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Camino de Santiago
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11 août 2016

El despoblado

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Un viaje se puede contar de un tirón o por etapas. Esta vez voy a ir por etapas. De lo contrario, al ritmo que llevo, publico esto para San Martín.

Los Cameros viejos, la vertiente riojana de la sierra de Cameros, suponen un paisaje impresionante para quien llega de unas tierras llanas y architransitadas. Se trata de unos montes ásperos y de unas formaciones rocosas imponentes, hollados de antiguo por saurios que bebían de sus aguas frías al fondo de las quebradas.

En medio de ese paraje está el despoblado de La Avellaneda. En la soledad de sus calles y de sus casas parecen oírse aún los ecos de las voces vivas que resonaban allí hace apenas medio siglo. 

En otro sitio, en la iglesia de San Martín de Trevejo, el cura nos explicó que antiguamente la gente escuchaba misa desde el lugar debajo del cual estaban enterrados sus muertos. Antes, como se sabe, se sepultaba en las iglesias, y una manera de ver las catedrales e iglesias principales es entender que se trata de cementerios de notables.

En Vadillos de Cameros, pueblo vecino de La Avellaneda, compartimos una misa con los deudos de los que habitaron un día La Avellenada. Se reúnen para Santiago a honrar a los suyos y acercarse hasta el pueblo. La mayoría de ellos vive en Logroño, pero algunos viven mucho más lejos.

En aquél que tuvo que irse lejos y estuvo siempre pensando en volver, y cuando por fin pudo hacerlo encontró su pueblo convertido en despoblado, en ése pensaba yo apartando ortigas y zarzas en La Avellaneda.

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5 mai 2016

El ángel inflable

Pardin pescaba en su isla de Banggai, en Indonesia, cuando la vio flotando en las aguas. El día anterior había habido un eclipse, de modo que Pardin pensó que era una bendición. Su madre la vistió, le cubrió la cabeza con un fular y la sentó en una silla en el mejor lugar de la casa.

 

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 En el pueblo de Pardin, que se llama Kalupapi y es remoto, no hay internet, de manera que la gente tiene tiempo y ganas de fijarse en lo que cae del cielo, sobre todo si tiene forma humana.

Así fue que se corrió la voz de que el ángel de Pardin lloraba. Alguno se sospecharía de que en una vida anterior el ángel había sido una muñeca inflable.

El rumor llevó hasta el pueblo a la policía.

Detrás de la policía va la prensa.

Y detrás de la prensa los lectores.

6 février 2016

Una de Sergi López

Sergi López en el teatro de mi pueblo presentando Livingstone 30/40, escrita, dirigida y actuada por él y Jorge Picó.

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Muy gracioso López, muy versátil, un actorazo de lo ligero. La obra trata de dos momentos: la despedida de un hijo como los de hoy, adolescente tardío, con un padre como los de antes, un juez jubilado que presta más atención al tenis en la tele que a la despedida de su hijo, y todo lo que el hijo quiere es que le presten atención. López es un emotivo y el padre es un sillón. Un clásico de lo muy resabido bastante bien llevado.

El segundo es un largo intento de contacto entre López y el otro, un ser con cuernos, que bien puede ser un animal, o un primitivo, o incluso un hombre cualquiera, ya se sabe que hay gente con cuernos. El paño funciona, aunque por momentos peca por descosido. Lo salva el despliegue de López, que debe de perder un par de kilos en las casi dos horas que está en el escenario. No hay riesgo, le sobran. Tanto le sobran que López hace lo mejor que se puede hacer en estos casos, que es tratar a su tripón con desparpajo y hacer de él un protagonista más de la pieza.

Por otra parte, conocidas las simpatías de López por el independentismo radical, tiene gracia que los chistes sobre su identidad que se permite los haga a partir de su condición de español. Quiero decir que si esos mismos chistes los hiciese sobre su catalanismo se los pillaría su prima, si acaso. Por eso digo que tiene gracia. A mí, ya antes de saber que López es independentista, cuando me preguntan cuál es el actor español que más cara de español tiene yo respondo que Sergi López. 

