lundi 31 décembre 2012

El gol del año

No se resume un año en un momento, pero es la ley del género y hay que dar con uno. Es el ecuador del año, a fines de junio, el solsticio de verano, sin duda el mejor periodo vista la cosa desde el exterior. Es la final de la Eurocopa, España se enfrenta a Italia, que ha hecho un torneo memorable y ha barrido en la semifinal a Alemania. Tras un primer gol español propiamente de tiquitaca, hacia el minuto 40 de la primera parte Casillas saca la pelota con el pie, la recibe por la izquierda el lateral, Jordi Alba, un debutante, se la entrega a Xavi y echa a correr por su línea. Xavi retiene el balón y avanza simultáneamente, esperando el momento exacto en que Alba alcance la línea formada por la defensa italiana para entregárselo. Un instante antes y sería demasiado pronto, uno después y Alba estaría fuera de juego. Ambos han visto la jugada antes de realizarla y también mientras la llevan a cabo la ven. De manera que el pase llega en el momento justo, Alba controla la pelota, levanta la mirada, ve la posición del portero y deposita el balón entre el rival y el palo.

Seguirán otros dos goles a fines del partido, pero el gol de Alba sentencia la victoria con una jugada que une las dos porterías en cinco movimientos, sin intervención del rival. Un gol de un defensor, en el que se combinan a la perfección la velocidad de un jugador muy joven (su explosividad se llama en la jerga del fútbol) y la experiencia de uno ya muy fogueado (su inteligencia de juego).

Alba lo celebra enviando un beso al cielo, él sabrá a quién.

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samedi 29 décembre 2012

Tintín en su museo

El Museo Hergé fue inaugurado en mi pueblo hace ya más de tres años pero hasta ahora nunca había puesto un pie en él. Un poco porque el reemplazante de Hergé en el corazón de su mujer tiene fama de pesetero, otro poco porque los únicos que no van a Roma son los romanos, como reza un famoso adagio que me acabo de inventar.

El cuento es que ayer fui y el tiempo de la visita se me hizo corto. He admirado suficientemente el edificio desde el exterior, pero el interior está mejor de lo que imaginaba y su descripción pone a prueba mi reducido vocabulario geométrico. Líneas rectas y muros torcidos que abren espacios superpuestos como si se tratase de un paisaje.

En un museo lo que hay que hacer es mirar y callar (o a todo lo más cuchichear). En este caso, mirar de cerca unos bocetos sobre la mesa de trabajo de Hergé, unas viejas fotos a través de unos view magics, las portadas de los álbumes de Tintín traducidos a las lenguas más remotas.

Y recordar que una vez escribí una tesina sobre Tintín en Sudamérica, continente que Hergé ve como una falsa Europa y cuya diversidad representa a través de un sincretismo que ya se quisiera para sí el bolivarianismo. Algo dije también en esas páginas sobre la impureza del mestizo bifronte, chueco por antonomasia, frente a la rectitud del europeo, personificado por Tintín, y a la llaneza del indio de pura raza, representado por el alter ego sudaca de Tintín, el indiecito Zorrino.

También sobre el museo, puesto que la primera aventura sudamericana de Tintín, La oreja rota, se abre con una visita al museo etnográfico, de donde alguien roba un fetiche indígena sudamericano y restituye otro igual, pero falso. El museo etnográfico presenta objetos verdaderos sacados de su contexto. Este museo de Hergé-Tintín, representaciones de esos mismos objetos. El falso fetiche introducido en el museo etnográfico anunciaba, pues, a su manera, la existencia futura de este museo que ahora visito.

MH

Photo © Nicolas Borel - Architecte Christian de Portzamparc

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PS/ Busco lo publicado en este blog sobre Hergé y encuentro este Tintín tontón. Estos periodistas...

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vendredi 28 décembre 2012

El circo

Hoy es 28 de diciembre, un buen día para ir al circo que se ha instalado detrás de la estación, en el sitio de lo que fue la azucarera, y donde la mitad de la función corre por cuenta del malabarista, clarinetista, percusionista, acróbata y un poco payaso, que aún es joven pero ya recuerda, cómo no, al Juancito caminador.

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Michael Randall, oil on canvas

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mercredi 26 décembre 2012

Otro 26 de diciembre

A la vista del calendario, repongo esto:

La Navidad

Roberto cuenta que cuando Macedonio se sentía solo salía a comprar pan rallado para alimentar a las baratas que le daban compañía. Lira era por el estilo. Una vez encontró un acer negundo de la Avenida Grecia arrancado de raíz y se lo llevó a su casa, lo plantó en medio del escritorio y lo fue decorando con los desechos que recogía en las inmediaciones, latas, papeles, piltrafas. Pronto fue la Navidad y el cumpleaños de Lira (que nació y murió un 26 de diciembre) y el Año Nuevo, que celebramos a la sombra de aquel árbol seco.

