samedi 1 décembre 2012

El tratamiento

Tras tantos elogios que he vertido aquí sobre la obra de Carrère, tengo ahora que confesar que se me está haciendo largo acabar Je suis vivant et vous êtes morts. No culpo a Carrère ni al formato del libro. Por culpar a algo o a alguien, culparía al protagonista, el tal Phil Dick, sobre todo al Phil Dick de su paranoia final. Yo suelo leer en la cama e ir a acostarse con un personaje así, como que cansa.

Después de enumerar otra de las innumerables trastadas de Dick, Carrère escribe, casi como disculpándose: nada de lo que cuento desgraciadamente me lo he inventado. La sentencia echa luces sobre su predicamento: lo que cuenta, sus personajes y sus circunstancias, suele ser tan excesivo que el único tratamiento que cabe darle es el apego a los hechos.

Además, si, como dice la presentación del libro, la pregunta recurrente de protagonista es saber si somos reales, mi respuesta es que sí, y a veces incluso demasiado. Como diría Parra, no tengo nada contra Phil Dick, a condición de que no exagere la nota.

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dimanche 23 septembre 2012

Las dos caras de un rostro

El filósofo bohemio Ernst Fisher murió en julio de 1972. John Berger lo acompañó en su último día de vida, y un par de años más tarde escribió A Philospher and Death, una breve semblanza de Fisher el día de su muerte. El párrafo que copio abajo (disculpas por no traducir) transcribe el diálogo entre los dos escritores a la hora del paseo matinal. El día contiene ya su desenlace pero aún no lo anuncia.

«We went for a walk together, the walk into the forest he would take each morning. I asked him why in the first volume of his memoirs he wrote in several distinctly different styles.

—Each style belongs to a different person.

—To a different aspect of yourself?

—No, rather it belongs to a different self.

—Do these different selves coexist, or, when one is predominant, are the others absent?

—They are present together at the same time. None can disappear. The two strongest are my violent, hot, extremist, romantic self and the other my distant, sceptical self.

—Do they discourse together in your head?

—No. (He had a special way of saying No. As if he had long ago considered the question at length and after much patient investigation had arrived at the answer.)

—They watch each other, —he continued. The sculptor Hrdlicka has done a head of me in marble. It makes me look much younger than I am. But you can see these two predominant selves in me -each corresponding to a side of my face. One is perhaps a little like Danton, the other a little like Voltaire.

As we walked along the forest path, I changed sides so as to examine his face, first from the right and then from the left. Each eye was different and was confirmed in its difference by the corner of the mouth on each side of his face. The right side was tender and wild . . . I thought rather of an animal: perhaps a kind of goat, light on its feet, a chamois maybe. The left side was sceptical but harsher: it made judgments but kept them to itself, it appealed to reason with an unswerving certainty. The left side would have been inflexible had it not been compelled to live with the right. I changed sides again to check my observations.

—And have their relative strengths always been the same?, I asked.

—The sceptical self has become stronger, —he said. But there are other selves too. He smiled at me and took my arm and added, as though to reassure me: 'Its hegemony is not complete!».

Somos un embutido de Danton y de Voltaire, de ángel y bestia (Parra), bajo la estela de Stevenson. Uma parte de mim pesa, pondera: outra parte delira, escribió Ferreira Gullar. Todo rostro acusa esa dualidad que desvela Berger en el de Fisher. Pero pocos lo hacen con la intensidad del de Eduardo Mendoza, tal como aparece en el retrato que está en la solapa de la mayoría de sus libros.

M Como todo lector, imagino, de vez en cuando al salir de un párrafo siento la necesidad de echar una mirada de reconocimento a la cara de aquel que lo escribió. Supongo que por esa razón los editores ponen en la solapa de los libros las fotos de sus autores: para facilitar la lectura, que no es otra cosa que la relación entre lector y autor.

