jeudi 26 décembre 2013

El pronóstico del tiempo

Uno sabe dónde está cuando comienza a escuchar una pieza pero no sabe dónde estará cuando acabe. Escuchando el Andante del concierto n° 21 de Mozart, conocido como Elvira Madigan, recordé que esos acordes eran el genérico del pronóstico del tiempo en la tele y, antes, de un programa de radio que oía mi tía -la madre de mi tío-, el Magazine de la tarde.

Todo esto hace medio siglo, por los días en que mi tío dejó su pueblo y fue a vivir a la gran ciudad. Asomado a su balcón sobre la avenida veía desfilar manifestaciones -entusiastas, amenazantes-, coloridos autobuses y trolebuses grises. Desde ese balcón vio también morir por atropello a un muchacho que iba a dejar una carta al buzón del correo, el incendio del caserón que estaba entre el cine y la sinagoga, el asalto al sindicato de la salud, la bandera blanca que asomaba por esa ventana, inútil como los remordimientos.

Y luego recordé que, enfilando hacia la cordillera, más allá de donde la avenida cambia de nombre, vivía Lira, y allí fue donde se mató un día 26 de diciembre, el día en que cumplía 32 años, hace hoy mismo 32 años, los mismos que vivió. Los pormenores de ese día ya los he contado antes. Así que más bien vuelvo a la música, a ver cuál es el pronóstico del tiempo.

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lundi 18 mars 2013

Un restorán costumbrista

MM cuenta haber presenciado dos brevísimos episodios entrelazados, ambos protagonizados por Lira. Sería el otoño del año 1981, el último de Lira, cuando un restorán costumbrista con veleidades literarias organizó unas jornadas poéticas a las que Lira fue invitado a leer o a declamar. Antes de subir éste al escenario, su madre tuvo el cuidado de cerrarle la bragueta.

Al final del sarao, en el estacionamiento del local, el dele-dele la versión local del gorrillas madrileño guió hacia la salida, con señas, a MM, que conducía. Al momento de dar una propina, Lira que tenía aspecto, maneras y lenguaje de gran señor se adelantó a MM y desde el asiento trasero entregó al dele-dele una sola moneda de ínfima cuantía, diciéndole: «Tome, buen hombre, para que se dé un gusto».

S

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jeudi 28 février 2013

Antonio, Antonio, los adultos son imbéciles

Vila-Matas tiene recuerdos inventados. Como todos nosotros, tal vez, sólo que él los exhibe. El autor barcelonés leyó el año 83 un librito de Tabucchi. Como no le pareció suficiente saber que en el futuro conocería a su autor, quiso también conocerlo en el pasado, por lo que se inventó este recuerdo: es el año 53, Vila Matas tiene cinco años y pasa los veranos en la casa familiar de Cadaqués. A la casa del lado ha llegado una familia italiana, los Tabuchi, y, al caer las tardes, el niño Vila-Matas sale al patio, se sube a una silla junto a la tapia y en cuanto ve aparecer al niño italiano de la casa vecina, le dice: Antonio, Antonio, los adultos son imbéciles.

Un complemento a esa escena lo pone un joven Rodrigo Lira, quien, en agosto del 67, tiene 17 años y estudia psicología en la Universidad Católica. Como es bien sabido, por esas fechas los estudiantes se toman la casa central de la Universidad. Lira forma parte del grupo que controla el acceso al edificio, precisamente por la calle Lira y, para filtrar las entradas, impone la siguiente contraseña: «¿Cómo son los niños?», preguntan desde el interior. «Perversos y polimorfos», responde el que golpea, y el sésamo se abre.

BRC

Óleo de Benito Rebolledo

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mercredi 26 décembre 2012

Otro 26 de diciembre

A la vista del calendario, repongo esto:

La Navidad

Roberto cuenta que cuando Macedonio se sentía solo salía a comprar pan rallado para alimentar a las baratas que le daban compañía. Lira era por el estilo. Una vez encontró un acer negundo de la Avenida Grecia arrancado de raíz y se lo llevó a su casa, lo plantó en medio del escritorio y lo fue decorando con los desechos que recogía en las inmediaciones, latas, papeles, piltrafas. Pronto fue la Navidad y el cumpleaños de Lira (que nació y murió un 26 de diciembre) y el Año Nuevo, que celebramos a la sombra de aquel árbol seco.

