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Camino de Santiago

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8 janvier 2007

La cojudez mayor

Se trata de determinar quién dice la cojudez mayor. Y la sirve con mala leche.

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1) Batasuna le pide a ETA que conserve intactos los compromisos adquiridos con el alto al fuego de marzo del 2006. En diciembre del 2006, ETA derrumbó con cientos de kilos de explosivos un lugar público muy frecuentado como es el aparcamiento de un aeropuerto, matando por aplastamiento a dos personas. Sin embargo, en aplicación de la lógica elemental no habría tocado los compromisos adquiridos con el alto al fuego. Y puede, por lo tanto, conservarlos intactos. ETA se apresura a responder que sí, que los conserva intactos. No faltaba más.

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2) Hugo Chávez llama pendejo (del latín pectinuculus) al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza (también le llama insulso), por osar criticar la censura y el hostigamiento que sufre buena parte de la prensa venezolana. Insulza pidió el pasado 5 de enero al gobierno de Caracas que revise su decisión de no renovar, "por golpista", la concesión a Radio Caracas Televisión, porque la medida "aparece como una forma de censura contra la libertad de expresión" y como "una advertencia a los demás medios de comunicación, llevándolos a limitar su acción, a riesgo de correr la misma suerte".

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3) Hermógenes Pérez de Arce, columnista del diario chileno El Mercurio, afirma en su nuevo libro Los chilenos en su tinto que éstos se van a extinguir a causa de la destrucción de la familia y de la píldora del día después. “Los chilenos debemos volver a tener una familia normal”, concluye el analista.

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6 janvier 2007

Iaça y Açaí (palindromía 2)

Escasea la comida y el cacique da orden de matar a todos los niños que nazcan entre los suyos. La primera en parir (como no podía ser de otra manera) es la hija del cacique, quien da a luz una niña. En cumplimiento con lo ordenando, el cacique manda matar a su nieta. Iaça, la hija del cacique, inconsolable por la muerte de su hija, se escapa a diario a visitar su tumba. Así, un día ve como una palmera comienza a crecer en ese lugar. Cuando el árbol ya está grande y fructifica, Iaça cree ver a su hija en lugar de la palmera, se abraza a ella y muere. La gente que la encuentra prueba el fruto de la palmera y descubre así una nueva fuente de alimento, que se convertirá en el pan de la Amazonía brasilera, y al que da el nombre de Iaça, pero al contrario: Açaí.

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(La foto es de Silvestre Silva)

5 janvier 2007

El culo del mundo

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Sadam colgado de una soga es la última figura creada por Herobuilders, una empresa de Connecticut, Estados Unidos. Sadam no ha sido el único miembro de la familia Husein reproducido por Herobuilders. Su hijo Uday, abatido por las tropas de ocupación norteamericanas, cuenta con dos figuras en la colección, una previa a su muerte, y la otra, ensangrentado, tal como fue fotografiado su cadáver. Frente a las críticas por tan macabro comercio, el presidente de la compañía Emil Vicale se despacha con estas declaraciones: "No me importa lo que piensen los demás, porque si lo hiciera no estaría en el mundo de los negocios".

Como si aún hicieran falta, a las razones de fondo para juzgar a Sadam Husein antes que dar libre curso al revanchismo a lo bestia y a la manipulación se agregan las razones pragmáticas.

Pero así se mueve la subsombra desumana dos linchadores como canta Caetano Veloso en O cu do mundo. Traduzco la canción por no dejar, porque se entiende clarita.

O cu do mundo
Caetano Veloso

O furto, o estupro, o rapto pútrido
O fétido seqüestro
O adjetivo esdrúxulo em U
Onde o cujo faz a curva
(O cu do mundo, esse nosso sítio)

O crime estúpido, o criminoso só
Substantivo, comum
O fruto espúrio reluz
À subsombra desumana dos linchadores

A mais triste nação
Na época mais podre
Compõe-se de possíveis
Grupos de linchadores.

El culo del mundo

El hurto, el estupro, el rapto pútrido
El fétido secuestro
El adjetivo esdrújulo en U
Donde el coño se curva
(El culo del mundo, ese es nuestro sitio)

El crimen estúpido, el criminal solo
Sustantivo, común
El fruto espúreo reluce
A la subsombra inhumana de los linchadores

La más triste nación
En la época más podrida
Se compone de posibles
Grupos de linchadores.

(fuentes: Jota, El País, Diarios & O cu do mundo)

4 janvier 2007

El año de la pera

Ya estamos a 4 de enero de 2007. Qué rápido que pasa el año. Habrá que acostumbrarse a escribir 2007. Hay quienes aún se resisten a hacerlo, al punto de haber promovido sendas manifestaciones, en Nantes y Ginebra, exigiendo la extensión del 2006. Se trata del autodenominado Frente de oposición al año nuevo, cuya consigna era: “El 2007 no pasará. En 2006 estábamos mejor”. No lo lograron. Tal vez se consuelen viendo como la omnipotente mundialización no consigue todavía un objetivo modesto, cual sería que el año nuevo llegase simultáneamente al menos a las grandes capitales. Resulta algo ridícula y desordenada la seguidilla de celebraciones de año nuevo, desde Sydney a San Francisco, según avanza el último día del año.

Y 2006, qué mala manera de acabar. Horca y coche bomba. El cuerpo de un ahorcado, así se trate de un cruel tirano, despide efluvios malignos, miasma. En Barajas, los terroristas despidieron otro tanto. Incapaces de perder protagonismo, siguen decididos a reventarnos los tímpanos. No sé cómo se llamará en siquiatría a ese cuadro histérico. El miasma no ha tardado en hacerse sentir: centenares de muertos en Bagdad, dos personas desaparecidas en Barajas. "En los subterráneos de la psique colectiva, todo el mundo a la muerte grita viva", escribió en su día Rodrigo Lira.

Dimos vuelta cuanto antes la hoja y dimos también por buenas las imágenes lenitivas de los fuegos artificiales, del sudor proletario de las carreras de San Silvestre, de la carne de gallina de los romanos zambulléndose en el Tíber. En Roma, precisamente, los calendarios 2007 tienen un éxito creciente, a la cabeza del cual se encuentran dos almanaques de signo diferente. El que muestra al Papa exhibiendo su look Omo, inmaculado, cuya venta financiará la construcción de un hospital en la maculada Ruanda. Y el famoso calendario Pirelli, que este año viene con estética neorrealista y está protagonizado por unas pilosas Sofía Loren y Penélope Cruz. La Loren cumplió 72 años y afirma que lo que tiene lo recibió de su madre y no piensa echarlo a perder a manos de un cirujano plástico, o nunca antes de su centenario.

En cualquier calendario, eclesiástico o garajístico, el día más apasionante del año será, a juicio de una numeróloga, el 20 07 2007, por el potencial numérico de la fecha. Además será un viernes, día de Venus. El propio Voltaire, que combatió todas las supersticiones, admitía que “desde el tiempo de los antiguos caldeos, hay días y momentos favorables para tomar los remedios, para cortarse las uñas, para dar guerra y cortar leña”.

Según el Almanaque de Lieja, 2007 aportará novedades y caerá en tautologías. “Quien vivirá verá”, escribió Aragon. El verso completo dice así: “Quien vivirá verá qué sangre se derrama”. Estados Unidos tiene perdida la guerra en Irak. Irak también, desde luego. África está en manos de China, que, junto con India y Brasil, constituyen las potencias emergentes que nos llevan de cabeza a una representación  multilateral, cubista, del mundo. Europa pone la nota alegre acogiendo a búlgaros y rumanos, y a Matías Fernández, que marcará numerosos tantos, algunos de cuidada factura. Se publicarán un par de libros que pondrán en entredicho la ociosa polémica entre ficción y crónica. La liebre saltará, naturalmente, donde menos se espera.

Año con Niño, fenómeno que viene a sumar fuerzas al calentamiento global, este 2007 amenaza con batir el récord de temperatura, marca que será sucesivamente batida de aquí en adelante, año tras año, hasta secarnos el seso, entibiarnos el refresco y derretirnos definitivamente el helado.

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Lejos del Big Ben iluminado, del Ángel de la independencia y de la bahía de Valparaíso, los jóvenes de mi calle celebraron la llegada del 2007 escuchando una canción muy rítmica cuyo estribillo repite insistentemente esta única pregunta: C’est quand le bonheur? (¿Para cuándo la felicidad?). Los árboles de mi calle no parecieron inmutarse con la pregunta. Se trata de unos perales de flor, de aquéllos que no dan peras o, más bien, dan unas peras diminutas, ornamentales, incomibles. No se le piden peras al olmo, en eso estamos de acuerdo, pero a un peral, por qué no. Si, por un milagro de la primavera, como aquél del olmo viejo, de Antonio Machado, estimulados por el cambio climático y el polen transgénico, en estos perales fructificasen unas peras conferencia, gordas y jugosas, este año 2007 sería recordado en mi calle como el año de la pera.


La Nación de Santiago de Chile, 4 de enero de 2007 PDF


PS: Ayer por la tarde fue rescatado en Barajas el cuerpo de Carlos Alonso Palate, de Ambato, Ecuador, que trabajaba hace cinco años como obrero en Valencia y ahorraba para volver a casa. En Nochevieja, los bomberos madrileños se tomaron las uvas, se abrazaron, sin brindar, por respeto a las personas desaparecidas, y continuaron enseguida removiendo escombros.

El titular de The Independent hoy jueves: "Sadam, ¿de monstruo a mártir?". En un encuentro con la prensa en Washington, Bush rechaza con mala educación una pregunta sobre el bárbaro ahorcamiento. Frente a una pregunta similar, el nuevo secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, se estrena con una respuesta de funcionario de oficina de reclamaciones: "Las Naciones unidas están contra la pena de muerte pero respetan las diferentes opciones".

Los lectores de este blog (son pocos pero buenos) saben que esta arpillera se va armando aquí día a día. Una arpillera es un tejido basto sobre el que alguien suele bordar imágenes y pincharse los dedos.

3 janvier 2007

Palindromía

« Poderosa higiene mental » llama a la factura de palíndromos Vicente Montañés, en su columna de ayer, martes 2 de enero, en el diario chileno Las Últimas Noticias, cuyo título es
«
Satán sala las natas ».

Consumado palindromista, Montañés me regala con éste, impecable en el fondo y en la forma:
¡Eso, José Pepe, so José!

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2 janvier 2007

Secreto a bordo

The Secret Sharer, Joseph Conrad, Gallimard, 2005

¿DÓNDE RADICA EL suspenso en las narraciones de Conrad, en este Compañero secreto en particular? Más allá de saber si el marino escondido por el capitán del velero será descubierto por la tripulación, más acá de temer que la maniobra azarosa que el capitán del barco exige de sus hombres no tenga éxito y el barco acabe encallado y con él las esperanzas del protegido de huir y hacer tierra. El suspenso pasa de una a otra circunstancia y no decae.

