Sobre el viejo asunto de la ficción y los hechos viene a decir Carrère que lo que cuenta es la ressemblance —literalmente el parecido, pero tal vez en este caso sea mejor traducir por verosimilitud. El diccionario propone esta definición de ressemblance: «Degré variable de similitude entre des personnes, des choses». Al pie de la letra, entiendo que siempre habrá una distancia entre lo vivido y lo contado y el punto está en determinar cuál sería el grado menor de esa distancia, y el mayor, y el mejor, y el grado justo o simplemente el grado. En torno a esas cuestiones han girado y giran la poética y la antipoética y los molinos de viento.

Mejor que el principio, la ilustración: cuenta Carrère que en Florencia un amigo lo llevó a ver los frescos de Gozzoli, que presentan a cientos de personajes en el cortejo de los Reyes Magos, y le hizo notar esta circunstancia: los del primer plano hacia atrás, los del fondo, son florentinos de la época —entre ellos el propio pintor, de gorro rojo— y fueron manifiestamente pintados por Gozzoli d'après nature. En cambio, los del primer plano, ángeles y santos que están cerca del pesebre, son figuras idealizadas, irreales. Ni qué decir tiene que resulta mucho más interesante observar a los primeros —a los últimos, en este caso.

La vieja distinción entre información y propaganda, respondería mi tío si le preguntaran.

Benozzo_Gozzoli_-_Procession_of_the_Youngest_King_(detail)_-_WGA10252

Gozzoli_magi