Procuro no contaminar desánimo pero este es un canal confidencial, así que como lo siento lo digo.

Cuando me enteré del brote en Wuhan me preocupé, cómo no, y activé los protocolos de la empatía, que a veces la tengo un poco remolona. Un mes más tarde, cuando me enteré del brote en Bérgamo, la inquietud y la empatía se activaron solas. Ya cuando el brote en Madrid, mejor no te digo. Y con el primer caso en mi pueblo me eché a temblar.

El kilómetro sentimental funciona conmigo como funcionará con el más lejano de mis congéneres y un caso en mi pueblo puede más que mil en las antípodas. Y ese primer caso en mi pueblo se dio calculo que a la distancia exacta de un kilómetro. Un kilómetro del que por cierto conozco sentimentalmente cada palmo.

El mundo es ahora mundial pero me sigue quedando lejos. A una distancia medible sólo a través del kilómetro sentimental.

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Instrumento para medir la distancia concebido por Cassini para observar el cometa de 1652 desde el observatorio de Panzano