Cualquiera tiene un plan, un plan B, o un plan C incluso, pero rara vez hay que contar hasta la zeta. Mi tío Pepe lee algo sobre Monza en el diario y se acuerda del Plan Z, de su primera vivencia palindrómica. Sería 1972, él vivía en Chile, era un niño pero ya fumaba. Y el tabaco escaseaba. La tabacalera estatal había lanzado una nueva marca de cigarrillos, Monza. Desde la derecha, echaron a correr el bulo según el cual, visto al revés, MONZA quería decir Plan Z NOW. La A al revés significaría plan, la zeta, zeta, y así sucesivamente, tal como muestra la imagen.

Y más, porque la imagen muestra lo que esconde, la efigie de Guevara camuflada en el coche, donde indica la flecha. Se trataba de un palíndromo escripto-visual, como dice mi tío Umberto.

M

Ahí queda eso. El Plan Z (la solución final) consistía en asesinar y despojar a la gente de bien, y los cigarrillos Monza eran el mechero para encender esa dinamita.

La campaña del terror portó sus frutos negros. Pero esa historia ya está contada y de tan siniestra ya da un poco de risa. A lo que iba es a que la palindromía no es puro humo. También, como el tabaco y la velocidad, mata.

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Luego me entero de que esta historia, como tantas otras, es importada, que tiene su precedente en Norteamérica, donde en la cajetilla de Marlboro hay quien veía las tres K del Ku Klux Klan, incluso las piernas de unos ahorcados. Y dentro del dromedario del paquete de Camel a un niño meando y en la de Kent a una señora pilucha.