Quebra-quebra en Chile, 2

Sin teléfonos con cámara los muertos en Chile desde el 18 de octubre de 2019 no serían 23 sino cientos, escribía alguien en Twitter.

El poder de la imagen también opera en otro sentido y hay quien cree que mostrar imágenes de gente subida a una estatua o destruyéndola constituye una incitación al odio.

El asalto a la casa de Gobierno y la demolición de la estatua de su jefe es lo que tradicionalmente se espera de una revolución. Hasta ahora en Santiago las manifestaciones se mantienen o son mantenidas a distancia de La Moneda. Algunas estatuas, en cambio, han sido sometidas a escarnio o «intervenidas», como hubiese dicho un lenguaje curatorial en desuso, o derechamente destruidas.

Es verdad que el poder mimético de la imagen hace que el mero hecho de verla parece representar una forma de adhesión o al menos de aceptación de lo que muestra.

Una estatua bien situada sirve como soporte para echar a flamear banderas durante las manifestaciones. Es el caso de la estatua del general Baquedano en la plaza Italia de Santiago, un espacio abierto al borde del río que divide la ciudad en múltiples segmentos.

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Las banderas que flamean sobre los hombros del general Baquedano por estos días son variopintas. Se ve mucho un emblema mapuche de creación reciente, frente al cual la bandera chilena pierde protagonismo.

«No necesitamos banderas» cantaban Los Prisioneros durante la dictadura de Pinochet. No parece ser el caso para muchos manifestantes en Chile hoy que, en cambio, sí corean con entusiasmo otra canción del mismo grupo, «El baile de los de abajo». Entiéndase «los de abajo» tanto por los habitantes de las partes bajas de la ciudad como por aquellos que no se suben a la estatua de Baquedano.

Foto de Susana Hidalgo