Lleno el tren de mañana, camino de Bruselas. Lleno de manifestantes contra la prolongación de la edad mínima para jubilarse que en Bélgica pasará a ser de 65 años hoy a 66 en 2025 y a 67 en 2030, vía la reforma en curso impuesta por el Gobierno de nacionalistas flamencos y liberales.

Hablo un poco con los manifestantes en el tren, manifiesto dos estaciones hasta llegar a la mía. La manifestacion transcurriría luego en el centro de la ciudad al mediodia.

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Frank Vandenbroucke, entonces joven ministro SPA —socialistas flamencos— decidió hace veinte años dedicarle un doctorado en Oxford a la cuestión y afirma que sí, que es imperativo posponer la edad de jubilar, aumentar el tiempo de cotización a la seguridad social para mantener a flote el conjunto de las prestaciones sociales. No voy a contradecir. También es cierto que si los jóvenes consiguieran trabajar algo de equilibrio aportarían a las finanzas públicas.

En fin. No había jóvenes en el vagón como para prenguntarles su opinión. Los sindicalistas eran todos cincuentenarios. En los hechos, la edad media de jubilación en Bélgica es de algo menos de sesenta años. Los manifestantes del tren probablemente se jubilarán antes de los 65. En cambio, los jóvenes que hoy buscan su primer trabajo sí veran su derecho a la pereza pospuesto cuando decaiga la fuerza física.

Bueno sí, había un joven, al fondo. Al bajarme vi su imagen repetida, ya que se miraba en el espejo de la pantalla del móvil. Probablemente corregía su peinadillo o la línea de las cejas. Como si el vagón fuese un yate y los añosos manifestantes fuésemos su grupito de amigos.