¿Y dónde radica lo que se da en llamar, convencionalmente, la intriga psicológica en este relato? ¿Por qué un joven capitán de navío inglés arriesga su posición recientemente adquirida para proteger al segundo oficial de un velero similar al suyo,  quien se dio a la fuga tras haber asesinado a un tripulante? ¿Qué empuja al capitán a ese extremo? Algo que va más allá de la mera identificación mimética, una exigencia que le lleva lejos en la osadía. ¿Qué es? ¿Descubrir quién es, hasta qué punto es diferente de sus oficiales, diferente aun de sí mismo?

No llega a conocerse en este relato el nombre del barco del capitán osado, como sí se conoce el nombre del barco del que huye, el Sephora, y en la literatura en torno a la obra de Conrad se conoce el nombre del barco que inspiró la anécdota, el famoso Cutty Sark. De la misma manera que se conoce el nombre del compañero secreto (Leggat) y del capitán del Sephora, aquél que persigue al marino fugado (Archbold), pero no el nombre del capitán que narra la acción. ¿Es esta una pista que apunta en alguna dirección? Lo secreto (lo sin nombre) está del lado el propio capitán, quien lo descubre mientras lo vive.

Lo cierto es que Conrad no sólo enhebra anécdota, suspenso, sicología. Además, consigue describir con maestría la superficie del agua, los gestos de los marineros, la sensación de proximidad, de distancia, de soledad, de riesgo. Y las ridículas patillas del segundo de a bordo, a juego con el lenguaje del personaje.

El velero, como el relato, podría llamarse El club de Tobi (no se admiten chicas). Este detalle complacía grandemente a Conrad. Saberlo neurótico («su carácter fue siempre un enigma para quienes lo rodearon», escribe Javier Marías) y descubrirlo misógino, ¿le quita una onza de genio?

31 décembre 2006

Helicóptero, bus y bicicleta

EL GOLPE no acababa aún y ya había arte y prensa contra la dictadura. En la confluencia de esos dos espacios aparece, en 1978, la revista La Bicicleta. Un verso de Erick Pohlhammer explica el nombre: «En la era de los helicópteros concéntricos surge como una paradoja necesaria La Bicicleta». Un subtítulo añadía que se trataba de la Revista chilena de la actividad artística. El gentilicio estaba ahí para indicar que el arte producido en el exilio también formaba parte de la publicación.

Andando los meses La Bicicleta se fue abriendo camino desde los círculos relativamente restringidos de artistas y operadores culturales hacia un público más amplio. Fueron los jóvenes quienes se mostraron más receptivos a la propuesta. La página musical pasó a convertirse en un cuadernillo con canciones y entrevistas a los músicos que los jóvenes escuchaban bajo cuerda en esos años apagados, el llamado canto nuevo, la nueva trova, el rock. La opción de La Bicicleta por la juventud fue más bien una opción de los jóvenes por La Bicicleta. La revista saltó a los quioscos y fue ganando tiraje y periodicidad hasta que, entre 1984 y 1986, la dictadura impidió su circulación durante tres largos periodos.

Cabe preguntarse por qué. Por qué el crecimiento y por qué la censura. Tal vez La Bicicleta consiguiese abrir algunos intersticios en los murallones que la dictadura intentaba sostener, unas aberturas que la censura no lograba colmatar porque le quedaban a trasmano. Tenía pegada, pero mal juego de cintura la dictadura.

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Quienes hacíamos La Bicicleta teníamos dieciocho o veinte años en 1973 y ninguna gana de llegar a viejos cargando con y contra Pinochet. Si no podíamos acabar con la dictadura intentaríamos, al menos, menoscabarla. Roberto Merino, quien junto a Clotario Blest, era amigo y vecino de La Bicicleta en el viejo barrio de la calle San Isidro, ha descrito perfectamente el procedimiento: «No hay para qué despotricar contra la llama de la libertad, basta señalar que una vez fue detenida una señora a la que pillaron haciéndose unos huevos revueltos ahí».

Los meses de prohibición, en 1984 y 1985, dejaron a La Bicicleta debilitada pero en pie. El golpe de gracia lo recibió en septiembre de 1986 tras el atentado contra Pinochet. Como es sabido, las mal llamadas fuerzas de seguridad salieron esa noche a vengar la afrenta, asesinando a cuatro opositores y entrando a saco allí donde quisieron. De La Bicicleta se llevaron hasta las placas de impresión.

No es necesario idealizar lo que hicimos durante esos años. La dictadura sólo tuvo defectos y entre ellos se cuenta su inutilidad. Frente a ella, sin embargo, un fuerte lazo de complicidad existía entre un número creciente de personas. Quienes hacíamos La Bicicleta vivíamos esa complicidad a través del contacto con los lectores, con los quiosqueros, en los barrios, en los teatros, en las universidades. Esta anécdota tal vez sirva para ilustrarla.

A inicios de los años ochenta se integró a La Bicicleta, gracias a una iniciativa de reinserción de exiliados, un periodista que volvía de Alemania. Digamos que se llamaba Arcadio. Arcadio militaba en una de las múltiples facciones en que se dividía entonces el Partido Socialista. Entre los miembros de La Bicicleta había algunos militantes del Mapu pero la mayoría era, en estas materias, de tendencia freelance. A poco de llegar a Chile y a La Bicicleta, Arcadio asumió la dirección del periódico de su partido, lo que quiere decir que lo redactaba, lo imprimía y lo repartía.

Así va un día Arcadio por el centro de Santiago con su maletín negro de funcionario o de vendedor, en donde transporta los originales del periódico clandestino. En ese momento se produce una estampida entre los comerciantes ambulantes. Un bus policial avanza por la calle y una docena de policías se lanza a la pesca de los ambulantes. Estos son expertos en el ejercicio de escapar con la mercadería en volandas, pero una mujer que lleva una guagua en los brazos no alcanza a huir y un policía la atrapa e intenta subirla al bus policial.

Arcadio es aspirado por la masa de transeúntes que se acerca a contemplar la escena. La mujer se resiste y, en el forcejeo, la guagua, que llora tan fuerte como grita su madre, está a punto de rodar por el suelo. Arcadio ve negro, se olvida del maletín y se lanza a forcejear a su vez con el uniformado. La reacción de Arcadio parece dar alas a la muchedumbre, que las emprende contra el bus policial. La mujer consigue escapar pero Arcadio es detenido, encarcelado en la Penitenciaría y puesto a disposición de la justicia por agresión a carabineros y desacato a la autoridad.

La misma tarde de los incidentes suena el timbre de La Bicicleta. Cuando abrimos, un comerciante ambulante nos tiende el maletín de Arcadio, salvado del tumulto, con toda su documentación intacta. Se lo llevaron por defender a una mujer- nos explica el ambulante. Y agrega, con una punta de orgullo en la voz: “Pero nunca sabrán lo que no consiguieron llevarse”.

La Nación de Santiago de Chile, 31 de diciembre de 2006

PS: No he querido poner el nombre real de Arcadio sin preguntarle si podía hacerlo. Y no encontré manera de preguntárselo, hace veinte años que no sé nada de él. Pueda ser que esta nota sirva para retomar contacto. Internet a veces permite esos rencuentros, pero no siempre.

Marcelo sostiene que el ambulante no debe de haber dicho: «Nunca sabrán», sino «Nunca van a saber». El habla chilena es así. Nadie calla, «nos quedamos callados».

La Cecilia me recuerda el apoyo que  la cooperación internacional nos dio durante esos años. El CCFD francés y la holandesa Novib financiaron durante un tiempo una parte de las actividades de la revista. Muchos años después coincidí en Angola con Agostinho Jardim Gonçalves, a quien había conocido en el CCFD. Escucharlo contar, en un país destruido por la guerra, por qué el CCFD apoyó a La Bicicleta fue una experiencia esclarecedora.

La bicicleta de la ilustración es de Picasso. Picasso era un señor malagueño.

30 décembre 2006

Horca y coche bomba

Qué manera de acabar el año. Horca y coche bomba. El cuerpo de un ahorcado, así se trate de un cruel tirano, despide efluvios malignos, miasma.  En Barajas, los terroristas hacen otro tanto. Incapaces de perder protagonismo, siguen decididos a reventarnos los tímpanos. No sé cómo se llamará en siquiatría a ese cuadro histérico.

"En los subterráneos de la psique colectiva, todo el mundo a la muerte grita viva", escribió Rodrigo Lira.

Demos vuelta cuanto antes la hoja. Que vengan pronto las imágenes lenitivas de la bendición papal urbi et orbi, del sudor proletario de las carrera de San Silvestre, de la carne de gallina de los romanos zambulléndose en el Tíber.

28 décembre 2006

Se levantó y « andó »

Entonces hoy es 28 de diciembre y corresponde celebrar a los Santos inocentes.  Inocentes fuimos todos creyendo que nos libraríamos de Pinochet, cuando menos entre Pascua y Año nuevo. Pero hete aquí que el ex cacique manda carta de ultratumba.

El tono vociferante (el abuso de las mayúsculas y de los superlativos) y la sintaxis de ordeno y mando (el mal uso del subjuntivo), componen un florilegio de aquel discurso retrógrado que Rodrigo Lira dejó ejemplarmente ilustrado en su Oratorio fluvial y reaccionario: “No existe la verdad, la pura, la tonta, y por lo tanto la invento: miento y miento que algo queda ¿O es que hay mentiras más ciertas que éstas? Preste usted atención, que habla la reacción”. Este lenguaje, por cierto, no es privativo de Pinochet sino patrimonio del pinochetismo, de sus valedores y herederos. Pinochet se limitó a degradarlo, esperamos que definitivamente.

“Dictablanda” dice Pinochet que fue la suya. Que no nos dio más duro porque no quiso. Aunque merecido lo tendríamos por desagradecidos. Y en un tono marcadamente navideño agrega que le hubiese encantado “andar en las calles, saludando, consolando, ayudando”. Quien no abandonó en más de treinta años el auto blindado y la nutrida escolta quiere hacernos creer que se veía a sí mismo como un avatar del viejo pascuero de los barrios.

Hostiga leer tanta sandez. Hace tiempo que Pinochet perdió la batalla de las palabras y su nombre quedó para siempre registrado como sinónimo de felonía, cobardía y traición. Ser tratado de grandísimo Pinochet es un insulto en cualquier lugar del mundo civilizado y el empleo injustificado del calificativo es considerado degradante y ha sido objeto de fuertes multas. Contra eso el ex cacique ya no puede nada y su carta póstuma equivale a un aleteo implume.

