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Camino de Santiago
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6 août 2019

El truco del pincel

Coetzee comentando «El desvío a Santiago» de Noteboom. Sobre Velázquez:

«...Aunque pueden verse los cuadros como trucos con la pintura (igual que pueden verse los poemas como trucos con las palabras) y aunque gran parte de su propia crítica de arte consiste en detectar el truco del pincel detras de la ilusión de la verdad, ciertos trabajos artísticos parecen invitarnos a regresar al lenguaje de lo real y la verdad, un lenguaje que puede ser viejo y despreciable pero que sigue siendo el único apropiado para la tarea».

Y sobre Zurbaràn y Cézanne:

«...Zurbaràn se concentra en los enlucidos de tela y paño que para él constituyen un ensayo sobre la relación entre la luz, el color y el material como no se volvería a ver hasta Cézanne».

Costas extrañas, Ensayos 1986 - 1999

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Zurbaràn como San Lucas

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24 janvier 2018

El zorro

El día deja paso a la noche lentamente por los días en que llega el verano. Cuando llegamos a vivir a esta casa, D era un niño y la calle estaba rodeada de campo. Así es como en ese intervalo entre el día y la noche y entre el campo y la ciudad íbamos a mirar al zorro y los conejos.

El zorro asomaba por su madriguera y echaba un vistazo a la ladera, a ver cómo corrían los conejos. Y para nuestra sorpresa, no los atacaba. D me preguntaba por qué y yo improvisaba unas respuestas. Porque sopla viento norte y los conejos están del lado sur y el zorro no los huele. Porque el zorro destripó una bolsa de basura, tiene la panza llena y le da pereza correr. A veces incluso le contaba retazos de un libro que me regaló una gringa cuando joven, un bestseller entre los hippies.

De tanto en tanto vuelvo a ese lugar y me pregunto qué será del zorro y los conejos. Y me digo que se han ido a vivir a una ladera donde un padre con su hijo los miran en los anocheceres de verano.

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29 avril 2018

Todo Coetzee o nada

TIEMPO ATRÁS, MONTANO me dijo que debería escribir unas instrucciones para leer a Coetzee. Eché las cuentas y como me faltaba por leer Vida y época de Michael K le dije que para eso primero tendría que leer todo Coetzee.  

Supongo que para no ponerme en el brete de tener que escribir las instrucciones para leer a Coetzee no leí Vida y época de Michael K durante todos estos años. Hasta hace unos días.

La novela es de 1984 y es la cuarta de las 16 escritas por Coetzee. Pero parece la última, la más reciente, la que habla de hoy. Copio la descripción que hace , porque me parece insuperable: «La novela trata de Michael K, un jardinero de raza no identificada que puede o no tener problemas mentales». Pues eso.

Tanto me ha gustado que me pongo a releerla. Wilde decía que si al releer un libro no le ves la gracia, quiere decir que no era necesario leerlo la primera vez. Voy a comprobarlo.

Por lo demás, prometido, escribiré la instruccciones para leer a Coetzee en cuanto haya releído todo Coetzee. No hay para qué precipitarse.

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Contrariamente a la novela, ninguna portada de las muchas ediciones de «Michael K» me convence. Así que pongo esta imagen de la sexta de las nueve versiones de la novela que Coetzee escribió en 1983 sobre cuadernos hechos por él mismo en base a papel reciclado de la Universidad del Cabo. Como puede verse, la novela se llamaba para él simplemente «#4», la cuarta.

12 septembre 2016

La boda

En Colombres está el Archivo de Indianos, el museo de la emigración asturiana que contiene las colecciones que dan cuenta del despliegue de Asturias por el mundo.

A inicios de este agosto se inauguró la sala Chile. En uno de sus paneles hay unas imágenes que muestran la historia del Paxarín parleru. Allí estuvieron una de sus hijas y una de sus sobrinas descorriendo el velo de esas imágenes. 

Dos palabras sobre la imagen de la boda. Eran los años de la posguerra y el material fotográfico era escaso y caro. El fotógrafo sólo contaba con tres negativos para cubrir el evento. Las fotos habían de salir bien a la primera. Y salieron bien, a la primera. Faltaría más.

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28 mai 2016

Información y propaganda en un fresco de Gozzoli

Sobre el viejo asunto de la ficción y los hechos viene a decir Carrère que lo que cuenta es la ressemblance —literalmente el parecido, pero tal vez en este caso sea mejor traducir por verosimilitud. El diccionario propone esta definición de ressemblance: «Degré variable de similitude entre des personnes, des choses». Al pie de la letra, entiendo que siempre habrá una distancia entre lo vivido y lo contado y el punto está en determinar cuál sería el grado menor de esa distancia, y el mayor, y el mejor, y el grado justo o simplemente el grado. En torno a esas cuestiones han girado y giran la poética y la antipoética y los molinos de viento.

Mejor que el principio, la ilustración: cuenta Carrère que en Florencia un amigo lo llevó a ver los frescos de Gozzoli, que presentan a cientos de personajes en el cortejo de los Reyes Magos, y le hizo notar esta circunstancia: los del primer plano hacia atrás, los del fondo, son florentinos de la época —entre ellos el propio pintor, de gorro rojo— y fueron manifiestamente pintados por Gozzoli d'après nature. En cambio, los del primer plano, ángeles y santos que están cerca del pesebre, son figuras idealizadas, irreales. Ni qué decir tiene que resulta mucho más interesante observar a los primeros —a los últimos, en este caso.

La vieja distinción entre información y propaganda, respondería mi tío si le preguntaran.

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21 janvier 2015

A ti, Lolita

Diario del Cono Sur, 4

Por muy alto que esté el lugar desde donde se la mire, la ciudad resulta inabarcable: siempre hay más detrás. También sucede con el ruido, que puede ser sordo o agudo pero es siempre continuo. 

