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Camino de Santiago
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3 mai 2022

Listas de Gandhi

LA CENA DE Gandhi en sus últimos años y por lo tanto su última cena:

1/ Compota de limón con jengibre, áloe y crema
2/ Verduras cocidas y crudas
3/ Naranjas
4/ Leche de cabra.

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Adepto del ayuno por razones personales y políticas, Gandhi redactó estas nueve reglas para practicarlo:

1/ Conserve su energía física y mental
2/ Cese de pensar en la comida
3/ Beba tanta agua como pueda
4/ Fricciónese con agua caliente
5/ Hágase a diario lavativas y sorpréndase al ver las inmundicias que seguirá produciendo aun sin comer
6/ Duerma al aire libre
7/ Tome baños de sol por las mañanas
8/ Piense en todo menos en el ayuno
9/ Piense en Dios y en su relación con Él y sus otras criaturas y descubra lo inimaginable.

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Hablando en público, Gandhi levantaba la mano e iba tomándose uno a uno los cinco dedos y diciendo:

1/ Igualdad para los intocables
2/ Hilen sus propias telas
3/ Ni alcohol ni opio: sobriedad
4/ Amistad entre hindúes y musulmanes
5/ Igualdad entre hombres y mujeres.

Luego se tomaba la muñeca y concluía: todo esto a través de la no violencia. Eso cuando hablaba, porque a veces se presentaba delante de la gente y no decía nada.

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Debería concluir esta lista de listas de Gandhi con la lista de sus marchas, de sus campañas, de sus ayunos. Unos cuantos de estos últimos llevados a cabo por razones políticas combinadas con su voluntad de purificarse a través de la acción testimonial, poniendo en todos ellos en riesgo su proyecto de vivir 125 años en buena salud. E intentando apaciguar la furia mortífera que cundió por la India tras la partición del subcontiente entre hinduistas y musulmanes, ayunó por última vez poco tiempo antes de ser asesinado a los 78 años. 

Y este sería por ahora mi resumen de la lectura de este libro:

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PS/ Leyendo esta excelente biografía de Gandhi una a una fueron cayendo las ideas falsas que me hacía sobre su figura. Yo creía, por ejemplo, que Gandhi había sido un hinduista ortodoxo. Y lo cierto es que de hinduista tenía mucho pero de ortodoxo muy poco. En uno de los diálogos que Fischer mantuvo con Gandhi le trasladó el reproche que le hacía al Mahatma el líder de la Liga Musulmana en el sentido de que Gandhi quería una India dominada por los hindúes. Frente a esto, Gandhi enumera la lista de sus religiones y dice ser:

1/ Musulmán
2/ Hinduista
3/ Budista
4/ Cristiano
5/ Judío
6/ Parsi.

Que vienen siendo todas las religiones presentes en la India en su época. Huinduista ortodoxo no era, pero sí profundamente religioso. Y tal vez de lo que se sentía más cercano, además del hinduismo en el que nació y al que quería reformar profundamente, era de una especie de religión que nació en los años en que Gandhi vivía, la teosofía. Sobre qué es la teosofía cabría escribir algo algún día...

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19 septembre 2021

Once días en el Ampurdán

Diario del Ampurdán

La playa es extendida y desde hace algunos años una franja es para los nudistas. Pero como en esta época hay poca gente o casi nadie algunos nudistas se pasean por toda la extensión de la playa como Pedro por su casa. Auguro que en el futuro toda la playa será nudista. Así va una pareja, morenos de pies a cabeza. El lleva un mazo de plumas que ha ido recogiendo. Seguro que las lleva para ponerse unas alas.

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Estoy en la que llaman Costa Brava, entre Barcelona y la frontera francesa, que de brava no tiene nada y es suave por donde la mires. Pueblos medievales, caletas, limpias playas y jardines, islas al alcance de la mano. Incluso los arrestos de algún indepe en pleno 11 de septiembre, día de la fiesta regional, parecen más bravuconadas que actos de bravura.

Merino dice que estoy en un lugar indeterminado entre Lovaina, Menorca y el sur de Francia, y en cierta medida es verdad porque los lugares por donde uno se mueve se superponen en la gastada conciencia. Tan gastada que me duermo una siesta de obispo y cuando despierto veo que estoy delante de las Islas Medas.

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No parece buena idea leer historias de aviones caídos arriba de un avión pero siguiendo un impulso compro en el aeropuerto Tintín en el Tíbet para llevársela a C y no puedo dejar de releerla de principio a fin, imantado por el trazado de la línea clara. Visualmente tal vez sea el mejor Tintín y finalmente no es mala idea releerla junto al ojo del buey del avión por donde asoman los Pirineos.

El joven Tchang, el único sobreviviente de la caída de un avión de Air India en el Himalaya, es secuestrado por el abominable hombre de las nieves. Cuando Tintín rescata por fin a Tchang de sus manotas, el Yeti queda sumido en la melancolía. Nunca más, se dice.

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Ya en tierra me leo la Teoría general del olvido, de José Eduardo Agualusa. Una portuguesa se queda atrapada en Luanda durante la guerra de independencia, en 1975, se enroca en su casa y sobrevive durante años sin contacto con el mundo. La rescata un niño huérfano. La leo en español porque es lo que hay y no puedo evitar leer la traducción, que es muy mejorable. Leí años atrás en la mera Luanda la primera novela de Agualusa, que ya era buena.