Para volver a los Santos inocentes, resulta imposible no recordar que el crimen de Herodes, el de intentar impedir la llegada del Mesías mandando matar a todas las guaguas de la localidad, se aparenta con el método de tierra quemada usado por Pinochet para intentar salvarnos de nosotros mismos. Un método que consiste en mandar callar a las guaguas gritando, o suministrarles remedios para caballos. También la línea de defensa del paranoico rey hebreo fue compartida por Pinochet. Esta equivale a decir “soy inocente porque me limité a mandar matar, los otros son los culpables porque me obedecieron”. “Más vale matar la perra y se acaba la leva” le ordenó Pinochet a Carvajal el 11 de septiembre de 1973. Herodes mandó a Pilatos, Pilatos mandó a su gente.

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Se sabe que la fiesta de los inocentes es también la de los locos. Lo que se celebraba en la Edad media por estas fechas era la fiesta de los locos, una vieja tradición pagana que echaba mano, como el carnaval, a este principio: hoy está permitido lo que se prohíbe el resto del año. “Si no hiciese una locura una vez al año, me volvería loco” como escribió Vicente Huidobro. Viendo que las celebraciones solían pasarse de rosca, la Iglesia hizo lo de tantas veces y fusionó la fiesta pagana con una celebración cristiana y dejó a todos contentos.

La prensa suele sumarse, a su manera, a las festividades, publicando noticias tiradas de los pelos, las que, a menudo, suelen ser más previsibles que graciosas y traer las tintas cargadas, como para ayudar al receptor a descubrir la engañifa. Ha habido algunas excepciones: hace unos cuantos años, un primero de abril (día de los locos en el norte de Europa),la BBC anunció que el famoso himno nacional británico God save the Queen sería remplazado por el himno europeo, cuya letra original está en lengua alemana. En Francia, un periódico anunció en otra ocasión que para evitar los deslizamientos de terreno bajo la torre Eiffel se iniciaban las obras para cambiar el sentido al curso del río Sena.

Mi mujer cuenta con más gracia que la mía una visita suya al manicomio. En el patio vio sentada apaciblemente una señora y se acercó a conversar con ella. La señora le contó algunos detalles de su vida en ese lugar, de la comida, que no era gran cosa, y así. Luego la señora le preguntó a mi mujer si ella era católica, si ya había ido a una misa y si ya había visto el momento en que el cura abre los brazos y comienza un rezo que dice: “Padre nuestro que estás en los cielos”.

“Bueno, ese rezo lo inventé yo”, concluyó la señora.

Inocente es el que no daña. Todos queremos parecer inocentes pero no pasar por inocentes, por ingenuos, por pasados por agua tibia o por la cola del pavo. La inocencia por estos días es un valor ambiguo. En esta materia, como en otras, Nicanor Parra da en el clavo, con rotunda inocencia: “Sea pobre y sea honrado, amigo. Pero no sea huevón”.

De inocentes y de locos todos tenemos un poco. Pinochet no era ni lo uno ni lo otro, pero se hizo el loco y el menoscabado para escapar a la justicia y en cuanto se sintió a salvo, ¡milagro!, se levantó y “andó”.


La Nación de Santiago de Chile, 28 de diciembre de 2006. PDF

 

PS: Le doy a Pinochet más espacio del que merece. En mi infancia, en mi pueblo, se hacían inocentadas, pero sólo hasta el mediodía. Todavía veo al primo Narciso corriendo desde su casa a la panadería a recibir una llamada desde España. Una llamada entonces no se recibía cada dos por tres, menos aún una llamada ultramarina. En el corredor de la panadería el teléfono colgaba del muro, como el de la Abuela Pata.  Del otro lado de la línea apenas se oía el eco de su propio jadeo. La inocentada terminaba en grandes carcajadas, en palmetazos en las piernas propias y en los omóplatos ajenos.

Tal pitanza (chanza) resulta difícilmente transferible a la era de Skype. Abundan en internet, sin embargo, los sitios donde se encargan pitanzas por dos euros. La del gásfiter (plomero) que anuncia su llegada para cambiar el alcantarillado es muy solicitada. También la llamada del sexshop avisando que el cónyuge dejó una cuenta impaga.

El humor, arena movediza. Cuando se ríe, un emigrante rodeado de locales suele quedarse solo en una isla incongruente en medio del mar de los silencios. O, si no le ve la gracia al chiste, naufragar en la mar de la tristeza mientras a su alrededor la gente se « desatornilla » de la risa . ¿De qué te ríes? ¿De qué no te ríes?

 

25 décembre 2006

¿La tonta o la pirula?

De cómo Ramiro se adentra por Peumo podría subtitularse este relato de Jorge Bravo, ¿La tonta o la pirula?, que, en la línea de sus Peumas de Andrés, instala el pueblo de Peumo ante los ojos del lector, es decir en el centro del mundo conocido.

Leer

23 décembre 2006

Soneto del fútbol belga

luxbel1

Bélgica-Luxemburgo, 1° de marzo de 2006

para KVDB


Los albos luxemburgueses
Los encarnados belgueses
La nieve caída espesa
Es belgo-luxemburguesa

Animado está el partido
El termómetro ha fundido
Tantos tantos anotados
Menos uno por cada lado

Las defensas se atrincheran
Atacan las delanteras
¿Algo hay que la nieve esconde?

Los técnicos vociferan
Da el árbitro pitadera
¿La pelota estará dónde?

21 décembre 2006

Tintín y los flamencos

Este miércoles 13, en pleno horario estelar, el programa de la televisión nacional belga de habla francesa se ve interrumpido por una noticia urgente: el Parlamento flamenco declara unilateralmente la separación del país y el Rey se refugia en la ex colonia del Congo. Los telespectadores contemplan boquiabiertos las imágenes de pasajeros obligados a descender de los trenes en la hasta entonces frontera lingüística y a mostrar sus documentos de identidad. Bélgica desaparece como nación.

Hay que recordar que Bélgica es un país pequeño pero densamente poblado, situado estratégicamente en el corazón de Europa. En su forma actual, se trata de una monarquía constitucional establecida hace ya casi 200 años sobre la base de dos comunidades. Al norte, los flamencos, de lengua holandesa, en tanto que al sur, los valones, quienes se precian de sostener la frontera norte del mundo latino, y hablan francés. Valones y flamencos coexisten en un mismo Estado merced a un complejo entramado institucional, cuya capital es Bruselas, sede de las instituciones europeas. No son pocos los flamencos que quisieran acabar con Bélgica y alcanzar mayor soberanía en el marco europeo. 2007 se prevé como el año de todos los peligros para la unidad del país.

Una ola de emoción sacude al país. Los celulares arden, la audiencia del canal se dispara, su sitio internet colapsa, pequeños grupos se dirigen al palacio con banderas a proclamar su adhesión a la unidad de la nación. Mucha gente se muestra perpleja, indignada, pasada a llevar.

El lector adivinará lo que los telespectadores, aturdidos por la emoción, tardaron en hacer. Bien arropada por la verosimilitud concedida por el formato del noticiario de televisión, la noticia resulta ser falsa de cabo a rabo. Fue necesario, sin embargo, explicitarlo numerosas veces para sacar a la audiencia del engaño, tal como ocurrió en 1938, cuando Orson Welles lanzó por la radio su famoso programa sobre la lluvia de meteoritos seguida por la invasión de marcianos que desató el pánico en Nueva York.

El propósito de los periodistas del canal belga era hacer reflexionar a la ciudadanía sobre una situación que puede ocurrir en un futuro más o menos próximo y mostrar que la suerte del país está en manos de los ciudadanos tanto como en las de los políticos. El efecto conseguido, es, sin embargo, paradójico, porque la atención se ha puesto más en los periodistas mismos y en sus métodos profesionales antes que en el contenido de la emisión, la eventualidad de la desintegración del país.

Para estos efectos la televisión belga dice haber acuñado un nuevo género periodístico, llamado pomposamente “documental de ficción”. El nuevo periodismo, si mal no recuerdo, proponía utilizar recursos de la ficción para dar cuenta de la realidad y acercarla a las audiencias. Este neo-nuevo periodismo, en cambio, se permite confundir alegremente realidad con ficción, a la manera como los publicistas suben a las dueñas de casa sobre un nuevo modelo de aspiradora y las despiden a los espacios siderales.

Y es que un dejo de narcisismo periodístico más o menos inconsciente asomaba por las pantallas. El llamado cuarto poder -la prensa- parece necesitar probar cada cierto tiempo la fuerza de sus bien torneados bíceps. Los periodistas recogen la actualidad, la filtran, le dan una forma y la presentan. Anticiparla es una tentación latente. La fórmula convenida dice que los periodistas están detrás de la noticia. Últimamente a algunos se les ve con cierta frecuencia por delante.

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No en balde Tintín, el superhéroe belga por antonomasia, es el enviado especial de su periódico a plantarle cara a la realidad, donde quiera que ésta se tuerza, en Rusia, el Congo o la Cuba castrista. Superman, por su parte, se llama Clark Kent y trabaja como periodista para The Daily Planet. De la redacción a la reacción hay un paso y no sólo en las historietas. Hay quien cree que estos periodistas belgas abusaron de la kryptonita.

En fin, es fin de año y los medios hacen lo que pueden por llamar la atención de la gente que se distrae y piensa en otra cosa. El hombre del año para Time somos nosotros, usted y yo, you en su lenguaje. Entre todos le hemos arrebatado el trofeo a unos pesos pesadísimos como son los presidentes de Irán, Mahmud Ahmadineyad, de China, Hu Jintao, y de Corea del Norte, Kim Jong Il. Y esto porque usamos internet y estamos apurando por esa vía la llegada de la nueva era global de la información. Se ve que ya somos muchos y nos multiplicamos a la velocidad del cable. Un sitio como Youtube, sin ir más lejos, recibe cien millones de visitas al día.

La revista Wired, por su parte, se muestra escéptica o, cuando menos, irónica frente a esta nueva democracia de los píxeles. Recordando el adagio que dice que si le entregas un millón de máquinas de escribir a un millón de monos, uno de ellos acabará por escribir el Quijote, Wired sostiene que si le entregas un millón de computadores y de cámaras de video a un millón de individuos, el resultado se llamará Youtube.

La Nación de Santiago de Chile, 21 de diciembre de 2006. PDF

PS: Título alternativo: Sobredosis de kryptonita.

No vi en directo el programa aludido. Lo vi más tarde en el sitio de la televisión flamenca, VRT. Mi compañero de celda en el hospital veía en ese mismo momento una película de Jean-Claude Van Damme, en RTL. Tuve buen cuidado de atrincherarme debajo de las mantas pero aun así los cadáveres salpicaban.

Este texto está escrito para un público austral. De estar dirigido a un lector belga cabría decir otras lindezas, sobre todo tras ver a la progresía local levantarse todos a una para defender el ambiguo procedimiento. Me parece que esa reacción adolece de una forma inconsciente de añoranza por el tercer mundo, la misma que los lleva a venerar a Chávez. Se trata de un sentimiento hostigoso pero comprensible en un país donde la política se reduce a menudo a negociar los presupuestos.

17 décembre 2006

Llegó llegó el nuevo test de la chilenidad

1. Un blog afirma que el autor de esta foto no se atreve a firmarla. ¿Verdadero o falso?

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2. ¿Qué le falló al Colo Colo frente al Toluca: la táctica, el músculo, la cachativa?