Un amigo belga me decía años atrás que el hecho diferencial de Santiago no era su tamaño ni su barullo sino la cantidad de peluquerías por kilómetro cuadrado. Habría tantas peluquerías (que aquí llaman salones de belleza) como en Madrid hay bares o librerías en Buenos Aires. Pero más que peluquerías, o bares, o incluso librerías, hay ahora en Santiago salones de pilates. Y hasta ayer no sabía yo que el pilates es una especie de gimnasia para santiaguinas.

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O será esto un fenómeno del barrio que atravieso para ir de mi piso 19 hasta la librería, que tiene nombre de niña, de cachorra y de novela, Lolita. Un nombre tan lindamente palindromático: A ti, Lolita.

El libro que compro opera un prodigio: es el último de Savater y el primero que no me gusta. No me gusta particularmente el capítulo que le dedica a Santiago, quiero decir. Se trata de periodismo literario: el autor recorre varias ciudades y las describe a través de su escritor emblemático. A Santiago le toca en suerte Neruda. Pero los entrevistados no tienen nada muy sustancioso que decir y hay una coma mal puesta. Tanto así que la impresion de conjunto es que nuestro querido filósofo le ha echado a la cundidora. Mejorará en cuanto hable de Buenos Aires y Borges, no me cabe duda.

Hablando de palíndromos y viendo éste que le dedica a los islamistas mi amigo Montañés: Mal si leís así el islam, caigo en la cuenta de que todo palíndromo que se le dedique al islam comienza mal y termina peor.

6 mars 2014

La ilusión (2)

Lo que cuenta es la ilusión, no sólo para los artistas, también para el público. Lo cuenta Ignacio Vidal-Folch en su libro, a propósito de un secretillo que le confesó Selen, una estrella porno italiana. Como las ventas de una revista que se publicaba con su nombre decaían, decidió proponer un canje: por seis cupones recortados de la revista los lectores recibirían un regalo íntimamente personal de la actriz.

Ya se imaginan cuál sería el regalito. Pues sí, eso mismo, un vello pubiano de la estrella. Certificado y autografiado. Como hay más fetichistas que pelos en el pubis, la iniciativa tuvo tanto éxito que la pilosidad de Selen no daba abasto y los redactores de la revista, desbordados por la demanda, tuvieron que contribuir con lo que tenían más a mano.

Así fue como los admiradores de Selen recibían dentro de la cariñosa cartita firmada por la pornoestrella («Me hace mucha ilusión que tengas y conserves el resto de tu vida un regalo tan personal y tan exclusivo: una parte de mi cuerpo») un viril pectiniculus de algún redactor de la revista.

Lo contemplarían excitadísimos. Ya lo dice el título, lo que cuenta es la ilusión.

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Óleo de Robin Rosenthal

28 mars 2014

Papá, cuéntame un cuento de Ionesco

Hoy hace veinte años que murió Ionesco. Tiempo antes, estuvo en Lovaina y fui a escucharlo a un auditorio abarrotado de estudiantes. Recuerdo a un señor pequeño y nada histriónico, que manejaba con destreza el pañuelo de sonarse. Tras las preguntas de rigor le pidieron que leyese algo y, en contra de lo esperado, no leyó un extracto de La Cantante calva o de otra de sus famosas obras del llamado Teatro del absurdo, sino un cuento para niños. Es decir que no ocupó un registro campanudérrimo sino que prefirió uno campanudillo, para decirlo con las categorías de mi amigo Sámuel. Compré luego el librito y lo traduje para la Josepepita, que por entonces me pedía constantemente lo que suelen pedir los niños: Papá, cuéntame un cuento.

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CUENTO NUMERO UNO, PARA NIÑOS DE MENOS DE TRES AÑOS, Eugène Ionesco

Josefina ya es una niña grande, tiene ahora treinta y tres meses. Una mañana, como todas las mañanas, Josefina camina despacio hacia la puerta de la habitación de sus padres e intenta abrir empujándola, como haría un perrito. Josefina se pone nerviosa y llama. Sus padres despiertan, pero se hacen los sordos.

Ese día el padre y la madre están cansados. La noche anterior fueron al cine y al restorán, y después del restorán fueron al teatro. Por eso ahora están remoloneando. ¡No es muy bonito ver a sus padres remolonear!   
   
La empleada también pierde la paciencia, abre la puerta del dormitorio y dice:

—Buenos días, señora, buenos días, caballero. Aquí está su diario, aquí están las postales que han llegado, aquí está el café con leche y con azúcar, aquí está el zumo de frutas, aquí están las medialunas, aquí están las tostadas, aquí está la mantequilla, aquí está el dulce de naranjas, aquí está la mermelada de fresas, aquí están los huevos fritos, aquí está el jamón y aquí está su hija.
   
Los padres de Josefina están ahítos porque, olvidaba decirlo, después del teatro volvieron al restorán. No quieren tomar café con leche, no quieren tostadas, no quieren medialunas, no quieren jamón, no quieren huevos fritos, no quieren dulce de naranjas, no quieren zumo de frutas, no quieren mermelada de fresas (que, además, no es de fresas sino de naranjas).
   
—Déle todo esto a Josefina —dice el padre a la empleada— y, cuando haya comido, tráigala de nuevo.
   
La empleada toma a la niña en brazos. Josefina se pone a chillar pero, como es golosa, se consuela en la cocina comiendo el dulce de su madre, la mermelada de su padre, las medialunas de ambos y bebiendo zumo de frutas.
   
—Por Dios, qué tragona —dice la empleada—. Barril sin fondo, saco roto...
   
Y para que la nena no se enferme, la empleada se bebe el café con leche de los padres, se come el jamón, los huevos fritos y también el arroz con leche que había quedado del día anterior.
   
Mientras tanto, el padre y la madre han vuelto a dormirse y ahora están roncando. Pero no les dura mucho. La empleada vuelve con Josefina al dormitorio.
   
—¡Papá! —dice Josefina— …Josefina —que así se llama la empleada—, Josefina se comió todo el jamón.
   
—No importa —dice el papá.
   
—Papá —dice entonces Josefina—, cuéntame un cuento.
   