30 août 2009

El curso del agua

Se detienen al borde del río y miran correr el agua. El movimiento del agua es engañoso, el río parece ir hacia el sur —hacia Francia, pero en verdad va hacia el norte —hacia Holanda, es la brisa la que provoca el engaño. Les da sed y se sientan en la terraza de un café a beber té helado. En torno a ellos hay varias mesas ocupadas por otras parejas. Qué curioso, dice Pepa, todos los hombres están sentados mirando al sur —hacia Francia y todas las mujeres estamos sentadas mirando al norte —hacia Holanda. Pepe da una ojeada al conjunto, así es. El nunca lo hubiese notado. Será el azar o la necesidad, la mímesis, el campo magnético, la humedad relativa del aire. A ver si llega otra pareja a romper con la monotonía de la escena. Y llega, él se sienta mirando hacia el sur, etcétera. Acaban el té, se levantan.

A la salida, Pepe enrumba hacia el sur —hacia Francia.

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26 décembre 2014

Mapocho abajo

Diez años sin haber leído D'autres vies que la mienne. En cambio, me entero de que, seis meses después de la ola que barrió Banda Aceh, la tasa de matrimonios en la ciudad se disparó. D'autres vies que la mienne, literalmente.

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Cuando iba al mercado persa en busca de marcos viejos, en Munich, Paul Klee dejaba a su hijo Félix frente a un teatrillo de marionetas. Así, hasta que él mismo fabricó para su hijo un teatro casero y creó los primeros personajes. De las cincuenta marionetas que llegó a modelar Klee, unas cuantas desaparecieron bajo las bombas inglesas en Wurzburg, en el 45. Quedan treinta.

Supe de ellas en Berna este verano y, hoy, 26 de diciembre, doble aniversario de Rodrigo Lira, cómo no recordar las marionetas de Lira -titiritero de por sí-, que conocí en la casa de la calle Hendaya y de las que nunca más tuve noticias. Me pregunto qué habrá sido de ellas, si estarán cubiertas de polvo en algún desván o habrán derivado Mapocho abajo.

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Paul Klee y Galka Scheyer, 1922

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19 janvier 2015

La virgencita del cerro

Diario del Cono Sur, 2

Se supone que hoy es el lunes triste, el día más deprimente del año. Espero que no sea para tanto, aunque haya amanecido nublado y desde mi atalaya la niebla no deje ver los entusiasmantes emblemas del futuro y del pasado de Santiago, un alto edificio en forma de supositorio y la virgencita del cerro, respectivamente. 

El falso adagio hindú del Hotel MarigoldEverything will be all right in the end... if it's not all right then it's not yet the end, del que hablaba anoche con S, se podría traducir así: «Al final todo se arreglará, y si no se ha arreglado aún es porque todavía no es el final». Se podría traducir mejor, hay que intentarlo. No sé por qué la gente no intenta traducir, si traducido se entiende mejor. En Barajas se me acercó una señora albaceteña y me preguntó si esa era la fila de priority. Y no era, claro.

Los ingleses del Hotel Marigold ni siquiera cogen un tren -lo comento por si el amigo V asomase- sino un autobús, tan tópico en su recorrido que dan ganas de bajarse en seguida. En el avión vi también otra de temática hindú, una comedia a lo Spielberg rondement menée. Un cocinerito indio invade Francia. ¿Someterá la patria de la ilustracion culinaria a su oscurantismo picante, como en la novela de Ulbec? Al final el cocinerito se casa con la cocinerita, aplicando el falso adagio hindú.

En Barajas no, pero en Zaventem por una vez había más policías y armas que pasajeros y maletas. Entre todos los males del terrorismo también está el de dar por buenas las armas que protegen de las armas.

Merino, hoy, como si hablase de mi tío, que no viene más a menudo por aquí por la lata que le da hacer la maleta. Y esperar lo que tarda en aparecer en la cinta repartidora en Pudahuel. Y ver como la olisquean los sabuesos del SAG, dispuestos a no dejar entrar en Chile -potencia alimentaria y forestal, reza la propaganda- ni la castaña que él lleva en el bolsillo para curarse el reuma.

Para no hablar de la lata de que no aparezca la maleta o, peor, que los del SAG la abran y exhiban a la faz de la tierra nublada un paisaje hecho de supositorios y de virgencitas.

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28 septembre 2014

Voy y vuelvo

Vengo de comprar una guía de la isla donde me iré a leer Así empieza lo malo, que también compré, así como un libro de Coetzee, el único que aún no he leìdo. Cuando acabe El Maestro de Petersburgo tal vez escriba unas líneas que llame Para leer a Coetzee, o Leer a Coetzee, o Coetzee. El primer capítulo del Maestro... debe de estar entre lo más triste que he leído en mi vida, y esto último es un elogio. Para alegrías, ya tenemos suficientes con las que nos trae el día a día. 