3. ¿Quién escribió "Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte": Neruda, Huidobro, Parra?

Respuestas

1. No lo sé y me gustaría saberlo.
2. Frente al Toluca no le falló nada. En cambio, frente al Pachuca (1-2 en la final de Copa Sudaméricana), le falló todo.
3. Parece un verso de Parra y así lo escribió el ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Es de Huidobro. Está en el prefacio de
Altazor. El mérito de haber detectado el gazapatón ministerial es de Gonzalo Martner. Imposible no quedar transmitiendo con Huidobro: "Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas".

16 décembre 2006

La gente solitaria, Eleanor Rigby

El hospital puede estar en el primer mundo, o ser un hospital de primera en el tercero, y funcionar relativamente bien, pero el dolor estará ahí, bajo analgesia, pero estará. El dolor humano, polimorfo y perverso. Y es al dolor al que presenta cara el hospital, al dolor que menoscaba y al que lleva a la muerte.

Pasé unos pocos pero largos días en el hospital. Sólo lo abandoné ayer, y me traje cicatrices y recuerdos. De una mano reconfortando, de los diálogos con camilleros, enfemeras y médicos, y con el vecino de la habitación, un obrero jubilado, para quien, desde el momento en que nos conocimos y hasta que nos despidimos siempre fuimos "nosotros". Y qué tanto más duro debe de ser el dolor para quien no tiene consigo a quien que yo por suerte tengo, la luz de la mirada. La gente solitaria, Eleanor Rigby.

Como en esa escena presenciada sin querer, desde la pasividad del paciente: una mujer mayor frente a la ventanilla de un servicio pidiendo que le adelanten la cita con un médico porque los dolores le resultan insoportables. La secretaria le informa que hará lo que pueda pero le recomienda contactar entretanto con su médico de cabecera para que le recete unos analgésicos. "En mi caso, responde la mujer, los medicamentos producen el efecto contrario. Soy conocida por eso".

Es difícil imaginar peor enfermedad que ésa, que el remedio no produzca ya efectos secundarios sino derechamente efectos contrarios. Que no alivie el dolor sino que lo aumente. Y creer ser, además, conocido por eso. Qué tristeza.

Una tristeza de hospital, que se queda adherida como ese olor que aún desprendo.

15 décembre 2006

Astrología para caballeros

Pepe es de la generación que leyó a Mario Bunge y aprendió del filósofo argentino que la ciencia es una e indivisible. Dios, en una palabra. Bunge se preocupa por delimitar aguas con las que llama seudociencias, entre las cuales cuenta nada menos que al sicoanálisis y a la homeopatía. Es de suponer que no le ha quedado tiempo para despacharse con la astrología, o la dará por pan comido.

También hay que decir que Pepe vive en una ciudad que tiene una universidad al medio, en donde las ciencias duras y las ciencias suaves están separadas por la línea del tren. La astrología no está todavía ni a un lado ni a otro, pero al paso con que gana terreno en la atención de los caballeros (la atención de las señoras ya la tiene captada desde hace varios decanatos), el día que decidan construir la facultad de astrología van a tener que preguntarle a los astros de qué lado ponerla.

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Ciencia o no, dura o suave, lo cierto es que Pepe le debe a la astrología buena parte de su audiencia. En cuanto se encuentra en una concurrida mesa en que todos los comensales hablan al mismo tiempo del tema de la semana, la muerte del feo Pinchote, Pepe echa mano a un embeleco infalible para conseguir que lo escuchen:

“Es que era sagitario”.

A continuación siente como la concurrencia cesa cualquier conversación y lo enfoca con ojos ávidos, hasta que un compungido señor lo interpela: “A ver, según tú, ¿cómo es un sagitario?” (El señor es sagitario, sin ir más lejos).

 “Bueno, alguien que carece de sutileza, suele ser avasallador, tiene el ego hipertrofiado y siempre mete la pata”. Por lo demás, agrega Pepe, un sagitario que muere en sagitario, como acaba de ocurrirle al feo Pinchote, no avanza ni un palmo en el camino de la evolución. Se queda repitiendo, astrológicamente hablando.

En seguida se abre el turno de preguntas de las virgo, de los escorpiones y de las virgo (las virgo suelen ser súper insistentes), y así sucesivamente. Todos quieren saber cómo son, incluidos los caballeros. Cuando le han dado la vuelta al horóscopo, corresponde preguntar cuál sería el signo del pueblo chileno. “Piscis con ascendente en Géminis”, no duda en responder. “Por varias razones. Primero lo bueno: el pueblo chileno es perceptivo, ligero, bromista. Lo regular: es hablantín, sacador de vuelta, tramoyista. Y lo malo, por último: en una palabra como en dos, es hipócrita”. La concurrencia se queda de una pieza. “Gracias”, concluye un caballero.

Pepe tiene repertorio, porque antes se ganaba la vida como autor de la sección más leída del diario, el horóscopo. Se divertía enormemente escribiendo las predicciones, donde auguraba a los lectores, a punta de imperativos categóricos, salud, dinero y amor. Hasta que, como suele ocurrir en estos casos, comenzó a aburrirse y pasó a predecir malformaciones, descubiertos bancarios y adulterios. Cuando lo despidieron, fue a una astróloga clínica a mirarse los astros. El problema lo tiene usted en Plutón, le dijo la astróloga y le recetó polvo de estrellas con miel de coquitos. Algunos años después, los astrónomos, científicos serios, lectores de Mario Bunge, hicieron desaparecer a Plutón de los espacios siderales. Sin embargo, a Pepe aún no le pagan el finiquito.

Hablando de esto, el polvo de estrellas es barato y abundante. Parece poesía sureña, pero está científicamente comprobado que el polvo de estrellas está en todas partes, sobre todo debajo de las camas y encima del televisor, basta pasar el dedo para comprobarlo, porque los astros tienen tendencia a perder polvo y nosotros a recogerlo. Descrito por los astrónomos, el universo parece un lugar inhabitable: está lleno de polvo, gases y hoyos negros. Un retrete, en suma.

Y ya es curioso que las personas debamos ir a escudriñar entre los astros, tan lejos, nuestras verdades más pedestres. Descrito por los astrólogos, en cambio, el universo resulta bastante más divertido, porque los astros suelen ser casquivanos y algo esquivos. Como dioses griegos. Humanos pero inalcanzables. Como quisieran ser, inútilmente, modelos y futbolistas. Será por eso que, hoy por hoy, la astrología se ha convertido en tema de conversación para caballeros. Y el día menos pensado se convierte en ciencia.

Bueno, a lo que iba, Pepe es acuario. Eso sí, con ascendente en tauro. Un embutido de ángel y bestia, como diría Parra.

  

La Nación de Santiago de Chile, 14 de diciembre de 2006.  PDF

PS: Hay que decir que nadie elige el lugar ni el día en que nace, ni sus astros tutelares, ni menos aun jugar en el mismo equipo zoodiacal que el feo Pinchote. Por lo demás, albricias, el feo Pinchote ya no juega.

10 décembre 2006

Pinochet has died

El primer medio en darnos la noticia ha sido la BBC:

"Former Chilean leader Augusto Pinochet has died aged 91, local military hospital says".

Que lo llamase líder ya me gustó bastante menos.

9 décembre 2006

Emma

Hace un año mandé este relato, Emma, al Concurso de cuentos 2005 de la revista Paula. El concurso tiene su tradición y, sobre todo, tiene su premio. Se trataba de unos mil trescientos euros, más o menos. Al precio de los pasajes aéreos, que anda bastante subido, es lo que se necesita para ir camino de Santiago en temporada baja. Que es lo que hubiese querido hacer. Si de paso me daban un premio, qué remedio.

A pesar de haber leído Sensini, de Bolaño, detesto los concursos, en general, y los literarios en particular. No participaba en uno de ellos desde los tiempos en que con Rodrigo Lira y Roberto Merino escribimos San Diego ante nosotros. Pero esa historia la cuenta Roberto y a su versión me remito. We're only in it for the money, como decía Frank Zappa.

Para volver a Emma, no tuvo más premio que aparecer como finalista en el volumen publicado por Alfaguara bajo el nombre del cuento ganador del concurso, Mi nombre en el Google. En fin, aquí está Emma (en PDF,  Emma, las pruebas de edición). A ver si les da compañía, como Alfaro se la dio a Emma durante un largo viaje.

 

Emma

«On voit une femme, on pense qu’elle sera vieille, seulement on ne la voit pas vieillir. Mais, pour moments, il semble qu’on la voie viellir et qu’on se sente vieillir avec elle: c’est le sentiment d’aventure».

J-P S

para Miguel Angel Larrea

1

Es un Land Rover. Parece salido de un espejismo, de un milagro, de un filme. La Panamericana y los arenales en torno arden bajo un sol de castigo. El espejismo persiste, el Land Rover se detiene.

Al volante, al lado derecho (?), tocada con un pañuelo, las gafas perfectamente ajustadas, la old lady espera a que Alfaro formule su demanda. Conturbado, éste junta cinco palabras en inglés e intenta componer una frase:

-Voy al Norte... ¿puede llevarme?

La inglesa ajusta sus gafas un milímetro antes de responder:

-Más adelante... ya nos volveremos a encontrar.

Mientras Alfaro calibra la respuesta, el Land Rover se aleja sin remedio. ¿Por qué se detuvo, entonces? ¿Quería verle la cara, apreciar su inglés macarrónico? ¿Qué puede hacer una anciana inglesa en esos arenales? El sol convierte cualquier duda en humo, cualquier imagen en espejismo. Nadie se detuvo, el Land Rover no es más que otro avatar de la tarde sofocante, un vulgar fatamorgana.

Un destartalado camión peruano se detiene de verdad y el conductor acepta acercarlo hasta Chancay, a un centenar de kilómetros al norte de Lima. El chofer es un ex boxeador. Alfaro le comenta que ha visto unos combates al aire libre en la plaza de Pisco.

-Yo los gané esos combates. Toditos -afirma.

El camión deja a Alfaro a la sombra de unos algarrobos. Asoma un hombre joven. Alfaro le habla del valle, del camino, de la ciudad de Córdoba, de la ciudad de Santiago, tan triste, tan grande.

El hombre desaparece para volver con un cazo lleno de mangos maduros, que va mondando con un cortaplumas. Los comensales se rechupan los dedos y los codos chorreados por el líquido deleitoso, y luego se lavan las manos, los brazos y las caras en un arroyo cercano.

-Antes de llegar a Huacho hay una barraca verde donde sirven caldo de gallina. Párese y pruébelo -dice el hombre de los mangos, a manera de despedida-. Le va a volver el alma al cuerpo. Se le va a poner la carne de gallina. Se va a poner arrecho. Le van a dar ganas de pisar.

Otro camión se detiene. Va justamente hasta Huacho, a descargar toneles.

