lundi 25 mai 2015

Las escaleras

Ojo, dice, las esquinas son para distraerse y hacerse daño con los tranvías, como le ocurrió a Gaudí. Caso, además, agravado porque lo tomaron por un mendigo y tardaron en llevarlo a un hospital donde no lo atendieron.

O bien puede que le ocurra lo de uno del que cuenta Uriarte: a la salida de la iglesia se le fueron los ojos detrás de una muchacha y se cayó por las escaleras.

El hombre es un par de ojos y unos cuantos fantasmas, decía San Agustín. 

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Óleo de Francis Bacon

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dimanche 26 avril 2015

Una hacienda rodeada de montañas boscosas

Anoche vimos Los Trasplantados, de Percy Matas. Qué buen personaje compuso Nemesio Antúnez. Lo mejor, o lo «único mejor» de la película.

Mi tío me cuenta que participó en una proclamacion presidencial de Antúnez en Mendoza. «Nemesio / Antúnez / orgasmos hasta el lunes» era la consigna coreada una noche de sábado en esa ciudad de los Andes.

Los Trasplantados, viajeros que quieren volver a  ser sedentarios y no lo consiguen del todo. Dice Ostiz, según el diario de Uriarte, que el ánimo del sedentario tiende a la rumia mientras que el del viajero se exalta. Los campesinos son melancólicos y los viajantes de comercio forzosamente entusiastas.

En el pueblo de mi tío, los campesinos eran mayoritarios, luego estaban los comerciantes y funcionarios y luego los viajantes de comercio. Mi tío habla de su pueblo como Antúnez habla de la hacienda de su abuelo en el sur de Chile, «rodeada de montañas boscosas». Puro romanticismo telúrico, del que no escapan ni los ricos ni los pobres, por mucho que hayan escapado de Chile.

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dimanche 5 avril 2015

Nueve citas de Uriarte

TODAS LAS BUENAS metáforas tienen una pizca de humor. La primera que escuchó comparar sus dientes con las perlas sonrió, y no sólo por el halago. El primero que escuchó que «nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir», sintió una especie de sonrisa interna ante el ingenio del autor.

ESE INSTANTE DE alarma y temor a no entenderlo cuando anuncian que te van a contar un chiste.

MI IRRESISTIBLE TENDENCIA a leer en internet a gente que me disgusta y con la que no suelo estar de acuerdo. Este dice que cierra su blog durante un mes por vacaciones. Qué alivio.

A VECES PROLONGO hasta muy tarde la lectura de un libro para acabar de una vez con él y no tener que continuarlo al día siguiente.

A QUIENES MENOS conviene conocer en persona de todos los tipos de hombres de letras es a los poetas. La impresión de patraña suele ser hasta cómica.

GENTE TREMENDAMENTE AUTORITARIA en lo doméstico a la que el laissez faire, laisser passer le parece muy apropiado para el sistema económico.

EN CASA Y solo me siento más estúpido e ignorante que hablando con gente en la calle.

CASO ÚNICO. SE bañó en las aguas heladas del mar o de un río y no lo contó a nadie.

ES POSIBLE QUE en las semanas mejores deje de lado este diario y también que en las peores me esconda de él.

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dimanche 26 octobre 2014

Lo peor de todo no es lo que te he contado

Cuenta Savater en sus memorias un chiste de Groucho: «Estoy estupendamente de todo menos de la cabeza, que es lo que menos importa». Lo cuenta a proposito de su abuela materna que había perdido la cabeza, que es como se llamaba antes a los estragos del alzheimer, el parkinson, la arteriosclerosis o la demencia senil, males que no son ningún chiste, ya lo sé, pero de los que se cuentan unos cuantos, como ése que explica por qué el alzheimer es muy preferible al parkinson: «Si tienes parkinson, vas al bar, pides una copa, te la vas a tomar, la vuelcas y tienes que pagarla. Si tienes alzheimer, te tomas tranquilamente la copa y te olvidas de pagarla».

(Chiste y dolor, ya se sabe: -¿Te duele? -Sólo cuando me río.)

