El nombre de pluma, 2

Quedamos en que los plumillas reempluman su nombre mayormente para subirse el pelo. Un poeta poético prefiere firmar sus odas con un nombre poético. Así Hernán Díaz pasó a llamarse Pablo de Rokha y Lucila Godoy, Gabriela Mistral. Y Filadelfio Gutiérrez, Rosamel del Valle. La explicación que daba este último era también poética: su primera novieta se llamaba Rosa Amelia del Valle.

Algunos que tienen el pelo muy subido, en cambio, se lo bajan un palmo para estar más a tono. Así Vicente García-Huidobro se extirpó el García y Emmanuel Carrère d'Encausse se operó el d'Encausse. A un prosista le va mejor un nombre prosaico.

Estas operaciones podríamos llamarlas cosméticas, dicha sea la cosa sin carga despectiva.

Porque también están aquellas operaciones que tienen su punto de densidad existencial, no sé decirlo de otra manera. Tiempo atrás publicaba una columna en un diario chileno una chica estupenda que tenía un nombre perfecto. Las columnas eran buenas pero saltaba a la vista que las escribía un señor talludito. ¿Por qué? Vete a saber por qué, pero esas cosas se huelen. Lo que importa en este caso es que con la penectomía la carga expresiva aumentaba.

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