samedi 10 mars 2012

Para ser feliz domingo y lunes

He escrito antes sobre los poemas apócrifos que circulan exitosamente por la Red. Me pregunto ahora cómo funciona el asunto. Un poeta de tercera provincial perpreta unos versos, alguien se los adjudica a un Nobel o equivalente y la Red hace el resto. El texto se convierte en felicitación navideña, en hit, en máxima. El personal lo estaba necesitando y la mano invisible del mercado de las libres ocurrencias lo ha puesto a su alcance. 

Todos contentos, menos los consagrados en cuestión, o sus albaceas. Yo creo que a largo plazo tienen la batalla perdida, que el día menos pensado Instantes formará parte per secula seculorum de las obras completas de Borges. A lo más, llevará un añadido en minúsculas itálicas: atribuido a. La gente es lo que tiene, que es insistente.

Pero no quiero volver sobre eso sino comentar la nota con que la Fundación Neruda intenta separar aguas entre los textos de Neruda y los textos atribuidos a Neruda: « Si se leen los tres textos (atribuidos a Neruda) queda en evidencia que todos ellos tienen un tono edificante, prescriptivo, en los que se advierte algún parentesco con la literatura de autoayuda, extemporánea a la época de Neruda. Sin desmerecer estos poemas, la obra de Pablo Neruda está muy lejos de este tipo de poesía en el tono, el contenido, el lenguaje y las imágenes que crea ».

No sé, no sé. Toda literatura es de autoayuda, me parece a mí. El autor siempre está diciéndole al lector haz esto o no hagas esto otro. La autoayuda lo hace explícitamente, mientras que la literatura pone en marcha en el lector sus facultades de deducción e inferencia. Reléase la Biblia, los clásicos latinos y los novelistas rusos (hoy es domingo y el tiempo alcanza para todo). Incluso los malditos son performativos (intenta hacerlo como yo y ya verás cómo te va) y los dandys modernosos, ni qué decir (nadie puede hacerlo como yo, mírame las plumas). Toda ética es una mimética (cómo hacer: como yo, o bien arréglatelas como puedas).

Valga este desbarre como introducción a este poema de sire François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, que encontré en el retrete de la casa de un amigo junto al famoso Muere lentamente atribuido a Neruda. Desde entonces, cuando pienso en uno me acuerdo del otro. Lo cuelgo ahora aquí, a ver si se me pasa.

V

Ce qu'il faut pour être heureux

Il faut penser ; sans quoi l'homme devient,
Malgré son âme, un vrai cheval de somme.
Il faut aimer ; c'est ce qui nous soutient ;
Sans rien aimer il est triste d'être homme.

Il faut avoir douce société,
Des gens savants, instruits, sans suffisance,
Et de plaisirs grande variété,
Sans quoi les jours sont plus longs qu'on ne pense.

Il faut avoir un ami, qu'en tout temps,
Pour son bonheur, on écoute, on consulte,
Qui puisse rendre à notre âme en tumulte,
Les maux moins vifs et les plaisirs plus grands.

Il faut, le soir, un souper délectable
Où l'on soit libre, où l'on goûte à propos,
Les mets exquis, les bons vins, les bons mots
Et sans être ivre, il faut sortir de table.

Il faut, la nuit, tenir entre deux draps
Le tendre objet que notre coeur adore,
Le caresser, s'endormir dans ses bras,
Et le matin, recommencer encore.

Para ser feliz

Es preciso pensar, de otra manera el hombre se convierte, a pesar de su alma, en una bestia de carga. Es preciso amar, es lo que nos sostiene. Sin amor es triste ser hombre.

Es preciso hacer amigos, personas sabias, cultas, modestas. Y permitirse muchos placeres, de otra manera los días se hacen largos.

Es preciso tener un amigo a quien escuchar y consultar cada vez que sea necesario, para que disminuya los males e incremente el placer de nuestra alma tumultuosa.

