dimanche 10 octobre 2010

Escenas de una vida de provincias

9782021000290 Ayer compré L'été de la vie, la traducción al francés de Summertime, de JM Coetzee. Para regalársela a C y pedírsela luego prestada y darle un vistazo a la traducción de Catherine Lauga du Plessis, quien traduce desde Sudáfrica a Coetzee (quien, por su parte, vive en Australia).

La edición francesa no conserva (como sí lo hace la española) la imagen de las ediciones inglesa y norteamericana, la camioneta al borde del camino de tierra en medio del paisaje sudafricano, y prefiere ilustrar con la foto de la cara de una mujer con gafas negras.

El subtítulo original, Scenes from Provincial Life, que Summertime comparte con las dos entregas anteriores de la serie, Boyhood (Infancia) y Youth (Juventud) desaparece de la edición francesa y de la portada de la versión española (de la que sólo he visto hasta ahora la portada).

Y luego está el título. Verano en un caso y L'été de la vie en el otro. En circunstancias que la traducción literal es tanto mejor: Tiempo de Verano. Escenas de una vida de provincias.

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dimanche 2 mai 2010

El hombre que confundía a su amante con un violín

CT

Tras Infancia (África del Sur) y Juventud (Inglaterra), John Maxwell Coetzee describe la vida que llevaba a su regreso a Ciudad del Cabo a comienzos de la década de los setenta, cuando tenía treinta años.

Para hacerlo, se da por muerto y envía a un biógrafo a entrevistar a cinco personas importantes en su vida de entonces. Cuatro de ellas son mujeres. Todas, menos una, viven ahora en Europa y América. El propio Coetzee, como se sabe, vive desde 2002 en Australia.

El libro se llama Summertime. Se entiende que la treintena es el verano de la vida, más o menos el tiempo del ardor, del sol por todo lo alto, el tiempo de la reproducción, el que precede a la cosecha. En el que el sexo tiene un lugar cenital, el sexo o su ausencia. De las cuatro mujeres del relato, dos fueron sus amantes, la tercera se negó a serlo, y la cuarta es su prima, con quien, cuando niño, pensaba que se casaría.

Coetzee no duda en mostrarse, a través del relato de quienes lo conocieron, como un hombre disminuido o desfasado frente al embate del instinto. Desmañado en el terreno de las relaciones sociales, tironeado entre el calvinismo de sus ancestros, la ambigüedad de su generación y su propia gana y desgana. No duda en mostrase muchas veces risible. El hombre que confundía a su amante con un violín, El hombre que dejó olvidado un condón usado en la cama de su amante, El hombre que obligó a su prima a pasar la noche en el desierto de donde los rescató un viejo con un burro, El hombre que perdió la dignidad porque se enamoró podrían ser unos cuantos títulos alternativos para el libro.

Poniéndose en primer plano, Coetzee, en un calculado ejercicio literario, lleva la atención del lector hacia quienes en una biografía convencional quedarían ensombrecidos, y convierte a Summertime en un libro sobre las mujeres que lo amaron, mucho, poquito o nada, y sobre la sociedad sudafricana, que vivía por entonces el apogeo y el comienzo del fin del apartheid. Summertime es también un libro sobre su padre viudo, cuyo final, del libro y del padre, es doblemente triste.

Summertime es una obra maestra. ¿Maestra? La mayor emoción contenida dentro de la forma precisa.

Undated fragments: It is a Saturday afternoon in winter, ritual time for the game of rugby >

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dimanche 25 avril 2010

El burro

S Los libros de Coetzee no sólo son buenos o buenísimos, además suelen dedicar un par de párrafos a algún animal, lo que los mejora. En Summertime, al protagonista y su prima la camioneta los deja botados en pleno desierto de Karoo, tal como muestra la tapa del libro, de donde los rescata, a la mañana siguiente, un peón montado en un coche tirado por un burro. «No sorprende que Jesús haya tenido debilidad por los burros», escribe Coetzee.

Sólo conocía la imagen de Jesús entrando en Jerusalén, no a caballo, como un conquistador, sino a lomos de un humilde burro. Y el burro del pesebre. El mismo que lleva a su madre de Jesús camino del exilio. Busco y me entero de que esa entrada en Jerusalén ya había sido anunciada por Zacarías: «Mira a tu Rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde, y va montado sobre un burro, sobre el hijo pequeño de una burra».

El burro tiene mala prensa, pero buena literatura.

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jeudi 22 avril 2010

El babuino

Llega la noche al desierto de Karoo. Los babuinos cesan de alimentarse y observan la puesta del sol. En los ojos del mono más viejo se dibuja la melancolía. Nunca más, se dice.

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