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Leo también unos cuantos capítulos de El Escarabajo de Wittgenstein, de Martin Cohen. En el capítulo llamado El caníbal de Santo Tomás, Cohen presenta las disquisiciones del filósofo escolástico para dilucidar si un individuo comido por otro individuo puede resucitar el día del Juicio final y si el caníbal debería resucitar dos veces, una vez por él mismo y otra vez por el individuo que se comió. Concluye que quien tal vez mejor resuelve este asuntillo es Avicena, para quien lo que sobrevive a la muerte es el ego metafísico o psicológico, por lo que el cuerpo sólo es esencial para crear la identidad y cuando ésta ya no depende del cuerpo para existir tal vez tampoco sea deseable que tenga que habitar un cuerpo. Escribo unas líneas intentado prolongar esta idea pero las dejo para el blog que tampoco lee nadie porque ése ni siquiera lo escribo.

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Una mañana rescato de la piscina a una lagartija. Nadar, nada pero la forma del bordillo le impide salir y está exhausta. Se aferra a una hoja que le tiendo y cuando siente que está en seco corre como una loca a meterse en un agujero sin despedirse. Pero la buena acción del día consiste en no filmar el rescate y correr como una loca a ponerlo en Instagram. Lo cuento aquí, lo que sólo cuenta como peccata minuta. Mi balance kármico va mejorando aunque por la noche haciendo yoga a la luz de la luna para bajar la cuenta de la luz piso una pareja de caracoles y mi balance kármico hace plich... 
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El césped que rodea la piscina y a fortiori el césped del golf están hechos de bonsáis. Algunos tallos sobrevivan al paso de la podadora y en cuanto los jardineros se marchan y cae el rocío o la lluvia se levantan y abren unas flores de colores al calor del sol.

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Pasa una barca de pescadores. La barca se llama García Lorca y los pescadores son tres. Dos están enamorados y el capitán está celoso.

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De las historias que me cuenta N emerge la figura del estafador que abandona a la mujer y a los hijos y deja clavada a la gente que en él confía para reaparecer años más tarde amparado por la prescripción del delito, reclamando y a veces recuperando el espacio perdido.

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Otra historia que me cuenta y me hace reír es la del bisabuelito. Un primo encuentra su documento de identidad y una foto. Pasmo en el whatsapp familiar. El abuelito era bien parecido, tal como nos había contado la abuela. Pero la abuela también nos había contado que era mayordomo y en el documento dice en cambio que era gañán. Así hasta que alguien se atreve a formular la pregunta de este modo: ¿en qué sentido hay que entender lo de gañán? 

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Nunca hay nadie en la piscina salvo una mañana en que aparece una pareja de rubicundos holandeses. Ella despliega un colchón inflable y se echa a flotar sobre las aguas. El entra en el agua y se le adjunta y con el celular en la mano a la altura de su cara redonda comienza a despachar.

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Todo esto sabiendo que toda alegría es provisoria.

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Continuará...

30 juin 2021

Ocho días en Gran Canaria

Hay lugares a los que se vuelve y yo vuelvo a Gran Canaria. No me había subido a un avión desde el inicio de la pandemia. Ahora que ya tengo la vacuna en el brazo y unos códigos QR en la mano llega la hora. Todo llega para el que no sabe esperar. Durante estos largos meses he entretenido la espera repitiéndome como un mantra lo que me dijo una doctora: «Dites-vous que vous êtes là». Hay varias maneras de poner en español esa fórmula cargada de subentendidos. «Podría no estar contándolo». O sea que mejor lo cuento. 

Estoy en el puerto de Las Palmas, donde mi padre hizo escala rumbo a América. Me voy a comprar un racimín de plátanos para celebrarlo, también porque los canarios son los mejores del mundo. Él me contaba que fue en esa escala cuando conoció los plátanos. Se encontró con uno en el plato del postre, con piel, tal como Dios lo trajo al mundo. Iba a llevárselo a la boca pero prefirió esperar a ver qué hacían los demás. Luego, como si lo supiera de toda la vida, lo peló y lo saboreó. En los primeros días de navegación, todo el mundo estaba malo por el zangoloteo del barco y dejaba sin tocar el desayuno. Él se tomaba varios cafés con leche y sus correspondientes medialunas que habían quedado intactas sobre la mesa y luego subía a la cubierta a cantar Mucho me gusta la sidra. Era un plato, decía el tío Tomás, que hizo con él el viaje a América.

En el paseo marítimo me aprendo de memoria estos versos de Saulo Torón: «De tanto mirar el mar / voy creyendo sólo en él / y olvidando lo demás».

Los belgas y abelgaos llevamos la lluvia puesta. Camino de la catedral, la lluvia nos pilla sin chubasquero ni paraguas y en dos minutos nos empapa. Nos refugiamos en un café y nos secamos la camisa en el secamanos del baño. La catedral está cerrada.

En la librería del centro comercial: Busco «Tomás Nevinson», de Javier Marías... Eh... ¿Cómo me dijo que se llama el autor, Tomás Nevinson?