Esto porque vi anteayer a Quino, tan viejecillo ahora, recibir el premio Príncipe de Asturias, y me acordé de ese chiste suyo, entrañable:

 

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Y también por esto que cuenta Iñaki Uriarte en un adelanto del tercer volumen de sus Diarios, que publica Clarín:

«Tere me contó ayer su encuentro en el parque con X, un señor mayor al que ella conoce desde hace tiempo. Se saludaron efusivamente y charlaron un rato. El le explicó con detalle sus diversas penalidades físicas y varias operaciones recientes. Estuvieron hablando así un rato largo. Hasta que él le dijo: Y lo peor de todo no es lo que te he contado. Lo peor es que no sé quién eres».

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samedi 24 mai 2014

Uno, ninguno y cien mil

La estadìstica dice que esta madrugada este blog alcanzò su visitante n° 100 000. Dice también que se tratò de un lector mejicano. La pàgina que leyò fue ésta, escrita hace tres años, donde también se hace cuestiòn de unas estadìsticas. La releo y me resulta vagamente incomprensible.

Ahora bien, lo mejor de la relectura consiste en reencontrar esta cita de Iñaki Uriarte: «Esencia del pensamiento conservador: creer en las elites, creer que hay personas mejores que otras y que se merecen más. Y lo que suele ser risible: creer que tú eres una de ellas».

Uno, ninguno y cien mil, que dirìa Pirandello.

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vendredi 21 décembre 2012

Estas hojas uriartísimas

Leídas, en el tren, las hojas de Uriarte. Están muy bien, como siempre. Uriartísimas. Maneras y razones de sus autores favoritos y sus propias razones y maneras de interesarse por ellos. Unas líneas sobre Leopardi son particularmente deliciosas: a partir de los 50, los vejetes perdemos la capacidad de cambiar de registro y quedamos definitivamente atrapados en dos categorías: la de los pelmazos que sólo hablan de ellos mismos y la de los bobos que los escuchamos.

Recuerdo haber oído una vez a Parra desarrollar esta idea: para la mayoría, conversar significa hablar ellos. Por mi parte, y volviendo al tren, admiro a ciertas señoras que resuelven a su manera esta cuestión hablando todas al mismo tiempo.

Hablando de su santoral (de Constant a Renard), Uriarte imagina encuentros que probablemente se produjeron sin que hubiese nadie para consignarlos: Einstein y Kafka tocando juntos el violín en Praga en 1912. La madre de Uriarte, su ama, y Salinger en el Museo de historia natural de Nueva York en 1928.

Y descubre y demuestra que Kodama mete mano en la obra de Borges.

Montano reproduce el extracto sobre Constant donde Uriarte se refiere al diario como secreto o como espacio abierto a la galería. Enrique Lihn acuñó el término de galería imaginaria para burlarse de los escritores que tienden a darse en espectáculo, él el primero, entelequia de la que se apropió Rodrigo Lira y a la que dedica su Ars poétique. Imagino que todo escribidor, incluso el más desprovisto de lectores, tiene una galería personal que lo mira por encima del hombro. E imagino también que quien escribe en secreto, para sí mismo, escribe contra ella, para librarse de ella.

IU

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samedi 29 octobre 2011

Autorretrato con gato

Los personajes que circulan por los Diarios de Iñaki Uriarte son bilbaínos mayormente. Pienso en ellos y en cómo habrán corrido a verse existir sobre el papel, por debajo de esas equis y esas zetas con que Uriarte los nomina. ¿Entonces ése soy yo? Qué extrañeza de saberse objeto de impresiones. También pienso en aquél que está en el otro extremo, el que nunca se enterará de nada: «Este hombre con el que me cruzo por la Gran Vía y yo jugábamos juntos de pequeños en la hierba de Central Park. Él no lo sabe».

La breve cita basta para ponerlo en evidencia: en sus Diarios, Iñaki Uriarte ha dado con el tono. Es el tono del monólogo, afirma él, del diálogo consigo mismo. Un monólogo que, en cualquier caso, nunca me excluye a mí, lector, que siempre me resulta inteligible. Esta cualidad pasa probablemente por la manera como Uriarte pule su prosa, como Spinoza pulía sus cristales. 