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lundi 24 décembre 2012

Dádiva Navidad

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Virgen con el niño, San José y un ángel, óleo de autor desconocido, Museo Quinta das Cruzes, Madera.

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vendredi 21 décembre 2012

Estas hojas uriartísimas

Leídas, en el tren, las hojas de Uriarte. Están muy bien, como siempre. Uriartísimas. Maneras y razones de sus autores favoritos y sus propias razones y maneras de interesarse por ellos. Unas líneas sobre Leopardi son particularmente deliciosas: a partir de los 50, los vejetes perdemos la capacidad de cambiar de registro y quedamos definitivamente atrapados en dos categorías: la de los pelmazos que sólo hablan de ellos mismos y la de los bobos que los escuchamos.

Recuerdo haber oído una vez a Parra desarrollar esta idea: para la mayoría, conversar significa hablar ellos. Por mi parte, y volviendo al tren, admiro a ciertas señoras que resuelven a su manera esta cuestión hablando todas al mismo tiempo.

Hablando de su santoral (de Constant a Renard), Uriarte imagina encuentros que probablemente se produjeron sin que hubiese nadie para consignarlos: Einstein y Kafka tocando juntos el violín en Praga en 1912. La madre de Uriarte, su ama, y Salinger en el Museo de historia natural de Nueva York en 1928.

Y descubre y demuestra que Kodama mete mano en la obra de Borges.

Montano reproduce el extracto sobre Constant donde Uriarte se refiere al diario como secreto o como espacio abierto a la galería. Enrique Lihn acuñó el término de galería imaginaria para burlarse de los escritores que tienden a darse en espectáculo, él el primero, entelequia de la que se apropió Rodrigo Lira y a la que dedica su Ars poétique. Imagino que todo escribidor, incluso el más desprovisto de lectores, tiene una galería personal que lo mira por encima del hombro. E imagino también que quien escribe en secreto, para sí mismo, escribe contra ella, para librarse de ella.

IU

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jeudi 20 décembre 2012

El fin del mundo

Yo también, hijo mío, cómo voy a ser menos y no decir algo sobre el asunto. Es que me he acordado de una línea de JPS que decía que mis ojos, cuando se cierren, apagarán el mundo. Y es que mañana sí que será el fin de mundo para los que mueran (de susto, de bala o vicio, otra buena fórmula, ésta de CV).

No importa cuántas veces se ha acabado ya ni cuantas se acabará todavía, lo cierto es que mañana se acabará por primera y última vez para unos cuantos. Y será la definitiva.

O

Óleo de Otis Bullard

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mardi 18 décembre 2012

La canción del ladrón

Los diarios llaman sucesos a la información proporcionada por la policía. Hechos varios, faits divers, lo que no cabe en las rúbricas principales -Mundo, País, Cultura. No está clara la diferencia entre suceso y sucedido, pero tal vez un sucedido sea menos trascendente aun que un suceso. Un sucedido, un hecho menor, al otro extremo de la escala que un once de septiembre o una explosión nuclear.

En La Ronde et autres faits divers Le Clézio afirma que l'incident s'annule au profit du dénominateur commun de toute souffrance humaine (dans) le fol et vain espoir de rencontrer, dans l'amour et dans la liberté, une merveilleuse douceur. No sé yo si será para tanto en este sucedido que leí esta mañana en el diario, pero tal vez por allí vaya la cosa.

En una casa en Burdeos, la policía dio con un ladrón arrellanado en el sillón del salón, con el televisor encendido y una botella de vino a medio beber. Las piezas de valor que contaba llevarse ya las tenía consigo pero, antes de escapar, el hombre se autorizó unos momentos de confort. Quiso robar también un poco de ese confort, una bocarada de ese calorcillo.

En La Ronde..., Le Clézio entrevista a un ladrón que lee el periódico, no la página de sucesos sino el obituario, para enterarse de la dirección y del día del entierro de algún pudiente y poder desvalijar tranquilamente su casa durante el funeral. El ladrón, de origen portugués, recuerda una canción que le cantaba su abuelo en su infancia en Ericeira, un puerto de pescadores al norte de Lisboa. ¿Por qué me acuerdo de esa canción y no de otra?, se pregunta.

O ladrão, ladrão
Que vida é a tua?
Comer e beber
Passear pela rua.

Era meia noite
Quando o ladrão veio
Bateu tres pancadas
Na porta do meio.

L

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lundi 17 décembre 2012

Depardieu, la leyenda

Cuenta la leyenda que un domingo Gérard Depardieu quería comer langosta, por lo que bajó a la pescadería de su barrio parisino y, como no la había, compró la pescadería.

De lo que se desprende que Depardieu es un emprendedor.

