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Camino de Santiago

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19 mars 2007

Angola, Angola...

Angola, Angola
qué pueblo formidable
pero no moriré de contento
porque sólo estoy aquí de paso
(RM)

Tantas veces se abrazaron el presidente de Angola, José Eduardo dos Santos y el líder de la oposición armada Unita, Jonás Sabimbi, en la capital de la vecina Zambia, a comienzos del mes de mayo de 1995, que el fin de la guerra parecía súbitamente próximo. Incluso se llamaron « hermano », rodeados por los mismos estados mayores de una guerra que dura más de veinte años y que fue calificada por el secretario general de las Naciones unidas como « la peor del mundo ».

Aquel día de los abrazos, los angoleños no se echaron a la calle a celebrar la paz, porque ya lo hicieron otras veces y la guerra acabó siempre por recomenzar. La gente salió a la calle, como cualquier día, caminó mucho, vendió o compró lo que pudo en medio de aquella permanente agitación de las ciudades africanas.

Como en Lubango, la principal ciudad del sur de Angola, que celebra al ganador de una carrera de coches por las calles perturbadas de la que fue una apacible ciudad colonial. Emulando las proezas mecánicas del ganador, los angoleños parecen vivir otra euforia, tal vez la mera posibilidad de tener algo que celebrar en medio de las ruinas.

« Amigo, amigo »
Como en el mercado de Vale tudo (nombre de una telenovela brasilera), en las afueras de Luanda, donde los vendedores son mayoritariamente zaireños, o más bien angoleños que un día huyeron hasta el vecino Zaire (hoy Congo) y luego regresaron en busca de mejores días. Uno de ellos comienza a hacer sonar una marimba, su vecino agrega un corno y el de más allá unas maracas. Un comprador rozagante, probablemente funcionario de una de las múltiples agencias de ayuda de emergencia, se contagia y comienza a bailar. Los zaireños lo rodean y bailan con él al grito de «amigo, amigo».Un perro comienza a ladrar al ufano funcionario. Un pequeño rengo, con una pierna tocada por la polio, tropieza y cae, en medio de las risas de la banda de niños.

Al fondo de la escena, el sol se hunde en el Atlántico. Las islas estiradas de la costa luandense y el perfil barroco de los baobabs desaparecen hasta el amanecer. En los charcos de las inmediaciones los temibles anofeles, cuya mordida transmite el paludismo, despiertan con hambre.

Un poco más lejos, junto a la playa donde duermen decenas de huérfanos de guerra, a poca distancia de donde los bebedores de cerveza orinan el excedente, un grupo de músicos caboverdianos sentados en círculo, bajo una acacia florida, cantan mornas y coladeras, y el sentimiento indecible que despide esa música unta con un bálsamo imaginario la piel de la ciudad costrosa.

Ni una humilde prótesis
Vista desde la altura del altiplano central del país, la geografía angoleña mostraría los gruesos costurones de las trochas ferroviarias que acarreaban antiguamente las riquezas mineras y agrícolas del interior hacia los puertos costeros y las metrópolis coloniales. Angola siempre ha abierto sus venas frente al océano.

Hoy, con los ingresos de la extracción del petróleo submarino, que explotan las multinacionales, el gobierno financia la guerra, mientras que el comercio de diamantes que la Unita trafica por el vecino Zaire sirve a la misma tarea. Los angoleños esperan, refugiados mayoritariamente en la franja costera, la llegada de siete mil cascos azules prometida por las Naciones unidas, lo más claro del tiempo privados de agua y luz.

Angola no escogió como vecinos a la agresiva Sudáfrica del apartheid ni al Congo de Mobutu, ni tuvo suerte dejándose enzarzar por la guerra fría que norteamericanos y soviéticos libraban por procuración sobre su tierra rojiza. El apartheid parece ahora agonizar y el desenlace de la guerra fría se juega de otra manera y bajo otros cielos, pero las venas de Angola siguen bien abiertas.

Como las manos de esas decenas de reclutas jóvenes inválidos que mendigan al paso de los autos en las calles de Luanda, con boina y uniforme de camuflaje. Pasan, sin apenas disminuir la velocidad, camiones cargados con ayuda alimentaria, autos humeantes, motos atronadoras, omnibuses maltrechos, y los reclutas inválidos apuran el paso de la única pierna que la explosión de una mina les dejó, apoyados sobre muletas, en pos de algunos kuanzas archidesvalorizados. El ejército prefiere dejarlos mendigar en uniforme, falto de poder asegurarles una cura de rehabilitación, una pensión de invalidez, una humilde prótesis.

Nada está perdido
En el museo de antropología, o senhor José Teca, tan pobre como elegante, se ofrece para mostrar las salas donde la cultura agrícola ombundu, las armas bacongo o la metalurgia chokwé esconden sus secretos. Una fragua en arcilla reproduce las formas de un cuerpo de mujer ardiendo por dentro, por cuya vulva se derrama el metal fundido. En la cultura chokwé, la mujer no puede ver el fundido del metal, tal como el hombre no puede presenciar el nacimiento de un niño, porque el niño, al nacer, es como hierro fundiéndose.

Al despedirnos, José Teca nos cede un ejemplar de una monografía sobre la evolución de los tronos lunda-chokwé, luego de explicarnos, impulsado por nuestras preguntas, las virtudes profilácticas de la circuncisión, tradicionalmente practicada entre los pueblos africanos.

Angola es un país minado por todas las corrupciones, grandes y pequeñas. Cuentan que una víctima de una inundación salvada de las aguas por un policía en servicio debe, desde entonces, abonarle cada mes quince millones de kuanzas, el salario de un profesor de escuela, el precio de siete cervezas y media. Pero José Teca nos dedica una hora de su tiempo sin intentar vendernos nada, menos aún su monografía.