Es preciso, de noche, hacer una cena deliciosa en donde sentirse libre, donde se pruebe a gusto la buena comida, los buenos vinos, la conversación amena y, sin llegar a estar ebrio, levantarse de la mesa.

Es preciso, de noche, sostener entre las sábanas el dulce objeto que nuestro corazón adora, acariciarlo y dormirse en sus brazos, y recomenzar por la mañana.

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dimanche 4 mars 2012

Nadie quiere asaltar el Kremlin

No se me ha perdido nada en Moscú y desde que escuché cantar a Gilbert Becaud se me fueron las ganas de asaltar el Kremlin. Pero ahí está Putin y hoy toca que lo reelijan, y en su mano está aparentemente la suerte de los sirios. Decidí entonces ir el viernes a la Feria del libro de Bruselas a escuchar a Emmanuel Carrère. A ver qué decía sobre Rusia. Carrère es un rusista de toda la vida y su último libro, Limonov, trata también de eso.

William Burton, de Le Soir, lo entrevista. Bien. Carrère dice en síntesis esto: En Rusia ya hubo una revolución y nadie tiene ganas de recomenzar. La exigencia actual es el respeto de las formas. El juego de las sillas entre Putin y Medvedev (a quienes los rusos llaman Dolce & Gabbana) fue percibido incluso en la Rusia profunda como insultante. Las elecciones parlamentarias de 2011 fueron seguidas atentamente por la población y las pruebas gráficas de los fraudes evidentes circularon por la Red, de manera que las manifestaciones tomaron cuerpo. Antes del otoño 2011, en una manifestación en Moscú había más policías que manifestantes y éstos eran reprimidos a lo bestia sin mayores consecuencias. Ahora, en cambio, los manifestantes han pasado a ser muchísimo más numerosos que la policía y el poder ha decidido contener en parte la represión, al menos en esta víspera electoral.

Así es como manifestar se ha convertido en un deporte muy practicado en Moscú, pero a fines de año pasado llegaron las sagradas vacaciones y todo el mundo se fue a la playa. Porque nadie quiere asaltar el Kremlin. Salvo el camarada Limonov. Lo cierto es que tal como el famoso bloguero Navalny parece ser el Cohn-Bendit moscovita, las manifestaciones anti Putin tiene un aire de mayo del 68. Esta generación de rusos que tiene hoy menos de cuarenta años, estas clases medias emergentes que se manifiestan, van a tomar el control del país en las próximas décadas, tal como ocurrió después del mayo francés. 

P

Habla mucho y bien sobre Rusia Carrère. Sobre Francia, en cambio, no quiere casi hablar. Soy un periodista de reportajes, no un editorialista, se defiende. Y es verdad que la política francesa, la elección presidencial, particularmente, es el coto de caza del editorialismo. Se le siente escéptico, sin embargo, frente a Hollande, no ve por dónde pueda llegar a hacer lo que promete. A un tiempo quiere que ser elegido, dice, y debe de cundirle el pánico ante la idea de serlo. Expone, de paso, la idea de Emmanuel Todd sobre la posibilidad de hacer desaparecer de un plumazo la famosa deuda de los Estados europeos, como se hizo después de la Guerra, siendo que ahora el resultado es mucho menos calamitoso. Todo el mundo se equivocó y ya está. Borrón y cuenta nueva. Cuenta de su estadía en Davos durante este invierno. Mientras más desconectadas de la realidad, más optimistas son las élites: leur trip est très new age, concluye.

En la semana, Sarkozy había mencionado a Carrère en una entrevista radial. Para criticar la medida propuesta por Hollande de aumentar la imposición a los ricos, Sarkozy puso como ejemplo los casos de Carrère y de Jean Dujardin, el actor de The Artist, quienes, habiendo ganado más de un millón de euros, se sentirán tentados de exiliarse fiscalmente. Carrère replica que Sarkozy exagera sobre sus ingresos (con Limonov ganó en 2011 el premio Renaudot, lo que significa excelentes ventas), y que, en cualquier caso, le parece normal pagar más impuestos si se gana más dinero.

