jeudi 19 janvier 2012

Odio quiero más

Me pregunto por qué los septentrionales son indiferentes. Y por qué yo en cambio siempre estoy pendiente de los demás. Será que no tengo bastante conmigo mismo. O por eso mismo. Será que ellos no escuchaban boleros en la cocina cuando eran niños (eso de que odio quiero más que indiferencia porque el rencor hiere menos que el olvido). Parece como si los otros, yo mismo sin ir más lejos, les importásemos un nabo. O, de lo contrario, bien que lo disimulan. No quieren saber qué leen sus vecinos en los trenes y en los aviones, ni qué formas son esas que asoman de sus pantallas, ni adónde van, ni de dónde vienen. 

Pues bien, miro este vídeo, registrado hace pocos días en un bar de Rotterdam, allí donde irrumpió un asaltante muy presto y se estrelló contra un muro de indiferencia septentrional, un muro infranqueable por lo visto porque echó pie atrás con la cola entre las piernas. Y me digo que los septentrionales son indiferentes para no meterse en líos. Y el truco parece funcionar. Porque una vez que el lío está superado, como puede verse abajo, el interés septentrional mueve la cola como una alegre lagartija. 

Odio quiero más que indiferencia

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jeudi 10 juin 2010

Elecciones en Bélgica y Holanda

Semana de elecciones en los Países Bajos. Este miércoles 9 en los del Norte, Holanda, y el domingo 13 en los del Sur, Bélgica.

Ninguno de los dos gobiernos consiguió agotar la legislatura. La crisis económica y, en el caso belga, la crisis marital que viven flamencos y valones, acabó con ellos. Para los belgas, el nuevo gobierno, si logran formarlo, será el séptimo en siete años.

Estos son países estables y están dotados de instituciones sólidas, tanto así que han ido alcanzando un punto de inestabilidad paradójico. La necesidad de configurar coaliciones para gobernar hace que los ejecutivos resistan mal las pruebas de la realidad y deban volver machaconamente a pedir a los electores que los saquen de sus desempates.

Por otra parte, la necesidad de desmarcarse para captar la atención del electorado hace que los partidos se dejen ir a una escalada electoralista, ofreciendo durante las campañas más de lo que pueden conseguir desde gobiernos con márgenes de acción bastante estrechos.

El resultado de la elección en Holanda obliga a formar un gobierno de coalición liberal-social demócrata, acuerdo que consistirá en diluir lo esencial del programa de cada uno de esos dos partidos. Será inestable y maniatado, pero es el único gobierno posible.

En Bélgica, los sondeos predicen un raz-de-marée de los nacionalistas flamencos. Días atrás vimos unas imágenes decidoras en cuanto a la profundidad del desencuentro belga. Un equipo de televisión entrevistó a colegiales de dos pueblos, Erpent, valón, y Erp Werp, flamenco. A la pregunta de si existirá Bélgica dentro de diez años, los colegiales valones respondían todos a una: Oui ! Mientras que los flamencos soltaban unánimemente un sonoro Neen !

(Continuará)

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