dimanche 2 mars 2014

El ocaso

E

Anochecer en Paranal. Foto de S. Guisard

Melancolía del último domingo del verano en el Cono Sur, ensimismamiento que provoca el ocaso, el sol que se esconde en el mar y ya no vuelve del todo hasta dentro de nueve meses, lo que tarda un niño en nacer. 

No sé si valga la pena ya representarlo. A las imágenes de la puesta del sol las fastidió para siempre, o para largo, la publicidad.

Describirlo tal vez sí. Ciertas descripciones de una puesta de sol en el mar siguen vivas. Largas, como la de Lévi-Strauss durante su primera travesía a América, el famoso Escrito a bordo, que ocupa cuatro o cinco páginas de Tristes trópicos:

La nuit s'introduit comme par supercherie.

O breves, como la de La Eternidad de Rimbaud:

Elle est retrouvée.
Quoi ? — L'Éternité.
C'est la mer allée
Avec le soleil.

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mercredi 15 janvier 2014

Me es fácil imaginar el mundo sin John Maxwell Coetzee

Me es fácil imaginar el mundo sin John Maxwell Coetzee, dice Coetzee. En cambio, me es imposible imaginarlo sin mí.

It occurred to me that it was all too easy to contemplate a world in which this fellow JMC, born February 9, 1940, was not present and had never been present, or else had lived a completely different life, perhaps not even a human life; but at the next instant it also occurred to me that it was impossible to contemplate a world in wich I was not present and had never been present.

I tried the trick again, thinking first the one thought (the world without JMC), then the other (the world without me), and again it worked. The first was easy to think, the second impossible.

The simple logical conclusion would seem to be that the equation "I = JMC" is false.

Habiendo leído a Rimbaud (y escuchado a Mari Trini) ya lo sabíamos: Je est un autre. Sólo que nadie lo había puesto tan claro.

B

Escultura de Ron Mueck

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jeudi 17 mai 2012

El sexo de los ángeles

N

Ernest Pignon-Ernest estuvo en Chile en 1981, donde dirigió un taller cuyo resultado fue un retrato de Neruda serigrafiado. Yo vivía entonces en la calle Maruri, la misma donde el joven Neruda escribió su famoso Crepusculario. En un rincón de la calle, frente a la casa, los pignonistas pegaron un ejemplar del afiche de Neruda. No tardó alguien en arrancar a medias la imagen y otro en recomponerla a la noche siguiente, dibujando sobre el muro unos toscos trazos. Luego alguien más puso un ramo de flores al pie del afiche, ramo que otro pateó y otro más repuso. Y así sucesivamente.

Pignon-Ernest ha pegado sus carteles en muchos sitios [Rimbaud en París y en Charleville, Carabacho en Nápoles, Darwish en Palestina, Genet en Brest...]. Ahora que Banksy ha popularizado esas intervenciones urbanas cabe recordarlo. Me gusta el resultado que consigue Pignon y me parece que, en su caso, ponerlo en la calle no es arbitrario. Sus retratos son formalmente muy acabados, pero enmarcados y colgados en un museo resultarían algo banales. En la calle, en cambio, o más bien en ciertas calles, ganan sentido.

Aprecio, sobre todo, que haya dirimido de una vez la polémica de los sabios de Bizancio y desvelado el sexo de los ángeles sobre los muros de la catedral de Montauban. Sexo que, por cierto, unos penitentes emborronaron a lo tonto.

PS/ La foto del afiche en la calle Maruri la tengo... la tengo que buscar, quiero decir. Este blog es un archivo al aire libre, lo que he ido colgando en él se encuentra rápido, al contrario de lo que no he ido colgando en él.

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lundi 7 mai 2012

El paréntesis

(Tres días en Luxemburgo, y 4)

Parra propone escribir como se habla y hablar con el lenguaje de la tribu, pero por escrito. Rimbaud, después de escribir el Antiguo Testamento a los 15 y el Nuevo a los 18, dejó de escribir a los 20 años. ¿Por qué? La respuesta es elocuente, silencio.

A todo esto me acuerdo de mi amigo T, a quien conocí en El Cusco. A propósito del leve malestar que creo haber sentido entre los huéspedes del hotel en Luxemburgo a la hora del desayuno. Del desprecio con que T se refería a sus equivalentes que paseaban su indolencia por Indiolandia mientras en Europa tenían en marcha su pequeño negocio. De T, digo, tan buen caminante como era. Lo he recordado poco en estos largos años, pero una vez soñé que le habían amputado la pierna derecha.

A todo esto también, confieso que vamos por Luxemburgo siguiendo una guía Michelin del año 55. No es que vayamos buscando bucólicamente el país que alguna vez fue Luxemburgo. Es que lo encontramos. Por los caminos comarcales, donde no hay nada que no sea paisaje, nada que no existiese cuando Rimbaud recorría estos parajes. Será una Europa recuperada de los agravios napoleonistas y adolfistas, anterior a la crisis y a la depresión. Una Europa entre paréntesis.