Y mientras la madre duerme, porque está muy cansada después de la francachela de la noche anterior, el padre le cuenta un cuento a Josefina.
   
—Había una vez una nena que se llamaba Josefina...
   
—¿Como Josefina? —pregunta Josefina.
   
—Sí —dice el papá—, pero no era Josefina. Esta Josefina era una nena. La madre de esta nena se llamaba doña Josefina. El padre de la nena se llamaba don Josefina. La niña Josefina tenía dos hermanas y ambas se llamaban Josefina, y dos primas que se llamaban Josefina y una tía y un tío que se llamaban Josefina. El tío y la tía, que se llamaban Josefina, tenían unos amigos que se llamaban el señor y la señora Josefina, quienes tenían una nena que se llamaba Josefina y un niño que se llamaba Josefina; la nena tenía unas muñecas… tres muñecas, que se llamaban Josefina, Josefina y Josefina; el niño tenía un amiguito que se llamaba Josefina, un caballo de palo que se llamaba Josefina y unos soldados de plomo que se llamaban Josefina.
   
« Un día la niña Josefina fue al parque con su padre Josefina, su hermano Josefina y su mamá Josefina. Allí se encontraron con sus amigos Josefina, con la niña Josefina, con el niño Josefina, con los soldados de plomo Josefina y con las muñecas Josefina, Josefina y Josefina ».
   
Mientras el papá le cuenta este cuento a Josefina, entra la empleada.

—Va a volver loca a esta nena, usted —dice.
   
Josefina le dice entonces a la empleada:

—Josefina, ¿vamos a comprar? —porque, como está dicho, la empleada también se llama Josefina.
   
Josefina se va a hacer las compras con la empleada.
   
El padre y la madre han vuelto a dormirse porque están muy cansados; por la noche fueron al restorán, al cine, de vuelta al restorán, después al teatro y otra vez al restorán.
   
Josefina entra en una tienda con la empleada y se encuentra con una nena que está con sus padres.
   
Josefina le pregunta a la nena:

—¿Quieres jugar conmigo? ¿Cómo te llamas tú?
   
—Me llamo Josefina —contesta la nena.
   
—Ya lo sé —dice Josefina—, tu padre se llama Josefina, tu hermanito se llama Josefina, tu muñeca se llama Josefina, tu abuelo se llama Josefina, tu caballo de palo se llama Josefina, tu casa se llama Josefina, tu bacinica se llama Josefina...
   
Entonces el tendero, la tendera, la mamá de la nena y todos los clientes que están en la tienda se dan vuelta y se quedan mirando a Josefina con los ojos muy abiertos.
   
—No se preocupen —les explica tranquilamente la empleada—. Así son los cuentos idiotas que le cuenta su padre.

14 mai 2014

La valiente cobardía de José Donoso

El total desparpajo con que José Donoso se permitía cambiar de opinión sobre tal o cual autor, su actitud reverenciosa ante a la maestría de Henry James, su valiente cobardía frente a las presiones de sus primos -sobre todo de uno de ellos, un abogado emplumado y circunspecto- para que el escritor travistiese el pasado familiar en su último libro, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, y el abuelo común no quedase retratado como un auténtico hijo de la gran Peta Ponce, en esta evocación de José Donoso, por Marcelo Maturana.

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29 janvier 2014

¿Quieres oírme cantar?

¿QUIERES ESCUCHARME CANTAR?, pregunta el niño y el hombre asiente. Van en un autobús junto a otros pasajeros, pero el niño no es tímido y canta con su voz clara:

Wer reitet so spät durch Dampf und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er halt den Knaben wohl in dem Arm,
Er füttert ihn Zucker, er küsst ihm warm.

(¿Quién cabalga tan tarde / Por entre la niebla y el viento? / Es un niño con su padre / Que lo carga en sus brazos / Y lo protege en su tibio regazo.)

Es inglés, dice cuando acaba. ¿Puedo aprender inglés? No quiero hablar más español. Odio el español.

La novela que describe la escena es La Infancia de Jesús, de Coetzee. Lo que el niño canta es una estrofa, la primera, de un poema de Goethe, El rey de los alisos, musicado por Schubert. Contra lo que afirma el niño, es alemán, no inglés. Todo parece estar intencionadamente corrido de un casillero. La canción cuenta la historia de un niño al que carga su padre, como en la novela, salvo que en la novela el hombre no es el padre del niño.

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24 avril 2013

Las cosas no andan muy bien en la Colonia

DANS UNE GRANDE COLONIE GRECQUE, 200 AVANT JÉSUS-CHRIST

Que les choses marchent assez mal dans la colonie, nul n'en doute. Et bien que nous continuions incontestablement à  progresser petit à petit, il faudrait peut-être (certains le pensent) faire venir un administrateur capable de réformes.

L'ennui, la difficulté, c'est que ces gens-là  font des histoires à propos de tout. (Ah ! Comme on voudrait pouvoir toujours se passer d'eux !)  Ils s'informent de chaque détail, même du moindre ; ils l'examinent, et tout de suite ils proposent des transformations radicales, et prétendent les réaliser sans retard.

De plus, ils sont portés à conseiller des sacrifices : « Abandonnez ces territoires, disent-ils, votre pouvoir y est mal assuré. Leur possession nuit à la colonie. Renoncez à ce revenu, et à cet autre, qui en découle, et à ce troisième, qui en est la conséquence directe. Ils sont considérables, mais qu'y faire ? Ils vous créent des responsabilités néfastes ».

Et plus ils avancent dans leur enquête, plus ils découvrent de dépenses à retrancher. Mais ce sont là des réformes peu commodes à accomplir.

Et quand enfin ils ont fini leur travail, après avoir tout apuré et tout revu avec le plus grand soin, ils s'en vont, empochant leur juste salaire. Et il faut voir ce qui reste après cette intervention chirurgicale si bien faite !

