Un mediodía de domingo de 1960 dos niños caminan por una calle de Santiago de Chile. Tienen once años. Ese día participaban en un paseo al campo organizado por los scouts de su colegio. Pero se portaron mal y como castigo los animadores los enviaron de regreso en un autobús. Están de vuelta y caminan en dirección a sus casas, resignados a tener que contar a medias lo sucedido.

Son Rodrigo Lira y Sebastián Piñera. Andando la vida el primero se convertiría según su propia definición en un hábil manipulador del lenguaje. El otro, en el empresario que introdujo en Chile las tarjetas de crédito y más tarde en presidente de la républica. Hoy asume su segundo mandato.

Lo cuenta Roberto Careaga en su Vida de Rodrigo Lira.

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