El fútbol trae por la tele un poco de todo y sobre todo emociones. La Eurocopa fue una zarabanda para los sentidos y las emociones que desata este juego colectivo. Y el uso que les damos. Decía el otro día que veo los partidos para entender lo que se comenta luego. Y también que el alma humana habla incluso por los pies. Y es verdad que hemos visto el alma de unos cuantos transparentarse.

Ha ganado España otra vez y está muy bien que sea así. Durante mucho tiempo tuvimos que escuchar abundantes tonterías sobre la supuesta incapacidad de los españoles para forzar a través de la victoria el reconocimiento ajeno. Hubiese querido no escucharlas cuando niño pero, cómo tuve que hacerlo y no las he olvidado, hoy día la alegría es doble al ver nuevamente demostrado que no era así, y no sólo para mí (que bien lo sabía) sino también para los otros, para los demás. 

A partir de 2008 ha sido un placer sacarse las ganas de ganar. Y no se trata de ganar por ganar sino de ajustar el valor propio al reconocimiento ajeno. 

Por lo demás, qué alegría ver esos goles, gritarlos con el alma y abrazarme con los míos.

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