Aviso
A los caminantes que vienen buscando información sobre sexo en el Camino de Santiago aviso que andan descaminados.
A los caminantes que vienen buscando información sobre sexo en el Camino de Santiago aviso que andan descaminados.
Participo en un encuentro de artistas. Expongo una cornamenta de ciervo en cuyas astas se disponen una ardilla y unos pájaros. Otro expositor muestra un fondo de escenario de madera que un niño activa tocando en algunos puntos para hacer aparecer cabezas e instrumentos. Una mujer joven, aparentemente inglesa, se rebela a gritos contra el despilfarro y la ausencia de creatividad que el encuentro supone (lo organiza una universidad turinesa). ¿Está genuninamente loca o se trata de una 'performance'?
Las canciones son huellas afectivas, dice Yves Simon. Que son pegadizas, pegajosas, quiere decir, que dejan huella y reaparecen sin que nadie las llame. Como decía un poema de Gonzalo Millán tantos años atrás: Y como en una mala canción de moda te nombro y te repito.
Desde la ventana de la habitación puede ver un patio interior donde crecen los árboles que él mismo ha plantado. Antes sólo andaba por ahí entre árboles y arbustos y escuchaba las voces de las conversaciones de los vecinos, la madre con su hija pequeña, los niños que juegan, el perro, el gato, una pareja mayor. Ahora, desde la ventana de la habitación no sólo puede oírlos y reconocerlos a través de esas voces y esos ruidos, sino verlos. Y son, más o menos, como los imaginaba, sin tratar de imaginarlos, como los veía inevitablemente al oír sus voces. Ahora sus rostros precisan esas imágenes inciertas. Se trata de una sensación similar a la del lector cuando se enfrenta a las imágenes de la adaptación al cine del libro leído antes. Por fortuna, estas nuevas imágenes del patio interior no tienen esa fuerza impositiva de la pantalla. En el patio también hay árboles y algo de distancia. Y, en los buenos días, pájaros.
Ayer, al momento de separarnos en Zaventem, tanta prisa parecía tener Daniel por dejar Bélgica y llegar a Madrid, que casi se olvida de hacer el gesto de complicidad de las despedidas. Pero no, cuando ya salía de mi campo visual, se volvió, como siempre. Durante los largos minutos que separaron la noticia del accidente de Barajas y su mensaje avisando que su avión había aterrizado a la misma hora y en la misma pista que el avión accidentado, ese gesto estuvo conmigo.
La vida es ahora, como dice el catálogo de Ikea.
El 1500 es la auténtica emoción del atletismo. Por debajo de 800, la cinta corre demasiado rápido y, por encima de 3000, demasiado lentamente. El 1500 es la medida exacta para que se despliegue la velocidad y la inteligencia.
Muy bien está que las autoridades olímpicas combatan la trampa. Peor está que la admitan allí donde la cometen a gran escala (tautología; todo en el Olimpo es a gran escala) los organizadores. (No somos competentes en esa materia, dirán, ya lo sé). Así, el tandem de niñas que emocionó al mundo: una cantaba y escondía la carita, la otra la ponía por bonita. Así también los niños que representaron, en la misma ceremonia, a las 56 etnias que componen la China resultaron pertenecer todos a la etnia han.
Gare du Nord de Bruselas, salida hacia la Aarschotstraat. Olor a aceite rancio de los restaurantes populares. En el suelo, un sinnúmero de bolitas verdes relucientes. Las palomas aterrizan y se disponen a picotear de ese maná. Se alejan sin embargo. Son arvejas congeladas caídas de un saco roto.
En paralelo y en simultáneo se nos ofrecen la guerra, los Juegos olímpicos y sus respectivas ceremonias. Debe de estar muy mal entrenado el joven atleta georgiano Saakashvili (tan prometedor que parecía a los ojos de los aficionados) y probablemente dopado por alguna sustancia desconocida para las instancias de control, o tal vez secretada por esas propias instancias, para desencadenar, al supuesto abrigo de la cobertura de los Juegos, el ataque sobre Osetia del que ha salido también trasquilado de Abjazia. Le ha dado una oportunidad de oro para lucir sus medallas al musculoso Putin, quien la estaba requiriendo.
La sala de espera del fisioterapeuta es exigua. Una silla y una mesilla apenas. Sobre la mesilla se encuentra un único periódico, Le Canard enchaîné. La espera suele ser brevísima, de manera que intento llegar cinco minutos antes para alcanzar a leer el Journal de Carla B. Donde me complazgo en saber que las decepciones francesas se acumulan en Pekín: Carla no ha sido seleccionada para el lanzamiento del disco. También, de la doble decepción de la Bruni cuando se entera de que no es la única 'première' que canta.