Vamos buscando un lugar en el que comimos una vez hace cinco años. Tardamos en encontrarlo. Estaba en el primer oasis bajando de norte a sur pero ahora vamos de sur a norte y creemos verlo en todos los oasis que asoman por el camino. Por fin llegamos, está en el último oasis, como es lógico. Estamos tan contentos de haber dado con él que nos sorprendemos apenas de que parezca no haber nadie. Entramos por la terraza buscando a alguien y en la cocina encontramos a un señor mayor sentado en la penumbra. ¿El restorán está cerrado?, le preguntamos. El restorán se quemó, responde. Ah, claro, ahora lo vemos, todo está carbonizado. El señor es el cocinero y es napolitano. Hablamos un poco y me dice que el plato de ropa vieja que me comí entonces la preparó él. Nos dice que podemos comer bien en Fataga, en El Albaricoque, y así hacemos. Esta vez no pido ropa vieja sino verduras salteadas con gofio y miel. Y el ventero me pone un pan de leña con sabor a anís. Y un chupito de ron y miel.

Miro la playa de Maspalomas y veo a unos guanches mariscando. Pestañeo y veo que son bañistas. Un lugar siempre es ese lugar donde el tiempo va pasando.

El descubrimiento de este viaje está donde menos lo esperaba, en Arucas. Qué pueblo tan bonito. No sé que hago aquí habiendo como hay un pueblo como Arucas. Desde que lo vi, no tengo ojos más que para Arucas. Y mira que ver el Teide desde las alturas de Tejeda también tiene su qué. Y el Puerto de Mogán desde el mirador. Y el Jardín Canario y el barranco de Guiniguada. Y el Jardín del Huerto en Agaete. Pero Arucas, pero Arucas... Cuando te vuelva a ver no habrá más penas ni olvido.

La sensación de que estás en España y también estás en Sudamérica. Y no es sólo el habla, es el paisaje, la gente. Y la impresión de que en América todo pudo ser de otra manera si los ingleses no hubiesen metido la mano, que la tienen larga, ni los franceses la nariz, que también. Pero la Historia no es para el reconcomio sino para la altura de miras, que es a la que yo aspiro cuando dé el estirón.

En el taxi que nos trae de regreso del aeropuerto escuchamos por la radio el final del Bélgica-Portugal (1-0). Me parece que los locutores funcionan como esa gente que está cegada por la ideología y confunde la realidad con sus deseos. En su atropellado relato no se entiende si el árbitro le muestra tarjeta roja a uno o debería mostrársela. Ni si el partido acaba ya o va siendo hora de que acabe. 

Acabo de una vez por el principio: hay lugares a los que se vuelve y yo quiero volver a Gran Canaria.

Tejeda

16 novembre 2020

OK, Yôko

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Leo unos relatos de Yôko Ogawa. Me gustan, unos más, unos menos, pero todos están bien. Son sencillos y bien llevados. Queda sí la sensación cuando avanzas en la lectura de que Ogawa encontró una forma y que, aplicándola con variaciones, puede escribir mil relatos por el estilo. O nunca tantos, aunque me entero de que ha escrito treinta libros en veinte años. 

Los tres relatos que más me interesaron son aquellos en los que el narrador es un hombre, qué curioso. Un hombre que acompaña a su madre moribunda y se reencuentra con un amor de la infancia; otro que visita cada año el día de su cumpleaños a una añosa tía que iba para prima donna pero cambió de camino; y un tercero que limpia casas para costearse los estudios y tiene que hacerse cargo de la presencia insistente de una señora. Los tres son personajes algo transparentes, en el sentido de que están enteramente presentes en las situaciones pero no las recargan con su presencia.

Cuando tomé el libro no sabía si se trataba de un escritor o de una escritora, aunque en seguida me acordé de Yoko Ono y ya. Y como la guerra entre mujeres y hombres parece estar de moda, me llama la atención el intento de Ogawa de narrar siguiendo un punto de vista masculino. Creo que puede ser un ejercicio recomendable intentarlo alguna vez al menos. Chico Buarque ha escrito algunas des sus mejores canciones adoptando la voz de una mujer; en ninguna de sus novelas, en cambio, ha probado suerte.

24 avril 2020

Job

Algunos somos más de mirar cuadros que de leer la Biblia pero a veces una cosa lleva a la otra.

En plena vejez Job estaba contento con su suerte. Tenía una bonita familia, una fortuna suficiente y a pesar de los años no le faltaba salud. Su fe en su Dios era absoluta. Pero Dios se dejó embolinar por una provocación de Satanás. «Job te ama y te respeta sólo porque lo colmas de bienes. Déjame demostrarte que si se los quitas no tardará en renegarte», le dijo Satanás a Dios. Y Dios aceptó el desafío.

Así fue como Job enfermó de la más espantosa de las maneras, vio morir a sus hijos, perdió sus bienes y fue abandonado por su mujer.

Y sin embargo su fe en Dios se mantuvo igual. Al punto de que Dios volvió a hacerlo feliz. Y la Biblia le hizo un sitio y ubicó su libro nada menos que entre los Proverbios y los Cantares.

El 10 de mayo se celebra su fiesta.