Además de los equis y los zetas, unos cuantos personajes conocidos asoman también por las páginas de este segundo volumen. La reina y la princesa, sin ir más lejos. Y un torero vasco de renombre, José María Recondo. Los escritores, en cambio, son legión. «Si se trata de un escritor, no me bastan sus obras. Me gusta saber cómo es o cómo fue la persona. Al fin y al cabo, la literatura es eso. Narrar la historia de alguien que no es lo que parecería si sólo se conocieran sus obras, su apariencia. Lo que hace el literato con sus personajes, lo hago yo con los escritores».

Lo que hace Uriarte consigo mismo, por su parte, es ejercer magistralmente el arte del autorretrato: «La bestia que llevo dentro es pacífica, soñadora, fuerte. El ángel que la cabalga es mucho más tortuoso, endeble, aguafiestas». 

Y esto: «Una de las cosas que más me gustaría es ser más inteligente. Si pudiera llamar a alguien como el técnico que me ha ofrecido hoy instalar más memoria en el ordenador, y me preguntara: ¿qué prefiere, que le ponga a usted un poco más de inteligencia en el cerebro, o un poco más de felicidad?, dudaría un momento. Eso me pasaría porque me falta inteligencia». Sospecho que hay más de una figura retórica contenida ahí. No sé qué nombre llevará eso de demostrar algo afirmando lo contrario. 

En cuanto al lector, para volver a uno, supongo que experimento algo semejante a lo que siente Bloom, el crítico, al leer a Píndaro: eso de llegar a creer que uno ha creado aquello que sólo ha leído. Tanto como sentir lo opuesto, la certeza de que esa harina no la he hecho uno, o nunca tan fina.

Dicho esto, se desprende que los elogios sobran. También porque ya están de sobra emitidos. Como emitido está también un primer y hasta ahora único escupitajo en la escudilla, según la expresión de Lihn. Es lo que tiene el reconocimiento, que despierta envidias. Sobre la envidia ha escrito el propio Uriarte: «Creo que no he envidiado mucho ni me han envidiado nada». Pero eso sería antes de publicar los dos primeros tomos de sus Diarios

La ilustración del primer volumen muestra una voluta de humo de tabaco. La del segundo, al gato. Yo soy el lector y me pregunto ya cuál será el icono del tercer volumen. 

IU

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samedi 8 octobre 2011

Porque hoy es sábado

El lector de noticias comienza por probárselas, a ver cómo le quedan. Jobs murió a los 56 años. Tomas Transtroëmer, flamante Nobel de literatura, sufrió a los 60 un ictus que lo dejó hemipléjico y afásico. Para quienes nacieron en los años cincuenta, no digamos ya para quien nació en febrero del 55, estas novedades echan como una sombra negra sobre el periódico. La negra sombra que cantaba Luz.

Otra cosa es el consumo religioso de las necrológicas. Esa frasecilla de Jobs que pone a la feligresía mundial de rodillas: Encontrad lo que amáis. No la entendía del todo hasta que unas estadísticas, benditas ellas, vinieron a aclararme su sentido. Como decía Picasso, yo no busco: encuentro.

Pero no era de esto de lo que quería decir algo. Ni tampoco sobre FS, que advierte a quienes creíamos que la vida era broma que estábamos profundamente equivocados. Ni siquiera sobre Bélgica, que por fin se da una alegría. Lo mío hoy sábado va de animales. Aclaro que no soy animalista, no me alcanza el tiempo para todo. Pero en sus Diarios, Uriarte recuerda una idea de otro diario, el Diario de un mal año, de Coetzee: los animales son nuestros prisioneros de guerra, de esa guerra que perdieron cuando los humanos inventamos las armas de fuego. Y viendo a un rebaño pacer, le da la razón. 