Ne nous pressons pas : l'heure n'en est peut-être pas venue, et les mesures prématurées sont toujours dangereuses. Notre colonie n'est certes point parfaite, mais où trouver une institution humaine sans défaut ? Enfin, nous continuons incontestablement à progresser petit à petit.

[Constantin Cavafy. Traduction de Marguerite Yourcenar et Constantin Dimaras].

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En una gran colonia griega, 200 a. C.

De que las cosas no andan muy bien en la Colonia
no cabe la menor duda,
y aunque vamos tirando más o menos,
tal vez llegó, según opinan no pocos, el momento
de traer a un Reformador político.

Pero el inconveniente y el fastidio
está en que hacen toda una historia
con cualquier cosa, esos Reformadores.
(¡Qué bendición sería
que nadie los necesitara!) Por nada,
por un detalle, preguntan e investigan,
y enseguida se les ocurren reformas radicales,
con la pretensión de que se ejecuten sin demora.

Sienten también cierta inclinación por los sacrificios.
«Renunciad a esa posesión vuestra;
su ocupación es precaria;
esa clase de posesiones, justamente, perjudica a las colonias.
Renunciad a este ingreso,
y a ese otro que es un anejo
y a ese tercero: como consecuencia natural.
Son substanciales, pero ¿qué remedio?
Os crean una responsabilidad funesta.»

Y a medida que adelantan en su crítica,
encuentran más y más cosas superfluas, y tratan de acabar con ellas,
cosas que, de todas maneras, no se eliminan fácilmente.

Y cuando, Dios mediante, han acabado la tarea
y, habiéndolo revisado y cercenado todo hasta el menor detalle,
se van, cobrándose también su justo salario,
hay que ver lo que aún queda,
después de tan maravillosa operación quirúrgica.

Tal vez no haya llegado todavía el momento.
No nos apresuremos; la prisa es cosa peligrosa.
Las medidas prematuras pueden traer pesar.
Tiene muchos absurdos, seguramente y por desgracia, la Colonia.
Pero ¿hay algo humano sin defectos?
Y después de todo, ya veis, vamos tirando.

[Constantino Cavafis. Traducción de J. Ferraté].

18 mars 2013

Un restorán costumbrista

MM cuenta haber presenciado dos brevísimos episodios entrelazados, ambos protagonizados por Lira. Sería el otoño del año 1981, el último de Lira, cuando un restorán costumbrista con veleidades literarias organizó unas jornadas poéticas a las que Lira fue invitado a leer o a declamar. Antes de subir éste al escenario, su madre tuvo el cuidado de cerrarle la bragueta.

Al final del sarao, en el estacionamiento del local, el dele-dele la versión local del gorrillas madrileño guió hacia la salida, con señas, a MM, que conducía. Al momento de dar una propina, Lira que tenía aspecto, maneras y lenguaje de gran señor se adelantó a MM y desde el asiento trasero entregó al dele-dele una sola moneda de ínfima cuantía, diciéndole: «Tome, buen hombre, para que se dé un gusto».

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14 mars 2013

Mi romántico alemán

Mi tío leyó cuando joven las obras completas de Hermann Hesse en uno de esos magníficos libracos que publicaba Aguilar y, cuando fue mi turno de ser joven, me lo regaló. Me lo leí de principio a fin, de Peter Camezind al Juego de abalorios, o sea. Tiempo después me regaló el Elogio de la vejez. Al principio, me resistí a leerlo. Un poco por el título y otro poco por el aire new age que Hesse había ido adoptando. Pero de esto, él no tendrá la culpa. ¿O sí?

Elogio de la vejez son poemas y apuntes escritos en sus últimos años. La mayoría de las ediciones llevan en la portada una foto del autor con su nieto, imagen que recuerda al famoso cuadro de Ghirlandaio, más por el paisaje alpino que por la nariz del anciano.

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Lo cierto es que he leído el libro y no me arrepiento. Se me ocurren dos perogrulladas. Una, que el Premio Nobel no lo regalan.

Y dos, que todos tenemos un alemán romántico de cabecera. Y el mío, por lo visto, es Hesse, a pesar de que a éste no le hubiese gustado que lo considerasen romántico y se pasó la vida tratando de ser suizo. Un romántico alemán de cabecera, esto es aquél que asoma cuando damos un paseo solitario. Vamos solos, sí, pero un romántico alemán se nos posa en el hombro y nos comenta el paisaje.

Mi romántico alemán es muy humilde y extremadamente soberbio. De Nina, una vieja campesina del Tessino, escribe: Con aire burlón de camarada me observa. Conoce al lobo estepario, sabe que soy un signore, un artista, pero sabe también que en mi vida ya no pasa casi nada interesante. Hesse, el humilde. Y el arrogante, más adelante: Sólo hay jóvenes y viejos entre los mediocres. Los seres bien dotados son al mismo tiempo jóvenes y viejos.

Y esto: Los jóvenes a quienes uno puede imaginar como viejos serán precisamente los viejos más interesantes. Esta afirmación está traducida completamente al revés en la versión española publicada por El Aleph, lo que confirma una vez más la evidencia de que la humanidad va a la izquierda o a la derecha según le pete al traductor.

Ser joven es estrechar contra su pecho a una hermosa muchacha, escribe Hesse. Ser viejo consiste en estrechar contra su pecho una obra de Goethe.

Por lo visto, su romántico alemán era Goethe.

14 janvier 2013

El matrimonio del roble con el haya

Cruzo a diario un bosque pequeño. No me atrevo a llamarlo bosquecillo porque, a pesar de su tamaño, me impresiona. Es, más bien, un islote boscoso que quedó atrapado en medio de la ciudad, un remanente del gran bosque que alguna vez lo cubría todo. La gente ha ido abriendo diagonales para ir de un barrio a otro, la municipalidad ha apisonado algunos de esos caminos y, en un cruce, ha instalado incluso un banco y un basurero. Pero casi nunca hay nadie por allí. Algún perro paseando a su amo, y poco más. Antes solía haber grupos de muchachos fumando porros pero, desde que pueden fumarlos en cualquier lugar, ya no se toman la molestia de venir hasta el bosque. Tampoco se ven animales, aparte los pájaros, carpinteros, agateadores o trepatroncos sobre algún acacio o abedul, algún haya o roble, como los de la foto, algún sorbal o pruno.