Esperemos que para entonces ya estemos medianamente desconfinados. Y esperemos sobre todo que los viejos dejen de sufrir.

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Chagall, 1960 / De la Tour, 1620

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6 avril 2019

El mirlo

Tal vez el ritual del Chimuelo podría concluir con la plantación de alguna especie autóctona.

Cuando llegamos a esta casa la rodeaba un barrizal. A los pocos días el niño encontró allí un mirlo muerto. Bien que lo disimulaba pero me di cuenta de que estaba triste. Le dije entonces que lo enterráramos y plantáramos sobre él un cerezo que había brotado espontáneamente en una maceta. No siempre uno acierta pero el cerezo se convirtió en el árbol más alto del barrio. En verano nos ponemos morados de guindas y es una alegría ver cómo llegan mirlos y pichones a imitarnos. También es una alegría contarlo.

Ahora mismo está en flor el bendito.

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27 janvier 2020

Voy y vuelvo

Diario de Santiago y Lima

Llegué a Santiago de madrugada el primer día del año. En los últimos viajes había encontrado un aeropuerto estrecho, con largas filas y otras incomodidades. Esta vez el aeropuerto parecía sólido y en virtud de la hora estaba despejado y fluido. Cruzamos la ciudad rápidamente y pudimos ver las primeras luces del alba y oír el canto de los pájaros. Una epifanía el amanecer.

Al regreso a Bélgica salí a la calle y me encontré con un muchacho del vecindario. Vengo llegando del país de tus padres, le dije. Y yo me estoy yendo allá ahora mismo, me dijo él.

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Santiago levante y poniente en 1884, óleos de Marianne North

31 décembre 2019

La vida es breve y el vino es generoso

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La lectura del Diario de Raúl Ruiz me ha acompañado durante las últimas semanas. Lo acabo ahora y ya lo estoy echando de menos. Son 1200 páginas que cubren los últimos años de su vida, de 1993 a 2011.

Lo que escribe Ruiz casi a diario es siempre interesante y su manera de dialogar con el lector deja suficiente libertad a ambas partes. Fue un cineasta prolífico e hizo más de 120 películas, la mayoría sobre la base de textos literarios. Su Diario es a la imagen de su obra y combina cine, literatura, estética y filosofía con cenas y vinos a menudo en buena compañía.

Sobre cine, la noción de reomodo, que así la explica: Un gato persigue a un ratón. En la lengua usual hay tres elementos: gato-ratón-persecución. El reomodo consiste en envolver los tres elementos en un solo movimiento. También hay que decir que la relación entre un realizador y los productores es algo paradójica: el productor permite filmar, al mismo tiempo que impide hacerlo con la soltura que el director quisiera.

Y un par de consideraciones sobre pintura y cine: «Se me había olvidado que los cuadros tienen guión, como un filme, escrito por guionistas afamados». «Un cuadro de Van der Weyden nos mira doquiera que nos hallemos. Y nos mira a los ojos y nos evalúa: si estamos furiosos, trasluce furia; si reímos ríe. El cuadro asume la forma del que lo mira». Y la más resultona, ésta: «Fui a la inauguración de una exposición y había tantos cuadros que no se veía la gente».

«La vida es dura y moriremos sin entender gran cosa». «El cuerpo no me acompaña a ninguna parte». «La vida es breve y el vino es generoso». En la frase corta Ruiz es de primera.

Ya lo que se permite decir Ruiz sobre Chile no me permito yo ni siquiera pensarlo. Fui poniendo una banderita chilena junto a cada párrafo en que habla de Chile, a menudo mal y veces pésimo, aunque, quién sabe, con la socarronería chilota nunca se sabe bien de qué se está hablando. Las banderitas las dejo para la vuelta, que allá vamos...

Continuará

1 juin 2019

Memoria de fotógrafo

Me dijo una vez Elde Gelos que cabría  preguntarse por qué hacemos ciertas fotos y no otras. Las de su libro Berma muestran espacios detenidos por los que pasa una mirada en movimiento. Dos palmeras en un descampado urbano, una formación de colegiales, la ropa puesta a secar, una enseña comercial al revés olvidada en un patio trasero.

Montañas, también, cómo no, Elde Gelos es asturiano y vive en Chile desde hace veinte años. Animales en un camión, una cabra, un funeral, una novia. Calzadas sin berma, pasajeros a la espera, la trocha ferroviaria, un choque caminero. Memoria de fotógrafo: caballos en fuga.

En blanco y negro, con todos los matices del gris, yo veo en estas fotos de Berma un retrato más o menos intemporal de Santiago de Chile y de una franja de sus aledaños, la entrada suroeste a la ciudad por la carretera de San Antonio. Sin embargo que las fotos no se limitan a un único espacio.

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14 janvier 2019

Con flores a María

Diario de Chile

Hablando con AM y ante un giro de la conversación entono el «Con flores a María», lo que desencadena en ella el siguiente recuerdo:

Tendría AM 13 ó 14 años e iba a menudo a la iglesia a preparar una procesión para celebrar el mes de María. Un día, después de la misa, se quedó a ayudar al cura a cerrar la iglesia. El cura se llamaba don ER y vivía con su hermana, la J, aunque todo el pueblo sabía que la J no era su hermana sino su mujer. Una vez que cerraron la puerta de la iglesia y la nave quedó en la penumbra, el cura se sentó en una silla, tomó a AM por la mano, la sentó en sus sotanas y comenzó a acariciarle las piernas. A AM le repugnó el gesto y la circunstancia y se deshizo del cura como pudo. «Eso no es nada y es mejor que no andes por ahí contándolo», le dijo el párroco.