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vendredi 21 décembre 2012

Estas hojas uriartísimas

Leídas, en el tren, las hojas de Uriarte. Están muy bien, como siempre. Uriartísimas. Maneras y razones de sus autores favoritos y sus propias razones y maneras de interesarse por ellos. Unas líneas sobre Leopardi son particularmente deliciosas: a partir de los 50, los vejetes perdemos la capacidad de cambiar de registro y quedamos definitivamente atrapados en dos categorías: la de los pelmazos que sólo hablan de ellos mismos y la de los bobos que los escuchamos.

Recuerdo haber oído una vez a Parra desarrollar esta idea: para la mayoría, conversar significa hablar ellos. Por mi parte, y volviendo al tren, admiro a ciertas señoras que resuelven a su manera esta cuestión hablando todas al mismo tiempo.

Hablando de su santoral (de Constant a Renard), Uriarte imagina encuentros que probablemente se produjeron sin que hubiese nadie para consignarlos: Einstein y Kafka tocando juntos el violín en Praga en 1912. La madre de Uriarte, su ama, y Salinger en el Museo de historia natural de Nueva York en 1928.

Y descubre y demuestra que Kodama mete mano en la obra de Borges.

Montano reproduce el extracto sobre Constant donde Uriarte se refiere al diario como secreto o como espacio abierto a la galería. Enrique Lihn acuñó el término de galería imaginaria para burlarse de los escritores que tienden a darse en espectáculo, él el primero, entelequia de la que se apropió Rodrigo Lira y a la que dedica su Ars poétique. Imagino que todo escribidor, incluso el más desprovisto de lectores, tiene una galería personal que lo mira por encima del hombro. E imagino también que quien escribe en secreto, para sí mismo, escribe contra ella, para librarse de ella.

IU

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samedi 15 décembre 2012

Ni una pica para Bolaño

Ya no leo, sólo releo a los clásicos, dice mi tío. Un clásico. Yo voy por las mismas en cuanto a las lecturas, y en materia de relecturas voy peor. Estos días he releído, eso sí, el Nocturno de Chile, como le prometí tiempo atrás a un amigo que solía venir por este remoto recinto.

Gran libro, brevísimo y jocoso. A quien dice, y son muchos, que no se ha escrito aún la novela de la dictadura, le digo que no, que sí, que es ésta. Un compendio del ser chileno, de su vuelo alzado (a media altura) y de su arrastramiento.

El libro cuenta las aventuras del crítico literario del diario El Mercurio, el cura Urrutia Lacroix, dos de sus ritos de iniciación, a manos del decano de la crítica, en su fundo, el primero, y en un viaje por Europa, el segundo; y dos pruebas, las veladas literarias en la casa de un torturador, y las clases de marxismo que el cura da a la Junta de gobierno.

Los personajes reales aparecen apenas modificados en el Nocturno, de manera que son a la vez reconocibles y aún más ellos mismos, si cabe. Lo que consigue la literatura, la buena. El cura crítico literario probablemente no es tal como el Nocturno lo describe, pero el boceto es más que suficiente para dar con el personaje. También los demás: el crítico decano, Alone en la realidad, Farewell en la novela; la escritora en cuya casa se tortura, María Canales.

La gracia de los nombres. El fundo de Farewell, donde Urrutia Lacroix vive su iniciación, se llama Là-bas. Los halcones que ciertos párrocos usan en Europa para espantar a las palomas que arruinan los frontispicios de sus iglesias se llaman Turco, Otelo y Ta Gueule.

La novela contenía al momento de ser escrita un interrogación palpitante: ¿qué iría a decir de ella el crítico convertido en personaje? La interrogación se mantiene entera para el lector: ¿qué habrá dicho de ella Urrutia Lacroix? ¿Se precipitó a leerla y decidió no dedicarle ni media pica? (Rodrigo Lira contaba en picas, esa vieja unidad tipográfica, el poco caso que le hacían los críticos literarios). Un hombre es responsable de sus palabras, se adelanta a decir Bolaño, pero es sobre todo responsable de sus silencios. Atención a lo que callas, a lo que calla el crítico personaje sobre el personaje crítico.

(No conozco otro caso de crítico convertido en personaje y su posterior reacción. Lectores habrán más sabidos que nos lo cuenten.)