Nunca es tan luminoso este bosque como en un día de nieve como hoy. Ni siquiera en una tarde de calor en pleno junio, porque entonces la copa de los árboles lo ensombrece y el sotobosque está cubierto de arbustos y de lianas. Ahora, en enero, la luz sobre la nieve lo vuelve transparente y las ramas desnudas alcanzan a tocar el cielo.

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20 décembre 2012

El fin del mundo

Yo también, hijo mío, cómo voy a ser menos y no decir algo sobre el asunto. Es que me he acordado de una línea de JPS que decía que mis ojos, cuando se cierren, apagarán el mundo. Y es que mañana sí que será el fin de mundo para los que mueran (de susto, de bala o vicio, otra buena fórmula, ésta de CV).

No importa cuántas veces se ha acabado ya ni cuantas se acabará todavía, lo cierto es que mañana se acabará por primera y última vez para unos cuantos. Y será la definitiva.

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Óleo de Otis Bullard

4 novembre 2012

El contrato

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Hablábamos de libros con S. y Sámuel cuando me acordé de que tenía un bono de compra por 15 euros en la librería y comprobé que vencía al día siguiente. Así fue como me hice con L'adversaire y Je suis vivant et vous êtes morts, pagué la diferencia (3 euros) y salí súper contento. Este último, Je suis vivant..., está en un formato rarísimo. Tan raro es que no me atrevo a tocarlo. Así que he comenzado por El adversario. Y bien, porque lo que en él se cuenta ocurrió mientras Carrère escribía Je suis vivant..., de manera que la lectura de uno anticipa la del otro.

El Adversario (El 9 de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató a su mujer, a sus hijos y a sus padres y luego intentó, en vano, suicidarse...) me ha recordado dos historias que se tocan. La primera ocurre en Santiago de Chile. Un coronel pinochetista, torturador por añadidura, cercado por la justicia, va y se suicida. Merecidísimamente. La cuestión está en cómo lo hace. Se acerca hasta un edificio en construcción en un exclusivo barrio de la ciudad y pide visitar el apartamento piloto en el ático. La estupenda vendedora lo pasea por las magníficas dependencias. El coronel se sienta en los mullidos sillones, apoya la palma de la mano en la amplia cama matrimonial, enciende y apaga luces, corre y descorre cortinas, se encierra un momento en el espacioso baño y luego sale a la gran terraza como si llevase una copa en la mano, respira el aire cordillerano y se lanza al vacío. La vendedora aún no se recupera de la impresión.

La segunda transcurre en la calle donde vivo, en la que, años atrás, un vecino mató a su mujer y a sus hijos, tras haber ultimado a su madre en su casa materna, y en seguida se colgó. Nuestro barrio es reciente. Cuando llegamos, hace catorce años, los vecinos, casi todos padres de familia con hijos pequeños o adolescentes, nos íbamos presentando entre los más inmediatos mientras que con los más distantes nos limitábamos a saludarnos. Este de la matanza era, para mí, de estos últimos. Lo veía pasar a veces con sus hijos pequeños camino de la escuela y poco más. Tras la matanza supe que era un hombre jovial, casi infantil de tan bromista y risueño. No tenía problemas conocidos, ni de trabajo ni de dinero. El hecho de que hubiese comenzado por matar a su madre nos ponía sobre una pista freudiana, por llamarla de alguna manera. El desconcierto que la masacre provocó en el barrio fue mayúsculo, pero lo vivimos como solemos tratar los asuntos vecinales en este civilizado país: disimulando. La civilidad, justamente. La matanza representaba una brutal ruptura de un contrato tácito entre vecinos: ¿No nos íbamos a ayudar los unos a los otros en la diaria tarea de hacer de esta calle un espacio vivible? ¿No éramos iguales?

Mi impulso me llevaba a querer saber más, a tratar de entender y a ponerlo por escrito. Pero intuí entonces que ir por ahí averiguando equivalía a otra forma de ruptura del contrato tácito, que comporta también una cláusula de privacidad. De manera que me limité a escribir una crónica y a publicarla en un diario que no lee nadie al otro extremo del mundo y lo dejé hasta ahí. Hasta hoy, en que la lectura del Adversario me ha traído la historia de vuelta.

31 octobre 2014

¿Y lo mío, lo mío, lo mío, qué?

Montano me recuerda la carta de Savater a su madre, aquejada de alzheimer, que abre su autobiografía. En las visitas que Savater hacía a su madre, una compañera de achaques de ésta se sentaba al fondo de la sala de visitas y proclamaba a voces: ¿Y lo mío, lo mío, lo mío, qué? 

Me recuerda también unas líneas sobre la enfermedad terminal de Cioran, el propio alzheimer. A pesar de haber perdido la cabeza, Cioran habló francés hasta el final, tal como había decidido hacer medio siglo antes. La prueba de que se puede perder la cabeza manteniendo la cabezonería.

Pero qué raro será perder la conexión con la memoria, apartarse del propio pasado y quedarse aislado en el presente. No sé si previendo un momento como ése, Perec levantó, en Me acuerdo (de las cosas comunes), su lista de recuerdos olvidados. Tal vez esa sea la tarea de cada cual, pasar revista a su lista mientras no se borre del todo.

Hoy el diario publica el resultado de un estudio según el cual los flavonoides contenidos en el chocolate devuelven al hipocampo del sexagenario una lozanía propia del trentenario. El estudio, eso sí, fue financiado por una marca de chocolates y debería llevar su nombre, creo yo, Ferrero-Rocher o Mon chéri.

Source: Externe 

25 octobre 2013

Los adultos infantilizan a los recién nacidos (actualizado)

Creía yo que en el pueblo de mi tío Pepe éramos unos originales por eso de que cuando te asomas a la calle y gritas «Josepepe» llega todo el pueblo corriendo.