AM igual corrió a contárselo a su madre, quien le respondió: «Eso no es nada y es mejor que no andes por ahí contándolo». AM se lo contó entonces a doña L, que era su confidente, a quien solía llevar flores del jardín de su madre para que doña L le tocara alguna pieza al piano y le regalara una moneda de chocolate, y doña L le dijo: «Eso no es nada y es mejor que no andes por ahí contándolo».

Si bien que AM olvidó el episodio hasta hoy en que lo recordó cuando me escuchó entonar el «Con flores a María». Nunca más aceptó quedarse sola con aquel cura pero sí que sacó en procesión como previsto a la Virgen cubierta de flores cantando con su madre, doña L y las vecinas el «Con flores a María».

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22 avril 2019

La semana con dos domingos

Diario de semana santa

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«El entierro de Cristo», Tiziano, 1559

Jueves

Al atardecer de los jueves santos de niño iba a la ceremonia de un convento de monjas de claustro. Dentro, las monjas estaban pero no estaban. Se sentía su presencia pero no se veían, quiero decir. Igual que los santos, que seguían donde mismo, pero estaban cubiertos por paños morados. Cuando volvía a casa, mi madre preparaba el bacalao para el viernes.

Viernes

Estoy trabajando y me acuerdo de mi abuela. Me contaba que por trabajar un viernes santo un hombre cayó con su carreta a la laguna de Aculeo y se ahogó él y ahogó los bueyes. Mi abuela ya no vive, la laguna de Aculeo se secó, no sé si habrá alguien más que recuerde esta historia. Tal vez por eso la cuento.

Sábado

Nada.

Domingo

Solo sin tilde desde hace días, veo que no busco presencia ni compañía. Como esos personajes de Coetzee, el magistrado, el profesor, el jardinero, que al final de sus vidas recubren con paños morados la presencia ajena. «Me acuerdo de haber sonreído cuando la puerta de la celda se cerró y la llave dio la vuelta en la cerradura. No me parecía un castigo tan pesado pasar de un existencia solitaria a la soledad de una celda, a la que me llevaba conmigo un mundo de recuerdos y de pensamientos», dice el magistrado de Esperando a los bárbaros. Coetziano soy, qué remedio, pero la mía sólo es una soledad de semana santa. El martes vuelve la diversión, vuelve la gente.

Lunes

En este pueblo el acento no cae en el calvario sino en la resurrección, no en el viernes santo sino en el lunes pascual. El viernes se trabaja, el lunes se celebra y se descansa. La gracia que tiene este modelo es que la semana santa acaba siendo una semana con dos domingos. No alcanzas a caer en la tristeza del domingo por la noche porque al día siguente también será domingo. Me vale así por ahora en que estoy, parafraseando a Unamuno, ungido con la esperanza recia de un prolongado domingo.

16 décembre 2017

La otra oreja de Van Gogh

No hay más películas sobre Van Gogh que cuadros de Van Gogh, pero las habrá. Anoche volví a ver el Van Gogh de Pialat y qué gran película. A ver si me explico después.

Por ahora, esta escena sobre un cuadro menos conocido del holandés, el retrato del tonto del pueblo. De haber tenido dos céntimos, el tonto del pueblo hubiese sido el primer comprador de un cuadro de Van Gogh. Como no los tenía, se lo llevó gratis.

Más adelante en el mismo filme el hombre reaparece para preguntarle al pintor por qué no le pintó la otra oreja.

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11 mars 2018

Dos niños caminando por Santiago

Un mediodía de domingo de 1960 dos niños caminan por una calle de Santiago de Chile. Tienen once años. Ese día participaban en un paseo al campo organizado por los scouts de su colegio. Pero se portaron mal y como castigo los animadores los enviaron de regreso en un autobús. Están de vuelta y caminan en dirección a sus casas, resignados a tener que contar a medias lo sucedido.

Son Rodrigo Lira y Sebastián Piñera. Andando la vida el primero se convertiría según su propia definición en un hábil manipulador del lenguaje. El otro, en el empresario que introdujo en Chile las tarjetas de crédito y más tarde en presidente de la républica. Hoy asume su segundo mandato.

Lo cuenta Roberto Careaga en su Vida de Rodrigo Lira.

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23 octobre 2017

Una casa en Lisboa

A la economía la mueve la mímesis. A Madonna se le ocurre comprarse una casa en Lisboa y todo el mundo quiere comprarse una casa en Lisboa. O cuando menos ir a darse una vuelta por Lisboa para imaginarse comprando una casa en Lisboa, como hizo mi tío hace unos días.

Así que ya para salir del aeropuerto no cabíamos por la puerta.

Merecida la atención que le prestan a Lisboa madonnas y compradores, eso sí, muy merecida. Nápoles por suizos habitada, dijo el poeta, esa mezcla está muy bien conseguida. Y esa impresión de estar pisando el borde de algo e intuir que al otro lado también hay algo.

