dimanche 16 juin 2013

Las madres

Llevo varios días diciéndome que tengo que buscar en el libro de Pamuk sobre Estambul lo que éste cuenta sobre la famosa Plaza Taksim. Por fin lo abro y doy con la página en la que explica que taksim señala en la música otomana un intermedio, un solo que se ejecuta durante el paso de un tema a otro. Y, añade Pamuk, «como la palabra taksim se refiere a repartir y al lugar donde se distribuye el agua, los estambulíes comenzaron a llamar Taksim a la alta llanura en la que Nerval se entretenía contemplando el paisaje, los vendedores y los cementerios, debido a la existencia allí de un centro de distribución de aguas. Todavía siguen llamando así a ese sitio, en cuyos alrededores he pasado toda mi vida. Pero antes de ser conocido como Taksim, al igual que Nerval, paso por allí Flaubert». Y pasa a explicar qué hacía Flaubert en Estambul, enfermo de una sífilis que había contraido en Beirut, y lo mucho que echaba de menos a su mamá. Tanto como echa de menos Pamuk a la suya, a la luz del tono con el que cuenta lo que ésta le decía para convencerlo de que no se dedicase a la pintura cuando era muchacho. Lo que me lleva a acordarme de la mía. Así no se va a ninguna parte.

E

Foto de Richard Kalvar

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mercredi 13 avril 2011

El calígrafo

Estando yo en Bodrum, en la costa turca, mi amigo S me preguntó si iríamos a Estambul. Le dije que no, porque estaba leyendo un libro sobre Estambul. En verdad no le dije que no iría porque estaba leyendo esa novela, pero casi. Nos llevamos las manos a la cabeza, pero tal vez la respuesta diga algo sobre el por qué de los libros, de las novelas cuando menos. Que serán un sucedáneo de la realidad. O su complemento.

Me acordaba de esto leyendo un relato de Jordá sobre un viejo calígrafo istambulí, el señor Keskioglú, uno de los escasos turcos que no llevan bigote ni se llaman Osmán, quien le muestra la ciudad, le vende unas miniaturas eróticas y le cuenta que cuando gane la lotería dejará el negocio en manos de su hijo y se comprará una isla.

De niños aceptamos que los libros nos lleven allí donde queremos ir. De viejos, allí donde ya no queremos ir. (Ryanair es un buen negocio gracias a los adultos. Y de hecho, en el futuro propondrá vuelos sin niños, por los que habrá que pagar un suplemento). Nunca he estado en Estambul, pero he leído a Pamuk y a Jordá, y a través de éste a Pierre Loti. Como el amigo del señor Keskioglú, ya sólo viajo para sentarme en una terraza y sentir que no tengo necesidad de ir a ningun otro sitio, que no quiero moverme de allí por nada del mundo.

L

Retrato de Pierre Loti, por Henri Rousseau

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lundi 4 octobre 2010

El talón de Aquiles

Retazos turcos (y 3)

Resulta que Heródoto, el padre de la historia, el padre de las mentiras, nació en Bodrum. Saber esto me da alas. Menteur qui vient de loin un beau jour se couronne dicen los gabachis. Mentiroso que viene de lejos un buen día es coronado.

Where do you come from? Así como el personal ferroviario pregunta, venga o no venga al caso, adónde va uno, los turistas y los vernáculos siempre preguntan de dónde uno viene.

Bueno, pues, allí de donde vengo hace frío y adonde voy hace calor. Tan sencillo como eso. Y esto porque cuando el mundo se congeló, en aquella época tremenda que llaman de las glaciaciones, ese rincón de la costa turca fue el único hasta donde el hielo no llegó, convirtiéndose en un arca de Noé. En un talón de Aquiles al revés.

CDF

Caspar David Friedrich, Acantilados de cal en la isla de Rügen

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dimanche 3 octobre 2010

El sueco de los cojones

Retazos turcos (2)

Recuento de los libros en manos de los veraneantes. Gana ampliamente Los hombres que no aman a las mujeres, de Stieg Larsson, ése a quien Montano llama 'el sueco de los cojones'. Una señorita lee, por su parte, Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Qué manía tiene la gente con estos detalles. Basta darse una vuelta por el campo para comprobar que la naturaleza es bastante más explícita que los libros. Las deyecciones del conejo macho son redondas y las de la coneja hembra ovaladas. Ahí tienes. El caso del corzo y de la corza es aún más flagrante.

Me pierdo en conjeturas sobre las causas de estas diferencias. Las consecuencias caen por su propio peso.

C

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samedi 2 octobre 2010

Se llama Como tú

Retazos turcos (1)

A los árabes en Sudamérica los llaman turcos. Los primeros árabes llegaron a América desde el Oriente próximo con un salvoconducto turco en la mano, la región estaba ocupada entonces por los otomanos. El descubrimiento de América por los turcos llamó irónicamente a un relato autobiográfico Jorge Amado, brasilero de origen libanés. Leyendo a Pamuk, se entera uno de que los turcos llaman árabes a los negros.