Desde Bruselas, una ciudad al abrigo del paludismo pero no de la saudade, una postal dirigida al museo de antropología de Luanda, porta esta leyenda : Nada está perdido.

junio de 1995, publicado por La Epoca y la Revue nouvelle

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17 mars 2007

Electroencefalograma

Tome asiento. Voy a ponerle gel en la cabeza y esta malla que la cubre y se ata al mentón. Y estas pinzas en las muñecas. Durante tres minutos cierre simplemente los ojos y relájese. Ya está, puede abrir los ojos. Cierre nuevamente los ojos. Durante los siguientes tres minutos, respire con fuerza por la nariz o la boca. Siga respirando. Continúe. Puede abrir los ojos. Cierre nuevamente los ojos. Durante los próximos tres minutos, una luz se encederá y apagará velozmente. No abra los ojos. La luz será más rápida ahora. Sólo quedan quince segundos. Ya está. Sus resultados son normales.

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La imagen es de Nucleus

16 mars 2007

Noticiero crónico

Título de una canción en boga hace treinta años. Las noticias entonces eran malas y, como el noticiero es crónico, las noticias empeoran.

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Vean si no el estado en que quedó Morgan Tsvangirai, líder de la oposición zimbabuense después de organizar una manifestación en contra del regente Robert Mugabe. Por fortuna la democracia y los buenos modales van de la mano.

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Este es el estado en que se encuentra Khalid Sheikh Mohammed, quien, tras un periodo de tres años en la prisión de Guantánamo, acaba de confesar que fue él quien planeó los atentados del 11 de septiembre en Norteamérica, quien mató con sus propias manos al periodista norteamericano Daniel Pearl y, ya puesto a confesar, confesó también el asesinato de Abraham Lincoln y un sahumerio del peor efecto sobre Richard Nixon.

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Y este es el estado en que quedó el conjunto musical israelí Teapacks después de someterse a la hipótesis de que una bomba iraní  les cayese encima, tema con el que han incurrido en una canción, Press the buttom, que lleva todas las de ganar el festival Eurovisión. Es lo que tienen los países oprimidos, que enternecen.

15 mars 2007

Chirac, el gallardo chamorro

Si el lema de Lenin fue « dos pasos adelante y uno atrás », la divisa chiraquiana ha sido algo así como « un paso adelante, dos atrás, tres al costado »

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Apenas elegido
Presidente de la República francesa, en 1995, Jacques Chirac dio el vamos a una serie de ensayos nucleares en Polinesia, suspendidos durante la presidencia socialista de Mitterrand, a pesar de la oposición internacional. Un año más tarde echó pie atrás. Su larga presidencia ha estado marcada por este bamboleo singular. Si el lema de Lenin fue  « dos pasos adelante y uno atrás », la divisa chiraquiana ha sido algo así como « un paso adelante, dos atrás, tres al costado ». Los franceses salen de los doce años de chiraquía mareados, desconcertados, deprimidos.

Chirac derrotó a Lionel Jospin en 1995 con un programa cuya promesa principal era acabar con la “fractura social”. A los franceses les encantó la idea, y sobre todo el nombre de la idea, que señala de manera expresiva el abismo abierto entre las elites y la base de la población, brecha que, aun cuando grande, es incomparable con la existente en Norteamérica o en el tercer mundo. Pronto tuvieron que darse por desencantados. Chirac puso al frente del gobierno a su fiel lugarteniente Alain Juppé, quien consiguió movilizar a más de media Francia en su contra. Para salir de la crisis, Chirac creyó hacer una jugada maestra disolviendo el parlamento y llamando a nuevas elecciones, pero las perdió estrepitosamente, debiendo ceder el gobierno a los socialistas encabezados por su rival Lionel Jospin, con quien tuvo que cohabitar hasta el fin de su mandato, en 2002.

Los resultados de las elecciones presidenciales de abril de 2002 representaron una bofetada para toda la clase política francesa. Jospin fue eliminado en la primera vuelta y Chirac acabó siendo reelegido, en la segunda, con más del 82 % de los votos, tres cuartos de los cuales no eran votos suyos sino votos en contra del candidato de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen. Esta votación condenó a Chirac a arrastrar durante cinco largos años esta implacable paradoja: ser el presidente más votado y al mismo tiempo el más debilitado.

Entre los numerosos desaguisados de este quinquenio ha estado el rechazo macizo a la Constitución europea. Chirac, cada vez más parecido al monigote que lo representa en un programa de guiñoles en la televisión, consiguió que el electorado francés identificara el apoyo a la Constitución con el apoyo a Chirac y, como era de esperar, se los negara a ambos. De antología resultó ser aquel foro televisivo en que un Chirac muy gallardo creyó poder explicar las virtudes constitucionales a un conglomerado de jóvenes, pero acabó chamorro.

Según el cuentista político Guy Carcassone « la República francesa ha superado muchas pruebas, pero le faltaba la última, la más dura: sobrevivir a Jacques Chirac ». Lo ha conseguido, tal vez porque durante su último mandato el periodo presidencial se redujo de siete a cinco años. Ahora que perderá la investidura presidencial, Chirac puede ser perseguido por la justicia, con quien tiene viejas cuentas que arreglar, de la época en que fue alcalde de París y convirtió la alcaldía en un cuartel general de su partido.