Por eso será que entre todos le hemos puesto cara a todos los autores, aún a los que carecían de una, de Homero acá, pasando por Shakespeare y Cervantes. Javier Marías (no hay riesgo de que una penuria de imágenes se interponga entre él y sus futuros lectores) ha escrito páginas estupendas sobre el autor y su cara, como en su libro de semblanzas de escritores, Miramientos, escrito sobre la base de retratos de éstos. Y en Tu rostro mañana, el servicio de inteligencia para el cual trabaja el protagonista establece retratos de gente siguiendo una lectura de sus rostros.

Volviendo a Mendoza, pongo una hoja del libro medio a medio de su retrato. A la izquierda me queda un inquietante tipo oscuro, que mira como el peor de sus personajes. Y, a la derecha, un hombre aparente y suavemente irónico, que será aquel que los describe. Humor a la inglesa y picaresca española. Las novelas de Mendoza, como su cara son.

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lundi 7 mai 2012

El paréntesis

(Tres días en Luxemburgo, y 4)

Parra propone escribir como se habla y hablar con el lenguaje de la tribu, pero por escrito. Rimbaud, después de escribir el Antiguo Testamento a los 15 y el Nuevo a los 18, dejó de escribir a los 20 años. ¿Por qué? La respuesta es elocuente, silencio.

A todo esto me acuerdo de mi amigo T, a quien conocí en El Cusco. A propósito del leve malestar que creo haber sentido entre los huéspedes del hotel en Luxemburgo a la hora del desayuno. Del desprecio con que T se refería a sus equivalentes que paseaban su indolencia por Indiolandia mientras en Europa tenían en marcha su pequeño negocio. De T, digo, tan buen caminante como era. Lo he recordado poco en estos largos años, pero una vez soñé que le habían amputado la pierna derecha.

A todo esto también, confieso que vamos por Luxemburgo siguiendo una guía Michelin del año 55. No es que vayamos buscando bucólicamente el país que alguna vez fue Luxemburgo. Es que lo encontramos. Por los caminos comarcales, donde no hay nada que no sea paisaje, nada que no existiese cuando Rimbaud recorría estos parajes. Será una Europa recuperada de los agravios napoleonistas y adolfistas, anterior a la crisis y a la depresión. Una Europa entre paréntesis.

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samedi 21 avril 2012

El Tololo

Sabe, no fundo eu sou um sentimental, dice el fado, y no vamos a desmentirlo esta tarde. Que el premio Cervantes lo vaya a recibir, a nombre de Nicanor Parra, el Tololo, su nieto de 19 años, me empaña las gafas.

Que el viejo es sabio, ya lo sabíamos.

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Colombina Parra, los Príncipes de Asturias, Cristóbal Ugarte

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mardi 17 janvier 2012

El habitante número 101

Diario de Chile (10 + 3)

Mi amigo S está leyendo la Autobiografía de Mark Twain y me envía unas líneas. Espero que me sirvan para cerrar de una vez el Diario de Chile, que comencé en diciembre a la hora de despedirme del zygocactus y que ya va por el tercer apéndice. Qué latoso puede llegar a ser uno cuando se lo propone.

En la pequeña ciudad de Hannibal, en Missouri, cuando yo era todavía un muchacho -cuenta Twain-, todo el mundo era pobre, pero no lo sabía; y todo el mundo vivía pacíficamente, y sí lo sabía. Y había niveles en la sociedad: gente de buena familia, gente de familia inclasificable, gente de ninguna familia.

El pueblo se componía de un centenar de personas y yo aumenté la población en un uno por ciento. Es mucho más de lo que el hombre mejor de la historia podía haber hecho por un pueblo. Quizá no sea modesto por mi parte referirme a esto, pero es cierto. No hay constancia de que una persona haya hecho tanto, ni siquiera Shakespeare.

No hace mucho, alguien de Missouri me ha enviado una foto de la casa en la que nací. Hasta ahora yo siempre había afirmado que era un palacio, pero a partir de ahora voy a ser más cauto.

En Chile se creó años atrás una corriente de escritura poética llamada poesía lárica. Consiste en volcar en versos los sentimientos de aquél que vuelve a su pueblo, a su lar. Quien mejor expuso esa estética fue Jorge Teillier. Quien la anticipó fue, como tantas veces, el gran anticipador, Nicanor Parra. En su Hay un día feliz, por ejemplo.

