Los estudiantes quieren poner Chile patas arriba. Mucho habían tardado. Su revindicación es sencilla, pagar menos. Porque lo que hay por ahora en materia de educación superior es una vulgar estafa: precios de Harvard, nivel Tigresa del Oriente. El resultado es que las familias se endeudan por años a cambio de un cartoncito que destiñe rápidamente.

Ha tenido que llegar un gobierno de derecha para que los estudiantes salgan a la calle. Es normal. Chile fue gobernado durante veinte años por una coalición de centro-izquierda que condujo el paso de la dictadura a la democracia, circunstancia que resultó algo anestesiante. Ahora que el ministro del ramo es dueño de una universidad, o tiene cara de serlo, de una de esas academias mencionadas supra, las ganas de salir a protestar se multiplican. 

En fin, no tengo mucho más que añadir sobre el asunto. Salvo que hoy Roberto Merino ve en la movida las eternas ganas carnavalescas de la muchachada. Lo que comparto sólo en parte, porque está claro que el individuo es un conjunto de bolsillo y de bragueta, de culo y camisa. Y que una suma de individuos da algo más que una muchedumbre, que también.

Se refiere además Merino a los perros callejeros que en seguida que hay jaleo aparecen. Este es un fenómeno interesante. Mi amigo S me puso en su día, cuando los follones de la Plaza Sintagma de Atenas, sobre la pista del perro Lukanicos. Supongo que, como Chile es un país grecorrománico, también tendrá que tener sus perros manifestantes o contramanifestantes. Porque Lukanicos (Salchicha, en lengua local) tomaba partido abiertamente por los manifestantes. Estos perros santiaguinos, en cambio, nadie sabe para quién trabajan.

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Foto de Carlos Vera