Decía que el Nocturno es la novela de la dictadura. No sólo porque aparezca en ella en pleno la Junta de gobierno que bombardeó La Moneda, obsesionados como estaban por instruirse en la ideología del enemigo, el marxismo leninismo (Bolaño delinea con guasa la obsesión de los generalotes por la persona de Marta Harnecker, vulgarizadora local del marxismo). De los cuatro del Golpe, Pinochet es el que sale mejor parado de sus encuentros con Urrutia Lacroix. O será que los otros tres eran peores aún. Más ceporros, más cerriles. 

R

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vendredi 30 mars 2012

Entrevista con un jardinero

¿Por qué cultiva un jardín?

Porque viví muchos años cultivando plantas en macetas. Y cada vez que iba a la ciudad vecina me detenía a mirar un jardín con un árbol al centro. Una de las historias más conocidas de las Mil y una noches cuenta de un hombre que viaja del Cairo a Ispahán en busca de un tesoro. En Ispahán lo detiene la policía y un oficial se burla de él contándole la historia de un hombre que va de Ispahán al Cairo en busca de un tesoro, sin saber que lo que busca está en el jardín que ha dejado atrás. Vuelve entonces el hombre a su ciudad y encuentra el tesoro en su viejo jardín.

Otra vieja historia muy conocida es la del gigante egoísta, de Wilde. Cuando por fin llega la primavera, en el jardín del hombre necio permanece el invierno. Yo soy ese hombre necio. Tal vez el jardín sea una parcela del mundo. Dice Juan Ramón: « Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y mi jardín permanecerá ». El suyo era un jardín andaluz, tan diferente del que yo cultivo.

¿No será mucha literatura para tan poco jardín...?

Seguro. Pero lo contrario sería peor. Según Borges, el jardín de los senderos que se bifurcan es una imagen incompleta pero no falsa del universo. A quien pasa su tiempo leyendo se le corre una teja, como a Alonso Quijano, y no le queda tiempo para dedicar al jardín. A quien pasa su tiempo en el jardín, le alcanza el tiempo para leer.

¿Aprende algo en el jardín?

Una lección cada día. La de hoy: las hormigas enseñan que no hay enemigo pequeño.

¿Ha llegado por fin la primavera?

Cuando puede decirse que una estación ha llegado, ya comienza a irse. Pero, bueno, no nos vamos a quejar.

¿Y qué trae de nuevo?

Ahora mismo están en flor las violetas. El domingo llega abril y florecerán las lilas, como decía Elliot: Abril es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando la memoria y el deseo, removiendo raíces turbias con lluvia de primavera.

¿Da trabajo el jardín, en esta época?

Poco. Las hormigas comienzan a instalar a los pulgones en los cogollos de los groselleros. Es un fastidio. Pruebo a detenerlas con un papel impregnado de goma, que pego en el tronco para impedirles subir. Pero son pertinaces. Algunas consiguen pasar y, las que no, se cambian de árbol. Ya le digo, no hay enemigo pequeño.

-Veo que insiste: cómo es eso de que no hay enemigo pequeño...

-Bueno, la hormiga más pequeña mide menos de un milímetro. Se ha trasladado del campo a la ciudad (es de origen etíope). Aprecia particularmente los hospitales. Se sospecha que se ha convertido en vector de infecciones nosocomiales.

-Caramba...

-Se escucha a los humanos quejarse de que muchas especies animales están en vías de extinción. En cuanto a las hormigas, no hay de eso ningún peligro, al contrario: hay centenares de especies aún por descubrir...

-El futuro para el que lo trabaje...

-Y el mañana es del que lo vio primero... Por más que la humanidad engorde, no conseguirá hacerle el peso a las hormigas. Si ponemos a los seis mil millones de humanos a un lado de la balanza y a las incontables hormigas del otro, ya se imaginará de qué lado se inclina. Y esto, sin contar con las termitas, que tienen alas.

 J

Le jardinier, óleo de Georges Seurat

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mardi 20 mars 2012

Walking around

Sucede que me canso de ser hombre, dice la primera línea del famoso Walking around. Lira hacía con ese poema un número gracioso, recitándolo en clave alegre. Mi tío, de lo que se cansa es del invierno. De manera que hoy, que comienza la primavera, le gustaría ser otro o al menos llamarse de otra manera. Anton Pannekoek, por ejemplo, un astrofísico holandés que dio su nombre a un cráter lunar y al asteroide 2378. Pannekoek tenía un ojo puesto en las estrellas y el otro en sus semejantes, y era tan anarquista como darwiniano. Cómo quisiera él llamarse Antonio Panqueque y tener una cara de pan de Dios. 

