Parece increíble hoy pero hasta no hace tanto cambiar jugadores durante el partido no estaba permitido. Los partidos acababan, salvo expulsiones y abandonos por lesión, con los mismos 22 que comenzaban. En la Liga ahora pueden hacerse creo que hasta seis cambios y los entrenadores no se privan, tanto así que a menudo el equipo que acaba es irreconocible en relación al que había comenzado.

Así en tres partidos de la Liga de este fin de semana que transcurrieron de la misma manera y casi con el mismo resultado: el primer tiempo ganado ampliamente por unos, el segundo por los rivales. Dos de ellos, el Sevilla-Celta y el Real Madrid-Elche acabaron en sendos empates y el tercero, el Atlético-Valencia, con la victoria in extremis de los locales. 

El Celta fue muy superior al Sevilla en la primera parte y luego la cosa fue al revés. Lo mismo el Valencia con relación al Atlético. Los cambios —las rotaciones las llaman— no explican todo pero casi. Algunos entrenadores aciertan, otros fallan. Estos últimos suelen culpar al empedrado y pocos son los que admiten los errores.

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De esto resulta también que en el partido siguiente suelen comenzar aquellos que jugaron bien en la segunda parte del partido anterior, más aun si marcaron. Y en las segundas partes, a vueltas con los remplazos, instaurándose así el estatus del jugador de medios tiempos.

Una razón más o menos implícita para proceder a un remplazo es quitar a un jugador que recibe una tarjeta amarilla para evitar quedarse con un hombre menos por una eventual expulsión, el miedo a la segunda amarilla. Fue el caso del remplazo de Denis en el Celta. El cambio desdibujó completamente a su equipo que dejó de jugar con la pelota y pasó a intentar deshacerse de ella cuanto antes. El caso del Valencia, por las mismas: acabó tan contrahecho que dejó que el rival se le subiera a la chepa.

En el caso del cuarto y último de los cuatro partidos que vi en esta fecha, el Alavés-Barcelona, la importancia de los cambios fue menor porque el juego era ya tan malo que los remplazantes no consiguieron empeorarlo. Tan malo era todo que al final marcó el que hasta entonces me había parecido el peor jugador en el campo.