Twain escribió su biografía convencido de que serían sus últimas páginas y se publicarían una vez que él estuviese muerto y enterrado. Y así fue sólo en parte, porque aún en vida publicó algunos extractos en una revista literaria. Se trata de un relato que adopta la forma del patchwork, donde el autor apuesta abiertamente por la libertad de expresión.

Estoy literalmente hablando desde la tumba -escribe-, porque ya me habré muerto cuando el libro salga de la imprenta. Hablo desde la tumba, en vez de hablar con mi lengua viva, por una buena razón: así puedo hacerlo libremente.

Este es un tópico parcialmente verdadero: la muerte nos libera de nosotros mismos y por lo tanto libera nuestra palabra de las trabas que el cálculo social nos impone a la hora de expresarnos. En mi caso, no sé si llegue a ser más sincero dentro de la tumba que fuera de ella. Por suerte, carezco de singularidad social, de manera que nadie se dará el trabajo de comprobarlo. Sin embargo, yo también creí ser un día el habitante número 101 del pueblo.

T

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dimanche 8 janvier 2012

Chile y algo +

Diario de Chile (10 + 1)

Asociar los términos Parra y Chile es un ejercicio probablemente ocioso. Todo lo que Parra ha escrito está asociado de antemano a Chile, al habla chilena y, por consecuencia, al espíritu de Chile, que, de existir y de estar en alguna parte, estará en la antipoesía. Incluso cuando Parra traduce poesía rusa o inglesa se está refiriendo a Chile, así se refiera al Olimpo o a los quintos infiernos.

Sin embargo, no debe de haber otro autor en Chile más cosmopolita que Parra, que ha aguzado su brújula en los cuatro puntos cardinales a la búsqueda de Lao Tsé y de Cervantes, de Shakespeare, Nietszche, el Martín Fierro y las Páginas Amarillas.

Por eso mismo precisamente, cuando Parra escribe la palabra Chile hay que prestar particularmente atención a lo que sigue. Lo hace a menudo. Memorable es el poema con ese título que cierra la Obra gruesa, uno de aquellos que varias generaciones de nativos nos sabemos de memoria.

A fines del 2o11 se publicó el segundo tomo de las Obras completas y algo +, consistente trabajo editado por Ignacio Echevarría y Niall Binns, que reúne el conjunto de la obra parriana entre 1975 y 2006. El volumen se cierra con las Obras públicas, expuestas ese último año en Santiago. Como se recordará, en ese sonado evento Parra colgó la imagen de los presidentes de la República en el propio palacio de Gobierno bajo el título de El pago de Chile.

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De los textos contenidos en Obras públicas, que son lo último publicado por el poeta de Las Cruces, reproduzco aquí aquellos en que Parra dice explícitamente Chile. Y algo +:

 

NADA DE QUE ADMIRARSE / Estamos en Chile / La puñalada siempre por la espalda.

____

NADA DE QUE ADMIRARSE / Estamos en Chile /La ley se acata pero no se cumple.

____

-MAMÁ / yo sé que usted me desprecia / -Qué tiene eso de particular / en Chile todos nos despreciamos mutuamente.

____

TU NO ERES NADA / tú no eres mapuche ni español.

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samedi 24 décembre 2011

La pascua

Diario de Chile (7)

A la Nochebuena y a la Navidad en Chile las llamamos la Pascua. Y la fiesta abarca e integra desde San Nicolás hasta los Reyes Magos. Hace calor, estamos en verano, pero la gente no renuncia a los pinos nevados, ni a los trineos, ni a los renos, ni siquiera a los frutos del acebo y al muérdago florido. La Navidad vino de Europa, la reformateó Norteamérica y esta noche la celebramos. Feliz pascua, decimos.

De la profusión de imágenes navideñas en circulación quiero decir algo sobre un par de ellas. La foto de un viejo pascuero (un San Nicolás) reducido por tres policías, tomada hace un par de días en el centro de Santiago en la que se llamó la Última manifestación del año. Tanto el pascuero como los policías se vistieron para aparecer en los diarios y lo consiguieron. 