La geografía sirve para hacer la guerra, la etimología está compuesta de escaramuzas y los gentilicios son armas arrojadizas. Las naciones se dan a si mismas nombres narcisistas y, en contrapartida, le atizan con un calificativo despectivo a la tribu de enfrente. Húngaro viene de ogro y búlgaro produjo bujarrón. Andaluz es vándalo, berebere es bárbaro, eslavo es esclavo y hay más. En germánico, wal quiere decir extranjero, los valones se autoaplicaron el calificativo. Y la muchachada de origen turco y magrebí de Bruselas, por su parte, nos llama flamencos a todos por parejo. Así las cosas, ya parece haber bastante pena perdida  como para insistir en el viejo juego del nosotros contra ellos e intoxicar a la gente con monsergas étnicas, como dijo Sarkozy.

El lenguaje sexual siempre es revelador, me dice S. No sé cómo dirán los turcos 'al griego'. Los griegos lo llaman 'el otomano'. Quedé de preguntar a Osman o a su novia. Lo llamarán 'vienés', contando con que el sultán sitió Viena sin conseguir tomarla.

En fin, menos filosofía y más etimología. ¿Cómo se llama aquí?, preguntó el conquistador. Yucatán, respondió el indio. Y la península ésa se llamó Yucatán. Que en lengua vernácula quiere decir 'no entiendo la pregunta'. Lo que me lleva de cabeza a recordar a los perros galgos de Pencahue, que se llamaban Cuál y Como tú. ¿Cómo se llama el perro? El perro se llama Como tú.

M

Murillo, Niño con perro

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vendredi 1 octobre 2010

El invierno

Diario de Turquía (y 7)

De a poco me voy desprendiendo de la costa turca. De la costra turca. Despellejándome.

Ya me queda poco por contar. La expedición a la isla griega de Cos. Le prometí a la amiga Phryne que escribiría sobre Grecia. (Ella no me lo pidió, yo se lo prometí). Además, será una buena manera de cerrar un diario turco, hablando bien de Grecia.

Pero ahora me doy cuenta de que no tengo mucho más que decir. Una niña cruza a nado la frontera turco-griega para celebrar la paz entre los pueblos. Tarda una hora y media en franquear los seis kilómetros que median entre Bodrum y Cos. El ferry la hubiese llevado en media hora, a la que hay que agregar el trámite de inmigración. Bodrum la turca, con sus casas blancas, parece más griega que la propia Cos, que parece, a su vez, canaria, como si estuviésemos al otro extremo de Europa. Los griegos, por su parte, parecen más llevaderos que los turcos. Impresiones de fin de semana.

Que cabría asentar comentando algún manuscrito de Sócrates.

Desde Bodrum, volvemos al otoño belga en un avión donde no cabe ni un maleducado más. Que llega a Zaventem de madrugada, media hora antes de que estalle una huelga intempestiva de controladores aéreos.

La mejor definición del otoño belga la da mi vecino: J'en ai marre de l'hiver et l'hiver n'a pas encore commencé.

Ya no aguanto el invierno y el invierno ni siquiera ha comenzado.

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mardi 28 septembre 2010

Las estrellas

Diario de Turquía (6)

Reformatorio, sanatorio, cuartel, barco, isla, todas las metáforas caben en un hotel, sobre todo si éste tiene muchas habitaciones.

Nos despiertan las voces de las mucamas que comienzan el día riendo y limpiando. Son muy jóvenes, casi unas niñas. A la hora del desayuno, y por la noche, durante a la cena, es el turno de los camareros. Son jóvenes también, la mayoría han venido desde la Anatolia rural a trabajar a esta costa turística. Donde aprenden rudimentos de inglés y de alemán con la terapia del full contact. No sé qué me ha pedido, pero en seguida se lo traigo.

Los húespedes son jubilados normandos con sobrepeso y unas cuantas parejas en luna de miel. Que ahora caben muchas lunas en una vida, al contrario de lo que afirmaba Paul Bowles en El Cielo protector. Y la miel está barata, a pesar de que, como temía Einstein, escasean las abejas.

Estamos en Asia, pero entre los húespedes opera el European agreement: Ojos que no ven, corazón que no siente. Piense lo que quiera siempre que no me mire.

Este hotel al que me refiero tiene muchas estrellas. Las estrellas, como se sabe, están extintas pero brillan. O sea que no sé si hay que quitarle una por el olor que sube a veces de los caños, o dos por lo que demora en irse el agua de la bañera. La dirección por su parte practica el marketing otomano: o sueltas la pasta o te pego en la mano.

Está muy bien donde está, eso sí. Lo digo por la mar serena. Por la risa de las mucamas.