-Vengo de Argentina -cuenta Alfaro-, vengo de Bolivia -se corrige-. Se me entreveraron los acentos. Vengo de La Paz y voy a Bucaramanga. Vengo de Córdoba, vengo de Santiago. Lima es más grande. Lima se las tira a todas. La selección peruana juega mejor. A ver si llego hasta Cúcuta. A probar suerte en la lotería de Barranquilla. A conocer a los viejos del valle de Quillabamba, en Loja. Son todos centenarios. Porque comen picante al desayuno. Porque fuman picado grueso. Porque remuelen hasta bien entrada el alba. Siempre quise cruzar el canal de Panamá. Voy a sacarme una foto en la mitad del mundo, al pie del volcán Chimborazo, para mandársela a mi novia. Voy a participar en el festival internacional del bolero, en Machala. Compuse uno, se llama « De lo recóndito de mi ventrículo ». Con mucho gusto se lo interpreto:

El terciopelo de tu mejilla
Será mortaja del beso altivo
Que en vano busca tu boca húmeda

De lo recóndito de mi ventrículo
Mana un fragor de sangre indómita
Irguiendo músculos y cartílagos

Flor de la carne Mujer morena
Cuánto me causa risa con pena
Tu silueta bien me marea
Tu remembranza me zamarrea.

-A ver si se me acuerda de usted, su novia... Lo que usted tiene que ver es Chiclayo, la capital de la anchoveta. Ese puerto sí que se las trae. Y Piura, donde están las mejores casas de putas del Perú. Las hay limeñas y trujillanas, pero las guayaquileñas son las más calientes. Si me acompaña a descargar, lo empujo hasta Santa. Mándeme una postal desde Tumbes, una vez estuve allí pero no crucé la frontera. Los monos (los ecuatorianos, pues) me miraban rete feo. Seguro que usted viene escapando de Pinochet. La puta que lo parió. Ese roba y jode más de lo que aquí robó y jodió Odría.

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2

Emma, la ornitóloga. Se trepa al capó del Land Rover para observar con sus prismáticos británicos aves altiplánicas y pájaros amazónicos. Emma, le previene Alfaro, me voy a bañar en ese río que corre allá abajo, seguro de que ella no lo apuntará con sus gemelos, con la anatomía de los pájaros le basta y le sobra. Y con el té con leche, que ella misma prepara, y sus biscuits, su único alimento.

¿Está buena el agua, Mister Music Man? Así lo llama a causa de los dedos largos y delgados de Alfaro, que ella estima buenos para el piano.

Zarape a la vista. Los niños zarapeños salen a su encuentro, entre burros y cañizares. Necesitan gasolina. Desde un negro tambor hollado la transvasan, con una lata, al depósito del jeep.

Emma se ajusta el pañuelo que cubre sus canas, y dispone las gafas a la perfección. No habla una sola palabra de español pero, antes de que Alfaro hiciera de intérprete, ya había recorrido cuatro mil kilómetros y llenado el estanque del Land Rover decenas de veces. Quizá no habla español porque Alfaro está ahí para hacerlo por ella. Así no arriesga un ápice de su dignidad, ese sagrado tesoro que recibió como herencia y que se obstina en preservar e incrementar. De una cantidad importante de dignidad Emma se hizo conduciendo una ambulancia durante la guerra.

Un mapa que compró en una tienda de Chelsea, y del que nunca se separa, designa una huella incierta como la carretera Panamericana, el espinazo que recorre América de cabo a rabo, entre el Pacífico y los Andes. Tal vez un día fuera la carretera Panamericana, en los tiempos de Odría. En realidad, la carretera corre por la franja costera y atraviesa la frontera peruano-ecuatoriana por Tumbes y Machala. Pero Emma atiende más a su mapa que a la realidad, y se ha internado en la sierra, por Sullana y Macará, siguiendo esta huella de mulas. Mientras más hoyos tiene el camino, mientras más se estrecha, más se empeña ella en seguirlo. Where is my Southamerican highway?, espeta, sardónica, cuando pierde la pista.

No sólo el mapa lo compró en Chelsea, también todo cuanto trae consigo, los prismáticos, el té, las galletas... Emma vive en el Land Rover en perfecta autarquía, sacante la compra de la gasolina. Apenas sale el sol, se pone al volante. Al pasar por cualquier bosquecillo se detiene, se sube al capó y ajusta sus gemelos para hartar el ojo de colibríes, de tangaras azules, de gallitos de roca. Después ensaya unos hoyos de golf junto al camino, valiéndose de una piedra o de un terrón. Luego se bebe un par de tazas de té con leche, mordisquea dos galletas, y se pone nuevamente al volante. No busca ni esquiva los hoyos del camino, demasiado ocupada como está en no perder la traza de su ruta panamericana. Así, hasta la última luz del día. Entonces detiene el jeep y se instala a dormir en la parte trasera, donde ha acondicionado un dormitorio. Como no es demasiado grande, hasta puede estirarse en sus petates sin dificultad.

Alfaro, por su parte, tiene que buscarse la vida en las inmediaciones. Una pensión a la entrada de un pueblo, un galpón a la salida de otro, un prado en medio de una arboleda.

Apenas si hablan durante los trayectos. Un ornitólogo cree que el mucho hablar ahuyenta a los pájaros. Con todo, Emma lo pone al tanto del único incidente que le parece digno de señalar en su prolongado viaje. Viajaba por la sierra central de Perú, bajando desde la región de Cuzco hacia la banda costera, a la altura de Abancay. Después de una jornada sin historia, detuvo el jeep al anochecer y descubrió que las portecillas posteriores estaban abiertas. Entonces comprendió la razón de aquellos ruidos que la habían inquietado apenas un par de horas antes. Sus dos maletas habían ido a parar al fondo del caudaloso río Apurimac, llevándose ropas, libros y otros enseres. No había llorado al volante de la ambulancia durante los bombardeos nocturnos de Londres a comienzos de la guerra, no había perdido el norte en medio del gran desierto de arena en Australia, cuando decidió cruzarlo y dar así una sorpresa a su hijo que vivía en Brisbane. No iba a llorar ahora esas maletas perdidas. Conservaba los prismáticos, tenía té y galletas para varios miles de kilómetros. Emma se desató el pañuelo, se quitó las gafas y se echó a dormir.

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3

El aire es transparente, el camino se empina hacia las primeras alturas. Al fondo del valle del que se alejan, entre unos cañaverales, se despide una pareja de garzas. Emma viaja para observar aves zancudas, pero acepta a su lado a Alfaro, mamífero implume. Embarcó el jeep en Londres y voló a su encuentro en Buenos Aires. Se puso al volante, cruzó la pampa, la sierra cordobesa, la selva tucumana, rodeó el chaco austral y trepó por la quebrada de Humahuaca hasta el altiplano rumbo a la frontera boliviana.

Atravesó el altiplano central de Bolivia, se detuvo en Tiwanaku para ver la Puerta del sol, y por la ruta de Desaguadero flanqueó el lago Titicaca y entró a Perú. Mirando pájaros, bebiendo té. En la sierra peruana hizo un alto en Cuzco, subió a Sacsaywamán y pasó la mano por esas piedras lisas y tan bien entreveradas. Y se adentró por el valle del Urubamba para ver el tambo de Ollantay y más allá, por el valle caliente, el Machu Picchu y el Huayna Picchu.

Bajó desde Abancay hasta la costa, Alfaro lo sabe por el episodio de las maletas, y en Nazca miró de soslayo esos geoglifos enormes extendidos por la tierra caliente haciéndose guiños con las estrellas, como esqueletos de pájaros de piedra. Siguió esa ruta donde Alfaro la vio por primera vez, a la salida norte de Lima, y la creyó un espejismo que le decía en inglés que lo llevaría consigo si volvían a cruzarse más al norte, y eso hizo, después de Lambayeque, antes de cruzar el desierto de Sechura. Tal vez temió por sus pasos, como antes temió por los suyos en el gran desierto de arena de Australia.

Alfaro no intentó convencerla de que el camino de la costa era mejor. Emma ha querido pasar de Perú a Ecuador por una sierra despoblada, tanto mejor si el jeep se lo permite, Alfaro nunca hubiese puesto sus pies en estos sitios, y saberlo le embriaga la perdiz. Tal vez eso busque Emma, bandadas de perdices embriagadas. Cae tanta luz sobre esos cañaverales que el trazado de las garzas sobre el agua enceguece. « Aquí ha caído demasiada luz », le dijo una vez un místico, en las calles de Mendoza. ¿Qué puede durar una certidumbre, una menuda idea en medio de tanta claridad?

Emma dice que su viaje se detendrá en Quito, dentro de un par de semanas, que cuenta vender el jeep y volar hasta Londres. Ya está bien por esta vez, agrega, ajustándose las gafas, y en el siguiente bosquecillo se detiene, se encarama con sigilo al capó y se instala a observar con sus prismáticos el vuelo de un tentenelaire.

-Waxwing (Bombicilla garrulus) -dice, entusiasta-, what a holy thing!

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4

La Tina se llama este pueblo y hace las veces de frontera peruano-ecuatoriana. Del otro lado del puente, el villorrio ecuatoriano se llama Macará. El río, por su parte, se llama Chira.

Emma y Alfaro buscan la oficina de emigración. Está frente al puesto de la policía, pero la caseta está cerrada y bien cerrada, a pesar de ser media mañana. El funcionario se fue a Piura a arreglar unos asuntos, les pone al tanto el policía de turno. No tardará en volver. Unos cuantos días, apenas.

-¿Cuántos días pueden ser unos cuantos días ? -pregunta Alfaro, para ir amenizando la espera.

-Pueden ser algunos días, pues -precisa el policía ajustándose la gorrita.

-Depende de cómo se vayan dando los variados asuntos que el señor funcionario está tratando en Piura -deduce Alfaro.

-Da gusto ver como usted comprende las claritas cosas.

-¿Y no nos puede ir poniendo el timbre de salida usted, pues, en ausencia del señor funcionario? Usted es tan representante del Estado peruano en este pueblo de La Tina como él y mucho más aun en su ausencia.

-Eso tendría que ir preguntándoselo al teniente. Tampoco está, pero ya llega.

Cuando aparece el teniente, trae cara de venir despertando. Yo no puedo timbrar los pasaportes, simplemente porque no tengo el timbre, el timbre está dentro de la caseta y la caseta está cerrada con llave porque el funcionario anda en Piura arreglando unos asuntos, ratifica. Pero no tardará en volver, nunca tarda, un par de días o tres, estima.

El teniente tiene trazas de ser limeño, o arequipeño, o trujillano, urbano de cualquier manera, y de aburrirse soberanamente del poblado de La Tina y de sus asuntos rurales y fronterizos. El teniente tiene cara de aburrirse de cuanto lo rodea. Debe de ser un grandísimo tarambana para haber merecido esta destinación.