P1020605

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samedi 5 mai 2012

El busto

(Tres días en Luxemburgo, 2)

Cincuenta espléndidas ciudades andó Rimbaud, según los que saben contar. Los nombres de esas ciudades están alineados en la puerta de la que fue la casa de Rimbaud y ahora es uno de los museos que le están dedicados en su ciudad. [Recuerdo, por mi parte, haber listado también cuando tenía su edad las ciudades recorridas, pero en mi caso (en mi casa) creo que sólo eran 49].

La casa-museo de Rimbaud en Charleville no tiene cincuenta habitaciones, de manera que se concentra en las principales. Charleville, por cierto, París, Bruselas, Londres, Adén, Harar... La propuesta del museo es simple, muros encalados y suelos entablados, planos en el suelo y en el muro imágenes.

Rimbaud, ya está dicho, detestó intensamente Charleville, a la que llamaba Charlestown (Ma ville natale est supérieurement idiote entre les petites villes de province). Diez años después de su muerte, en 1901, las autoridades de Charleville, sintiendo probablemente una forma de culpabilidad retrospectiva y sabiendo, sobre todo, que en el futuro habría que contar con el personaje, quisieron recuperar el tiempo perdido y erigieron un busto de Rimbaud en la plaza de la estación, frente al café El Universo. Un busto dedicado no al escolar escandaloso ni al poeta de Las Iluminaciones, sino al explorador en África. A la avanzadilla de la civilización ardenesa. Un busto esculpido por el cuñado de Rimbaud, que el ejército alemán no demoró en desmontar durante la Primera Guerra.

Después de todo, a falta de ocupar Adén, o Harar, o cualquier otra de las cincuenta espléndidas ciudades, los alemanes sólo habían ocupado Charlestown.

R

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mercredi 2 mai 2012

Ô mon beau Rimbaud

Tres días en Luxemburgo

Luxemburgo tiene la forma de un zapato chino, al interior del cual el borde nunca está lejos. Mis tres días en Luxemburgo comprendieron vueltas y pirivueltas por cuatro países, Francia, Bélgica, Alemania, además del mentado Gran Ducado.

El primer día de viaje fue rimbaldiano. Creía que Charleville sería fea y estaría deprimida, tal es la mala fama que tiene el noreste francés. Y no, o nunca tanto. La plaza ducal es admirable de armonía. A dos pasos de allí, al borde del vigoroso río Mosa, el viejo molino está convertido en museo Rimbaud, tanto como la casa donde vivió Rimbaud está también convertida en museo Rimbaud. Todo es Rimbaud en las inmediaciones, la panadería Rimbaud, la librería Rimbaud, la peluquería Rimbaud.

A los quince años se fugó Rimbaud de Charleville por primera vez, lo atraparon y volvió a fugarse en seguida y no dejó de huir de Charleville incansablemente en los veinte años que le quedaban de vida, a pie, en tren, en diligencia, como fuera, a como diera lugar, como pudiera. Es difícil encontrar a alguien que haya maldicho a su ciudad de manera tan elocuente como lo hizo Rimbaud, a su ciudad y a sus provincianos burgueses.

Y la paradoja rimbaldiana, la parajoda del poeta maldito, es que son esos odidados burgueses de Charleville, a quienes Rimbaud quería hacer polvo, ellos mismos o sus descendientes, quienes han hecho polvo a Rimbaud. Y lo venden tan estupendamente.

R

Cartel de Ernest Pignon Ernest (fragmento)

(Dos días después pasamos por Vianden, donde vivió en su exilio luxemburgués Víctor Hugo. Y ya de regreso en Bélgica, por Verlaine. Pero no quisimos entrar ni en uno ni en otro. Los poetas franceses, de a uno por fin de semana.)

Ô mon bien, ô mon beau...

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mercredi 21 mai 2008

Este señor

Implacable la comunicación política. Este señor (también) perdió las elecciones.

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¡Exclusivo! Se confirma que Rimbaud fue periodista. Publicó en Le Progrès des Ardennes de Charleville, periódico progre como indica su nombre, un articulillo titulado El sueño de Bismarck y lo firmó como Jean Baudry. Tenía 16 años y es probable que nunca se enterase de esa publicación, porque se marchó de su ciudad por esos días. Se sabía que había trabajado para el periódico seleccionando despachos y que había intentado publicar en él, pero no que había llegado a hacerlo. Ya pueden comenzar a corregir y completar las antologías.

Aquí la historia y el inédito, inconfundiblemente rimbaldiano.

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'Los napolitanos esperan, sumergidos bajo la basura, la llegada de Berlusconi. Quien les promete un gigantesco basural. ¿Qué más se puede agregar? Hay días en que la actualidad hace todo el trabajo'.

Hervé Le Tellier, en Le Monde.

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