La vieja y los gatos, el cuento de Coetzee que publica Letras libres.

John visita a Elisabeth, su madre, que vive ahora en España, en el pueblo de San Juan Obispo, donde ha acogido, en su casa, a una docena de gatos y al tonto del pueblo, al que dejará la casa en herencia con la esperanza de que éste cuide de los gatos cuando ella ya no esté.

Elisabeth y John son personajes de Elisabeth Costello y La vida de los animales. Costello, que es animalista radical, no muestra sin embargo en los dos libros que protagoniza ninguna relación directa con animales. Así lo hace ver en La vida de los animales uno de los comentaristas del texto inicial de Coetzee, Barbara Smuts.

Coetzee le responde con este relato, que ha sido también presentado como la respuesta de Coetzee a la obra de la artista plástica belga Berlinde de Bruyckere, y que supone, por lo demás, una variación sobre un tema muchas veces tratado en sus libros.

Como era de esperar tratándose de una vieja que vive sola, los animales que llenan la vivienda son gatos. «Si los gatos no son individuos, madre -le reprocha a Costello su hijo John-, si no son capaces de ser individuos, si son sencillamente una encarnación tras otra del gato platónico, ¿por qué tener tantos? ¿Por qué no solo uno?».

Lo que recuerda el tuit del que se preguntaba a partir de cuántos gatos está la vecina completamente loca.

La vieja y los gatos antes de ser publicado fue leído por Coetzee en el Festival de literatura de Jaipur, India, en enero de 2011. Como se sabe, Coetzee no aprecia el ejercicio de la entrevista («Mis respuestas son demasiado breves y la brevedad (la sequedad del tono) es fácilmente percibida como un signo de irritación o de cólera») por lo que, cuando concurre a eventos abiertos al público, se limita a leer alguno de sus textos. A partir de esa grabación, el cuento fue reproducido en algunos sitios por la vía de las transcripciones espontáneas. (La versión que publica ahora en castellano Letras libres tiene el visto bueno del autor).

Sobre ese viaje a la India escribe Coetzee en las cartas que intercambia con Auster en Aquí y ahora. Admiro a la gente que sabe describir lo que ve, afirma. Yo no sé hacerlo, tiendo a la abstracción. Y a continuación suelta un par de abstracciones de primerísima calidad sobre la pobreza, la relación de los humanos con los animales y su propia condición de narrador incapaz de hacer una observación costumbrista y de agradecer así la belleza y la generosidad del mundo.

En Aquí y ahora, también, echando mano de su proverbial tendencia al laconismo y la abstracción, Coetzee describe a La vieja y los gatos como un relato que trata de la vida, de la muerte y del alma. Qué menos.

DB

Instalación de Berlinde de Bruyckere