Y no. Parece que en todas partes semos iguales, como muestra el mapa éste. Que tiene un interés añadido y es que ayuda a conciliar el sueño.

Source: Externe

En Chile, ahora mismo, el nombre más dado a los niños es Agustín, informa la radio Cooperativa. Cuarenta años después del golpe de Estado, el nombre del tirano reaparece en las pilas bautismales... convertido en diminutivo. No sé yo cómo interpretarlo. Pero tal vez todo esto no sea más que la espumilla de los días y el dato duro esté en la reculada de José y María, al contrario de lo que ocurre en Texas. Por lo demás, que los tres nombres más dados a los niños chilenos (Agustín, Benjamín y Martín) sean diminutivos prueba una vez más que los adultos infantilizan a los recién nacidos.

14 septembre 2009

La leche

Leche Huelga de leche. Los productores afirman que el precio que reciben no cubre la mitad de lo que les cuesta producirla. Que trabajan duro para empobrecerse. El mercado manda y los supermercados están bien apertrechados, Europa tiene para queso, mantequilla y crema, y exporta leche en polvo a África, donde falta el agua.

Los futbolistas, por su parte, marcan goles y lo celebran con regresivos gestos de lactantes. Medhi Carcela-González, un muchacho de origen marroco-español que juega en el Standard de Lieja, marcó el sábado dos goles estupendos al Malinas y los celebró con el gesto del que ordeña.

Tiempo atrás discutíamos aquí sobre el concepto borgeano y aun preborgeano de connovio, que señala a los hombres que noviaron con una misma mujer. Enrique le recuerda a Pepe una novia que éste tuvo de joven y que también lo fue de Tal. Y aporta ¡por fin! el nombre que conviene: los connovios son hermanos de leche.

14 avril 2018

El colmo

Ahora que ha muerto Milos Forman recordar que filmó en España Los Fantasmas de Goya, un filme mal recibido por el que Javier Bardem recibió el premio Godoy al peor actor. El colmo para un actor es actuar en un filme sobre Goya y que en lugar de un Goya te den un Godoy.

Para preparar el filme, Forman recorrió España en compañía de Jean-Claude Carrière, con quien escribió el guion. El capítulo que le dedica Carrière a esa aventura en su libro sobre España es un collar de perlas. Forman y Carrière visitan el palacio de los Alba en Madrid. Frente a este retrato de la duquesa, pintado por Goya en 1795, la anfitriona abre un cajón y les muestra el collar que lleva la duquesa. «Y el perrillo está enterrado en el jardín», les dice, indicando a través de la ventana un cementerio con las tumbas de dieciocho perros.

26 janvier 2007

Tres historias chinas

« Un niño de tan sólo cuatro años mató a 443 pollos en un pueblo de Jiangsu, al este de China, usando únicamente su potente voz, informa el diario chino Nanjing Morning Post. Un tribunal local dictaminó que los gritos del niño habían sido los causantes de la misteriosa muerte de las aves, ocurrida el 24 de septiembre de 2006 en la comarca de Haian. El padre del excepcional niño, que trabaja como butanero y se apellida Xu, ha sido obligado a pagar una indemnización de 1.800 yuanes (180 euros) al dueño de los pollos muertos, llamado Wang.       

Todo comenzó cuando el padre entró en una granja para hacer una entrega de bombonas, acompañado por su hijo, y un perro asustó al niño con sus ladridos. El niño comenzó a proferir gritos de terror que, a su vez, asustaron a los pollos del gallinero cercano, donde las aves se pisotearon unas a otras y muchas de ellas murieron aplastadas. El juzgado local ha dictaminado que el grito del niño fue el único "sonido anormal" que pudo causar el tumulto aviar, apoyado por declaraciones de testigos que confirmaron el fuerte llanto del pequeño y su cercanía a una ventana que daba al gallinero. Los veterinarios, además, habían dictaminado que los pollos muertos no habían sufrido ninguna intoxicación, ni padecían gripe aviar o alguna otra enfermedad mortal ».

 

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En este despacho de la agencia Efe, el encadenamiento causal del perro-que-asustó-al-niño-que-mató-a-los-pollos recuerda la canción ésa, Alla fiera del'est per due soldi un topolino mio padre comprò. También recuerda a la Castafiore quebrando con sus altos los cristales de Moulinsart. Todo lo cual puede parecer jocoso pero, intentado saber qué clase de diario es el Nanjin Morning Post, me entero de la triste historia de unos jóvenes campesinos que van a celebrar el año nuevo a la ciudad y acaban durmiendo, de tan pobres que son, en la tumba de una princesa de la dinastía Ming. Más vale no averiguar de qué murió la princesa.

11 avril 2007

Las víctimas de la espera

Vicente Montañés

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Nadie hasta hoy, que yo sepa, ha sido sorprendido leyendo, en un paradero de buses cualquiera de Santiago, las circulares y condenadas páginas de Zama, novela alucinante que su autor ―el argentino Antonio Di Benedetto― dedicó con exasperación literal “a las víctimas de la espera”. Nadie hasta hoy, pero bien podrían los transeúntes y pasajeros que aguardan de pie, con un humor de perros sin hueso, buscar consuelo en esta narración ambientada, entre 1790 y 1799, en Asunción del Paraguay. Su protagonista es don Diego de Zama, un funcionario criollo de la Corona española, personaje a la vez paciente e impaciente, altivo y obseso, destinado a enloquecer paulatinamente mientras aguarda ―también él― una nave que lo saque de esa ciudad colonial y tediosa, hundida en sí misma.

Todos los días otea el horizonte del río, anhelando ver el barco que, a través de una orden del Virrey, debería llevarlo a Buenos Aires (pretende luego viajar a Santiago de Chile, pobre hombre). Piensa liberarse así de ese villorrio soñoliento, pero ese barco no llega, y en el río Zama se distrae mirando un mono muerto que flota y parece, como él, estar “yéndose y no”. Por las noches vacila entre el adulterio y la fiebre. La cópula con jóvenes mestizas en descampado es una forma de ahogar otras fascinaciones inconducentes, pálidos escotes de salón que no se dejan abrir y además tienen marido.

