Habla con dejo de sus mares bárbaros
Con no sé qué algas y no sé qué arenas.
Reza oración a dios sin bulto y peso
Envejecida como si muriera.
En huerto nuestro que nos hizo extraño
Ha puesto cactus y zarpadas hierbas.
Alienta del resuello del desierto
Y ha amado con pasión de que blanquea
Que nunca cuenta y que si nos contase
Sería como el mapa de otra estrella.
Vivirá entre nosotros ochenta años
Pero siempre será como si llega
Hablando lengua que jadea y gime
Y que le entienden sólo bestezuelas.
Y va a morirse en medio de nosotros
En una noche en la que más padezca
Con sólo su destino por almohada
De una muerte callada y extranjera.

Gabriela Mistral

Mistral

Foto de Miguel Toledo