Cuenta otra leyenda que un día Depardieu volvía de Dublín (o iba, sobre ese punto las leyendas divergen) en un avión de línea. El avión estaba a punto de decolar y Gégé (así lo llamamos sus seguidores) quiso ir al baño. Como la azafata lo conminó a volver a sentarse, Depardieu extrajo el petit Obelix y meó sobre la moqueta. Sus amigos refutan esta versión y observan que Gégé tuvo la precaución de mear en una botella. Que la botella rebalsase prueba tanto sus ganas de ir al baño como el hecho de que la estrella esa día no llevaba pañales.

Cuenta otra leyenda que cuando Depardieu se pasea por París en scooter lo hace en profundo estado de sobriedad y nunca golpea a los conductores con los que interactúa

Circulan otras leyendas sobre la vida de Depardieu intramuros, sobre su vida familiar, o sea, pero son todas mentiras peludas. Mejores son las leyendas venidas de Oriente, como ésa que dice que Gérard es copain-copain con el dictador checheno y con el dictador uzbeko. Con la hija de éste último, sin ir más lejos, Depardieu pergeñó esta obra capital del arte recitativo (Atención al síndrome de Stendhal).

En fin, la última leyenda, de hoy mismo, dice que si Depardieu vende su casa de París y se ha comprado otra en el pueblo belga de Néchin, que si amenaza con devolver el pasaporte francés y comprar a cambio un carnet de identidad belga (hoy han subido justamente de precio, de 15 a 18 euros, en la vivienda del pobre la casa siempre es enorme), no es por la pela sino por el amor casi físico que Depardieu siente por Sarkozy y la correspondiente repugnancia, física y metafísica, que experimenta por Hollande. 

Por mi parte, sigo creyendo que se hace belga por puro afán de protagonismo. Para salir en los chistes.

D

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samedi 15 décembre 2012

Ni una pica para Bolaño

Ya no leo, sólo releo a los clásicos, dice mi tío. Un clásico. Yo voy por las mismas en cuanto a las lecturas, y en materia de relecturas voy peor. Estos días he releído, eso sí, el Nocturno de Chile, como le prometí tiempo atrás a un amigo que solía venir por este remoto recinto.

Gran libro, brevísimo y jocoso. A quien dice, y son muchos, que no se ha escrito aún la novela de la dictadura, le digo que no, que sí, que es ésta. Un compendio del ser chileno, de su vuelo alzado (a media altura) y de su arrastramiento.

El libro cuenta las aventuras del crítico literario del diario El Mercurio, el cura Urrutia Lacroix, dos de sus ritos de iniciación, a manos del decano de la crítica, en su fundo, el primero, y en un viaje por Europa, el segundo; y dos pruebas, las veladas literarias en la casa de un torturador, y las clases de marxismo que el cura da a la Junta de gobierno.

Los personajes reales aparecen apenas modificados en el Nocturno, de manera que son a la vez reconocibles y aún más ellos mismos, si cabe. Lo que consigue la literatura, la buena. El cura crítico literario probablemente no es tal como el Nocturno lo describe, pero el boceto es más que suficiente para dar con el personaje. También los demás: el crítico decano, Alone en la realidad, Farewell en la novela; la escritora en cuya casa se tortura, María Canales.

La gracia de los nombres. El fundo de Farewell, donde Urrutia Lacroix vive su iniciación, se llama Là-bas. Los halcones que ciertos párrocos usan en Europa para espantar a las palomas que arruinan los frontispicios de sus iglesias se llaman Turco, Otelo y Ta Gueule.

La novela contenía al momento de ser escrita un interrogación palpitante: ¿qué iría a decir de ella el crítico convertido en personaje? La interrogación se mantiene entera para el lector: ¿qué habrá dicho de ella Urrutia Lacroix? ¿Se precipitó a leerla y decidió no dedicarle ni media pica? (Rodrigo Lira contaba en picas, esa vieja unidad tipográfica, el poco caso que le hacían los críticos literarios). Un hombre es responsable de sus palabras, se adelanta a decir Bolaño, pero es sobre todo responsable de sus silencios. Atención a lo que callas, a lo que calla el crítico personaje sobre el personaje crítico.

(No conozco otro caso de crítico convertido en personaje y su posterior reacción. Lectores habrán más sabidos que nos lo cuenten.)

Decía que el Nocturno es la novela de la dictadura. No sólo porque aparezca en ella en pleno la Junta de gobierno que bombardeó La Moneda, obsesionados como estaban por instruirse en la ideología del enemigo, el marxismo leninismo (Bolaño delinea con guasa la obsesión de los generalotes por la persona de Marta Harnecker, vulgarizadora local del marxismo). De los cuatro del Golpe, Pinochet es el que sale mejor parado de sus encuentros con Urrutia Lacroix. O será que los otros tres eran peores aún. Más ceporros, más cerriles. 

R

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