En Chile, por estos días, mucha gente cree estar a punto de echar abajo el modelo de educación superior, que es carísima y malísima simultáneamente. Y lo que se yergue frente a ella para impedir que culmine el derribo es la policía montada. La emprenden entonces contra el jinete y también contra el caballo. Lautaro, joven libertador de América, tuvo que convertirse en mozo de caballerizas de Valdivia para entender que los conquistadores no eran centauros. Intentó explicárselo a los suyos pero no está claro que lo consiguiera, o no del todo. Unos cuantos siglos más tarde la cuestión no está resuelta. ¿Es legítimo arrearle una también al caballo?

C

Circulan por la Red las imágenes de la paliza que le dieron unos capuchas a un policía en el cementerio de Santiago. ¡En el cementerio! ¡Muerte sí, funerales no!, escribía Nicanor en el glorioso año del 69. Y Rodrigo: En los subterráneos de la psique colectiva, todo el mundo a la muerte grita Viva. La serie de fotos culmina con una del caballo policial ensangrentado, y es la que causa más estupor. Tanto como que, en el pie de foto, al caballo se le llama caballar. Roberto Merino llamaba la atención sobre esto: en las páginas de sucesos a los caballos se les llama caballares. Llevar registro de la realidad consiste también en eso, en la actualización del bestiario del Reyno. Caballares, perros, guanacos, zorrillos, pingüinos, jotes, buitres.  

Pero hoy es sábado y mañana domingo: no hay nada como el tiempo para pasar, cantaba Vinicius.

Fotografía de Kena Lorenzini.

mardi 4 octobre 2011

El anarquista moderado

En su entrevista con El Comercio, Iñaki Uriarte, flamante premio Euskadi de ensayo, recuerda lo que había apuntado la policía franquista en la ficha de Savater: anarquista moderado. Lo que me lleva a recordar el distingo que introducía Parra refiriéndose a Paz: No es lo mismo ser un surrealista diplomático que un diplomático surrealista.

A saber qué dirá la ficha policial de Uriarte, quien, por cierto, está convertido en un trending topic en Twitter. Véase lo que cuenta al respecto un tal Pérez. O, como diría Austin, cómo hacer cosas con las palabras.

A todo esto, las fichas policiales de literatos ¿son literatura? Los Archivos franceses exponen por estas fechas una serie de fichas policiales del pasado siglo. Mann, Hitler (le Mussolini allemand), Dalí. Sobre la ficha de Cocteau se lee: Poète, anarchiste, homosexuel à Paris. Una cosa es ser homosexual y otra, por lo visto, ser homosexual en París. Loca perdida, querrá decir.

F

Savater, caricatura de...

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mercredi 31 août 2011

El síndrome de Stendhal

Concierto de guitarra. Los concertistas son dos hermanos. Tocan espléndidamente piezas italianas (Giuliani) y españolas (Granado, Ponce, Rodrigo). Todo muy bien. Pero lo que me conmueve son dos Estudios de Villa-Lobos.

Por alguna razón, el sincretismo de Villa-Lobos consigue emocionarme. Para explicar el placer estético, Uriarte echa mano a Stendhal (y a su famoso síndrome): el arte es una promesa de felicidad, y a Borges: la inminencia de una revelación que no se produce. 

También dependerá de cómo y de con quién. Según una galena que lo estudió clínicamente, el síndrome de Stendhal -el placer estético súbitamente transformado en taquicardia- alcanza principalmente a los europeos solitarios. Los nativos de los países culturalmente emergentes están más o menos inmunizados contra el mareo estético, a fortiori si van arropados por sus pares.

Viendo las imágenes de los muchachos frente al albo Benedicto en Madrid (somos / adictos / a Benedicto) o en la City parade de Bruselas (viseras de acrílico, pantalla colorida y música tecno), o a unos scouts cantando todos a una frente a la gran pantalla del karaoké, como si se tratase de un show de la tele, me digo que el placer estético comienza con la religión, despunta en el seno del rebaño, quiero decir.

Y acabará probablemente camino del cementerio o del centenario, que es adonde también vamos, cabeza gacha o frente altiva, las ovejas descaminadas.

M

Óleo de Édouard Manet

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