Más allá, en el stand de Gallimard se alinean sus libros. Antes de leer el Limonov me voy a leer Una novela rusa, que, por cierto, y ahí estará la gracia, no es una novela pero sí será rusa. Compro la edición de bolsillo, eso sí, no quiero ni por asomo aumentar abusivamente su carga impositiva bajo el próximo reino socialdemócrata.

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Sobre la Rusia eterna, me ca(b)e también una lágrima.

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lundi 27 février 2012

El librito regalado

SV

En brazos de la mujer madura se llama el librito. Me lo dieron de yapa por comprar otros dos y, de los tres, ha sido el que me he leído primero. Lo comenté el otro día con unos amigos y me dijeron que ellos se lo habían leído el primer año de la universidad. Es una lectura de jovencitos, o sea, y también de viejos verdes. Durante mucho tiempo vi el aviso que lo publicitaba en el suplemento de libros de Le Monde, un reclamo diminuto de una editorial pequeña que lo presentaba como una obra maestra. Un aviso diminuto donde cabían unas enormes tetas.

Stephan Vizinczey lo escribió en Canadá a fines de los años sesenta, pidió un préstamo para imprimirlo por su cuenta y se dedicó a venderlo puerta a puerta. Cuarenta años más tarde, se han vendido ya cinco millones de ejemplares y fue llevado al cine con cierto éxito en los años setenta. Cuenta la infancia y la juventud de un muchacho húngaro que sobrevive al nazismo, al stalinismo y al aburrimiento del exilio canadiense aferrado a su amor por las mujeres, maduras de preferencia, como el náufrago a su madero. Contar la propia vida a través de las mujeres amadas es un buen mecanismo. El mismo que usaría más recientemente Coetzee en Summertime, sólo que JMC lleva más lejos el procedimiento y se inventa unas entrevistas a las propias interesadas. Lo que le permite salir muy mal parado, posición que el sudafricano maneja a la perfección. 

Tras su exilio en Canadá y Estados Unidos, Vizinczey vive ahora en Londres. Anthony Burguess dijo de él que era uno de esos extranjeros, como Conrad y Nabokov, que pueden enseñar a los ingleses a escribir en inglés. Conrad, como se recuerda, llegó a decir que él era más inglés que los propios ingleses porque él había decidido serlo. Lo cierto es que nuestro húngaro describe estupendamente sus aventuras juveniles y el mundo despatarrado donde está obligado a desplegarlas. ¿Qué más se le puede pedir a un librito regalado?

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jeudi 23 février 2012

Cling, cling, cling

El Deutsche Bank disponía hasta ayer de un fondo de inversiones que especulaba sobre la muerte de gente mayor. El periódico Expansión explica así su funcionamiento: El cliente apuesta sobre la esperanza de vida de un anciano y si la persona en cuestión vive más tiempo, gana el banco. En caso contrario, gana el inversor. Así se pusieron en juego más 200 millones de euros.

El DB lo acaba de cerrar. No porque lo juzgase inmoral, no. Lo ha cerrado por su escasa rentabilidad.

Q

Óleo de Quentin Metsys

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El Gobierno italiano de Mario Monti hizo público ayer el patrimonio de sus miembros, operación bienvenida sobre el plano de la transparencia. Sin novedad, los más ricos son los ministros a cargo de la economía, sólo superados por la ministra de Justicia, una connotada abogada de negocios. El menos rico (no se puede decir que sea pobre) es el ministro de cooperación e integración. Todo muy interesante, tanto como enterarse de que Monti es propietario de la mitad de un piso en Bruselas. La otra mitad pertenece a su señora esposa. En el plano locomotor, asoma uno que otro Jaguar y alguna Harley Davidson.

