Lo del gordito coreano se llama el síndrome de Simba, quien después de la muerte del padre liquida al tío. Por cabrón. Y hakuna matata. Se pregunta uno cómo se permiten contarle historias así a los niños norcoreanos. Aunque, también, mira que aplaudir con desgana...

Y quien dice Simba dice Hamlet, me recuerda el amigo Revenido. ¡Hamlet, príncipe de Dinamarca! Primero Shakespeare, segundo Dios, y el tercero es negociable, como dice NP.

Por mi parte, yo creo que la revista Time se apresuró a la hora de elegir a la personalidad del año. Si el sorteo se realizase hoy, al papa Francisco lo batirían abiertamente el tío norcoreano, el intérprete sudafricano o la primera ministra de Dinamarca.

Y a ver qué nos cuenta el fin de año.

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Hamlet, óleo de William Morris Hunt