-Nosotros no podemos echar marcha atrás y buscar la otra frontera, a más de trescientos kilómetros de aquí por un camino imposible, sólo para obtener un timbre que el Estado peruano tiene la obligación de aplicarnos -Alfaro lo pone al tanto-. Ni siquiera queremos entrar en el Perú, lo que estamos queriendo es irnos.

-¿Y cómo es que a este hombre se le ocurrió irse justo ahoritica...? -se pregunta el teniente, rascándose una oreja. Sus cosas tendrá que hacer, pues -se responde.

-Oiga, vamos a ir al otro lado a explicarles la situación a los ecuatorianos. ¿Los ecuatorianos comprenden más rápido que los peruanos, entonces, teniente...?

Algo hay en las maneras del teniente que hace sentir a Alfaro que puede permitirse estas licencias. Poco se parece al tenientico insolente que le hizo bajar de un camión en un puesto militar entre Yunguyo y Puno y le ordenó vaciar la mochila sobre la mesa y deshermanar calcetines y desplegar pañuelos. Leía entonces Alfaro una revista que titulaba « Corvalán por Bukowski », en referencia al intercambio de disidentes entre las dictaduras chilena y soviética.

-Corvalán es comunista -había dicho el tenientuco.

-Sí -respondió Alfaro-. ¿...Y Bukowski?...

-Claro, pues, hablen no más con los ecuatorianos, ellos entenderán, como usted dice.

Mientras cruzan el puente, Alfaro va traduciendo someramente los diálogos habidos a Emma, quien parece percibir perfectamente el alcance de la situación. Del otro lado, los funcionarios ecuatorianos dicen estar muy halagados con la presencia de los forasteros y escuchan atentamente sus razones. Argumentan no tener problemas para aplicarles el timbre, pero los problemas, agregan, arriesgan encontrarlos luego los viajeros en Quito, sostienen, cuando alguien vea que en sus pasaportes hay un timbre de entrada en Ecuador y ningún timbre de salida de Perú. ¿Dónde se ha visto una irregularidad semejante?

-Es que nadie, ni en Quito, que está en la mitad del mundo, de acuerdo, ni en ningún otro lugar, por periférico que sea, va a investigar nuestros pasaportes al punto de descubrir esa anomalía insignificante, liliputinesca, argumenta Alfaro. Si resultásemos controlados, bastaría con mostrar que el timbre de entrada está en regla.

-Por eso mismo es que Ecuador no puede poner el timbre de entrada si Perú no ha puesto antes el timbre de salida, justamente. Ecuador no tendría problemas en ponerlo, pero los problemas los van tener ustedes después en la capital del Ecuador, Quito. Que Perú ponga pues el timbre de salida y Ecuador pone enseguidita no más el timbre de entrada...

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5

Más clara que la dialéctica de los fronterizos está el agua del río Chira. La justa oratoria contra los fronterizos deja a Alfaro con ganas de hundir la cabeza en el líquido elemento. Así se aleja, buscando un vado. No tiene consigo el traje de baño pero no se ve un alma en los alrededores. Se quita la ropa y se zambulle. En ese mismo momento aparecen detrás de los matorrales una decena de niños, tentados de la risa.

Los niños deciden también bañarse, pero se dejan el calzoncillo. Aun agujereado como un cedazo, el calzoncillo los pone al abrigo de sus propias puyas y chanzas. El agua no está fría ni tibia, ni quieta ni correntosa, está simplemente deliciosa. El Chira, a esta altura, es un río sin más mácula que la que deja el hocico de las bestias abrevando en su orilla.

Los granos de polen amarillo que flotan sobre la superficie del agua son como mundos o galaxias, como las burbujas que forman las manos del bañista o las amplias ondas lentas que abre el movimiento de sus brazos. Dos libélulas de alas negras revolotean sobre una semilla de cardo. Una hoja de álamo navega como un casco de galeón. Un pez diminuto viene a meterse entre la hoja y la superficie del agua y luego lo imita otro y otro, hasta que escapan todos despavoridos para luego volver y recomenzar el juego una y otra vez. Juegan a tener miedo los peces diminutos. Desde la orilla, cuatro o cinco vacas atónitas miran nadar al forastero. En torno a ellas giran inumerables moscas. Como dioses del atardecer o niños del río Chira.

Alfaro sale del agua y se seca al sol como un lagarto. Los niños se acercan. Alfaro se enfunda el pantalón y les pregunta si saben cantar. Los niños dicen que sí saben. Siempre que sea él quien comience. Alfaro va inventando una cueca:

El largo río Chira
Mucho se estira

Por el lado peruano
O ecuatoriano

Turista que se baña
Sin pasaporte

Lo ponen en la frontera
Culo pal Norte

Turista que se baña
Sin su visado

Lo ponen en la frontera
A culo pelado

El río Chira moja
A quien se enoja...

El más pícaro de los niños se atreve entonces con una canción que habla del asombro de las yeguas frente al atributo del asno. Y otro encadena con una estrofilla que dice que de las aves que vuelan su preferida es el chancho.

Alfaro pregunta por qué no hay niñas entre los niños. Los niños responden todos a una:

-Porque son sonsas.

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6

-Flys.

Emma sonríe indicando las moscas que vienen a probar la sopa. Alfaro cucharea bajo la ramada de la cantina de doña Delicia. Emma no toma sopa, of course, toma té con galletas.

Entre mosca y sopa, Alfaro se interroga por qué Emma acepta compartir con él este trayecto de su largo viaje, por qué accede a verle instalado como copiloto del Land Rover en las mañanas radiantes, en las interminables tardes, y alejarse en los anocheceres en busca de un lugar para dormir. Tal vez sea para ella un intérprete de una realidad que tanto la atrae como la repugna. Alfaro es para Emma lo que Doña Marina fue para Don Hernán Cortés. El traductor.

Ella toma té con galletas, él toma sopa con moscas. Ambos ajustan la distancia que los separa y los reúne, buscando dar con la distancia precisa. Ni tan cerca ni tan lejos. Como los pájaros, que los largavistas y la altura del capó del jeep acercan a la distancia justa, visibles pero libres. Alfaro se interpone, a medio camino entre las gafas bien ajustadas de Emma y el paisaje que se abre allí donde acaba la sombra del toldillo de Doña Delicia. Alfaro es ese paisaje.

Los niños del pueblo se agitan en las inmediaciones. Los niños se parecen a Alfaro pero Alfaro se parece a Emma. Alfaro sonríe, como si la sopa estuviera deliciosa.

-Esta sopa está buenísima, me va a dar las fuerzas necesarias para meter al teniente por el ventanuco del sucucho fronterizo, a ver si por fin nos timbran los pasaportes.

El teniente finalmente está de acuerdo, habrá tomado de la misma sopa. Dos guardias observan en silencio y aprueban con la cabeza. Mi teniente, la vieja gringa y su novio argentino ya nos aburrieron, nos salen hasta en la sopa, ya se acabó lo chusco que era verlos rebotar contra esta frontera donde no hay nadie que les timbre el pasaporte. Ya los oímos hablar en su jerigonza, lo vimos bañarse a él en el río, en pelotas, y a ella jugar a la chueca con unos palos rarísimos, ya los vimos incluso tomar sopa en la cantina de doña Delicia. Yo nos hostigaron. Que se vayan a joder a los ecuatorianos, mi teniente, échelos luego.

Alfaro hace un estribo con las manos para que el teniente apoye el bototo, y le da un empujoncito en el culo para que alcance el ventanuco. Esta ventana está bien pendeja, pero eso no lo autoriza a usted a ponerse tan confianzudo, alerta el teniente.

Cuarenta y ocho horas después de su llegada, Emma y Alfaro se disponen a cruzar la frontera con un flamante sello estampado en sus pasaportes. Sin firma, el teniente no ha querido comprometer su nombre en la suplantación del funcionario de emigración. Cuando éste regrese, tendrán que explicarse sobre este conflicto de competencias. Se va usted a arreglar sus asuntos a Piura y el trabajo tenemos que hacérselo nosotros. Esa no es una razón para metérseme por la ventana, teniente.

Alfaro los escucha, mientras el jeep gana terreno por la sierra. Emma sólo presta oídos a los pájaros.

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7

El jeep va subiendo la cuesta. Las nubes lo esperan, agazapadas en la altura. Son nubes de algodón de azúcar, blancas, lúbricas, ventrudas. El jeep se apresta a penetrarlas, impelido por la luz del sol.

Dentro del jeep, entre las nubes, la luz se vuelve sombra, el calor se enfría, el paisaje desaparece. Emma enciende las faros neblineros, unas linternas vacilantes en el vientre de ese nubarrón espeso, y ajusta los anteojos, como si éstos detuvieran el secreto del camino. Excitado como un niño, Alfaro abre la ventanilla del jeep, saca el brazo e intenta atrapar con el cuenco de la mano un puñado de nubarrón que parece ser granizado de piña.

-What a frog! -dice para disimular lo infantil de su gesto. O por miedo de ver desaparecer a Emma y al jeep en esa nada omnívora. Nunca había visto una nube por dentro, agrega. Ahora tampoco, porque no se ve nada.

El jeep llega a la cima. Sin despegar la vista del camino, Emma activa freno y embrague. Cómo se le ocurra cruzarse a un burro, dice Alfaro. « A donkey », traduce, inútilmente. Una blanca palidez, agrega, sin ton ni son.

La luz enceguece cuando el jeep asoma del otro lado de la nube, al otro lado de la montaña. Aparece otro valle, otro río, otros árboles, bañados por la misma luz.

Se hace noche en un puesto llamado Empalme. No hay más que tres barracones y numerosos soldados conscriptos en las inmediaciones. A Emma, Empalme le parece un sitio apropiado para pasar la noche. Estaciona el jeep entre dos molles y acomoda sus petates como cada anochecer. Good night, Mister Music Man. Have a nice dreams.

Alfaro se acerca a saludar a un grupo de conscriptos, a preguntar si puede extender su saco de dormir en uno de los barracones. Le responden que le preguntarán al cabo que le preguntará al sargento. Mientras tanto, en vista de que hoy es carnaval, véngase a tomar unos cañazos con nosotros en la galería del barracón donde puede que terminemos durmiendo todos, precisamente.

Los conscriptos se instalan en la galería de madera, en torno a una mesa desportillada, cada uno frente a un pequeño vaso de vidrio invertido. La botella que reina en el centro de la mesa no lleva etiqueta y su contenido es transparente como el agua. Los soldados son morenos y tienen la edad de la conscripción. Llevan el pelo cortado al rape, camiseta blanca, pantalón verde y botas negras. El reloj que algunos portan es una única variación al uniforme. Todos a una enderezan los vasos, uno de entre ellos los va llenando según la dirección de los punteros del reloj, la misma dirección que siguen para vaciar los vasos de un único trago. Beben según un ritual pautado como cuaderno de música.