A la hora de escenificar su adiós, Chirac, que ha hecho del oportunismo una seña de identidad, ha postergado el momento de dar su apoyo a uno de los dos candidatos derechistas en liza, el autoritario Nicolas Sarkozy y el centrista François Bayrou, quienes han prosperado a su sombra pero hacen campaña distanciándose de Chirac. Sarkozy lo ha gratificado con esta definición: « La gente se imagina que Chirac es muy tonto pero muy gentil. En verdad, es muy inteligente pero muy malo ».

Quizá el único haber político de Jacques Chirac durante estos doce años estribe en su oposición a la guerra en Irak. Pero aun ese capital simbólico no ha tardado en dilapidarlo corriendo tras una última y triste causa, la de vender tecnología nuclear francesa a algún país desaprensivo. Chile está en su lista.

logocl 15 de marzo de 2007 PDF

PS: Ni porque se llama Santiago...

14 mars 2007

Un hombre llamado isla

ESE ES EL nombre de la primera del centenar de obras de teatro escritas por el arquitecto y dramaturgo Jorge Díaz. El cepillo de dientes, El velero en la botella, Topografía de un desnudo son otros títulos representativos de una dramaturgia que retrata al hombre urbano y a sus contradicciones, impulsada a partir de los años sesenta por el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica y la compañía Ictus. La última pieza escrita por Díaz se llama Pájaros en la tormenta.

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Jorge Díaz murió este lunes 12 de marzo y esta fotografía, de León Cohen, tal vez sea su último retrato. Se le ve en el Tavelli de Santiago de Chile este enero de 2007 (la mesa del extremo del Drugstore era su oficina). El espejo del café nos devuelve también la imagen, al centro, de Roberto Merino, concentrado lector y, al fondo, de Jorge Olave, editor de La Nación.

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12 mars 2007

Historias de cibercafé

Alegría caboverdiana. Al atardecer, después de un largo día sin electricidad, vuelve la luz, se ilumina el Bahia, se instalan los parroquianos a beberse unas cervezas y desde uno de los ordenadores súbitamente iluminados alguien envía este mensaje.

En el ordenador contiguo una mujer lo intenta pero no lo logra. Quiere responder a un mensaje pero no da con las teclas. Comienza preguntando cuál es la tecla de la arroba y acaba confesando que tiene un problema. Quiere emigrar a Portugal y no la dejan. Me niegan la matrícula y yo tengo todos los requisitos. El único problema es que no sé usar este jodido teclado. Ayúdeme a escribir esta carta a la Universidad de Minho y todo se arreglará. Ilustrísimo señor profesor:

En otro extremo del archipiélago, en Mindelo, los mozos  juegan uril sobre el mostrador, moviendo con destreza las piezas por los doce cuencos, mientras cuentan mentalemente. Las cuentas son semillas de uril. La madera del banco es de uril. También puede jugarse uril desde el ordenador del Bahia si vuelve la luz, pero a quién se le ocurre.

A dos pasos de allí, en el restorán, el cocinero cierra la cocina y se dispone a beberse el primer cuba libre del día. Llega un forastero desde Santiago. El cocinero cambia de opinión, está dispuesto a reabrir la cocina e insiste en que no sólo puede sino que quiere preparar cualquiera de los platos de la minuta. Salmón, pulpo, cachupa. El forastero acaba tomándose unos huevos duros. Está con prisa, dice, tiene que trabajar. Dice que volverá cuando tenga tiempo. El cocinero saborea el primer cuba libre del día y se ríe para sus adentros: el forastero dice que volverá cuando tenga tiempo.

En Santo Antão, entre Paúl y Sinagoga, el conductor de la combi recibe una piedra que ha rodado ladera abajo y le descoyunta el brazo. El mismo no sabe cómo consigue detener la combi y llegar al hospital sin desvanecerse. En Sinagoga vive ahora muy poca gente. Los judíos, que dieron nombre al lugar, emigraron lejos. Emigrar, emigrar, siempre se emigra lejos.

La ciudad se queda otra vez a oscuras. El mensaje queda trunco. Continuará. Comienza otro largo día sin electricidad.

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11 mars 2007

Domingo, primavera

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Para publicar en la sección Cartas al director de un diario como El País es necesario firmar con nombre y apellidos y debe constar, además del domicilio, el teléfono, el documento de identidad o el pasaporte. Coexiste al lado de esta sección, una de las más leídas, y con igual jerarquía, un reciente Foro digital. Si en la sección Cartas se expresa don Juan Rubio Moreno y la señora Carmen Chumillas, en el Foro digital lo hacen Talia666, ammu y THE BIG G. Publicar una carta al director equivale a hacer un trámite en un ministerio. Escribir en el Foro digital, a participar en un juego de roles. ¿Cuánto puede durar la coexistencia de THE BIG G con doña Carmen Chumillas?

___________

« Le salieron pecas con la primavera, escribió Rodrigo Lira,  o esta última logró que al fin me percatara ».

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9 mars 2007

Unos y otros

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Hay gente que no se va por las ramas.

Hay gente que se va por las ramas.


La imagen es de Chachi Verona

8 mars 2007

Adelante señora

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Un paso adelante para las mujeres, un gran paso adelante para la humanidad. El monito que avisa en los semáforos madrileños que se puede pasar o que hay que esperar es, desde hoy, una monita.

7 mars 2007

Ultravioleta ultraviolenta

¿Se puede reír de todo? A condición de que sea divertido, decía un humorista.

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Circula por internet un curioso documento filmado por una televisión local belga. A propósito de la iniciativa de apagar la luz cinco minutos para manifestarse contra el cambio climático, una señora se muestra escéptica. No somos nosotros los culpables del agujero en la capa de ozono, afirma. ¿Quién, entonces? La señora es asertiva y no duda en desplegar su teoría: los responsables son los cohetes y otros artefactos enviados al espacio. Además, agrega, quienes los lanzan ni siquiera se dan el trabajo de hacerlos pasar por el mismo agujero.