La guerra y las Olimpíadas tienen una magnitud cuyo mérito es dejarlo sumido a uno en su pequeñez. La mía está encerrada, además, en un domingo cubierto y con lluvia, el último de las vacaciones. Mucha gente en la piscina. Los veraneantes están regresando y muchos de ellos se habrán hecho el propósito de prolongar el ejercicio veraniego yendo a nadar. A mi calle ha llegado una familia española, vía un intercambio de casas. He visto que se había quedado su puerta abierta y he querido avisar. Se han asomado Antonio y Belén, muy jóvenes, y hemos hablado. Por otra parte, pinto una habitación. Sin gafas la primera mano, con gafas las terminaciones. En El País y en el blog de al lado se hace cuestión de la lista de diez libros que han cambiado vidas. Pongo estos cuatro, sólo para no ser menos:
1. Silabario hispanoamericano, de Adrián Dufflocq Galdames
2. Yo viví con los jíbaros, cazadores y reductores de cabezas, de Eduardo Barros Prado
3. Satiricón, de Petronio
4. Obra gruesa, de Nicanor Parra
El abrazo partido cuenta la historia de un muchacho judío argentino, Ariel, y de su rencuentro con su padre que regresa a Buenos Aires desde Israel, Elías. Está bien, de la mitad adelante. La primera parte es un compendio de todos los clichés sobre la emigración en Argentina. Sólo cuando asoma físicamente Elías, el padre, la película alcanza lo que parece buscar. Elías vuelve a Buenos Aires manco. Por eso el nombre del filme. En un momento, un rabino suelta una frase tendenciosa pero cierta: Sólo puede disfrutar de la alegría de los nietos quien no haya matado antes a sus hijos.
Esta impresión sobre un filme visto en un formato casero inaugura una nueva categoría en este concurrido blog: Nombres de películas. Buscando el reclamo del Abrazo, me entero de que Daniel Burman, su autor, ha filmado otra película, cuyo nombre, al menos, está bien: Todas las azafatas van al cielo. El Abrazo, en la versión francesa, se llama El hijo de Elías. Mejor estaría que se llamase El hijo del manco.
Jorge Bravo me manda este chiste. Está bueno, tiene estructura, ritmo, desenlace. Dice mucho también sobre cómo es y qué hace reír a la gente hoy en Chile. Nótese la importancia de las marcas. Conducen en Ford Explorer, fuman Kool Light, van a bailar a la 49', y al viejo cuidador de autos, antes llamado Dele-dele, ahora lo llaman valet parking. A mi tío Pepe se le moverán las ternillas.
Alejandra: Ramiro, ¡te olvidas otra vez!
Ramiro: ¿De qué Alejandra?
A: ¡Hoy cumplimos cinco años de casados!
R: Pero querida, ¿cómo me voy a olvidar de eso?
A: Quiero que me lleves a ver un buen espectáculo y a bailar.
R: Justamente, ¡eso era lo que tenía planeado!
A: Bueno, quiero que me lleves a la 49'.
R: ¿Qué? ¿Estás loca? ¡Eso es un nigth club!
A: Ramiro, quiero que me lleves ahí y punto.
Y van....
Apenas llegan, el valet parking dice:
-Buenas noches, ¿cómo le va caballero? ¡Qué bueno verlo otra vez!
La mujer salta sorprendida:
A: ¿Qué dice éste? 'Qué bueno verte otra vez'... ¿Acaso has venido antes a este sitio?
R: ¿Yo? Pero, ¿estás loca? Le dicen a todos lo mismo... Estos lugares son así...
Llegan donde el portero:
-Señor Murillo... ¡qué gusto!
-A: Te dijo 'señor Murillo'... ¡Te conoce!
-R: ¿Ehhh? Y cómo no me va a conocer, si este tipo trabaja en el edificio de mi oficina, es el electricista.
Ya dentro, los recibe Alex, el gerente: ¿Cómo está, licenciado Murillo? La mejor mesa como siempre, ¿verdad?
A: ¿Éste también es electricista en tu oficina? Te voy a matar...
R: No, no, este señor es el que me vendió la Ford Explorer que te compré.
A: Ramiro, me estás...
En ese momento aparece la vendedora de cigarrillos:
-¡Mi Reeeeeey! ¿Te doy tu Kool Light?... La cigarrera se pone el habano entre los pechos:
¡Méteme la manita, mi amor, y saca tu habano, méteme la manita y saca tu habanito, como te gusta!
