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La lectura del Diario de Raúl Ruiz me ha acompañado durante las últimas semanas. Lo acabo ahora y ya lo estoy echando de menos. Son 1200 páginas que cubren los últimos años de su vida, de 1993 a 2011.

Lo que escribe Ruiz casi a diario es siempre interesante y su manera de dialogar con el lector deja suficiente libertad a ambas partes. Fue un cineasta prolífico e hizo más de 120 películas, la mayoría sobre la base de textos literarios. Su Diario es a la imagen de su obra y combina cine, literatura, estética y filosofía con cenas y vinos a menudo en buena compañía.

Sobre cine, la noción de reomodo, que así la explica: Un gato persigue a un ratón. En la lengua usual hay tres elementos: gato-ratón-persecución. El reomodo consiste en envolver los tres elementos en un solo movimiento. También hay que decir que la relación entre un realizador y los productores es algo paradójica: el productor permite filmar, al mismo tiempo que impide hacerlo con la soltura que el director quisiera.

Y un par de consideraciones sobre pintura y cine: «Se me había olvidado que los cuadros tienen guión, como un filme, escrito por guionistas afamados». «Un cuadro de Van der Weyden nos mira doquiera que nos hallemos. Y nos mira a los ojos y nos evalúa: si estamos furiosos, trasluce furia; si reímos ríe. El cuadro asume la forma del que lo mira». Y la más resultona, ésta: «Fui a la inauguración de una exposición y había tantos cuadros que no se veía la gente».

«La vida es dura y moriremos sin entender gran cosa». «El cuerpo no me acompaña a ninguna parte». «La vida es breve y el vino es generoso». En la frase corta Ruiz es de primera.

Ya lo que se permite decir Ruiz sobre Chile no me permito yo ni siquiera pensarlo. Fui poniendo una banderita chilena junto a cada párrafo en que habla de Chile, a menudo mal y veces pésimo, aunque, quién sabe, con la socarronería chilota nunca se sabe bien de qué se está hablando. Las banderitas las dejo para la vuelta, que allá vamos...

Continuará