AP

O, por el contrario, tomar posición al lado opuesto de la galería y tener una cara y un nombre como un insulto del capitán Haddock y haber combatido en las filas otomanas en calidad de irregular. Ser un bachibuzuk negro, o sea, y mirar al mundo con desdén debajo de ese sombrero.

BB

Óleo de Jean-Léon Gérome, 1869

PS/ Como dice Hut Weber, It's the hat.

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lundi 26 décembre 2011

Los pormenores

Diario de Chile (8)

Hace treinta años, tal día como hoy, tal mediodía como éste, se mató Rodrigo Lira. Como se sabe, Lira esperó el día y la hora de su nacimiento, su cumpleaños número 32, para abrirse las venas y dejarse ir. 

En Los Malditos, una colección de perfiles de escritores regrupados bajo tan bendito rótulo, el perfil de Lira lo compuso Óscar Contardo, a quien le conté mis pormenores sobre ese 26 de diciembre de 1981. Son estos:

En los días previos, le había encargado una traducción para La Bicicleta. Me dijo que esperaba que esa pega lo sacaría del pozo en el que se sentía. El día en cuestión, y como era su cumpleaños, compré una docena de chilenitos y me fui a su casa a saludarlo, a media tarde. Hacía muchísimo calor. Hice como siempre, fui por detrás del edificio y silbé hacia el balcón la melodía ritual, el inicio de los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. Pero no se asomó, como hacía, para intercambiar un gesto de reconocimiento antes de ir a abrir la puerta. Entré al edificio entonces y golpeé a la puerta. Desde dentro, escuché ruidos y a una voz formular una frase ininteligible. Supongo que sería uno de sus hermanos. Salí a la calle y me di cuenta de que en la esquina había una pareja de carabineros. A todo esto, yo seguía con mi paquete de chilenitos en la mano, un paquete de papel blanco amarrado con blanca pitilla.

En la última novela de Javier Marías, Los Enamoramientos, un personaje muere justo el día en que cumplía años, como Lira. ‘El mundo deja entrar y hace salir a las personas demasiado en desorden para que alguien nazca y muera en la misma fecha’, dice alguien. ‘No tiene el menor sentido, precisamente por parecer que lo tiene’.

El funeral fue en una iglesia de calle Manuel Montt y el entierro en el Cementerio general de Santiago. Frente a la tumba, según su voluntad, la familia plantó un ilang-ilang. Unos días más tarde, sus padres nos invitaron a Roberto Merino y a mí a su casa y nos obsequiaron con un par de libros suyos como recuerdo. En mi caso, un tratado de tipografía y El pensamiento salvaje, de Lévi-Strauss.

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vendredi 16 décembre 2011

Los años

Diario de Chile (3)

Le pregunto a mi amigo E, que tuvo la suerte de cenar con ellos, que cómo están los veteranos del 71. (Esa cena que debió llamarse 'Los veteranos del 71 vuelven a los 17'). ¿Que cómo estamos? En avanzado estado de descomposición, me advierte. Uno de ellos, M, se da tiempo para recordar, sin embargo, que en esta materia la última palabra la tiene Leonardo, según contaba un libro que leímos en la escuela primaria y todos olvidamos menos él. Le preguntaban al maestro toscano qué edad tenía. Tengo quince años, respondió. Porque hay dos maneras de contar los años, y yo cuento los que me quedan por vivir.

De los años hablan a su manera un grupo de añosas señoras durante una cura de rejuvenecimiento en un recinto termal. Las oigo contar que, según Jodorowsky, así como la edad de un árbol se lee en los anillos del tronco, la edad del ser humano se cuenta en las arrugas del ano.

No me extraña. Yo era cliente de Jodo en Twitter pero lo abandoné. Su capacidad para emitir boutades y paradojos es muy superior a mi capacidad para encajarlos. No le resto méritos, claro que no. Que estas matronas se expresen de esa suerte es santo y seña de que vamos avanzando. Añosos somos, pero ya no nos arrugamos a la hora de decir culo en público.

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PS/ Por otra parte leo que un estudio de la Universidad de Milán habría dado con el misterio de la sonrisa de la Jocosa: mientras Leonardo la pintaba, el maestro le exhibía la diuca (contraviniendo el palíndromo de Maturana: A la diuca, cúidala). // Cómo quieren las ancianas que respetemos sus canas si las pintan de tonos subidos, decía Lira.

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