De paso me detuve a observar a la gente que, como dice Marías, así, en general, está loca.

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21 février 2015

Luna de miel en Entrepiernas

Sobre la toponimia chilena, tan graciosa a menudo -Sal si puedes, Peor es nada-, tan triste a veces -Isla Desolación, Golfo de Penas, Seno Última esperanza-, Nicanor Parra sentenció: «Este país debería llamarse Violeta. De lo contrario que se llame Chuchunco».

A punto estuvimos de detenernos en Chuchunco, como en Entrepiernas. Allí se me ocurrió una pregunta: ¿Habrá gente que pueda sostener que vive peor desde el regreso de la democracia? Habrá, pero no serán muchos, porque en el último cuarto de siglo, tras el paréntesis siniestro de la dictadura, resulta evidente que las condiciones de vida de la gente han mejorado. Ya sé que, simultáneamente, ha aumentado la desigualdad, y que el acceso a la salud, a la educación y al ocio de calidad siguen estando bajo mínimos para la mayoría. Aun así, la gente se comporta como si hubiese aprendido nuevos hábitos de consumo en las universidades que han florecido como añañucas después de la lluvia, privadas de calidad pero no de precio. Se queja con razón alguna gente de que las grandes empresas chilenas tienen el poder de hacer lo que quieren, más que el Estado. Y más que el Estado vecino, según se comprueba al paso por los países limítrofes.

En otro sentido, no sería mucho pedir que al desarrollo lo acompañase un subidón del nivel de la banda sonora, de la música que se impone en los lugares de esparcimiento. Que estropean el paisaje con la Sonora Culiandanga, quiero decir. Hay también otros detalles. Se construyen carreteras que no están mal, pero cuya señalización es deficiente o lamentable, según. Y, ojo, que nunca nos perdimos por esos caminos. Los conceptores dan los implícitos por sabidos, por no saber explicitarlos. Y lo cobran caro, a través de múltiples peajes, materiales y virtuales. 

Y sin embargo, se mueve. El primer año del segundo gobierno de Bachelet ha sido muy criticado, justamente, pero ha traído unas cuantas reformas de peso -tributaria, de unión civil. La educación espera turno, las reformas siempre llegan tarde cuando llegan. Todo esto, sin desestabilizar fundamentalmente la vida social. Será poco, pero «es no menor», como dicen algunos.

Eso también, por último: cuánto personaje perorando amarrado a una silla. No sé por qué no los liberan en Sal si puedes. En Entrepiernas, no, que allí quiero volver yo de luna de miel.

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8 mai 2014

En la otra orilla

En la orilla murciana releo de una sentada La Orilla africana, de Rodrigo Rey Rosa. Dos relatos cruzados, el de un colombiano más o menos perdido en Tánger, Ángel Tejedor, y el de Hamsa, un joven pastor tangerí en su tierra. La prosa de Rey Rosa es seca y húmeda a la vez, «erotizada y ascética» y «diáfana y enigmática», como dice en el prefacio Pere Gimferrer.

La historia del pastor tangerí se abre con la caída de una oveja a la mar y con el pastor detrás para intentar salvarla, y se cierra cuando su primera conquista, una joven arqueóloga francesa, se le escapa tras descubrir el tamaño del sexo circunciso del pastor, coronado por un grano de pus.

Mi ejemplar es de 1999, de cuando lo leí, y tiene, como digo, prólogo de Gimferrer e ilustración de cobertura de Miquel Barceló; además, el relato fue traducido al inglés por Paul Bowles. Nivelazo el de Rey Rosa.

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21 août 2013

Diario de astrofísica

Noches de luna llena. No es fácil dormirse mirando la luna a través de la ventana abierta. Pero me dormí.

En el tren matinal, los que se duermen son los jóvenes. Tal vez estuvieron despiertos durante la noche a causa de la luna. Los niños, que van de excursión con sus madres en estos últimos días de verano, están en cambio bien despiertos por la mañana y miran a los adormilados con los ojos muy abiertos. El sol de levante entra por las ventanas del vagón y nos deja a todos, niños, jóvenes y viejos, chapoteando en la luz.

El diario describe unos chorros de gas estelar lanzados a una velocidad tremenda, mayor que la del tren. Una estrella se forma al parecer en el hemisferio sur, un chorro orientado hacia la Tierra, el otro en la dirección contraria, y nubes de polvo rodean al nuevo astro. Un orgasmo celeste a plena luz del día y a espaldas de la luna llena.