Es comprensible también el aumento del interés por Lisboa teniendo cuenta la turismofobia rampante en Barcelona, al otro extremo de la península.

En fin, que volví a caminar por un par de lugares entrañables. Y a comer bacalao cuantas veces pude. En un restorán normalito, en un restorán de un centro comercial (de ésos donde llega la gente en un Seat Ibiza con una pegatina que dice «Espero no conocerte por accidente», según Lobo Antunes) y también en un buen restorán, digamos que en El Rey del bacalao, donde me tomé unos petiscos de bacalhau de aperitivo y luego unas pataniscas de bacalhau de postre, todo regado por agua de la sierra y vino de los llanos. 

Volví a Bélgica y al día siguiente se desataron en Portugal unos mortíferos incendios. Me ha pasado más de una vez irme de los lugares la víspera de una calamidad. No sé cómo se llama eso pero espero que dure.

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6 décembre 2017

Cincuenta cosas por hacer antes de morir

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En un programa de radio en 1981, el admirable Perec propuso una lista de cincuenta cosas por hacer antes de morir. Cruzar el meridiano cero en el Pacífico para cambiar de día en pleno día. Ir de Uarzazate a Tombuctú en 52 días montado en un camello, el tiempo que tardó Stendhal en escribir La cartuja de Parma. Beber ron rescatado de un naufragio —como hizo uno de mi pueblo, el capitán Haddock.

Supongo que estos desafíos buscan retardar la inminencia del viaje definitivo. Perec moriría pocos meses después, a los 45 años, y no lo sabía al momento de establecer la lista.

Así que me pongo desde ya a hacer mi propia lista. O más bien me propongo ir haciéndola y deshaciéndola, a ver si así dura algo más la entretención. 

1. Jugar en la selección y marcar el gol decisivo.

2. Estudiar historia del arte y saltarme los capítulos malos.

3. Volver a vivir una hora de un día sábado de hace muchos años.

4. Caminar entre Conques y Cahors y luego entre Cahors y Rocamadour o Montauban. 

5. Entrevistar a John Maxwell Coetzee y preguntarle por qué va cada año a Chile.

6. Navegar desde Valparaíso a Montevideo y vice versa.

7. Avistar la isla de Delos desde la cubierta de una embarcación.

8. Ir del Cabo de Gata al Finisterre andando.

9. Ordenar la bodega y encontrar algo perdido y olvidado y muy querido.

10. Ir desde mi casa hasta la boca del Guadalquivir por la línea divisoria de las aguas.

11. Subir al Pierzu y ver el mar.

20 juillet 2017

El ex-libris

Diario del Camino de Santiago, 4

De Domingo Cirieño Inguanzo, mi tío Pepe, sé lo que me imagino, lo que he escuchado contar, lo que aquí se dice:

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Desde ya su nombre dice que nació un día domingo y sus apellidos que proviene de su pueblo y del pueblo de sus antepasados —el pueblo de al lado.

Mi prima guarda también como oro en paño unos pecios de su biblioteca. Conocer los libros de un hombre es conocerlo en parte, así que así voy conociéndolo yo y espero poner un día algo más sobre él. Vaya por ahora su ex-libris: 

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27 avril 2017

Nuevos lugares de Chile

Lugares de Chile, 2

Me siento un momento al lado de una querida señora. Está viendo un programa de la tele, Master Chef. Tres jurados, uno italiano, otro español y el tercero chileno, como en el chiste, le sueltan unas crueldades saladas a una cocinera gorda a cuento de unos huevos fritos. La pobre cocinera se quema un dedo en el aceite hirviendo, baja la cabeza y se lo chupa.

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A dos calles de mi casa había una iglesia de piedra, pequeña y oscura. Yo tendría diez años y era un niño de derechas. Un jueves santo, después de la ceremonia del lavado de los pies en la iglesia de los escolapios desvié mis pasos a la iglesia de piedra, donde cantaban las monjas de claustro. Una epifanía escucharlas cantar con su voz fina desde algún lugar escondido, rodeado de santos cubiertos de paños morados y pensando en la eternidad. 

Por el diario me entero ahora de que una niña entra al convento a los 16 años. Poco tiempo después, la madre superiora consiente que un par de trabajadores duerman en él mientras realizan unas obras. Una noche, la monja joven se siente mal y sale al pasillo a pedir ayuda. Uno de los trabajadores se la da y el niño nace a los nueve meses.

La expulsan del convento, ella entrega el niño en adopción y acusa al padre de la criatura a la justicia, que lo condena a dos años de cárcel por violación. Ahora la monja mujer se revuelve contra el arzobispado por no asistirla y es portada en los diarios.

Me acuerdo del canto de las monjas ese remoto jueves santo. Entre líneas, ese canto contaría la triste historia de una niña de 16 años que fue a encerrarse en un convento de claustro.

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Antonio Smith, Río Cachapoal

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Un único temblor de tierra, un sacudón sensible pero irrelevante para la escala local. Le dedicamos un par de comentarios distraídos yendo de la cama al living.