Imposible no reconocer, a la vista de las cifras, que los tecnócratas son los gobernantes ideales. La partitocracia permite a sus representantes enriquecerse en el ejercicio de las funciones de gobierno, donde se gana varias veces más que haciendo oposición. Los tecnócratas, en cambio, son ricos de antemano y aceptan gobernar ingresando bastante menos de lo que ganaban en sus negocios privados.

Yo creo que se siguen organizando elecciones sólo por el gusto de pegar carteles.

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dimanche 19 février 2012

Suicidio por encargo

Cuando leí Los Enamoramientos me pareció una gran novela, como todas las de Javier Marías, a pesar de que el asunto era inverosímil, de que la trama, para decirlo en chileno, guateaba.

Un hombre feliz, guapo, inteligente y rico (por orden alfabético) se entera de que va a morir a causa de una enfermedad espantosa y le pide a su mejor amigo que le ahorre el fin horrendo y lo mate cuanto antes, sin que él se entere de la manera. El amigo manipula a un perturbado para que acabe con él, lo que este último hace el día en que el hombre feliz cumpe cincuenta años. 

Inverosímil, por donde lo mires. Y, sin embargo, el diario cuenta hoy la historia de un doble suicidio por encargo, que me ha recordado a Los Enamoramientos. En Colombia, el lugar de los hechos, valerse de sicarios para despachar a alguien es moneda corriente. Lo novedoso del caso es que quienes encargan el crimen son las propias víctimas: una pareja de curas, uno de ellos enfermo de sida.

Podría hacer un par de consideraciones sobre esta triste historia, pero el que se arrepiente se salva, como dice la Iglesia colombiana. Bueno, una sola: Los sucesos policiales proveen probablemente el material más empático o, al menos, el más mimético de los que trae el diario, el más parecido al que acerca la literatura. El lector de crónica roja no puede por más que preguntarse: Y este sayo, cómo me lo pongo. Yo, qué haría si estuviese en una situación como ésa. Más aun que en la sección Deportes o en la páginas de color salmón que, por cierto, también abundan en sayos para todas las tallas.

Para volver a la novela de Marías, la mejor del 2011, según la lista de Babelia, la historia no mejora a posteriori gracias a este refuerzo imprevisto de la realidad. Esa relación entre realidad y relato debe producirse en el momento mismo de la lectura y no después. Y cuanto menos sea necesario preguntarse por ella, mejor. Como si de crónica roja se tratase.

JM

Javier Marías, por Gorka Legarceji

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vendredi 17 février 2012

Aeiou

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SV

Al alba la plaza las palmas aclaran.

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lundi 13 février 2012

La guiñolez

 S

Los Guiñoles son ese programa del Canal Plus francés donde se pitorrean a todo lo que se mueve o sale en la tele. Como al ciclista Contador le cayeron dos años de suspensión por dopaje, lo han subido a la bicicleta por estos días, arrastrando en el pelotón a Nadal, Gasol y a otros campeones rojigualdos. No es raro que lo hagan. Cuando el que cayó en desgracia fue el ciclista francés Richard Virenque, también se cebaron con él. Y así con muchos.

La reacción del deporte español ha sido morrocotuda. Protesta formal del embajador en París y de ahí para adelante. Y tutti quanti y tuiti quanti. Tanto pito y tanta flauta a cuenta de los Guiñoles termina por convertirse en una guiñolez mayor, me parece a mí, que soy muy sensible. O, al menos, en una guiñolez semejante, simétrica y complementaria. Salvo que, en el caso español, los guiñoles no son de látex sino personas serias.

O sea que la guiñolez envuelve. Es lo que tienen los guiñoles, que son contagiosos, que si te los quedas mirando mucho rato te aspiran en su espiral mimética. Y, así, de pronto, todo o casi todo lo que se emite desde las altas esferas peninsulares, sotto voce o por altoparlantes, reviste un marcado tono revisteril.