Aparte de mover a risa, el extracto despierta dos o tres preocupaciones. La primera es ésta: ¿Se puede reír de todo? A condición de que sea divertido, decía un humorista. De acuerdo, pero ahora en serio: soltar una memez frente a un micrófono en una calle de su pueblo, ¿lo condena a uno al eterno escarnio del prójimo en los computadores ajenos? Queda sembrada la inquietud, como dice Jota Eme, maestro de maestros.

La segunda inquietud que nos siembra la dama de los cohetes es que, por lo visto, entre la ciencia y la gente parece haber más de un puente cortado. Y como para construir un puente que se sostenga hay que llamar a un perito, le pido a un amigo ingeniero, al que no le falta sentido común, que me explique por qué un país como Chile está expuesto, como ningún otro, a las consecuencias ultraviolentas de la radiación ultravioleta.

El ozono, me dice, es una molécula compuesta de tres átomos de oxígeno que funciona como filtro solar evitando el paso de la dañina radiación ultravioleta. Chile, como  se sabe, al igual que Australia y Nueva Zelanda, está situado en una zona donde el debilitamiento del ozono es mayor que en el resto del mundo. ¿Por qué? Porque la menor temperatura en la estratosfera polar permite la descomposición de los gases que contienen cloro y la consiguiente destrucción del ozono. Así es como han aumentado grandemente los casos de cáncer a la piel y de cataratas oculares en los campos y las ciudades de Chile.

A pesar de que el uso y la emisión de gases clorados han ido disminuyendo, su concentración en la atmósfera aumenta, porque los gases emitidos años atrás siguen subiendo a la estratosfera. Entre los muchos efectos nocivos del exceso de radiación ultravioleta se encuentra la disminución de las plantas marinas, principalmente del fitoplancton. Todo lo cual se traduce en una mengua de la absorción de dióxido de carbono, que está acelerando el calentamiento global.

Resulta instructivo constatar que gases emitidos hace veinte o treinta años continúan hoy activos y agrandando el agujero de la capa de ozono. Sobre todo ahora, cuando las voces que proponen como solución para la crisis energética la construcción de una o de varias centrales nucleares, afirman, sin despeinarse, que ya se verá qué hacemos con los desechos que generarían esas plantas, teniendo como tiene Chile botaderos tan grandes como Atacama y la Patagonia.

Los abogados de la causa nuclear y otros adoradores del desarrollo “a la china” (300 millones de personas sin acceso al agua potable y 400 mil muertos cada año en razón de la contaminación del aire), pretenden ignorar un dato de base, y es que sólo queda uranio para diez o quince años, el mismo tiempo que llevaría construir una central nuclear. Las plantas nucleares emplean uranio como combustible y no hay sustituto para éste. No tener en cuenta este dato ultraviolento es un error de la talla del hoyo en la capa de ozono. O de la talla de los cohetes de la señora belga.

logocl 8 de marzo de 2007 PDF

PS: Entrevista de James Lovelock con los lectores de El País, ayer. Un lector pregunta:
«
¿Cuál cree usted que será el cambio más drástico que hará que los gobiernos cambién radicalmente sus políticas medioambientales? ». Respuesta de Lovelock: « Hubiera pensado que la canícula de 2003 fuera suficiente para ello, pero no parece haber sido el caso ». Malatesta pregunta (¿eras tú, Malatesta?): « Teniendo en cuenta el carácter predador y oportunista de nuestra especie, ¿es normal que nos autoextingamos, nos devoremos a nosotros mismos? ». La respuesta del inglés duele en el alma : « Somos como cualquier especie que se reproduce demasiado y se derrumba ». Y, a propósito de la energía nuclear, el padre de Gaia nos da la puntilla: « Tal vez usted ignore que la cantidad de cemento usada para construir la base de un molino de viento es cuarenta veces mayor que aquella usada para construir una planta nuclear entera ». 

6 mars 2007

Crónica del que vuelve a su pueblo

Había en Chile un poeta que se llamaba Jorge Teillier. En un poema describió ese momento, que han contado desde siempre los poetas, cuando un hombre vuelve a recorrer las solitarias calles de su aldea, como escribió Nicanor Parra. A Teillier sólo lo vi una vez y fue precisamente en casa de Nicanor Parra, en La Reina, donde almorzamos y pasamos la apacible tarde hablando. Le hablé de este poema. Le dije que tal vez cabría presentarlo como la crónica del que vuelve a su pueblo, porque el verso se siente mejor a lo largo de la frase, sin encabalgamientos. Teillier sonrió. Y yo tomo esa sonrisa, veinticinco años más tarde, por un asentimiento.

Notas sobre el último viaje del autor a su pueblo natal

Jorge Teillier

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1

En el pueblo donde algunos me conocen como el poeta cuyo nombre suele aparecer en los diarios, paseo por la calle Comercio, que ahora se llama Avenida Bernardo O’Higgins (como en Santiago). He comulgado con la tierra. Voy a la sidrería. Allí están los parroquianos de siempre y me saludan mis viejos compañeros de curso que sueñan con ser alcaldes o regidores o comprarse una citroneta. Ha cerrado el cine. Aún quedan afiches que anuncian películas de sepia. A lo largo de los cercos, las ortigas siguen hablando con su indestructible lenguaje. En el techo de mi casa se reúne el congreso de los gorriones. Pienso por primera vez que no pertenezco a ninguna parte, que ninguna parte me pertenece.