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Óleo de Vincent Van Gogh

8 février 2014

Otra vuelta de tuerca

Tardo en leer Otra vuelta de tuerca. No me atraen los fantasmas ni los misterios, menos aun si hay niños de por medio. La tuve en mis manos muchas veces sin decidirme a leerla. Esta vez llego a ella por la ópera de Britten. Antes de verla, para entenderla.

El lector se pregunta si de verdad hay fantasmas merodeando por la casa o sólo son figuraciones del alma atormentada de la joven institutriz recién llegada a ella. Si los niños son inocentes o fingen serlo de tan bien educados que están. Si hubo o no un crimen sexual (¿habrá un crimen que no sea sexual?) que tuerce el recto hacer victoriano de sus habitantes.

La ambigüedad que planea es total. James fue hombre de dos mundos, ambiguo él mismo, que contuvo y combinó una cierta inocencia americana con la fantasmagoría británica en un único punto de vista. El lector sabrá perdonarle la verbosidad decimonónica; la época la pedía.

Borges admiraba esta novela. Y puntilloso como era en materia de traducciones (véase el caso de La Metamorfosis), admitió que la traducción de su amigo Bianco mejoró el título. Si A Turn of Screw es magistral, Otra vuelta de tuerca le da una vuelta más y lo supera.

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Óleo de John Singer Sargent

11 mai 2013

El día de las lilas

El momento del año en que maduran las lilas. En el jardín de Materlín las hay blancas y lilas. El color de las lilas blancas se pasa varios pueblos del blanco, mientras que el de las lilas lilas se acerca al añil, al azul paquete de vela, al azul da seda azul do papel que envolve a maça. Este año el día de las lilas ha llegado este once de mayo. Como siempre, hago unas par de fotos por mera manía de registrador, porque sé que la sensación que se desprende de las lilas esta tarde, esa carga de húmedo perfume, no cabe en una foto. Debería ser capaz de pintarlas, me digo a veces. Pintar obliga a mirar mucho, antes y después. Y de eso se trata, supongo, de mirar y de sentir demoradamente. El lilero no tiene mucha gracia fuera del momento de la floración. El fruto es más bien feo, el follaje es oscuro e inexpresivo y el ramaje —el porte— es algo desgarbado. Tampoco valen las lilas para los floreros, donde se marchitan en seguida. Toda la gracia de la que es capaz, el lilero la pone en el momento de la floración. Que es éste, el de esta tarde, ahora mismo.

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Lilas au soleil, óleo de Claude Monet

9 mai 2013

El Gran Nick del Gran Gatsby

NO se crea que he releído El Gran Gatsby por el inminente estreno de una nueva película (la cuarta, creo) basada en la novela de Scott Fitzgerald. Lo he releído por el precio: tres euros por la edición de Penguin y 2, 90 por la traducción al francés de J-F Merle, publicada por Pocket; la traducción al español la dan de yapa en la red pero es una chapuza impresentable. 5,90 en total, más barato de lo que me costará la entrada al cine, de donde saldré diciendo, como la cabra de Wilder, que me gustó más el libro.

Una tía mía en cuanto te pone un plato en la mesa exclama: ¡Espero que te guste, al precio que está la carne! Por lo visto, me parezco más a ella que a Gatsby, que daba fiestas ostentosas en su mansión de Long Island como si no le costara lo más mínimo darlas, como si las diese por casualidad, mero hábito, o ejercicio natural de confraternidad. Gatsby, que no hubiese caído jamás en la ordinariez de hacer cuentas delante de sus invitados.

Iba a señalar un par de detalles sobre la novela pero antes se me ha ocurrido releer la excelente crítica del cura Valente —la mejor novela norteamericana la llama, a coro con Harold Bloom— y veo que me deja poco por añadir. Sólo mencionaré que he seguido más de cerca al narrador, Nick Carraway, que al triángulo mimético que componen Gatsby y su rival, Tom Buchanan, y su Daisy, querida de ambos. Nick Carraway, el que ve y cuenta la aventura de su amigo, que va de lo ligero a lo trágico, y se deja en ella lo mejor de su juventud, me parece el personaje mejor delineado, entre otras cosas porque se delinea él mismo.