Hablan de fútbol, de estoperoles, de mentolatum, de clubes y de selecciones, lo que los lleva naturalmente a hablar de ciudades, de Loja y de Ambato, de Quito y de Guayaquil. Los conscriptos están en Empalme desde hace ya varias semanas. El rito del vaciado « al seco » de los vasos opera sin prisas ni tardanzas, al punto que de la botella ya sólo queda el fondo. Tantas semanas en Empalme comienzan a parecerles largas. Contando con que no hay una sola mujer en las inmediaciones o, si la hay, su padre, o su hermano, o su marido ya la ha puesto a buen recaudo.

Aparece otra botella, tan transparente como la primera. El cañazo es dulzón, espeso, tibio como la carne, como la noche. Los conscriptos son costinos, o serranos, u « orientales », amazónicos. Sombrero de jipi-japa, sombrero de fieltro, tocado de plumas, Alfaro los adivina sobre cada una de esas cabezas rapadas, mientras acompaña con la mirada el turno del vaciado de los vasos. Acabada la segunda botella, asoma por la conversación un prostíbulo de Ambato, celebérrimo por las sodomías que en él se practican. El hoyo del culo es una estrella de mar, dice un conscripto costeño. Es el propio ojo de la papa, sostiene un conscripto serrano. Es un ombliguito de mona, concluye tiernamente un selvático.

-La raya opone a su apertura dos cúspides que encierran un fragor inflamado -se atreve a incrementar Alfaro.

Los conscriptos lo escuchan, perplejos. Al cabo de unos segundos largos, aflojan una estrepitosa carcajada. Echémosle más cañazo al argentino, se dicen golpeándose las extremidades inferiores.

Al cabo de la cuarta botella, o de la quinta, Alfaro se decide a dar las buenas noches. Al entrar en el barracón, se oponen a su andar unos bultos imprecisos. A tientas da con un espacio llano y con dificultad acierta a meterse en el saco de dormir. Afuera, oye decir al conscripto que lleva la voz cantante:

-Qué noche de carnaval de los carajos sin poder bailar ni divertirse. Ya parecemos peruanos. A ver, mis primos, si vamos a sacar a bailar a la gringa, entonces.

Alfaro trata de incorporarse, pero el saco le opone resistencia. En el jeep, alertada por las voces de los conscriptos, Emma esgrime el palo del que no se separa cuando duerme y le asesta con él a dos de ellos, que se alejan con la cola entre las piernas.

Les asesta ahí precisamente, en la cola, entre las piernas.

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8

Los indios saraguros se acercan al poblado, de negro vestidos -sombrero de fieltro, poncho, pantalón a media pantorrilla, ojotas-, el pelo negrísimo tomado en una trenza, a pie, solos o en grupos pequeños, serios, graves, dramáticos. Es domingo, día de mercado.

A la entrada del poblado, los burros, descargados de sus costales, esperan en el apeadero, allí mismo donde Emma ha dejado el jeep. Los burros rebuznan, algunos estrepitosamente.

-Atan a los burros junto a las burras -Emma se queja, se enfada, desata y ata su pañuelo. La presencia de las hembras excita a los machos inútilmente. Deberían poner a los machos a la entrada de la aldea y a las hembras a la salida.

-O al revés -temporiza Alfaro.

-Es una salvajada -insiste Emma, decepcionada.

Alfaro mira a los saraguros, taciturnos, ocupados en su mercado. Poco puede hacer por Emma y por la causa de los burros y de las burras. ¿Cuál será la causa de los asnos, por lo demás, la paz de los establos o el frenesí del aroma del sexo de las burras? ¿Y cuál será la causa de las burras?

Los saraguros parecen demasiado retraídos como para tomar cartas en el asunto. Emma está intratable. La aparente incapacidad de Alfaro a comprender su punto de vista y traducirlo en actos aumenta su crispación. Alfaro se siente súbitamente abandonado, perdido en un mercado de indios trágicos, acompañado de una añosa gringa excéntrica que se inquieta por la miseria sexual de los cuadrúpedos ungulados.

-Usted está necesitanto una taza de té y yo de una iglesia barroca donde rezarle un padre nuestro a mis antepasados que no dudaban en ahorcar a un perro por atacar a las ovejas, o a cazar con palos y a tender trampas a los pajarillos, o a lanzar incluso a una cabra desde el campanario de la iglesia el día de la fiesta del pueblo -murmura Alfaro.

Los indios saraguros lo miran desde detrás de varias capas de distancia. O no lo miran en absoluto. Los burros súbitamente callan.

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9

Dejan atrás Loja y Quillabamba, aquél valle donde los viejos mueren centenarios y las guaguas mueren guaguas. Dejan atrás Cuenca -qué bonita- y Azogues -qué frío el viento seco en las alturas, qué húmedo el calor en las hondonadas. En una posada, el fuego derrite la grasa en el caldero por donde asoman unas colas de cerdo.

Avanzan hacia Riobamba. Emma apenas si habla, está pensando en volver. « Home », dice, y Alfaro siente pasar un río de implícitos, un río diferente de aquellos barrosos cursos de agua de esos valles calientes, o de aquellos torrentes prístinos y fríos que corren sobre lechos pedregosos en esas cordilleras.

Si toda palabra evoca una imagen, « home » le parece que convoca un paisaje surcado por un río canalizado, con bordes de contención hechos de ladrillos coventry, balaustrada y puentes de piedra gris, un río cívico, constitucional. Emma tiene, por lo menos, esta realidad palpable para confrontar con sus prejuicios, para confortarlos, o reducirlos, o modificarlos. Pero, también, qué puede ser lo palpable para quien no come otra cosa que biscuits. Emma dice que ya es hora de volver a casa, que desde que perdió las maletas en el río Apurimac no piensa en otra cosa, que Quito es la última etapa de un viaje que ya ha durado demasiado, que vende el jeep y se sube a un avión y luego... « home ».

A Alfaro le da por pensar que Emma quiere desembarazarse de él, que lo siente un estorbo, que está resentida por no haber sabido él contener a los conscriptos, o por no haber sido capaz de hacer nada a favor de los burros, o por el retraso con los pasaportes, o por dejarla sola para irse por ahí a tomar sopa con moscas, o a hablar con niños y con campesinos, tal vez cree que le cobran demasiado por el combustible porque Alfaro es un cándido capullo que se identifica con los aldeanos, se crerá que ella es rica porque es súbdita británica y se desplaza en Land Rover. Tal vez a causa de su presencia se contiene de subirse al capó del jeep cuando le viene la gana de mirar sus paseriformes, o de arremangarse la pollera y tomar el sol en sus piernas que serán tan blancas, o se aburrió de él, eso es, como los fronterizos peruanos se aburrieron de ellos y se los cedieron a los ecuatorianos.

O porque es argentino, y como tal revindicará las islas Malvinas con su merinos abrigados y su vegetación jorobada por el viento.

Alfaro piensa que no debe darse tanta importancia, ciertamente no se la otorga Emma, que de sobra tiene con lo suyo y en ello está centrada, ya habría decidido acabar con este viaje antes de acogerlo a él y precisamente por eso lo acogió. ¿O fue él quien la acogió providencialmente a ella que venía cayendo por una profunda tristeza, como sus maletas cayeron a las aguas procelosas del río Apurimac? ¿No será al revés? Eso. Al revés, se dice, la cosa es al revés.

Alfaro se concentra en la forma de las nubes. Un viejo, dos carneros, una cópula, el inevitable hongo atómico. Lo mejor de estas formas es que apenas duran el tiempo de su defiguración, del permanente fundido de una en otra.

La neblina se abate sobre el camino, una niebla densa, una neblina londinense, dice Alfaro, por decir algo. El camino es una sucesión de curvas. A la vuelta de una de ellas, increíble pero cierto, decenas de cilindros metálicos con una calavera estampada vienen rodando camino abajo. Peligro. Emma se ve obligada a detener el jeep al borde del camino.

Alfaro desciende y echa a andar en dirección de lo que se adivina un accidente entre la bruma. Dos camiones han chocado de frente. Un camión está volcado y por su parte posterior, abierta, se escapan los cilindros. El otro camión está desfigurado, atravesado en el camino. Los pasajeros de este último descienden como pueden, aturdidos, maltrechos, se sientan o recuestan, mientras otros giran entre quejas y lamentos. Uno de ellos intenta recoger su sombrero y, pálido y tembloroso, enciende un cigarrillo para recomponerse.

-Apague eso, por favor -le increpa Alfaro indicando la calavera de los cilindros.

Vuelve al jeep a explicarle a Emma lo que ocurre. Enfermera durante la guerra, ella sabrá mejor qué hacer con los heridos. Yo puedo conducir hasta Riobamba, le propone, usted puede ir curando a un par de heridos durante el viaje.

-Absolutely not. Mi viaje ya se ha terminado -corta Emma secamente-. Yo debo llegar cuanto antes a Quito, para regresar a Inglaterra de una vez.

Alfaro vuelve al lugar del accidente. El conductor del camión volcado yace a un costado del vehículo, muerto. Alfaro comienza a despejar el camino de cilindros y vuelve al jeep.

-Como quiera que sea, no podemos evaporarnos y dejar a esta gente muerta o medio muerta por el suelo. Hay que dar aviso al hospital para que manden ambulancias. De paso podemos llevar a un par de heridos. Riobamba está en su camino -le dice, subiéndose al jeep.

Por toda respuesta, y sin variar la expresión de su rostro, Emma pone el vehículo en marcha. Por un momento, Alfaro la cree capaz de pasar de largo, dejando a los heridos en la estacada. « Deténgase aquí », le ordena.

-Ayúdenme a subir a estas señoras -dice, tomando por los hombros a una mujer mayor que se ve muy a mal traer. Nos llevamos a tres personas y prevenimos al hospital rápidamente. Las ambulancias no tardarán, conforta a los heridos, abriendo la puerta posterior del jeep.

Los accidentados tienen cortes en la cara y sangran profusamente. Alfaro dispone a dos heridas en la parte trasera del jeep y cuando se dispone a instalar a una tercera en el sitio del copiloto, se percata que en el jeep ha tomado ubicación junto a Emma otra mujer. La inglesa, entretanto, no ha soltado el volante y continúa mirando hacia el camino, como si nada de eso existiera, ni las mujeres a bordo del jeep, ni los cilindros desparramados por el suelo, ni los camiones, ni Alfaro que se agita, ni siquiera la bruma.

-Bájese -dice Alfaro a la mujer que se ha sentado junto a Emma.

-Es que yo no puedo dejar sola a mi tía -se defiende aquélla, indicando a una de las heridas en la parte posterior del jeep-. A mí también me tienen que curar en el hospital -agrega, mostrando un leve rasguño junto a una ceja.

Alfaro la toma por un brazo y la hace descender. Vuelve a por la herida, la carga con dificultad y se dirige hacia el jeep. Entonces ve que la mujer del rasguño en la cara ha vuelto a subirse al jeep y se ha vuelto a instalar junto a Emma.

