mercredi 2 août 2017

La pipa

Tres salas ciegas en tres niveles, el museo Magritte en Bruselas.

Magritte comenzó ganándose la vida creando afiches publicitarios. Y en cierta medida nunca dejó de hacerlo. Tanto más cuanto que fue perfeccionando la técnica. Andando el tiempo, sus pájaros voladores que llevan el cielo puesto fueron adoptados como reclamo por la difunta Sabena, la compañía aérea de los años dorados del reino flamenco-valón.

Lo suyo era combinar la representación de unos pocos elementos dispares —mujeres, pájaros, piedras, lunas, árboles— y retener así la atención del espectador a través de unos acertijos visuales. Enigmas estos reforzados por la imposición de unos títulos marcadamente arbitrarios —decía Magritte que titulaba las telas sólo para facilitar la conversación.

Todo esto sobre la base de formas y colores puros, tal como los de Hergé con Tintín —la línea clara—, los de Warhol con las benditas sopas e incluso los de Dalí con otras sopas. Con todo, la fórmula de Magritte es —para usar uno de sus términos fetiches— más mental que las citadas, más elaborada conceptualmente, incluso si el producto resultante sea formalmente simple.

El rendimiento en términos museísticos es un éxito mayúsculo de concurrencia. Hay que ver cómo se agolpa el público para intentar resolver concentradamente esos acertijos visuales casi siempre resultones y a veces, sólo a veces, cuando el sexo asoma la nariz, graciosos.

Por mi parte, creo haber resuelto el acertijo principal: la famosa pipa —que no es una pipa— es un pito. Ya lo sabía pero había que ir al museo Magritte para comprobarlo.

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Posté par Josepepe à 23:03 - Commentaires [2] - Permalien [#]
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