«En mis años mozos y más vulnerables mi padre me dio un consejo que desde aquella época no ha dejado de darme vueltas en la cabeza: Cuando sientas deseos de criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo ha tenido las oportunidades que tú has tenido, cuenta Carraway al inicio de la novela, y cumple con esta recomendación en su tarea de transmitirnos la historia. Se apega a los hechos pero no se esconde tras de ellos, no renuncia a ejercer su punto de vista. Su implicación en los hechos es total pero su manera de narrarlos está cargada de perplejidad y de distanciamiento.

Y dos detalles más. Por la novela me entero de que los gringos juegan al escondite (a la escondida) al revés, juego al que llaman Sardines in the box: uno se esconde, el primero que lo encuentra se esconde con él, el tercero también y así hasta el último.

También me pregunto si a un personaje como Wolfsheim, el socio hebreo de Gatsby, que dice Oggsford en lugar de Oxford y gonnection por connection, se lo podría pintar así en una novela de hoy, de qué otros trucos habrá que valerse ahora para caracterizarlo.

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30 avril 2013

Victor Hugo y Victor Joly en Luxemburgo

 El 14 de julio de 1870, días antes de la declaración de guerra de Francia a Prusia, Victor Hugo plantó en su jardín de su casa de la isla de Guernesey, donde vivía exiliado, una bellota de la que nacería un roble, en pie todavía, al que bautizó como el Gran roble de los Estados Unidos de Europa.

«De esta guerra no puede venir más que el final de las guerras y la fundación de los Estados Unidos de Europa», escribió entonces el francés. No sería después de esa guerra ni de la siguiente, sino de la tercera, que la paz entre Francia y Alemania sellaría el nacimiento de Europa.

Me entero de esto en Vianden, pequeña ciudad luxemburguesa, en la frontera con Alemania, donde pernoctó Victor Hugo en sus viajes por Bélgica y Luxemburgo durante su largo exilio. En la casa-museo donde se instalaba Hugo a escribir y dibujar, desde donde miraba el río y el castillo, que fue románico, gótico, romántico y ahora es turístico.

Hugo, por su parte, tras haber sido de joven monárquico y luego bonapartista, en la madurez rompió con los conservadores del Partido del Órden, y se dirá liberal-socialista-demócrata-republicano. Todo en él era campanudo y esdrújulo. Pero no sólo. Hugo era capaz de escribirlo todo, del panfleto y la gran novela a la guía de París y los poemas para los nietos.

A propósito de guías, la de Victor Joly que seguía Hugo en sus viajes por las Ardenas entrega una bien jolie descripción del viajero que atraviesa la calle principal de una ciudad de provincias al alba, como si cruzase un inmenso dormitorio con dos filas de camas, una a cada lado de la calle.

En Vianden, una ciudad pequeña en el centro de Europa, el tiempo que fue se confunde con el que viene. Entretanto, el presente es apacible.

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Bronce de Rodin sobre Victor Hugo, con el castillo de Vianden al fondo

28 juillet 2013

El balcón

Ha hecho calor y apenas ha llovido en las últimas semanas y el resultado está a la vista, no hay nada más triste que unas plantas moribundas en ese balcón donde una mujer intenta reanimarlas. Se ve que está de vuelta de las vacaciones y confió en que llovería como suele llover bajo estos cielos, o bien no conocía a nadie a quien pedirle que regase sus plantas, o no confiaba en nadie tanto como para dejarle la llave de su casa.

La imagen me recuerda otra, del viejo barrio del Trastevere, en Roma, donde una asociación vecinal exhibía con orgullo el resultado de su accionar durante la canícula que golpeó Europa en el verano de 2003, hace justo diez años: ni un solo muerto entre los ancianos del barrio, allí donde en otros barrios y en otras ciudades el calor unido a la soledad había hecho estragos. La fórmula es simple y no cuesta un euro: cada persona mayor se hace cargo de visitar una vez al día a otra persona mayor para ver como le van las cosas.

Por cierto, el sentimiento de anonimato y de autarcía que proporciona la ciudad es una conquista de la civilización y no se trata de renunciar a ella, no estoy predicando el regreso a formas de gregarismo tribal valiéndome de unas flores mustias. Sólo que la desazón en la mirada de la jardinera en su balcón me ha recordado a los viejos sobrevientes del Trastevere y he querido saludarlos en esta noche de verano.