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dimanche 26 septembre 2010

El Pichu Pichu

Diario de Turquía (5)

No todos los turcos se llaman Osman, me dice Osman. Así se llame Osman el protagonista de tu novela. Que, además, no tiene bigote. Los turcos somos 73 millones (3,7 en Alemania) y 37 etnías (y los kurdos, pero otro día hablamos de los kurdos). Todos musulmanes, salvo un puñadito de sefardíes, de armenios, de arameos. Y, atención, hay muchísimos, innumerables turcohablantes en un arco geográfico amplísimo, que va de China a Moldavia. Ese pueblo chino que Kouchner llamó yogures, son turcohablantes. O sea que prudencia y discernimiento. Este país va de Asia menor a mayor, y fue la tierra de Heródoto, de Homero, de Tales de Mileto. Todos los turcos no se llaman Osman ni llevan bigote. Todos tienen nombre de califa o de sultán, eso sí. También el autor de tu novela.

Osman sabe mucho de Turquía y de geografía. Tres de las siete maravillas del mundo antiguo estaban aquí a dos pasos, el Mausoleo de Halicarnaso, el templo de Artemisa en Éfeso y el Coloso de Rodas. Pasa Osman revista a las otras cuatro, ninguna muy distante, y luego enumera las siete mavavillas del mundo moderno, elegidas vía internet hace un par de años. Se van alejando, ya hay tres en Sudamérica, me dice. El Cristo ése brasilero, de la segunda no me acuerdo y la tercera, el Pichu Pichu.

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En el café, le doy un vistazo a la prensa turca. Parecen tabloides ingleses, pero en ilegible. Ahí está, sin embargo, actualizada, la historia de Oriente y de Occidente. La bisagra entre ambos mundos, como me la llamó Montano. El Imperio y la República, el laicismo, el islamismo. El Galatasaray, el bazar de Estambul, la Otan y Alejandro Magno. Los hombres la leen en silencio fumando y bebiendo té o café, y luego la comentan a voces. Cuando se aburren, echan su partida de trictrac.

hurriyet

Hablando de la prensa, los periodistas. Yo creía que el primero en pagar el pato había sido el mensajero del emperador. Pero no, hay uno anterior, un periodista de la prensa del corazón, el cuervo blanco. Apolo se enamoró de Koronis. Koronis se enamoró de otro. El cuervo blanco corrió a contárselo a Apolo. Apolo se encolerizó y lo maldijo. El cuervo blanco quedó retinto. Así hasta hoy, y hay que ver cómo grazna.

Y la última por ahora, que es domingo y estamos de vacaciones: Nos leen, dicen, albricias, nos leen los que son, a su vez, muy leídos. Menudo meme. A ti no te lee nadie, me dice mi tío. Qué suerte tienes.

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samedi 25 septembre 2010

Sin puntos sobre las íes

Diario de Turquía (4)

Hasta ahora me iba bien con el turco, con la lengua turca, quiero decir. Ya sabía decir taksi, bazar, otel, avukat. Pero hete aquí que mi amigo MM me puso al tanto de que la turca es una lengua con armonía vocálica. Este es un concepto. Quiere decir que las vocales del sufijo se armonizan con las vocales del radical. Comparte el turco ese carácter con el manchú y el murciano.

Bien. Resulta que hoy me he enterado de que el asunto no termina allí. Que el turco posee una vocal específica, la i sin punto. Dame un ejemplo, le digo a mi informante.

Me mira de arriba a abajo y diagnostica: Al macho, al chulo, en turco se le llama kazak (atención, palíndromo). Y kilimik (cuasi palíndromo) a su opuesto, al tipo humano que en Chile llaman orejeado, en México mandilón y en España no lo llaman de ninguna manera porque no lo hay. Las tres íes de kimilik no llevan punto.

En fin, que con el turco voy de a poco. Como el pavo de Nasrudín, todavía no lo hablo pero ya lo pienso.

 

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vendredi 24 septembre 2010

El factor 45

Diario de Turquía (3)

En un extremo de la playa, en el único rincón que queda disponible entre las playas privadas de los hoteles, está la playa pública. Es pequeña, incómoda y está sucia. En ella se bañan tres mujeres, vestidas, con sus niños pequeños. Uno de ellos, pequeño, sí, pero ya circuncidado, se aleja de su madre, que lo llama. Todos los turcos se llaman Osman, porque así los llaman sus madres.

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Sube a toda velocidad un coche hacia lo alto de la colina. El conductor lleva a una pareja de novios y al fotógrafo. Van a tomarse fotos para el álbum de la boda, a la hora de la puesta de sol entre las dos bahías, una de cada lado de la colina, a la luz del poniente. Pero van un par de minutos tarde. El sol ya se ha ido. Si todo va bien, vuelve mañana. Cae la noche. Alzan el vuelo los murciélagos. Presagio.

Todo es presagio, el cielo, la gente. Los novios apurados, atrasados, también son presagio.

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El turismo es una torta de merengue. Lo que chorrea de la torta no es mucho pero para algo alcanza. Otro chorreo que provoca el turismo es el del bloqueador solar. Los peces y las algas de las costa empalidecen en la misma medida en que los turistas nos despellejamos. Cómo no, si la mar costera está compuesta a mitad de agua y a mitad de bloqueador factor 45.

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