2
El viento trae olor a terneros mojados.

3
Kilómetro 662 a las cuatro de la tarde. En la calle Comercio los turcos y los españoles bostezan tras los mostradores. No hay un alma en la calle a la hora de la siesta, horadada sólo por el cuerno primitivo del vendedor de helados. En las afueras, los campesinos esperan las micros rurales. Tal vez me vaya a otro pueblo, cuyo destino voy a leer en la palma de sus calles.

4
Hay praderas manchadas de vacas y girasoles. De las cosas que puedan consolarme cuando vuelva a la ciudad enferma de smog. Viajaré en vagones de segunda atestados como los de las novelas sobre la Revolución Rusa. He visto las ventanas ciegas del Molino. Con su arruinado dueño he tomado un trago en cualquier cantina. Paso la tarde sin darme el trabajo de llegar ni siquiera al fondo del patio de la casa paterna.

5
El único hojalatero que quedaba en el pueblo fue buscar trabajo a Lonquimay. No ganó mucha plata pero contempló la cordillera. Él no tiene Leica ni Kodak, así que se dedicó a dibujarla para que sus nueve hijos la conocieran de verdad.

6
A los mapuches les gustan las canciones mexicanas del Wurlitzer de la única fuente de soda. Las escuchan sentados en la cuneta de la calle principal. Van a la vendimia en Argentina y vuelven con terno azul y transistores. Ha llegado la TV. Los niños ya no juegan en las calles. Sin hacer ruido se sientan en el living para ver a Batman o películas del far west. Mis amigos están horas y horas frente a la pantalla. Tengo ganas de que lleguen los ovnis.

7
Me cuesta creer en la magia de los versos. Leo novelas policiales, revistas deportivas, cuentos de terror. Sólo soy un empleado público como consta en mi carnet de identidad. Sólo tengo deudas y despertares de resaca donde hace daño hasta el ruido del alka seltzer al caer al vaso de agua. En la casa de la ciudad no he pagado la luz ni el agua. Sigo refugiado en los mesones, mirando los letreros que dicen No se fía. Mi futuro es una cuenta por pagar.

8
Si el futuro pudiera extenderse pulcramente como mi madre extiende las sábanas de mi cama. Miro la ropa puesta a secar en el patio. Han entrado ladrones de gallinas en la casa del frente. Voy a la plaza a leer el diario con noticias más añejas que las de San Pablo.

9
Solitario donde nunca he estado, solitario camino hasta el abandonado velódromo de tierra donde no aparece ni el fantasma del Campeonato de ciclismo de Chile del año 30. Hay caballos pastando en lo que fue cancha de fútbol.  Todos se interesan sólo por ir a ver los partidos profesionales a la capital de provincia, mientras yo pienso mordisquear una brizna de brezo.

10
Trasnochador empedernido, contemplo la luna, igual a la de 1945, enrojecida por la erupción del Llaima. La misma que miraba desde la buhardilla mientras leía como ahora Los miserables y el Almanaque Hachette.

11
Acuérdate que te recuerdo. Si no te acuerdas no importa mucho. Siempre te veré caminando sobre los rieles, buscando el durazno más maduro de la quinta.

12
Ya pasó el Rápido a Puerto Montt que antes se llamaba el Flecha del Sur. Voy de la estación al puente cuyos faroles dicen Fundición Dickinson, 1918. Ya no existe esa fundición, ni ninguna fundición. Confío mi memoria al río Cautín y a la Capilla de Guacolda. Afirmado en las barandas del puente, miro el cielo del verano que apenas sujetan los clavos de plata de las estrellas.

13
Hemos llegado a esta aldea en un Pontiac 40 por caminos que jamás serán pavimentados. Espantamos cerdos y gallinas. Los niños se asoman asombrados. En el negocio clandestino pedimos un pipeño y hablamos con el dueño y con un tractorista que nos asegura que Hitler está vivo, y con dos recién llegados que nos convidan charqui de pescado: son un estibador de Talcahuano y su compadre mapuche que lo trae al anca. Todos bebimos en la misma medida y volvimos, como nuestros antepasados, ebrios al pueblo que un día nos rechazará.

14
Día domingo de salida de misa. Las niñas se pasean con la moda recién llegada de Santiago, acompañadas por la banda del Regimiento, que toca cumbias. Los dueños de casa compran las primeras sandías y los diarios con las noticias frescas de los últimos crímenes. Camino por las últimas calles de este lugar de bomberos, rotarios, carabineros, jubilados, tinterillos y profesores primarios, allí los puñales del sol entran por las costillas de los pobres cercos de madera. Siento los estertores de las postreras carretas y locomotoras a vapor. Busco la paz tendiéndome en la pradera condecorada por los girasoles, contemplando el glorioso oleaje del trigo y los viajes infinitos de las nubes que van a llorar por nosotros.

Tomado de « Para un pueblo fantasma »

4 mars 2007

Luna cobriza

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Esta es la luna
ruborizada que vio anoche Andrew Cairns, en West Lothian, Escocia. El magnífico strip tease lunar pudo verse también por el ancho mundo, en Pondichery, en Curitiba, en Benguela. El próximo está anunciado para el 11 de septiembre, menuda fecha.

Para Gema y Adolfo, con cariño, y para la Celi, porque mira el sitio de la BBC.

1 mars 2007

Esta foto cojea

 

La verdad de una foto es la verdad del pie que la acompaña

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La foto ganadora del World Press Photo 2006, prestigioso trofeo que premia cada año a las mejores fotografías de prensa, la tomó el norteamericano Spencer Platt entre las ruinas de Beirut bombardeado por los israelíes el pasado agosto. Fue publicada por Paris-Match y alabada por presentar el supuesto contraste entre la dura realidad de la guerra y una juventud dorada que hace turismo de lujo entre los destrozos. Descaro, indecencia.