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Óleo de Gustave Caillebotte

21 avril 2013

El hermanito y el hermanote

Entre las razones que vienen a explicar el famoso recado del joven Bieber a Ana Frank (Con un poco de suerte, ella hubiese sido admiradora mía), mi favorita es ésta: ...es que es joven.

La tontuna se cura con años, se cree, el candor juvenil aminora las culpas. Días atrás, el sosias belga de Bieber (18) salió a festejar su fan n° 140 mil en Facebook en el Porsche de su manager con su hermano (10) con resultado de muerte para el pequeño.

También el enrolamiento de algunos jóvenes en el yihadismo tiende a explicarse, en parte, por su pertenencia a esa franja etaria. El cerebro juvenil es lavable. En el caso de los hermanos Tsarnaev, un mes antes de pasar al acto el menor colgó en su cuenta Twitter este mensaje: Never try to fork a mini tomato while wearing a white shirt, it will explode.

Su condición juvenil es insoslayable: el menor, el sobreviviente, sólo tiene 19 años. Así, el relato sobre los Boston bombers sigue el modelo del mayor que arrastra al pequeño.

Modelo del que no escapan los yihadistas que van a combatir a Siria, aunque no tengan hermanos: si no los tienen, se buscan uno de sustitución con quien generar un lazo de sangre, una mancha de tomate en la camisa blanca.

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Óleo de Runcie Tatnall

19 janvier 2013

El leche derramado de Chico Buarque

En la cama de un hospital público yace un viejo aristócrata brasilero. Todas las acepciones del verbo yacer se avienen a su caso, menos la bíblica. Yace, digo, y sobre todo habla. Cuenta una y otra vez la misma historia, vuelve incansablemente al mismo punto de partida, a saber el abandono que le propinó su mujer.

Si con la edad nos da por repetir ciertas historias no es por demencia senil sino porque esas historias no dejan de repetirse en nosotros hasta el fin de la vida, afirma. Se lo dice a una enfermera, a algún camillero, al visitante ocasional de otro enfermo, al que se ponga al alcance. Pero a ustedes nada de esto les interesa, reclama, y suben el volumen del televisor por encima de mi voz ya trémula.

El remordimiento es memoria viva, decía alguien. En su caso, su memoria más que reconcomerse necesita desenmarañarse, tomar forma, formularse. Así es como cuenta cómo era Rio de Janeiro cuando al Corcovado aún no lo coronaba el Redentor, cuando llegar a la Marambaia costaba mareos y pérdidas. Un Rio semirural que ya tenía un pasado que quiso ser imperial y aún no imaginaba que sería la megapolis que es hoy. Tardó en convertirse en megapolis el espacio de una vida, la de este viejo que habla.

En ese espacio, la aristocracia, el clan del viejo que habla, ha perdido buena parte de sus privilegios, ha visto su leche derramada. Esto no quiere decir que sus entonces criados se hayan saciado con ella. O  sólo en parte. El viejo lo sabe, lo acepta e intenta, aquí y allá, donde cree que aún puede, una postrera rebelión de terratiente, sobre cuyas tierras magníficas de pasado se multiplican hoy las feas barriadas del presente.

En su relato se mezclan los tiempos y la trágica muerte del bisnieto, traficante de drogas, se confunde con el fin también trágico del tatarabuelo senador. Es raro tener recuerdos de asuntos que aún no ocurrieron, reflexiona, en medio de unos destellos de humor (en un diálogo con unos policías hacia el final del libro, el viejo les pregunta: ¿están felices aquí o quieren volver a África?). Su clase y su familia han sufrido afasias varias pero eso está lejos de ser su caso. Si se le ha ido el poder de las manos, le queda un último destello de expresión, este libro.

Que me parece la mejor de las tres novelas que he leído de Buarque (Estorvo, Budapeste). El portugués de su autor combina cultismos y barbarismos con suntuosa fluidez. También su nombre es un acierto. Montano me hace notar que el nombre de algunos fluidos primarios como la leche, la sangre, la miel son masculinos en portugués (y en francés e italiano), lo que crea una inquietud que brasileros y portugueses no notan.

Hubiese pagado por traducirlo. Pero como dice otro amigo, las guapas siempre vienen con el novio.

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22 février 2013

La manifestación

En el tren, tras darle una ojeada de soslayo a una moza que a pesar del frío va desabrigada, se sienta, abre una agenda trajinada, se pone a tachar anotaciones como un poseso, y luego sigue con otros papeles, muchos papeles, siempre tachando con ahínco. Hasta que lo reconozco. Es un periodista conocido, un tachador profesional.

