Este video casero ha tenido mucha audiencia, con millones de visualizaciones en un poco más de un par de meses.

Yo veo un par de razones al menos para explicar el éxito del Chimuelo. El responso improvisado que el niño reza y con el que cumple con el viejo rito de enterrar a los muertos, otorgándole a un compañero toda la dignidad que se merece en su despedida, así sea éste una cotorra.

La aparición del perro, en seguida, ese giro imprevisto de la narración, como la mano que asoma de la tumba en la escena final de Carrie, el filme de Brian de Palma, un efecto maestro a cargo en este caso de la propia realidad, y por el cual el perro devuelve al pájaro a la animalidad, hasta donde el niño tiene que ir a rescatarlo en un combate cuerpo a cuerpo.

Todo esto sin perder de vista por cierto que se trata de una filmación hecha por dos niños para grabar el momento de la despedida de una de sus mascotas. Que haya roto tan naturalmente la esfera infantil y doméstica y la comente medio mundo es parte también de su gracia.