En Nocturno hindú, el novelista italiano Antonio Tabucchi describe la fotografía de un hombre corriendo. Se trata de un close up, de un acercamiento. Bien mirado, parece ser un atleta negro que levanta los brazos porque ha ganado la carrera, tal vez incluso porque ha batido el récord de su especialidad. Pero si se quita el close up y se observa la foto completa, se verá que se trata de un manifestante antiapartheid, en el África del Sur de los años ochenta, que ha sido baleado por la policía y acusa el impacto antes de desplomarse. La moraleja que Tabucchi nos pone delante cae por su propio peso: desconfíen de los fragmentos escogidos.

Susan Sontag incita también por su parte al espectador a ver una fotografía de prensa como el resultado de un conflicto entre el imperativo de la verdad y el imperativo de la belleza, heredado este último de las bellas artes, y que hace que muchas veces la realidad de la calle aparezca afeitada en la prensa.

Se supone que una imagen dice más que mil palabras. Habría, así, que dejar a las imágenes hablar por sí mismas. Estas verdades de pacotilla se asientan seguramente en el trasfondo de paganismo que llevamos dentro, en nuestra religiosidad de adoradores de imágenes y en nuestra desconfianza radical hacia las palabras. Ver para creer, nos dijeron, y nos lo creímos.

Estos principios fundaron los días felices de las revistas ilustradas que vinieron a suplantar o a convertir a muchos diarios en revistas, donde el peso lo llevan las imágenes y el texto funciona sólo como comentario de éstas. Pero el espectador enfrentado a una imagen sin pie está obligado a componer por sí mismo una interpretación, a entender la imagen a partir de lo que ya sabe, que puede ser algo, pero suele no ser mucho. Las más de las veces, esa imagen sin contexto vendrá a confortar un saber superficial, estereotipado.

Para volver a la foto ganadora, el autor confiesa no haber interactuado con sus protagonistas, haberse limitado a apretar el obturador y a enviar la foto a la agencia y al concurso. La pregunta es, entonces, ¿es eso el periodismo? De manera general, el World Press Photo premia imágenes sin pie, imágenes que “se sostienen por sí mismas”, como quiere el tópico. Este premio demuestra una vez más que ninguna foto se sostiene por sí misma, que la verdad de una imagen es sobre todo la verdad del pie que la acompaña, como dice Godard y ratifica Sontag, que toda foto necesita un pie, como ha recordado pertinentemente Arcadi Espada.

Esta foto cojea periodísticamente hablando porque le hace falta un pie. Para ponérselo, un periodista, Gert van Langendonck, ha ido al encuentro de sus protagonistas. Su historia, publicada en el diario belga De Morgen hace unos días, es ésta: Aprovechando el primer día de cese del fuego tras los bombardeos israelíes a los suburbios del sur de Beirut, estos jóvenes regresaron a su barrio a comprobar la magnitud del desastre. Una de ellas trabaja para una ONG de ayuda a los refugiados. Contra las apariencias, no van en un descapotable de lujo, sino en un Austin Mini abierto, porque son cinco y hace mucho calor. ¿Que van vestidas con camisetas ajustadas y llevan anteojos de buena calidad? Estamos en nuestro barrio, responden, vamos vestidas como todos los días.

La guerra del Líbano, el bombardeo de Beirut por la aviación israelí, afectó a gente que se nos parece, que podría vivir en nuestras casas y formar parte de nuestra familia. Esta verdad, la foto ganadora no la muestra, la esconde.

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PS: En uno de los innumerables sitios y blogs que comentan esta foto se lee que "los pijos libaneses se pasean con un descapotable en short por una calle destrozada por las bombas israelíes". Tan pijos parecen que se les ven incluso los shorts. Recuerda el viejo juego de la noticia del accidente callejero que va pasando de uno a otro y termina convertido en genocidio.

28 février 2007

Ozono

 

-Dans la rue chez moi des fois la lumière reste allumée 24 heures sur 24. Donc je vois pas vraiment ce qui peut arriver que, nous, on coupe la lumière un petit peu.

-En mi calle a veces la luz se queda encendida todo el día y toda la noche. Entonces no veo por qué tendríamos que apagar la luz por un rato.

-Pour montrer qu'on n'est pas d'accord avec ce qui se passe...

-Para mostrar que no estamos de acuerdo con lo que está ocurriendo...

-C'est pas qu'on est pas d'accord avec ce qui se passe mais ils devraient quand même montrer plus qu'on peut plus envoyer tant de trucs dans l'espace. La fusée ne passe jamais deux fois dans le même trou non plus, donc c'est eux qui font des trous dans la couche d'ozone et dans tout le bazar, c'est pas nous.

-No es que no estemos de acuerdo con lo que está ocurriendo, pero ellos deberían por lo menos mostrar más que no deberían mandar tantos asuntos al espacio. Los cohetes no pasan dos veces por el mismo hoyo, son ellos los que hacen los hoyos en la capa de ozono y por todos lados, no somos nosotros.

Tomado de Télévesdre, televisión local de Verviers, al este de Bélgica, a propósito de la iniciativa de apagar la luz cinco minutos para alertar sobre el cambio climático en enero de 2007.

26 février 2007

¿Norteamérica invadirá Irán por el este o por el oeste?

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Si mi señora dice por el este, yo digo por el oeste. Esta y otras respuestas del hombre de la calle en Norteamérica. A Kofi Annan no hay que tomarlo muy cargado. Everybody knows that.

23 février 2007

Movimientos contradictorios

Movimientos contradictorios del Imperio británico. Por una parte, amenaza con retirar un quinto de sus tropas de Irak. Por la otra, amenaza con mandar este quinto al combate. Quién entiende a la pérfida Albión.

