Gran Canaria, y 8

Si a veces cuesta llegar a los lugares, cuánto más cuesta alejarse. Hace días que dejamos Gran Canaria y sería hora de ir concluyendo esta serie.

No quisiera hacerlo sin recordar un episodio relativamente olvidado de la historia reciente de España. El fin del franquismo y el inicio de la transición supuso en Canarias un incremento de la actividad de un movimiento nacionalista armado, financiado por el Gobierno argelino. En marzo del 1977, una bomba en el aeropuerto de Gran Canaria impuso el desvío del tráfico aéreo al de la vecina Tenerife, donde se produjo el accidente aéreo más mortífero de la historia de la navegación aérea. El choque entre un avión de la KLM y otro de la Panam se saldó con 583 muertos.

Se suele presentar a un concurso de circunstancias negativas —pista única, neblina, error humano— como causa de esa catástrofe. Sin mencionar que la circunstancia inicial de la cadena causal fue el bombazo criminal del malhadado Movimiento por la autodeterminación e independencia del archipiélago canario. 

Pocas bombas después, estos violentos seudoguanches depusieron las armas y se destriparon entre ellos por el reparto del botín de guerra. Hoy Canarias es una pieza —la más austral— plenamente ajustada a España y Europa. Pero allí quedó ese desastre como testimonio imborrable de la infinita burricie del nacionalismo.

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Y ya. Y para no dejar mal sabor, comparto este plato de ropa vieja tomado entre Tunte y Fataga. ¡Viva Canarias!

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