla por los extremos. La Extremadura alta, por San Martín de Trevejo. La baja, por Llerena.

En San Martín se habla mañegu. Y lagarteiro en el vecino pueblo de Eljas, y chapurráu en Valverde. Los gallegos dicen que el mañegu es galego. Por mi parte, yo creo que España es Asturias y el resto tierra conquistada.

Desde San Martín entramos en Portugal. En un momento de necesidad vimos un castillo medieval muy bien mantenido. Fue construido por «los leoneses» de Don Alfonso para defenderse de «los portugueses» de Don Diniz, rezaba el panel. La historia puede contarse de muchas maneras, y así la prosa patriótica flamea como la bandera en lo alto de la torre.

Como sea, acceso gratuito y baños en excelente estado. Portugal, esa esquina de Portugal, deja una impresión de orden y concierto. Salvo que te descuidas y se te aparece la cara de CR7. Más adelante, en Belmonte, apareció el túmulo de Pedro Álvares Cabral, el «descubridor» de Brasil o, como dicen los brasileros, aquel que se despistó en el camino y llegó a Brasil cargado de espejos, para espanto de la gente fea.

Al regreso, espléndida soledad de las sierras. Recorrer treinta kilómetros sin ver un alma. O una sola, doble: un solitario pescador frente a su imagen. Y en el fondo de la imagen, un pez mirándole.

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Pelourinho y campanario en Sortelha

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jeudi 25 août 2016

El peregrino Ryanair

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El peregrino que imagino en Burgos no ha visto otra virgen que la de su pueblo. Las imágenes que trae en la retina son las de la luna redonda como un queso saliendo entre los montes y otras por el estilo. Los inviernos son largos y tiene el ojo adiestrado para captar la luz. Lo que ve en la catedral lo atesora porque sabe que tal vez no lo vuelva a ver hasta el cielo, y eso si aguanta la larga condena del purgatorio. Y no es que venga de lejos, viene de un pueblo cercano, en las fuentes del Ebro. Burgos es la primera ciudad que atraviesa camino de Santiago. 

El peregrino que veo en la catedral de Burgos —alguno sí que hay entre los peregrinos Ryanair en coche de alquiler— mira las imágenes como un paisaje consabido. Y tal vez lo sea. Al Papamoscas, al menos, lo habrá visto en un folleto, en internet. Lo cierto es que sabe que si hay algo que quiera retener ya está retenido en algún sitio al que no le costará mucho volver. 

Además, la operación de contemplar imágenes en una catedral tiene un desperfecto y es que hay que levantar la cabeza y duele el cuello. La pantalla de la tele y la del ordenador están dispuestas en el eje O-O: la imagen te mira a los ojos y te sostiene la mirada. A lo más, nos hemos habituado a inclinar la testuz para leer la pantalla del teléfono. Si levanta la cabeza para fijar la trama de piedra que filtra la luz del cimborrio la baja en seguida en signo de arrepentimiento. Y ese gesto reúne por fin en Burgos al peregrino que imagino y al peregrino Ryanair.

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 Sagrada familia de Del Piombo y cimborrio en la catedral de Burgos

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mercredi 24 août 2016

Un barco cargado de árboles

Un sobrino de mi tío dice haber escrito en una revista un artículo sobre sobre un barco cargado de árboles y me manda este resumen. 

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mardi 23 août 2016

¿De qué color son los ojos azules de la Virgen?

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Azules, según Decoin

Yo no estoy tan seguro. En la catedral de Burgos hay unas cuantas vírgenes, a las que miré a los ojos, a ver. Pero las vírgenes miran al suelo, o al cielo, o al niño, o llevan los ojos llenos de lágrimas, que son de gozo o de pena.

Cómo me gustaría ser como aquel niño al que le escuché decir en un autobús en Sevilla:«Yo, de las vírgenes, mi favorita es la de la Almudena».

Esta de Van der Weyden no está en Burgos sino en Tournai. La catedral de Burgos es sólida como la Tierra, la de Tournai, en cambio, parece estar a punto de caerse. La saquearon los iconoclastas en el Renacimiento, los revolucionarios durante la Revolución y en el 40 la bombardearon los alemanes, pero lo que casi la derrumbó fue una ventolera en el año 1999.

Para volver a Burgos, Gibran dice que Susana, una vecina de María, contaba que, estando encinta, María solía pasear por entre las colinas y volver al anochecer con los ojos llenos de belleza y de dolor.

Pero no dice nada sobre su color.

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