Asunción, en esta novela, parece una ciudad demorada sin remedio, adormecida, un fin de mundo olvidado en el corazón del continente. Santiago de Chile, en pleno año 2007, es una urbe histérica, envalentonada en una velocidad mentirosa, empeñada en destruir la escuálida belleza arquitectónica que le va quedando para convertirse en un hervidero de edificios y bombas de bencina. Los buses, ya se sabe: la mala idea del borrón y cuenta nueva ha significado poner la carreta de la impaciencia o el arribismo intelectual delante de los bueyes de la inteligencia. Bueyes, sí, porque una inteligencia colectiva ―como la que planifica un sistema de transporte urbano― tendría que avanzar paso a paso, apoyándose en lo que ya existe, evolucionando por etapas hacia la meta del deseo.

Pero Zama, el funcionario colonial, es apenas un individuo, y por lo tanto puede permitirse derivar hacia la locura, adentrándose en la desesperada marginalidad que le reserva su autor. De éste, Antonio Di Benedetto, digamos que nació en Mendoza en 1922 y que hoy está muerto. La dictadura argentina lo arrojó a un exilio melancólico en España (fue allí donde Roberto Bolaño lo recreó, como personaje de su cuento Sensini) y, más tarde, no sobrevivió al regreso, o no por mucho tiempo. Su personaje, el narrador y protagonista de Zama, se expresa con un paradójico, espectacular barroquismo de frases cortas y certeras, mientras acelera sus desvaríos sexuales y sus alucinados razonamientos de esperador, su rencor burocrático, su envidiosa añoranza de otros puertos. Lo hace con gracia y delicadeza, como si la aniquilación mental pudiese ser, también para nosotros ―que leemos su aventura―, una fruta mística de implacable y dulcísimo sabor.

24 janvier 2014

El gato platónico y el tonto del pueblo

La vieja y los gatos, el cuento de Coetzee que publica Letras libres.

John visita a Elisabeth, su madre, que vive ahora en España, en el pueblo de San Juan Obispo, donde ha acogido, en su casa, a una docena de gatos y al tonto del pueblo, al que dejará la casa en herencia con la esperanza de que éste cuide de los gatos cuando ella ya no esté.

Elisabeth y John son personajes de Elisabeth Costello y La vida de los animales. Costello, que es animalista radical, no muestra sin embargo en los dos libros que protagoniza ninguna relación directa con animales. Así lo hace ver en La vida de los animales uno de los comentaristas del texto inicial de Coetzee, Barbara Smuts.

Coetzee le responde con este relato, que ha sido también presentado como la respuesta de Coetzee a la obra de la artista plástica belga Berlinde de Bruyckere, y que supone, por lo demás, una variación sobre un tema muchas veces tratado en sus libros.

Como era de esperar tratándose de una vieja que vive sola, los animales que llenan la vivienda son gatos. «Si los gatos no son individuos, madre -le reprocha a Costello su hijo John-, si no son capaces de ser individuos, si son sencillamente una encarnación tras otra del gato platónico, ¿por qué tener tantos? ¿Por qué no solo uno?».

Lo que recuerda el tuit del que se preguntaba a partir de cuántos gatos está la vecina completamente loca.

La vieja y los gatos antes de ser publicado fue leído por Coetzee en el Festival de literatura de Jaipur, India, en enero de 2011. Como se sabe, Coetzee no aprecia el ejercicio de la entrevista («Mis respuestas son demasiado breves y la brevedad (la sequedad del tono) es fácilmente percibida como un signo de irritación o de cólera») por lo que, cuando concurre a eventos abiertos al público, se limita a leer alguno de sus textos. A partir de esa grabación, el cuento fue reproducido en algunos sitios por la vía de las transcripciones espontáneas. (La versión que publica ahora en castellano Letras libres tiene el visto bueno del autor).

Sobre ese viaje a la India escribe Coetzee en las cartas que intercambia con Auster en Aquí y ahora. Admiro a la gente que sabe describir lo que ve, afirma. Yo no sé hacerlo, tiendo a la abstracción. Y a continuación suelta un par de abstracciones de primerísima calidad sobre la pobreza, la relación de los humanos con los animales y su propia condición de narrador incapaz de hacer una observación costumbrista y de agradecer así la belleza y la generosidad del mundo.

En Aquí y ahora, también, echando mano de su proverbial tendencia al laconismo y la abstracción, Coetzee describe a La vieja y los gatos como un relato que trata de la vida, de la muerte y del alma. Qué menos.

DB

Instalación de Berlinde de Bruyckere

7 mai 2023

El dedo del corazón

Diario de Benidorm, y 3

Isla_de_Benidorm,_España,_2014-07-02,_DD_58

EL DÍA EN que va a casarse, un mero trámite pero una boda al fin, M se encuentra con la calle cortada por una manifestación. Baja del coche y les explica a los manifestantes que si no consigue llegar al juzgado, al novio no lo vuelve a convencer ni por asomo. Como en un milagro bíblico, la barrera humana se abre. Convinimos en que se trata de una situación almodovariana. Hay que reconocerle al manchego el mérito de permitirnos identificar con su nombre ese tipo de situaciones de las que sales con bien para poder contarlo.

I ESCUCHA A una chica decirle a una amiga por teléfono: «Vente ya, estoy en la playa, frente a la isla». Hay que saber que la playa mide varios kilómetros y que en toda su extensión la isla siempre está al frente.

ES LO PRIMERO que ves cuando miras al mar por la mañana, lo que imanta la mirada, el punctum barthesiano. Y lo primero que ves cuando miras al mar en la oscuridad de la noche, porque si la has visto una vez ya la ves para siempre. La bahía es extensa, ya digo, en rigor es una bahía doble. Desde el levante, a la isla ubicua la ves de frente y desde el poniente te da la espalda, pura lógica geográfica.

