Diario del Cono Sur, 4

Por muy alto que esté el lugar desde donde se la mire, la ciudad resulta inabarcable: siempre hay más detrás. También sucede con el ruido, que puede ser sordo o agudo pero es siempre continuo. 

Un amigo belga me decía años atrás que el hecho diferencial de Santiago no era su tamaño ni su barullo sino la cantidad de peluquerías por kilómetro cuadrado. Habría tantas peluquerías (que aquí llaman salones de belleza) como en Madrid hay bares o librerías en Buenos Aires. Pero más que peluquerías, o bares, o incluso librerías, hay ahora en Santiago salones de pilates. Y hasta ayer no sabía yo que el pilates es una especie de gimnasia para santiaguinas.

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O será esto un fenómeno del barrio que atravieso para ir de mi piso 19 hasta la librería, que tiene nombre de niña, de cachorra y de novela, Lolita. Un nombre tan lindamente palindromático: A ti, Lolita.

El libro que compro opera un prodigio: es el último de Savater y el primero que no me gusta. No me gusta particularmente el capítulo que le dedica a Santiago, quiero decir. Se trata de periodismo literario: el autor recorre varias ciudades y las describe a través de su escritor emblemático. A Santiago le toca en suerte Neruda. Pero los entrevistados no tienen nada muy sustancioso que decir y hay una coma mal puesta. Tanto así que la impresion de conjunto es que nuestro querido filósofo le ha echado a la cundidora. Mejorará en cuanto hable de Buenos Aires y Borges, no me cabe duda.

Hablando de palíndromos y viendo éste que le dedica a los islamistas mi amigo Montañés: Mal si leís así el islam, caigo en la cuenta de que todo palíndromo que se le dedique al islam comienza mal y termina peor.