Al llegar a la VUB, hay un tumulto formado por sindicalistas. Hoy es día de manifestación contra las medidas de austeridad. Hacen estallar petardos frente a un grupo de inmutables policías y asustan a una joven que da media vuelta para escapar. El horóscopo decía que no me amilanara, así que la animo a que sigamos adelante. Una vez que cruzamos la cortina de humo y las detonaciones, le pregunto si sigue con vida y ella estalla en risas.

En el centro, la manifestación va por el bulevar en mi misma dirección, así que manifiesto cincuenta metros. Voy al café donde expone mi amigo. El café está lleno y los cuadros muestran el mismo lugar en el que están. Se trata de un juego de espejos. El camarero me tiende el té desde el cuadro y me lo cobra en vivo y en directo. Vuelvo a la estación haciendo un rodeo por la Maison du miel. Pruebo y compro dos potes, uno de miel de dondelion de Borgoña y otro de melata de Toscana.

De regreso, en la estación de mi pueblo, me demoro mirando los cuadros de Delvaux que cuelgan de los muros. También se trata de un juego de espejos. A pesar del frío, en los cuadros de Delvaux hay trenes, andenes, trochas ferroviarias y mozas sin abrigo.

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Óleo de Paul Delvaux

28 décembre 2012

El circo

Hoy es 28 de diciembre, un buen día para ir al circo que se ha instalado detrás de la estación, en el sitio de lo que fue la azucarera, y donde la mitad de la función corre por cuenta del malabarista, clarinetista, percusionista, acróbata y un poco payaso, que aún es joven pero ya recuerda, cómo no, al Juancito caminador.

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Michael Randall, oil on canvas

24 février 2013

El mirlo

La nieve sería muy monótona si Dios no hubiese creado las cornejas. Antes se decía esto en relación a los cuervos, pero cuervos ya no quedan. Antes, en tiempos de Jules Renard.

Cuando ya no queden cornejas (dificulto que un día no queden cornejas) habrá que decirlo en relación a los mirlos. Antes no se podía decir esto en relación a los mirlos, porque en invierno emigraban. Ahora no emigran porque apegándose a las casas consiguen algo de calor y de comida, lo suficiente como para que les salga a cuenta no hacer ese viaje tan largo que antes emprendían rumbo a Almería y más allá. Admiro al mirlo que vive en el jardín de Maeterlinck, me alegra el día verlo remover la nieve para llegar a lo que va. La nieve sería muy monótona si Dios no hubiese creado los mirlos.

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Velázquez, San Antonio abad y San Pablo ermitaño, detalle

23 février 2013

Todo Godot

Cuenta Vila-Matas en su libro chileno que Godot era un ciclista, el último del pelotón en el Tour, al que esperaban ver pasar unos desprevenidos espectadores sin saber que ya había pasado. Lo recuerda a propósito de los espectadores de un rally en Madera que esperan el paso del último coche sin saber que ya pasó. Esta gente pava le molesta porque le recuerda el sinsentido del mundo. Y es verdad. Sin embargo, al menos en estos dos ejemplos, el sinsentido son los otros, como diría Juan Pablo. El sinsentido común lo aportan los demás, quiero decir. El sinsentido duro, en cambio, el sinsentido al cuadrado, es el que se aporta uno mismo cuando se descubre, molesto, observando a unos espectadores que esperan ver una carrera que ya pasó.

B

17 décembre 2012

Depardieu, la leyenda

Cuenta la leyenda que un domingo Gérard Depardieu quería comer langosta, por lo que bajó a la pescadería de su barrio parisino y, como no la había, compró la pescadería.

De lo que se desprende que Depardieu es un emprendedor.

Cuenta otra leyenda que un día Depardieu volvía de Dublín (o iba, sobre ese punto las leyendas divergen) en un avión de línea. El avión estaba a punto de decolar y Gégé (así lo llamamos sus seguidores) quiso ir al baño. Como la azafata lo conminó a volver a sentarse, Depardieu extrajo el petit Obelix y meó sobre la moqueta. Sus amigos refutan esta versión y observan que Gégé tuvo la precaución de mear en una botella. Que la botella rebalsase prueba tanto sus ganas de ir al baño como el hecho de que la estrella esa día no llevaba pañales.