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Un fotógrafo belga en Valparaíso.

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Un lector de Arabia Saudí entra en este blog. ¿Qué busca? 

22 février 2007

Los niños nacen para ser felices

Los cuatro primeros lugares en materia de bienestar infantil los ocupan Holanda, Suecia, Dinamarca y Finlandia. España se sitúa en quinto lugar.                          

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Está escrito en el mosaico que cubre el pórtico de la iglesia de un colegio en la esquina de las calles Carmen y Porvenir, en Santiago, en el que se ve al Mesías recibiendo con los brazos abiertos a los niños: “Sinite parvulos venire ad me”. En ese colegio no se enseña ya latín pero todavía se entiende: Dejad que los niños vengan a mí. (Pero que vengan de a uno, agrega el chiste).

Y de lo mucho que circuló durante la Unidad Popular en materia de fraseología, este endecasílabo, atribuido a José Martí, es uno de los mayores aciertos: Los niños nacen para ser felices. El punto, claro, sigue estando en saber cómo pueden llegar a ser felices, cuál es la ecuación entre protección y libertad que les permita respirar a sus anchas para desplegar las alas cuando les crezcan.

La Unicef considera seis criterios para determinar el bienestar infantil: las condiciones materiales, la salud y la seguridad, la educación, las relaciones con la familia y con otros niños, todos los cuales se apoyan en datos estadísticos. Y por último, pero no menos importante, el bienestar subjetivo, criterio que se funda en la percepción que el niño tiene de sí mismo y del que se sabe gracias a los estudios de opinión.

En base a estos criterios, la Unicef dio a conocer la semana pasada el informe sobre el bienestar de los niños en 21 países industrializados. Como era de esperar, los cuatro primeros lugares los ocupan países del norte de Europa: Holanda y Suecia a la cabeza, seguidos por Dinamarca y Finlandia. España se sitúa en quinto lugar, por delante de Suiza y Noruega y muy por delante de Alemania y Francia. Otra sorpresa se encuentra en la cola del pelotón: Gran Bretaña se ubica última y Estados Unidos penúltimo.

Imposible no pensar, a la lectura de este informe, en los niños que se han quedado fuera, cualquiera sea su país, africano, asiático o sudamericano, niños para quienes incluso los niveles más bajos de bienestar les quedan tan por encima que parecen volantines en la estratosfera. Niños para los cuales cualquier intento de determinación de indicadores, objetivos o subjetivos, es imposible, entre otras cosas por ausencia de datos.

Por estos días se ha descubierto en las inmediaciones de un hospital, en el centro de India, un osario desbordante de huesos de niñitas, que aportan, una vez más, la prueba de que el infanticidio y el feticidio se siguen practicando a gran escala en muchos países como manera de evitar el nacimiento de niñas o para desembarazarse de ellas. A tal punto que el Gobierno indio ha decidido poner cunas en todos los distritos del país para que los padres puedan abandonar allí a sus hijas recién nacidas cuando no quieran criarlas.

Los niños abandonados, los niños esclavos, los niños vendidos, los niños prostituidos. La televisión mostraba también por estos días unas imágenes en un lejano hospital del remoto Kirguistán donde una enfermera cerraba la venta de un recién nacido y la celebraba descorchando una botella de sidra. Por qué los compradores esta vez resultaron ser policías y le amargaron la sidra a la alcahueta, la televisión, que muestra pero no explica, no lo dejaba claro. Pero sí se adivinaba, según las maneras desenvueltas de la villana, que tal operación comercial es algo común en un lugar como ése.

Los niños nacen para ser felices, nacen para vivir con sus padres y hermanos, nacen para ir a la escuela, pero demasiadas veces los tiran al osario, los venden, los arman, los drogan y los prostituyen. Aún estoy viendo a un grupo de niños a la entrada de una escuela en Angola, con la ropa muy blanca brillando bajo el sol de África y transportando cada uno una enorme piedra entre las manos. Para qué llevan esas piedras, me sorprendí preguntando. Para qué va a ser, me respondieron, para sentarse.

logocl 22 de febrero de 2007, PDF

PS: La foto está tomada en Arribada, al interior de la isla de Santiago, en Cabo Verde. Allí también, uno de los niños de la fotografía se trepó a un papayero para obsequiarme con un fruta madura según una historia que se cuenta en El zancudo. Pues eso, los niños nacen para ser felices.

21 février 2007

Quarta-feira de cinza

blackOrpheus

A Felicidade
Vinicius de Moraes, Tom Jobim

Tristeza não tem fim
Felicidade sim

A felicidade é como a pluma
Que o vento vai levando pelo ar
Voa tão leve mas tem a vida breve
Precisa que haja vento sem parar

A felicidade do pobre parece
A grande ilusão do carnaval
A gente trabalha o ano inteiro
Por um momento de sonho
Pra fazer a fantasia
De rei ou de pirata ou de jardineira
E tudo se acabar na quarta-feira

Tristeza não tem fim
Felicidade sim

A felicidade é como a gota
De orvalho numa pétala de flor
Brilha tranquila
Depois de leve oscila
E cai como uma lágrima de amor

A felicidade é uma coisa loca
Mas tão delicada também
Tem flores e amores e todas as cores
Tem ninhos de passarinhos
Tudo isso ela tem
E é por ela ser assim tão delicada
Que eu trato sempre dela muito bem

Tristeza não tem fim
Felicidade sim.

