He ido poniendo en Twitter cosas y otras que me han llamado la atención sobre la masacre de Charlie Hebdo. Como contado en brevísimo, en cambio, el detalle que sigue -un pelo de la cola en relación a la enormidad de lo ocurrido- se puede malinterpretar, lo cuelgo aquí para poder explicarme.

También porque cuento a veces en este blog historias de perros, aunque yo mismo no tengo uno y más bien padezco los ladridos ajenos. Será porque he visto que en los diarios populares suele haber historias de perros o con perros. Es, de hecho, en un diario popular, 20minutes, un diario sin editorial -salvo para las ocasiones, y hoy fue una-, donde he leído la historia que paso a contar.

Un auto se detiene en medio de una calle ayer al mediodía en París. Dos hombres vestidos de negro, uno de ellos armado de un lanzagranadas, se precipitan sobre otro auto y obligan al conductor a bajar. «Diga que ha sido Al Qaida-Yemen», le espetan, a modo de explicación sobre el expolio. El conductor responde: «Pero esperen a que baje al perro». Y los mismos canallas que acaban de masacrar a toda la redacción de Charlie Hebdo y de rematar en el suelo a un policía, apenas unos minutos antes, acceden a que el perro se quede junto a su dueño.

No quiero decir con esto que los terroristas tengan un corazón sensible a los animales, no. Lo que quiero decir es que esta es la realidad, y no hay otra.

Source: Externe

Courbet, Autorretrato con perro