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Mirando vírgenes en Burgos, me acuerdo de la Virgen de las Paridas. Lorca cuenta en «Mi pueblo» que la fachada de la iglesia de Fuentevaqueros la coronaba ella, la Virgen de las Paridas.

Busco y encuentro una única referencia a una Virgen de las Paridas en Cáceres. Sin imagen. Una virgen sin su estampa, no puede ser. Pido ayuda y Tse me la da.

Se trata de la Virgen de la Purificación. Las madres recientes, las paridas, debían ir al templo a purificarse cuarenta días después del parto. Un viejo rito judío. 

Cuando la virgen llega a cumplir con el rito, a la entrada del templo la reciben Ana y Simeón, dos viejos que se niegan a morir sin haber visto antes la luz de la esperanza. Y la ven, claro que la ven.

MantegnaPresentazione

Lo muestra la imagen que pintó Mantegna en 1460 (arriba). Imagen que retoma poco tiempo después Bellini (abajo), agregando a la vieja pitonisa Ana, a la izquierda, y agregándose a sí mismo, a la derecha junto a Mantegna, que ya se había pintado a sí mismo a la derecha del primer cuadro. (Se da la circunstancia que Mantegna se había casado con la hermana de Bellini y ambos pintores eran cuñados).

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Andando la vida, Bellini llegó a ser tan viejo como Simeón y en sus últimos años volvió sobre la escena (abajo).

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Las diferencias entre ambas representaciones son tales que ambos cuadros no parecen haber sido pintados por la misma persona. En el primero, Bellini se limita probablemente a copiar el cuadro de su cuñado, firmando su versión por la vía de agregar su autorretrato. Cuando pinta el segundo, ya lo había pintado casi todo y le habrá apetecido volver sobre sí mismo.

Las diferencias, digo. Apunto a una sola, para no aburrir: el primer Siméon es un viejo visto por un joven. El último, en cambio, es un viejo visto por sí mismo.