Desazonado, Alfaro acomoda como puede a la herida al borde del camino y sube al jeep por la parte posterior. Vamos, le pide a Emma, al hospital de Riobamba. En el trayecto, la rasguñada vuelve el espejo retrovisor hacia su cara y estima el largo y el ancho del rasguño junto a una ceja. Cada dos por tres se vuelve mecánicamente hacia Alfaro y le pregunta cuán desfigurado le ha quedado el rostro.

-Desfiguradísimo -responde-, nunca volverá a ser la misma.

Llegados al hospital, unos camilleros se hacen cargo de las heridas pero rehusan instalar en una camilla a la rasguñada, quien debe resignarse a acompañarlos por sus propios pies. Alfaro ordena someramente el espacio posterior del jeep y se acerca a la ventana del conductor.

-Gracias por traerme hasta aquí -le dice a Emma, tendiéndole la mano.

-Disfruté mucho de su compañía. Que tenga una estupenda travesía del Atlántico, que las islas británicas la acojan con sus mejores pájaros. All the best for you.

-Lo mejor para usted también, Mister Music Man -responde Emma en un aceptable castellano, apretándole los largos dedos de músico-. Buena suerte, donde quiera que vaya.

Alfaro mira alejarse el Land Rover. Fatamorgana, dice, via, via, va-t-en, farewell, embora, embora. Se siente desplomado, como si hubiese debido cargar con el muerto, con las malheridas, las rasguñadas y los cilindros metálicos a cuestas desde la neblina hasta el hospital de Riobamba, como un burro con sus costales o un Sísifo con su piedra.

La neblina se disipa de pronto y el sol resplandece. Caminando en busca de un hotel barato, Alfaro escucha una música de fanfarria. Sólo le falta darse de narices con el carnaval de Riobamba. Ojalá lo hayan prohibido las autoridades militares invocando la inminencia de una erupción volcánica o sociopolítica, provocando una crisis de melancolía entre los carnavalistas.

En la carretera, en su Southamerican highway, Emma ve caer la primera tiniebla. Ya no es la hora de los pájaros, es la hora de los murciélagos.

8 décembre 2006

Melancólico sarcasmo

Declaración jurada, Rodrigo Lira, Ediciones Universidad Diego Portales, 2006.

Artemio Echegoyen, La Nación, 8 de diciembre de 2006

En el prólogo de este libro, un tal Grínor Rojo confunde nombres y crea un animal quimérico literal, aunque ese acto fallido tiene la fortuna de siametizar a dos de los tres autores (Lira, de la Fuente, Merino) de uno de los textos incluidos en esta Declaración jurada de Rodrigo Lira (1949-1981), verbigracia, el poema San Diego ante nosotros, que describe esa calle hace veintiséis años, en pleno reinado del Padrastro de Chile.

Declaración jurada
, más allá del citado poema de gestión hexaquírica, consiste en textos de Rodrigo Lira que no supieron caber, por razones físicas o morales, en su póstumo Proyecto de obras completas (1984). De notable interés sicosocial resulta la narración Declaración jurada que da título a este nuevo volumen.

Poeta paródico y a la vez original, proclive a la subversión textual y a elaborar versos no optimistas con las formas estereotipadas, oficiales y formales del lenguaje de los documentos (por ejemplo, que otras gracias tenía también), Lira continúa ―según explica Rojo―, exacerba, y les da vueltas de tuerca en burlón homenaje, a las poéticas de Parra y Lihn.

Diremos también, a riesgo de concitar repudio, que Lira era un poeta (y/o prosista) « institucional ». ¿Heraldo de las instituciones? No, para nada. Pero sí obsesionado con las instituciones (la policía, las empresas, las élites de la paupérrima República de las Letras, los medios de prensa, los institutos culturales), en la medida en que ellas dibujan un mapa de la sociedad ―del universo― y acogen o rechazan al individuo, cuya identidad definiríase en relación a ellas.

Una lectura desprejuiciada de estos textos liraicos (líricos y prosaicos) puede iluminarnos. Acaso como Kafka, este desconcertante poeta de la Ñuñoa de los últimos 70 añoraba, sabiéndolo o no, una aceptación institucional, antropológicamente hablando, y ello reflejábase, paródicamente, en su escritura. Su obra era, entre otras cosas, una inútil revuelta contra la marginalidad que lo caracterizaba.

Sus textos a menudo interpelan a la « autoridad », llámese ésta director del Artes y Letras, el poder sin cara o, cada cosa en su contexto, otros poetas de algún modo « reconocidos », como Lihn y Zurita. Los interpela y se ríe de ellos con melancólico, y a la vez autodestructivo, sarcasmo. El poeta, lúcidamente, se sabe lucido: no será « acogido », y, si acaso, tan sólo post-mortem (como autor « de culto »), tras abandonarlo todo, con macabra y petroniana elegancia, en diciembre del 81.

7 décembre 2006

Nuevo bestiario del Reyno de Chile

Va siendo hora de que alguien se dé el trabajo de actualizar el famoso Bestiario del Reyno de Chile, que publicó Renzo Pecchenino, Lukas, allá por el prehistórico año de 1972. De entonces ahora la fauna vernácula se agita y se reproduce sin que nadie detalle su composición ni trace su retrato.

Que se sepa, Chile nunca ha sido reino, pero siempre ha tenido su bestiario. Pasó de ser paisaje a ser Capitanía y de ahí a República. Luego reculó, o involucionó, o como se diga. Un Gorila, bestia esporádica aun cuando dañina, intentó capitanearlo, pero sólo logró cerrar las fronteras y acortar las horas de luz, para beneplácito de Alimañas, Sapos, Murciélagos y Baratas.

En el Bestiario del 72 puede verse a la gallada dividida en las tres grandes familias de la época, los Sediciosos, los Sectarios y los Pelagatos. De esos tres conjuntos sólo sobreviven tal cual los Pelagatos, por los que no pasan los años. De entonces ahora, a pesar de rencores mutuos y otros golpes bajos, Sediciosos y Sectarios se han ido mezclando como quien no quiere la cosa. Los Sediciosos, democracia obliga, se han acortado el apellido y ahora se llaman indistintamente Sedosos o Deliciosos. Los Sectarios, por su parte, se lo han alargado pero no se les nota. Los Pelagatos, ya se dijo, siguen igual.

Una mirada a vuelo de pájaro muestra un dato mayor y es que la fauna se ha feminizado. En la foto de la época, en medio de la numerosa concurrencia masculina, apenas sí aparecían dos ejemplares de sexo femenino, una Galla Caballa y una Cabra como la Mona. « Las Gallas, puntualizaba el autor, sólo pueden clasificarse por sus cualidades externas o superficiales pues, por lo general, adoptan las características de los Gallos con que se aparean ». Otro gallo nos cantaba por ese entonces. Hoy son los Gallos, y sin que medie necesariamente apareamiento, los que quieren adoptar las cualidades superficiales de las Gallas.

Como quiera que sea, hay especies en vías de extinción y otras en vías de proliferación. Abundan particularmente los Roedores, las Palomas Subtropicales, las Codornices Copetonas y los Jotes. Si bien que las colas de rata y las pechugas emplumadas se mueven a gusto y a disgusto en jaulas llenas de espejos, micrófonos, focos, cables y pantallas. Todo lo cual parece provocar gran contentamiento entre Pajarones, Crestones y Sapos, que pagan su entrada con tarjeta de crédito y aplauden como condenados.

A pesar de la falta de lluvias y del precio y la mala calidad del agua se ven muchos Gatos Mojados. En materia de felinos, hay que convenir en que Leones, Tigres, Panteras y Jaguares nunca han sido de este reino. Sobreviven, eso sí, unos cuantos Pumas, pero lo hacen en lugares enclavados, donde se han hecho vegetarianos y practican yoga y programación informática. Les ha mejorado el pelaje pero ya casi no se reproducen.

Incluso Condorito ya no es de este reino. Ahora juega por un equipo multinacional. Ha estado casado y se ha divorciado varias veces y ahora sale con una pletórica Alondra que no se llama Yayita sino Wisteria, o Shannon, u otro nombre por el estilo, difícil de deletrear para la gallada.

También las calles se han ido llenando de Pingüinos (« Ni bobo, ni niño, ni negro, ni blanco, sino vertical, y una inocencia interrogante », describe Neruda en su singular Arte de pájaros). Persiguen a estos noveles pajarracos bandadas de Choroyes trepados en Guanacos.

En fin, se ven también muchos Monos sueltos. Ruidosos y dicharacheros, estos primates resultan graciosos en un primer encuentro porque imitan sin retención a los ejemplares que se muestran en las pantallas, pero acaban cansando porque no tienen ADN propio.

bestiario

Poco más. Mucho Gallo Aperrado, mucho Patudo, Mariposones al por menor, Pollinos, Carneros, Gansos, Pavos y Chunchos. Escasísimos Gallos Paleteados. Ah, sí. Prospera una nueva rama de la veterinaria, la cirugía plástica: un cacho de menos por aquí, una cresta con más volumen por allá, unas cuantas plumas en los tutos.

Los Gallos Pateperros, por su parte, han vuelto y han vuelto a irse, como es natural. A propósito de aves migratorias, los Señores Pájaros, como advertía Parra, volverán de un momento a otro.


La Nación de Santiago de Chile, 7 de diciembre de 2006. PDF


PS: Microdiccionario de chilenismos para lectores trasandinos y ultramarinos

Barata: Cucaracha.
Gallo: Persona de sexo masculino; curiosamente, el femenino de gallo no es gallina sino galla.
Galla caballa: Mujer estupenda.
Galla como la mona: A diferencia del castellano peninsular, en el que ser "mona" significa ser de buen ver, en Chile una galla como la mona obliga a cerrar los ojos.
Jote: Ave rapaz, zopilote.
Pingüino: Escolar. En lo que va del año, los pingüinos son el único colectivo que ha conseguido desestabilizar al Gobierno con su movilización en pos de mejoras en el sistema educativo.
Choroy: Variedad de loro. Carabinero, cuyo uniforme es verde.
Guanaco: Variedad de auquénido escupidor. Carro policial lanza-agua.
Patudo: Entrometido.
Gallo paleteado: Persona servicial.
Tuto: Muslo.

5 décembre 2006

La cosa de la rata

Pinochet ya no se muere. Por el contrario, con el infarto ha conseguido eludir el arresto domiciliario y se encuentra nuevamente en libertad bajo fianza. Su médico detalla en estos términos el estado del paciente: "Es muy probable que hoy podamos decir que la cosa se ha ido superando bastante bien". Por su parte el arzobispo de Santiago, quien no ha tardado en visitarle, explica que "sean cuales sean las cosas que alguien pueda lamentar, no olvidar nunca que todos somos hijos del perdón de Dios". Las cosas, por lo visto, tienen aguante. El confesor de Pinochet, por su parte, confesó a la prensa haberle oído rezar el Yo pecador.

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