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La iglesia de las clarisas capuchinas intenta ser románica. La de los escolapios, gótica. Intentan parecerlo, quiero decir. La iglesia de El Golf, el barrio más caro de Santiago, es pura línea clara. En la fachada de Santo Domingo, en cambio, en el centro viejo, ahora un barrio de inmigrantes, no cabe una imagen más. Los pobres son napolitanos y los ricos intentan ser daneses.

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San Francisco a la hora de la siesta. En cuanto empujas el batiente de la puerta un penetrante olor a cera lo invade todo. La imagen es curiosa. Para encerar el piso de madera han levantado bancos y reclinatorios. Despejada, la iglesia se ve grande. Se ve rara, también, como si se preparase a acoger un encuentro de santos con extraterrestres. El brillo oscuro del suelo refleja el artesonado del cielo.

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La iglesia de San Saturnino, patrono contra los terremotos, está cerrada por los daños que provocó el último sismo. Dice el cura que por proteger a los demás no se protegió a sí mismo.

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La secta de Pirque es otra historia. Gente que tenía un buen pasar y lo dejó todo o casi todo por irse a vivir lejos del mundanal ruido. Como en Machulenco, pero en Pirque. No es muy común pero no deja de ser un lugar común. Todo bien con la vida en comunidad hasta que un día, un mal día, uno de sus miembros muere de muerte natural y sus compañeros deciden enterrarlo. Sin más, sin dar aviso ni registrar el deceso. No tarda en caerles encima el mundanal ruido.

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La historia del descuartizado de Quilicura es bastante más siniestra. Era español, me dice R, levantando una ceja. ¿Seguro que no era tu tío Pepe?

9 juillet 2017

La casona

Diario del Camino de Santiago, 3

Venimos casi todos de pueblos distintos pero algo tenemos en común. Lo noto cuando pregunto por ahí a la gente por sus orígenes y suelen contarme que vienen de un tiempo y de un sitio donde los suyos eran notables. Reyes hausas del río Níger, nobles de Pomerania, hidalgos extremeños.

No voy a ser menos yo ni a hacerme el original. También es el caso de mi casa. De la casa de mi tío Pepe, más bien, que es mía sólo en mis escritos y no en las escrituras. Me sería un placer describirla pero para hacerle sitio al mundo real prefiero copiar lo que se dice de ella.

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La llaman la casona pero no es grande y ampara aunque esté en estado de abandono. Hago míos los términos de sus contradicciones.

A quién no le gustaría tener dinero para despilfarrar. Voy a la notaría y arreglo los papeles, contrato a los primos y entre todos la restauramos. Me parece que ya escucho a los gaiteros.

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7 septembre 2016

Volverse a mirar

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La sierra de Cameros. Las vacas en la sierra de Cameros. Las cabras en la sierra de Cameros. El habla de Vicente en San Román. El agua del Ebro bajando a Castilla. La catedral de Burgos. La judería de Hervás. Las tablas del Divino Morales en San Martín. Una mata de hortensias en San Martín. El agua corriendo por las calles de San Martín. El viento soplando en la plaza de San Martín. El agua corriendo entre las piedras, en Acebo. Una familia en Acebo. La sierra de Gata. La sierra de Malcata. Los castaños «abuelos» en el castañar de San Martín. El helicóptero apagando el fuego. Los azulejos y vitrales ingenuos en Portugal. La muralla de Sortelha, en Portugal. La iglesia de Santiago, en Belmonte, en Portugal. El dintel de una ventana en Robledillo. Las ventanas. Las puertas. Las puertas-ventanas. El color del aceite en Robledillo. El color de la miel en Robledillo. El color del vino en Chinchón. Las tinajas de vino en Chinchón. La Asunción de la Virgen, por Goya, en Chinchón. La plaza de Chinchón. Los piños de ovejas en el campo extremeño. El atardecer desde el mirador de Llerena. El amanecer desde el mirador de Llerena. El Cristo en la cruz, de Zurbarán, en Llerena. La escultura del «tumbaíto» en Llerena. La sombra de las palmeras en Llerena. La capilla de San Blas en Santa Olalla. La meseta desde arriba. Las montañas desde arriba. 

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15 août 2016

Ancha es Castilla

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«Anochecer de verano en Castilla. A un lado trabajan las eólicas. Al otro, el paisano con la cosechadora», escribí durante la semana que estacionamos en Burgos. Un apunte de veraneante que mira a los currantes delinear un paisaje como de óleo sobre tela.

El trasiego de las cosechadoras separando el grano de la paja perturba los tranquilos campos, desde donde una familia de ratoncillos se ve obligada a huir en busca de asilo a la casa que ocupamos, y acaba refugiándose en la oquedad de un muro, detrás del retrato al óleo de un antepasado de la propietaria.

Todo esto a la hora de la sobremesa nocturna. Nos ponemos una copa para decidir si optamos por la paz o por la guerra. Dos copas después, ya estamos armados de bastones intentando darles a los roedores y no darle al antepasado.

No entro en detalles sanguinolentos. Sólo diré que devolví a la familia roedora inane al campo de donde eran originarios y les di sepultura. Cuando levanté la cabeza amanecía, y el paisano ya estaba de vuelta con la cosechadora.

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14 décembre 2016

Tema del pastor en el monte

Otro 14 de diciembre

Todos los días de Dios me acuerdo de mi padre.