No se me escapa que al PP lo votó la gente ampliamente. Tampoco, que la gestión de la crisis económica del segundo Gobierno de Zapatero fue calamitosa. Una cosa explica la otra, probablemente. Lo cierto es que a causa del invierno abro o cierro los ojos y veo guiñoles de colores. Y me temo que están destinados a crecer y multiplicarse.

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lundi 6 février 2012

El corsé

Albert Nobbs está siempre muy concentrado en su trabajo como camarero en un hotel de Dublín. Como lo hace bien, consigue ganarse unos peniques que cuenta y atesora debajo de la cama, en espera de abrir un día un expendio de tabaco, de casarse incluso. Por lo demás, es un gran despistado. Se llama Albert pero es mujer, una mujer que despista para poder hacer ese trabajo de hombre y sobrevivir en la Irlanda victoriana.

Alicorto llama al fime un crítico, manoseado. No comparto. La historia es literaria, está tomada de una novella de George Moore, llevada al teatro hace treinta años por la propia Close y convertida en guión para cine por Istvan Szabo y John Banville. Todo eso se nota. Hay densidad en el personaje, no es la historia de un travestismo de exhibición sino lo contrario, es la historia de aquello que Albert Nobbs guarda celosamente bajo el corsé.

El corsé, justamente, prodiga las mejores escenas del filme. Como cuando Albert debe aflojarlo para librarse de una pulga, o cuando el señor Page hace otro tanto para confiarse a Albert, o cuando ambos se contratrasvisten y se van de paseo a orillas del mar y van tan incómodos que parecen hombres disfrazados de mujeres.

 

PS/ La mejor escena de ese género es la de Zumurrud, en Las mil y una noches (33' y 34').

PS2/ Anoche no había nadie en el cine. Era la última función y hacía un frío que pelaba. Es la primera vez que he estado en un cine completamente vacío. Está bien. No hay que apagar el móvil y se puede comentar la película en voz alta. No lo hicimos, sin embargo. Albert Nobbs se ganó la atención debida.

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vendredi 3 février 2012

La nieve

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Nieva ahora, como en el año 35.

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dimanche 29 janvier 2012

San José y el niño camino de Montreal

Al inicio de Une vie meilleure, el filme de Cédric Kahn, un cocinero y una camarera jóvenes se embarcan en el proyecto de abrir un restorán a orillas de un lago en las afueras de París. Hacia la mitad del filme, cuando el proyecto hace agua y la mujer se desembarca, al hombre queda al cuidado de las deudas y del hijo de la mujer. Al final, el hombre le dice al niño: Cuando yo era pequeño y tenía miedo, cerraba los ojos y trataba de imaginar cómo sería después de que el miedo pasara. Y de hecho me daba cuenta de que siempre era mejor después.

Así resumida, Une vie meilleure es otra vuelta de tuerca de la historia de Marco, el niño que viaja a América tras los pasos de su madre, en este caso a Montreal, el Eldorado francés, para no decir nada de la Sagrada Familia. Es también una novela balzaciana, a lo César Birotteau, donde el dinero es la llave de la puerta de la celda y la usura la puerta de la prisión. Y un filme de guerra casi, como se estila hoy por hoy, trepidante como una incursión en territorio enemigo. 

Es sobre todo una historia que encarna Guillaume Canet, el actor. Su personaje pierde en la aventura, sin decir una palabra sobre eso, la juventud, la omnipotencia juvenil, y gana... no está muy claro lo que gana, la sobrevivencia tal vez, el acordarse a sí mismo ese derecho elemental, sobrevivir. Y también confirma lo que todos sabemos ya, que los San José pueden ser los peores padres pero también los mejores.

Kahn, el autor del filme, carga las tintas para hacer de su comedia un drama de nuestros días. Canet, el actor, saca adelante ese desperfecto llevándoselo todo por delante. Chapeau, compadre.

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