mardi 19 février 2013

El radioescucha

Los Caballos de Dios es un filme marroquí de Nabil Ayouch que cuenta cómo un grupo de muchachos de una barriada de Casablanca se convierten en terroristas kamikazes y desatan una matanza en el barrio cosmopolita de la ciudad, barrio que algunos de ellos ven por primera vez el día de su explosión suicida, en mayo de 2003.

El filme sigue de cerca a dos hermanos y a su familia. Un tercer hermano es sólo parte del decorado y no tiene más protagonismo que el de pasarse los días pegado a una radio portátil escuchando las noticias. En inglés, francés y árabe, precisa él. Así, cuando en su casa se viven momentos cruciales en el camino que lleva a sus hermanos al terrorismo islamista, el filoautista de la radio portátil exclama: ¡Los rusos han invadido Grozny!

Recordándolo, me digo que no la tenemos todas con nosotros los lectores de diarios. Creo que era Borges quien decía que de haber habido periódicos el día del nacimiento de Cristo no hubiesen dado esa noticia. Pero no sólo por eso lo digo, sino también porque apegarse tanto a la actualidad tal vez sea una manera como otra cualquiera de huir de la realidad.

La realidad es una sala de espera y el periódico es un caleidoscopio que alguien ha dejado a mano para que te entretengas mientras tanto. Mientras tanto.

También el estado anímico de la madre de los terroristas resulta preocupante. Qué contenta se pone viéndolos abandonar los vicios modernos y entrar en las órdenes del yihadismo. El caso de esta familia da para otra cita, ésta de Sabato: Mientras se derrumba su casa siempre habrá un hombre preocupado por el estado del mundo y mientras se derrumba el mundo siempre habrá una mujer preocupada por el estado de su casa.

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samedi 19 mai 2012

Salmon y los salmones

La pesca de salmón en Yemen no es una comedia de gran cosa, pero reúne lo justo para mantener la atención, algo de geopolítica y una amourette entre dos brits queribles. Tiene eso sí un momento que está bien del todo: el rencuentro, teleguiado por el poder -por la eminencia gris detrás del poder, la asesora de prensa del primer ministro-, de un soldado rescatado de la guerra de Afganistán con su novia, sobre el terreno y frente a las cámaras. Una trampa tanto para los protagonistas como para el pueblo espectador, como las hay tantas y tan cosidas con hilo negro y sin embargo tan rentables para los mandamases.

Esta combinación de la teatralidad del ejercicio de la autoridad con la telerealidad como vía para cautivar a la opinión la describe hoy perfectamente Christian Salmon a propósito de las ceremonias eleccionarias francesas, en particular la escena del diálogo de François Hollande con su primogénito en directo televisivo la noche de su elección.

Como decíamos ayer, las dictaduras utilizan bombas lacrimógenas y gases hilarantes. Las democracias sólo las echan por la tele.

PS/ Una pena que las escenas yemeníes de La pesca... hayan sido filmadas en Marruecos. No porque yo tenga nada contra Marruecos ni contra las alegres cuentas de la industria del espectáculo. Es que esta constatación -la imposibilidad de filmar una película británica en el Yemen- anula per se la conclusion del propio filme. Y también porque, habiendo sido feliz brevemente en la Arabia feliz, me encanta volver a verla.



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dimanche 21 février 2010

El minarete

Comenzaba la ceremonia del rezo del viernes en la mezquita El Berdayine de la medina de Mequenez cuando se vino abajo el minarete con saldo de cuarenta muertos. Una situación similar, pero menos trágica, vivió mi tío en uno de esos espantosos terremotos del Cono Sur, un domingo a la hora de la misa. Y luego dicen de Dawkins.

Conozco Mequenez, por lo que no puede sorprenderme la tragedia. La medina es espléndida, tanto o más que las de Fez, Rabat o Marraquech, pero está en un estado calamitoso. Amenazaba ruina, y ha sido por lo más alto, por el minarete reblandecido por la lluvia.

Encuentro en mis papeles un relato de la última vez que estuve allí, que comienza justamente describiendo el paso de un funeral, en Bab Mansur, al otro extremo de la medina:

> Sentados en el quicio de la tienda de Hassan a la hora del calor, vemos pasar la comitiva fúnebre con el cuerpo del difunto cubierto por un lienzo que portan en andas seis hombres, a quienes acompañan un centenar de otros hombres de todas las edades, a pie, cantando en honor a Alá.

> Se trata de alguien que ha muerto de enfermedad o de accidente, afirma Hassan. Supongo que se trata de un hombre, me resulta extraño imaginar a una mujer llevada hasta su tumba sólo por hombres. Hassan me explica que, en compensación, la primera visita al cementerio tras el entierro les está reservada a las mujeres.

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samedi 17 février 2007

Medina de Chauén

chefchaouen

chefchaouen_2

Julio de 2005

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mardi 6 février 2007

De Mequenez a Rabat

A la hora del calor, sentados en el quicio de la tienda de Hassan, en Bab Mansour, en Mequenez, vemos pasar una comitiva fúnebre con un cadáver, envuelto en su lienzo, dentro de su caja abierta. Lo portan en andas seis hombres, a quienes acompañan un centenar de otros hombres de todas las edades, a pie, cantando en honor de Alá.