SE CUENTA UNA leyenda sobre su origen. De las leyendas yo prefiero la versión corta, ésta. Un gigante se enamora de una preciosa pescadora, que un día enferma. Desesperado al ver que el sol no asoma para calentar el cuerpo entumido de la bella enferma, el gigante le da una patada al monte que rodea la ciudad y abre una ventana en la masa rocosa para dejar pasar el sol. El trozo de roca vuela por los aires, cae al centro de la bahía y se convierte en la isla de Benidorm.

LA LEYENDA SE encarna en tanta gente que llega a Benidorm convaleciente a curarse de la oscuridad. No voy a volver sobre la presencia de los desertores de la niebla, que atosigan. Sólo a veces hace gracia ver alguna despedida de soltero en la que el novio, un vikingo abundante, va cubierto por un bañador de señora.

HAGO AMISTAD CON dos castellanas. Son de Aranda de Duero, que yo confundo siempre con Miranda de Ebro. Se adivina en una de ellas una tristeza que ella explica así: estoy triste porque estoy sola. Iba a decirle que la cosa bien podría ser al revés, pero me digo que el mejor consuelo que puedo brindarles es un poco de compañía. Así que en cuanto las veo me detengo a charlar un rato. Sobre el Duero, sobre el Ebro o incluso sobre la isla de Benidorm.

ES UNA DOBLE bahía, como digo. En cada extremo siguen en pie las dos torres de vigía medievales, al centro está el puerto y a un lado y otro hay dos bahías simétricas, como dos almas gemelas. Cuando vino la explosión del turismo, se conoce que los inversores encargaban un edificio y con ese único plano les resultaba rentable construir dos iguales, uno al lado del otro. De modo que la ciudad está llena de edificios dobles. Como todos los edificios tienen nombre y la imaginación nominativa es limitada, unos cuantos se llaman Edificio Los Gemelos. Viéndolos, se me ocurre la historia del padre de unos gemelos que construye dos edificios, que más tarde heredan los gemelos, uno para cada uno. Lo curioso es que M e I me cuentan que ése es más o menos el caso de los edificios donde está el restaurante donde comemos, del que son habitués. La gemelitud planea sobre Benidorm. Es una forma de base, un molde que prolifera.

ESTOY TAN NEGRO por el sol que según D parezco un indio de Jaisalmer. Es la capital del desierto de Thar, agrega. Ah, si es la capital del desierto de Thar, entonces sí. Voy a la frutería del pakistaní a comprar una papaya y, como no la encuentro, le pregunto al pakistaní si no le quedan. El pakistaní me responde algo incomprensible. No es el frutero, es un cliente.

VIAJO A MURCIA un par de días para asistir a la presentación del capítulo japonés de la tesis sobre Pierre Loti que escribe D. Nos tomamos ritualmente unos marineros y unas marineras con unos vinos de Jumilla terrosos de tan sabrosos. Son unos días tan radiantes, coronados por la visita a la tumba del Rey Lobo recientemente descubierta, que será mejor que los cuente en un capítulo aparte.

CORTOMETRAJES. Un guiri trepa a una palmera para colgar una muñeca hinchable mientras la pandilla lo jalea desde abajo. Un golpe de viento se lleva la muñeca, el hombre cae al suelo y la pandilla corre a recuperar la muñeca olvidándose del hombre maltrecho. Están todos ebrios, claro. Cerca de allí, en la ventana de un autobús unas letras impresas indican la salida de emergencia. Un hombre con el cabeza rapada va sentado en ese sitio y la luz del sol refleja en su lustroso cráneo las palabras ROMPA CON EL MARTILLO.

EN LA ALMADRABA, la playa a la que voy a nadar a diario, se tolera el desnudismo de los cuerpos viejos. El de los jóvenes también, pero los jóvenes suelen ser púdicos y sus razones tienen. De modo que los desnudistas formamos un club de geometría variable que se saluda y cambia impresiones. Así llega uno de edad media al que acogen un par de conocidos. En seguida le reprochan la proliferación de tatuajes: «Pero hombre, ya no te hagas más, una persona con una cara guapa como tú no necesita de tatuajes para llamar la atención». El hombre se toma los reproches con humor y mientas los escucha se va desvistiendo. En cuanto acaba, se ve que el último tatuaje que se ha hecho son las dos máscaras del teatro, Talía y Melpómene, la tragedia y la comedia, una en cada cachete.

ME DETENGO CUANDO el agua me llega a las verijas. Miro el fondo y veo a un cardumen de peces que se acerca a mis pies. Vienen a saludar a Poseidón, les digo. Parece que me escuchan porque uno se acerca y me muerde el dedo gordo.

NUNCA HE LLEVADO sortijas pero tenía un agujero en un calcetín y pasé donde los chinos a comprar aguja e hilo. Salí con un set muy mono que por dos euros incluía una especie de dedal que me puse en el dedo del corazón a modo de anillo y ya no me saqué más, salvo para enjabonarme las manos. Cuando nadaba ponía cuidado de que no se cayera. Así hasta el último día, el de la despedida, en que justamente despidiéndome del mar hasta la próxima hice un movimiento con los manos y el dedal cayó al agua. Mi primer reflejo fue zambullirme a buscarlo, pero en seguida entendí que era un ofrenda al dios de la Almadraba que lo lucirá mejor que yo.

28 janvier 2010

Haikús burkineses

Diario de Uagadugú (4)

Sopla el harmatán
Polvo eres
Y polvo tragarás

Sopla el harmatán
Vuelan las gallinas
¿O son bolsas de plástico?

Sopla el harmatán
El bombero pirómano
El meningococo

Sopla el harmatán
Lleva polvo
Deja arena

C'est le vent qui souffle
Les nouvelles viennent
Proverbe mooré

Sopla el harmatán
Cuando se calma
El baobab todavía está ahí.

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