20 février 2007

Otro libro del desasosiego

2666, Roberto Bolaño, Anagrama, 2004

2666portada

1200 páginas no descorazonan al lector que tiene entre manos 2666, última y definitiva novela de Roberto Bolaño. Al contrario, al ver que el final se acerca éste puede obligarse a desacelerar la lectura por miedo a que el libro se acabe demasiado pronto. Inútil, porque la última página del libro bien puede ser la primera. La novela que, como dice el tópico, se lee “de una sentada”, está dividida en cinco partes que pasan a detallarse:

La parte de los críticos. Los críticos han puesto 2666 por las nubes. No se puede decir que el autor haga otro tanto con los cuatro críticos que protagonizan la primera parte de la novela, un español, un francés, un italiano y una inglesa (parece chiste), expertos todos en un escritor alemán, Benno von Archimboldi, cuyos pasos siguen hasta Santa Teresa, en el norte de México. Estos críticos son pedantillos y calentones y, de cierta manera, anodinos. En lugar de cerrar la obra (qué más quisieran), los críticos la introducen, le sirven de marca-páginas.

La parte de Amalfitano. Oscar Amalfitano es un profesor de filosofía que nació en Chile y vive en Santa Teresa, tras pasar buena parte de su vida en España. Como su apellido lo indica, su abuelo era napolitano. Amalfitano tiene una hija, Rosa, nacida en España, a la que ha criado solo, porque su madre los abandonó a ambos. La imagen de Chile que se desprende de la parte de Amalfitano tampoco es brillante. Evocando a Lonko Kilapán, que publicó en 1978 O’Higgins es araucano para demostrar que los araucanos son griegos, Bolaño estima que en la prosa de Lonko Kilapán caben todas las tendencias políticas chilenas, “desde los conservadores hasta los comunistas, de los nuevos liberales hasta los viejos sobrevivientes del MIR”. A pesar de vivir desde hace mucho lejos de Chile, Amalfitano es irreductiblemente chileno (cabría explicarse sobre este punto, pero la explicación entra en media página como en otras 1200), al punto que se obstina en llamar “perritos” a los ganchos para la ropa (con la ayuda de uno de estos “perritos” cuelga un libro en el patio de su casa), y en los aeropuertos europeos debe separarse de su hija al momento de guardar la fila para presentar el pasaporte.

La parte de Fate. Oscar Fate es un periodista afroamericano (que es como hay que llamar ahora a los negros norteamericanos). Su parte se resume en aterrizar por Santa Teresa casi por error, para cubrir un match de box que no dura más de un asalto, y conocer allí a Rosa Amalfitano (otro Oscar para Rosa), y conseguir aparentemente sacarla de allí.

La parte de los crímenes. Esta es la parte medular de 2666. Para decirlo con las palabras de Amalfitano, 2666 no es un ejercicio de estilo sino un combate donde “hay sangre y heridas mortales y fetidez”. Crímenes contra mujeres se cometen en todas partes, pero la magnitud de la ola criminal que ha asolado al norte de México a partir de los años noventa se escapa de cualquier parangón. Estos crímenes esconden y revelan “el secreto del mundo” y ése parece ser la revelación que transmite 2666. Al contrario de las novelas de género, donde el asesino se encubre entre los personajes y el lector debe echar mano a su cachativa para encontrarlo, los asesinos de 2666 no están entre los personajes sino en la calle. Y quien salga a la calle a buscarlos, se encontrará no sólo con los asesinos sino, sobre todo, con las víctimas, con más y más víctimas. Con un basural repleto de víctimas. En 2666, los asesinos seguramente se potencian y se protegen unos a otros. Y Santa Teresa es “nuestra maldición y nuestro espejo, el espejo desasosegado de nuestras frustraciones y de nuestra infame interpretación de la libertad y de nuestros deseos”, como la retrató Bolaño en su última entrevista. O, como la describe Baudelaire en el epígrafe de la novela, “un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento”.

La parte de Archimboldi. 2666 acompaña por el frente oriental y occidental, durante la Segunda guerra, la trayectoria de uno de sus protagonistas, el soldado alemán Hans Reiter. Y luego su transformación, a lo largo del siglo veinte, de niño campesino en Prusia a jardinero en Venecia y candidato al Nobel de literatura, recorrido al que se engarzan un sinnúmero de historias paralelas, entrantes y salientes. Esta parece ser la forma de 2666. En lugar de ser un espacio con muchas entradas y un solo centro, como el laberinto, la novela es un sinnúmero de entradas abiertas y relativamente convergentes, un laberinto de laberintos. La última historia es ésta: en un parque, Alexander fürst Puckler le cuenta a Archimboldi la suerte de uno de sus antepasados “gran viajero, hombre ilustrado, cuyas principales aficiones eran la botánica y la jardinería” y que escribió estupendos libros de viajes. “Lo que no pensó jamás fue que pasaría a la historia por darle el nombre a una combinación de helados de tres sabores”, el equivalente alemán de la cassata siciliana. Archimboldi se dispone a tomar el avión que lo llevará a Santa Teresa, hasta donde lo siguen los críticos, ciudad donde se cometen tantos y tan horrorosos crímenes de mujeres, y donde vive un profesor chileno y su hija española. Llegado a este punto, la página 1200, el lector puede cerrar el libro. También puede reabrirlo.

19 février 2007

Desde Bagdad

tresargentinos

"Hace un par de dias vi a este chico iraquí con una camiseta de Argentina en un barrio chií de Bagdad. Al dia siguiente vi al mismo chico con dos amigos, todos con camisetas de Argentina. Media hora mas tarde, dos coches-bomba explotaron a 50 metros de esta foto. No sé si él y sus amigos están vivos, espero verlos otra vez con la misma camiseta y la misma sonrisa".

Mensaje de Carlos Barría, fotógrafo de Reuters en Bagdad.

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