Alejandra está a punto de matar a su marido, cuando se apagan las luces. Ramiro y su mujer se sientan y empieza el espectáculo. Aparece una mujer sensacional y comienza a hacer strip-tease. Cuando se queda sólo en tanguita, se acerca a la mesa de Ramiro y, cariñosísima, le pregunta a toda la concurrencia:
-Y ahora, ¿quién me va a sacar la tanguita?
Todos los presentes gritan a coro:
-¡Se vive, se siente, Ramiro con los dientes!
-¡Se vive, se siente, Ramiro con los dientes!
Alejandra no aguanta más, sale corriendo y toma en un taxi. Ramiro la sigue y se mete en el taxi, la mujer empieza a pegarle y trata de arrojarlo fuera.
A: ¡Eres el hijo de puta y cabrón más grande de toda la historia!
Alejandra se saca un zapato e, histérica, comienza a pegarle a Ramiro en la cabeza.
En ésas, el taxista se da la vuelta y exclama:
-¡Mire que hemos llevado putas bien locas, don Ramiro, pero como ésta ninguna!
Habla con dejo de sus mares bárbaros
Con no sé qué algas y no sé qué arenas.
Reza oración a dios sin bulto y peso
Envejecida como si muriera.
En huerto nuestro que nos hizo extraño
Ha puesto cactus y zarpadas hierbas.
Alienta del resuello del desierto
Y ha amado con pasión de que blanquea
Que nunca cuenta y que si nos contase
Sería como el mapa de otra estrella.
Vivirá entre nosotros ochenta años
Pero siempre será como si llega
Hablando lengua que jadea y gime
Y que le entienden sólo bestezuelas.
Y va a morirse en medio de nosotros
En una noche en la que más padezca
Con sólo su destino por almohada
De una muerte callada y extranjera.
Gabriela Mistral
Foto de Miguel Toledo
COMO TODO SER vivo, los científicos trabajan duro para salir en el diario. Los últimos en conseguirlo han sido un grupo de investigadores de la Universidad de Wolverhampton, quienes se dedicaron muy seriamente a desempolvar viejos chistes. El más antiguo que encontraron es éste: «Nunca se ha visto a una esposa joven tirarse un pedo sentada sobre las rodillas de su marido». Hace cuatro mil años, los sumerios se desternillaban oyéndolo. «El más viejo del mundo es un chiste flatulento», titularon los diarios británicos.
A propósito de ventosidades, el protagonista de la última novela de Eduardo Mendoza se llama Pomponio Flato, un romano con problemas gástricos a quien el niño Jesús le encarga desentrañar el misterio de un crimen injustamente atribuido a San José, su padre. El romano se encariña con el niño Jesús, lo llama Tito y le da uno que otro coscorrón cuando se tercia. Todo muy cómico. Supongo que incluso el cardenal Medina se desternillaría si se aviniese a leerlo en el seminario.
Los romanos, por su parte, contaban este viejo chiste: «Viajando el emperador Augusto por su reino, se encontró con un hombre muy parecido a él e, intrigado, le preguntó: ¿Sirvió alguna vez tu madre en palacio? No, Alteza, respondió el súbdito, pero mi padre sí». El chiste más viejo del mundo, según Nicanor Parra, es bíblico: «En un comienzo fue el verbo». Luego viene un chiste precolombino, el Descubrimiento de América, y así hasta llegar al bombardeo de La Moneda, que sería un chiste metafísico. Es verdad que la historia puede ser jovial, o jocunda, como la geografía. Un amigo algo disléxico llama Arabia Saudita a su amiga Laurita Sarabia.
El chiste, desde siempre, menoscaba a su manera al poderoso, de tal forma que abundan en la historia los chistes de faraones, reyes, sátrapas, dictadores y otros mamelucos. Claro que algunos mandamases no necesitan ser menoscabados por los chistes de la plebe porque se menoscaban solos contando ellos mismos los chistes. Recuérdese el caso de los llamados martes del almirante Merino, en uno de los cuales el mandamás marítimo llamó a los bolivianos «auquénidos metamorfoseados en humanos». Mezclar torpeza con impunidad puede provocar estragos y no sólo en el hígado. Nuevamente, fue Nicanor Parra quien escribió los mejores chistes de esos años negros y los llamó Chistes para desorientar a la policía: «Bese la bota que lo pisotea, no sea puritano hombre por Dios». El humor es siempre una forma de conquista personal frente a las exigencias de la realidad, una puerta abierta al inconsciente, un serio impacto entre la realidad y la idea que nos hacemos de ella. Ahora bien, los mejores chistes son los no simultáneos. Esos son los imprescindibles, como diría Brecht.