Se trata de alguien que ha muerto de enfermedad o de accidente, afirma Hassan. El caracter exclusivamente masculino de la comitiva impide pensar que el cadáver pueda ser el de una mujer, por lo extraño que resulte imaginar a una mujer llevada hasta su tumba sólo por hombres. Hassan me explica la secuencia: al entierro van los hombres pero la primera visita a la tumba tras el entierro está reservada a las mujeres.

Al día siguiente, dulcísimo jugo de naranjas al desayuno. La camarera es calamitosa, chilla constantemente y estornuda sobre los platos. Tren para Rabat. Hace años, cómo me gustaba subirme al tren, a cualquier tren, donde quiera que hubiese un tren y como fuese. Ahora presiento que no está tan lejano el día que diga: de aquí no me muevo.

La risa, remedio infalible, se llamaba la sección de tiras cómicas del Reader's Digest. Es fácil reírse del prójimo, es divertido reírse con el prójimo, sobre todo si el prójimo le ríe a uno las gracias. Pero es incómodo comprobar que es el prójimo el que se ríe de uno. El botones del hotel en Mequenez no pudo reprimir un acceso de risa cuando le pregunté, hacia las ocho de la tarde, cuál era el horario de la piscina. A la entrada a los andenes, en la estación, el controlador me avisa que el primer tren va a Fez y el segundo a Rabat. Ah, le digo, el primero no me sirve y el segundo sí. Detrás mío, escucho carcajearse a un grupo mientras repiten mi frase. La risa, remedio infalible. Se me ocurre una caricatura. Dos puertas, la primera para hombres, la segunda también.

La risa es contagiosa, ya se sabe, y seguramente libidinosa. Ninguna risa como la de los personajes ingenuos de la Trilogía de la vida de PPP. En el compartimiento del tren van tres parejas: dos muchachas muy jóvenes no paran de reír. Dos mujeres adultas, ríen a veces. Una pareja mayor no ríe ni por asomo. En la segunda parte del viaje, brusca inversión de tendencia: las jovencitas se quedan serias y los mayores no paran de carcajearse.

Al borde de la trocha ferroviaria, ricinos, cardos, bolsas de plástico destripadas, natres, buganvilias.

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Rabat, la medina, al atardecer. Enfrente, Salé, su playa, su cementerio, antiguo refugio de piratas, tal como Chauén fue antes española y Volubilis romana, todo fue antiguo alguna vez, con perro, con fauno, con efebo, y acabó perdido y desintegrado o encapsulado en el Museo de arqueología, donde campa por sus reales un enorme gato negro que atrae a un loco que sabe acariciarlo, un loco que se deja ir miméticamente a adoptar las posiciones de los luchadores romanos hechos estatuillas. 'Este hombre no está normal', me dice el vigilante, 'se tapa la cara y me hace morisquetas'.

Alí, el viejo taxista, es policía jubilado. Me lleva a los Jardines exóticos de Buknadel, cerrado por reparaciones. Camino hasta el museio Bezghati, tradiciones marroquíes, puertas y ventanas, salones, fogones, imprentas, alfombras, aldabas. Vuelvo a la torre Hassan y a la magnífica columnada y al Café Moro, al anochecer. Un hombre solitario bebe zumo de manzana Pom's, impregnado de solemnidad. De regreso, es inútil preguntar por el camino a seguir. No es que los rabatíes no tengan un plano en la cabeza, es que tienen el plano de una medina.

De noche, tras la pastilla y el Gerrouane gris en la terraza de la Clef, a un costado de la estación, gordas daturas y madreselvas perfuman el corazón batiente de la urbe capital del reino, y fragantes molles, y despeinadas palmeras, y gomeros tan podados que parecen bonsáis. Las familias se han echado a la calle en esta noche de sábado. Frente a las mujeres, cubiertas o descubiertas, frente a los mozos, barbudos o peinados a lo futbolista, da por pensar que en los tiempos del rey Juba, el rey bereber cuyo busto está en el museo arqueológico, las opciones eran más variadas.

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jeudi 7 septembre 2006

Algarabía magrebí

Gorriones moros
Moreras, escombreras

Algarabía magrebí

Al crepúsculo del día
La playa está vacía
Por la noche la lava la mar

Al alba canta el muecín
Mejor rezando que dormido dice


La gente asoma con el sol

Bilal tiene mal aliento
Malos recuerdos
Hanan escribe un haikú :
« Rey o mendigo Te comerá el gusano »
Alal no es hijo de su madre
A su madre la vendió su hermano en el zoco
Aziz perdió la mano en la carnicería
Alí es mudo y dibuja su nombre en el aire
Nuredín quiere emigar a Italia
O en su defecto a « Newsland ».

fotoAntoniodelaFuente

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