Cuenta otra leyenda que cuando Depardieu se pasea por París en scooter lo hace en profundo estado de sobriedad y nunca golpea a los conductores con los que interactúa

Circulan otras leyendas sobre la vida de Depardieu intramuros, sobre su vida familiar, o sea, pero son todas mentiras peludas. Mejores son las leyendas venidas de Oriente, como ésa que dice que Gérard es copain-copain con el dictador checheno y con el dictador uzbeko. Con la hija de éste último, sin ir más lejos, Depardieu pergeñó esta obra capital del arte recitativo (Atención al síndrome de Stendhal).

En fin, la última leyenda, de hoy mismo, dice que si Depardieu vende su casa de París y se ha comprado otra en el pueblo belga de Néchin, que si amenaza con devolver el pasaporte francés y comprar a cambio un carnet de identidad belga (hoy han subido justamente de precio, de 15 a 18 euros, en la vivienda del pobre la casa siempre es enorme), no es por la pela sino por el amor casi físico que Depardieu siente por Sarkozy y la correspondiente repugnancia, física y metafísica, que experimenta por Hollande. 

Por mi parte, sigo creyendo que se hace belga por puro afán de protagonismo. Para salir en los chistes.

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1 décembre 2012

El tratamiento

Tras tantos elogios que he vertido aquí sobre la obra de Carrère, tengo ahora que confesar que se me está haciendo largo acabar Je suis vivant et vous êtes morts. No culpo a Carrère ni al formato del libro. Por culpar a algo o a alguien, culparía al protagonista, el tal Phil Dick, sobre todo al Phil Dick de su paranoia final. Yo suelo leer en la cama e ir a acostarse con un personaje así, como que cansa.

Después de enumerar otra de las innumerables trastadas de Dick, Carrère escribe, casi como disculpándose: nada de lo que cuento desgraciadamente me lo he inventado. La sentencia echa luces sobre su predicamento: lo que cuenta, sus personajes y sus circunstancias, suele ser tan excesivo que el único tratamiento que cabe darle es el apego a los hechos.

Además, si, como dice la presentación del libro, la pregunta recurrente de protagonista es saber si somos reales, mi respuesta es que sí, y a veces incluso demasiado. Como diría Parra, no tengo nada contra Phil Dick, a condición de que no exagere la nota.

P

26 décembre 2012

Otro 26 de diciembre

A la vista del calendario, repongo esto:

La Navidad

Roberto cuenta que cuando Macedonio se sentía solo salía a comprar pan rallado para alimentar a las baratas que le daban compañía. Lira era por el estilo. Una vez encontró un acer negundo de la Avenida Grecia arrancado de raíz y se lo llevó a su casa, lo plantó en medio del escritorio y lo fue decorando con los desechos que recogía en las inmediaciones, latas, papeles, piltrafas. Pronto fue la Navidad y el cumpleaños de Lira (que nació y murió un 26 de diciembre) y el Año Nuevo, que celebramos a la sombra de aquel árbol seco.

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9 janvier 2013

No problemo

Oigo decir que trabajar consiste en resolver problemas. Que la vida es resolver problemas. Puede ser.

Tiempo atrás se puso de moda el verbo procrastinar, dejar para mañana la búsqueda de soluciones. Rrose Sélavie fue más lejos, por su parte, cuando simplificó radicalmente la problemática afirmando que no hay solución porque no hay problema. O, como dicen los guiris, no problemo. Hoy lo que se lleva es resolver los problemas antes de que se presenten. Por mi parte, confieso que mis problemas favoritos son los que se resuelven solos.

Pero bueno, no venía yo a hablar de artistas sino de gente sensata como Henri Queuille, el padrino político de Mitterrand, quien sostenía que la política no consiste en resolver problemas sino en acallar a aquellos que los plantean. Después de acallar a unos cuantos -fue ministro de la República francesa en veintiuna ocasiones-, todavía se dio el tiempo de mejorar su aserto: No hay problema cuya ausencia de solución no acabe por resolverlo, dejó dicho.

Tanto seso y seny, que son lo mismo según don Corominas, le fueron recompensados póstumamente con la placa recordatoria que cuelga abajo y, en vida, con la asignación de su dulce nombre (Queuille suena como una síntesis de los dos componentes del material genital masculino) a una variedad de rosa. Algo aproblemada se la ve a la Rrose Queuille. Confiemos en que no tardará en resolverse.

Q

Recapitulando: No hay solución porque no hay problemo (aporte de J.A. Montano).

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