Si bien me río con algunos, confieso que en general desconfío de los chistes. Me pasa así desde el día que un compañero y amigo, en contra de su reputación y para sorpresa de toda la clase, se decidió a contar un chiste en una sesión de calducho escolar. Contó uno bastante malo, todo hay que decirlo. Mientras lo iba contando, el silencio de la clase se iba haciendo más y más espeso. Cuando terminó, la clase estalló en unas risotadas tan estrepitosas como desproporcionadas. No tardó nuestro compañero en entender que no nos reíamos del chiste sino de él. Años más tarde mi amigo se quitó la vida, por cierto que por otras razones. Con todo, cuando supe la triste noticia no pude dejar de acordarme del maldito chiste. Y no me hizo ninguna gracia.
Esto es todo, amigos, como dejó escrito en su epitafio el creador del Conejo de la suerte. Esta columna es la última de una serie que ha durado ya tres largos años. Les agradezco la atención, espero que hayan disfrutado y los tres años hayan pasado volando. No como una ventosidad, como un suspiro.
7 de agosto de 2008 PDF
En la cama, de Matías Bize, muestra el encuentro de Bruno y Daniela en la habitación de un motel de Santiago de Chile. Tras el primer polvo, Bruno quiere preguntar '¿quién eres tú?' y la que formula es la pregunta chilena por antonomasia: ¿
Este blog se llama Camino de Santiago. Ahora resulta que Cees Nooteboom, cuyos libros voy leyendo con admiración, publicó uno cuyo título supera la idea de camino: El desvío a Santiago. Los libros de Nooteboom son admirables desde el título: Las montañas de Holanda. Ayer por la mañana me pasé por la librería 'hispana' de Bruselas, que se llama Punto y coma, para comprar un ejemplar del Desvío a Santiago. Salí también con uno del Pomponio Flato, de Mendoza. Y, de regreso en Lovaina, como era día de recogida de papeles, me hice con un ejemplar de una guía 100% práctica, completa y actual para trabajar en Windows. En Bruselas, un centenar de indocumentados reclaman del Gobierno papeles para poder trabajar. El Gobierno no sabe/no contesta, está de vacaciones, por lo que un puñado de entre ellos se ha encaramado a varias grúas para hacer visible su reclamo. Como el tío de Fellini en Amarcord, aquel que pedía a gritos desde lo alto de un árbol una donna.
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Hoy es primero de agosto, temible día en las carreteras donde se cruzan los que vuelven desde julio con los que parten hacia agosto. Este lunes fue mi primer día de vacaciones. Tengo para las vacaciones un par de proyectos, pintar una habitación, escribir un manual de instrucciones. Pero el lunes me di vacaciones dentro de las vacaciones. Siesta en la hamaca, paseo por el campo. Sin embargo, o por eso mismo, acabó siendo un día híperproductivo. Andando por el campo se me ocurrió la idea de un relato, que ya escribí y cuyo resultado está por debajo de lo imaginado, pero ahí queda. También, con la naturaleza subida a los sentidos, escuché la cuarta de Mahler y me propuse, con la ayuda de los germanófilos de casa, traducir el Lied. A dos arbustos que han crecido espontáneamente en el jardín los pude reconocer, a la vista de sendos ejemplares crecidos en el campo. Y recordé los paseos que daban los protagonistas de los primeros relatos de Hesse, Peter Camezind, Hans Gieberath, Knut, que yo leía cuando joven. También recordé cómo, una tarde en una típica sesión de cine-club, durante una interrupción provocada por la inepcia del encargado de la proyección, un muchacho sentado delante de mí le contaba a otro muchacho sentado detrás de mí que prefería la lectura de Sartre a la de Hesse porque, en este último, había siempre un contenido homosexual latente. El caso es que a Hesse y a Sartre los leía yo por aquel entonces, a Hesse en un ejemplar de las Obras completas publicado por Aguilar, y a Sartre en los libros publicados por Losada que iba comprando uno tras otro en las librerías de la calle San Diego. El filme que veíamos era el 8½ de Fellini. Como el encargado confundía y desordenaba los rollos, lo que terminamos viendo no fue el 8½ sino una especie de veinticinco para las cuatro o a razón de catorce siete la media, como dice mi tío Pepe, a quien también le gustan mucho los paseos por el campo.
Hola hola
Ratón con cola
Pluma en el rabo
Codo empinado.
Recuerda esta canción de borrachos:
El agua hace mal
El vino hace cantar
Esta es la consigna
Del Roto chileno
Empinar el codo
Y tomar a vaso lleno.
Que Daniel cuando pequeño cantaba así:
El agua hace mal
El vino hace cantar
Esta es la cocina
Del ratón chileno
Empinar el poto
Y tomar a vaso lleno.