Diario de Murcia

En la finca cultivaban mandarinas. Ahora han tenido que arrancar los árboles porque las mandarinas con semillas se han vuelto invendibles. En su lugar han puesto un campo de fútbol para que jueguen los niños.

El médico le ha diagnosticado a su hijo autismo. «Mi sueño es que sea Asperger», dice.

En la entrada de la tienda hay un anciano. «¿Vende usted miel?», pregunto. «¿Huevos?», responde. «Que si tiene miel», repito. «Ya luego viene mi hijo», me dice. «Tiene 94 años y aquí le gusta estar todos los días», me cuenta su hijo.

Estaba en la catedral observando una escena pintada sobre un muro. Sin nombre, sin fecha, sin firma. Creo que es José que sueña que un ángel le advierte del peligro que acecha a su hijo. Es un José muy joven, sin embargo. Se diría que el pintor sólo tenía a mano un solo modelo porque José y el ángel parecen hermanos. Me distraen (me despiertan) unos gritos fuera y salgo a ver de qué se trata. Un centenar de chavales se manifiestan contra el acoso sexual. Advierten de que están en peligro. No sé si exageran. Tal vez quieren sobre todo desplegar una manera de ser y de estar juntos. Pero allí están. Se me vienen a la cabeza unos versos del «Roque santeiro» de Gilberto Gil: «Só quem não amar os filhos vai querer dinamitar os trilhos da estrada». Me acuerdo del sueño de José.

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Obdulio Miralles, «Niño con perro», 1894