El Reino, 9

Esas pequeñas historias que otorgan verosimilitud al Evangelio, según Carrère. La historia de Eutiquio y la resurrección.

La resurrección, por cierto, no es ningún detalle. Al contrario, es la piedra angular del mensaje de Pablo y en gran medida en ella descansa el interés que los fieles ponen en la nueva religión: «La resurreccion es imposible y hete aquí que un Hombre resucitó», afirma Pablo. Esta es la gran cuestión y al lado de ella la historia de Eutiquio es un detalle. Pero es un detalle que contribuye a hacer del Evangelio algo más que el libro en que se funda una nueva fe, un relato de relatos.

La cuento como la recuerdo, sin releer.

Pablo llega a Tróade, la patria de Lucas, tras uno de sus numerosos viajes, y la comunidad se reúne excitada a escucharlo en la casa de la familia que lo alberga. Eutiquio, el hijo menor de la casa, por pura timidez se sienta en el alfeizar de una ventana a escuchar las palabras de Pablo, infatigable orador. Y se duerme. Y se cae de la ventana al duro suelo. Y muere. O eso creen los espantados cristianos primitivos de Tróade. Porque cuando Pablo los calma y toma a Eutiquio en sus brazos, el muchacho revive.

No resucita, como todos quieren creer, porque no ha muerto, sino que se recupera de haberse malherido y haber rozado la muerte. Y el problema de Pablo, que hasta entonces había sido convencer a los incrédulos del misterio de la resurrección, pasa a ser convencer a esos fieles crédulos que en este caso, en el caso de Eutiquio, lo que han presenciado no ha sido un prodigio sino el despliegue de la pedestre realidad.

St_Luke_the_Evangelist

Lucas, Vladimir Borovikovski