Hoy ha sido escuchando un lied de Schubert, Der Hirt auf dem Felsen, El pastorín en el Pierzu, que resumo en estos versos traducidos a mi manera:

Cuando estoy en el monte, miro el valle y canto
La primavera se acerca, la primavera me espera
Y yo me preparo para iniciar mi camino.

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Este Corot da con la distancia justa para ilustrar lo que digo.

26 octobre 2016

El campo de batalla

El teatro al que fuimos anoche a ver Battlefield me invita hoy a dar a conocer mis impresiones. 

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Que lo haga por las redes sociales o por mail, me propone. OK, pero será por el blog. 

Battlefield, el campo de batalla final del Mahabharata, la epopeya de la India ancestralJean-Claude Carrière, santo de mi devoción, cuenta en su Diccionario de la India que un lector tarda un año en leer el libro. La versión adaptadada al teatro, hecha por Carrière y Peter Brook, comenzaba en Avignon a la puesta del sol y acababa a la salida. La versión que vimos ayer dura sólo una hora, durante la cual se suceden las historias de los últimos protagonistas de la saga frente al campo de batalla, cansados ya de dar guerra. 

(Carrière cuenta también que al comienzo del Mahabharata dos reyes jóvenes mueren dejando dos princesas viudas y sin hijos. Vyasa, el autor, se queda sin personajes. ¿Cómo hará para continuar el poema anunciado? La única solución es que entre en su propio relato, vaya hasta el lecho de las princesas viudas y las fecunde. Sus hijos se disputarán luego el imperio del mundo y el autor será doblemente el padre de sus personajes. Una primicia en la historia de las palabras).

El Battlefield que vimos ayer es una puesta en escena minimalista para unas historias potentes. La serpiente mata a un inocente. ¿Quién es el culpable? La serpiente culpa a la muerte. La muerte culpa al tiempo. El tiempo culpa al destino. 

Un rey se despoja de sus atributos para internarse en la selva, que es a donde va un rey cuando ya no reina. Entrégaselos a los pobres, intima a su segundo. Este se vuelve hacia nosotros, los de la platea, los de las toses. ¿Es usted pobre?, pregunta, mirando a uno. Es evidente que no hay pobres en la sala. Los pobres no van al teatro a ver sagas hindúes. No, responde el primero. Tampoco, el segundo. El tercero tiene alma de actor y dice que sí.

13 mai 2016

Conejos en la noche

El vuelo de ella salía de madrugada y las medidas de seguridad mandan presentarse tres horas antes del despegue. Así fue como llegamos al aeropuerto en plena noche y salvamos los controles militares con la compunción que la nueva situación impone.

De regreso, solo, tomé mal la salida en una rotonda y me encontré en una suerte de zona industrial sin industrias, en un paraje despejado y desierto a esa hora improbable. Se cruzaron dos conejos, luego cuatro, luego cuarenta. Tantos eran que disminuí la velocidad y me detuve a mirarlos. Cientos de conejos, todos iguales, corriendo en todas direcciones.

En esos momentos se mueven en uno dos fuerzas encontradas. La que quiere llevarte cuanto antes de regreso al buen camino y la que celebra la llegada de la sorpresa. 

No queda más que echar mano a la pantalla grande y decir que la imagen era cinematográfica. En ese terreno, el cine es nuestra segunda naturaleza. Un hablante medio diría probablemente que la situación era surrealista. Pero tal vez baste con llamarla onírica, teniendo en cuenta la hora que era. 

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14 octobre 2015

El ombligo pintado

Fragonard, y 3

«Je peindrais avec mon cul», habría dicho una vez Fragonard. Esto se puede entender de varias maneras. Pintaría a como diese lugar. Pintaría si no tuviese pinceles, incluso si no supiese pintar. Y también, literalmente, pintaría con todo mi ser, con mis partes pudendas, o sea. Pintaría de la cintura para abajo. O en el límite mismo de la cintura, como en este grabado de Fragonard, que ilustra un libro de La Fontaine, en el que el pintor pinta el ombligo de la modelo.

Durante siglos, pintores y espectadores se valieron de las aventuras de los dioses y semidioses grecorromanos y de las vidas de los santos cristianos para pintar y contemplar rabos y rabadillas. Hasta que llegó el día, bendito día, más o menos por los días de Fragonard, en que la anatomía humana pudo pintarse y observarse per se

No duró mucho esa edad dorada. Por la vía de la reproducción mecánica, pronto rabos y rabadillas saltaron a la páginas de los libros ilustrados, a los tabloides, a los calendarios. Entonces los pintores en lugar de pintar con el culo, como quería Fragonard, pasaron a pintar como el culo, cuando no dejaron derechamente de pintar.

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13 août 2016

La pella de tierra

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En la iglesia de Vadillos de Cameros, frente a la casa de Santi, donde nos reunimos para recordarlo, mi hermana dijo que una palmera se puede transplantar —la prueba es que el mundo se ha ido llenando de palmeras— a condición de que lleve el cepellón, la pella de tierra madre, adherido a las raíces. También dijo que ciertas palmeras datileras en la medida que envejecen van dando frutos cada vez más dulces.

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