La segunda es una caricatura sobre la escena del pesebre. Es una niña!, exclama el bueno de San José.

La idea es buena pero no nueva. Nicanor Parra ya la puso en unos versos de una serie que llamó Pichanga. No hay otro lugar en la Red donde lo encuentren. Es un regalo de pascua.

Entonces fue cuando le preguntaron / Si se acordaba de Nuestro Señor Jesucristo. / Las preguntas de ustedes respondió el Padre Eterno / Por más viejo que sea / ¿Cómo podría haberlo olvidado? / No se olvida tan fácilmente a un hijo único. / ¿Y no le hubiera gustado tener una niñita? / Y al Padre Eterno se le llenaron los ojos de lágrimas.

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El villancico

Diario de Chile (6)

El Niño mira a la Virgen
La Virgen a San José
San José que mira al Niño
Y se sonríen los tres.

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jeudi 1 décembre 2011

El Cervantes de hoy

Corre que ya te agarra Nicanor Parra.

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samedi 8 octobre 2011

Porque hoy es sábado

El lector de noticias comienza por probárselas, a ver cómo le quedan. Jobs murió a los 56 años. Tomas Transtroëmer, flamante Nobel de literatura, sufrió a los 60 un ictus que lo dejó hemipléjico y afásico. Para quienes nacieron en los años cincuenta, no digamos ya para quien nació en febrero del 55, estas novedades echan como una sombra negra sobre el periódico. La negra sombra que cantaba Luz.

Otra cosa es el consumo religioso de las necrológicas. Esa frasecilla de Jobs que pone a la feligresía mundial de rodillas: Encontrad lo que amáis. No la entendía del todo hasta que unas estadísticas, benditas ellas, vinieron a aclararme su sentido. Como decía Picasso, yo no busco: encuentro.

Pero no era de esto de lo que quería decir algo. Ni tampoco sobre FS, que advierte a quienes creíamos que la vida era broma que estábamos profundamente equivocados. Ni siquiera sobre Bélgica, que por fin se da una alegría. Lo mío hoy sábado va de animales. Aclaro que no soy animalista, no me alcanza el tiempo para todo. Pero en sus Diarios, Uriarte recuerda una idea de otro diario, el Diario de un mal año, de Coetzee: los animales son nuestros prisioneros de guerra, de esa guerra que perdieron cuando los humanos inventamos las armas de fuego. Y viendo a un rebaño pacer, le da la razón. 

En Chile, por estos días, mucha gente cree estar a punto de echar abajo el modelo de educación superior, que es carísima y malísima simultáneamente. Y lo que se yergue frente a ella para impedir que culmine el derribo es la policía montada. La emprenden entonces contra el jinete y también contra el caballo. Lautaro, joven libertador de América, tuvo que convertirse en mozo de caballerizas de Valdivia para entender que los conquistadores no eran centauros. Intentó explicárselo a los suyos pero no está claro que lo consiguiera, o no del todo. Unos cuantos siglos más tarde la cuestión no está resuelta. ¿Es legítimo arrearle una también al caballo?

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Circulan por la Red las imágenes de la paliza que le dieron unos capuchas a un policía en el cementerio de Santiago. ¡En el cementerio! ¡Muerte sí, funerales no!, escribía Nicanor en el glorioso año del 69. Y Rodrigo: En los subterráneos de la psique colectiva, todo el mundo a la muerte grita Viva. La serie de fotos culmina con una del caballo policial ensangrentado, y es la que causa más estupor. Tanto como que, en el pie de foto, al caballo se le llama caballar. Roberto Merino llamaba la atención sobre esto: en las páginas de sucesos a los caballos se les llama caballares. Llevar registro de la realidad consiste también en eso, en la actualización del bestiario del Reyno. Caballares, perros, guanacos, zorrillos, pingüinos, jotes, buitres.  

Pero hoy es sábado y mañana domingo: no hay nada como el tiempo para pasar, cantaba Vinicius.

Fotografía de Kena Lorenzini.