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Camino de Santiago
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12 novembre 2016

Cristo, ¿era populista?

El Reino, 4

Cristo, ¿era populista? Es una pregunta de temporada. Que, formulada así, de buenas a primeras, resulta algo populista.

«Los agudos reproches que Jesús formula a las elites de su tiempo harían conque hoy se lo llamase populista», escribe Carrère en una de las últimas páginas de El Reino. Vaya en su descargo el hecho de haberse leído una ingente biblioteca bíblica y haber escrito un resumen de 600 páginas antes de deslizar la afirmación ésa. Lo dice a propósito de un cristo que monta Jesús donde un fariseo, tras aceptar la invitación a su mesa y ponerlo de vuleta y media. No es la única vez que el líder las emprende violentamente contra los fariseos. «Cargáis a la gente con un peso que vosotros mismos no portáis», los acusa.

Liderazgo carismático, antielitismo y oportunismo son característicos del populismo. Eso, y todo lo que permita remplazar una elite por otra. Se desploma el Foro mientras del otro lado del Tíber se levanta San Pedro. Nada nuevo. O todo de nuevo.

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 Van Dyck, Cristo y los fariseos, c. 1620

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18 juin 2016

El pueblo de al lado

Iba a escribir unas líneas sobre los cinco días que pasamos en Murcia. Pero para qué, si ya las he escrito tantas veces. Para recordarlas, para redondearlas, para eso.

Como sea, viajar por España y ver desfilar los nombres de los pueblos me lleva a la sala de clases de la infancia y a escuchar la voz del profesor pasando lista y a recordar la cara de mis compañeros. Aledo, Andújar, Arancibia, Argemí, Aspe... Vélez Blanco, Vélez Rubio, Urrutia, Zamora, Zúñiga... Alguno de ellos habrá venido a recogerse al pueblo cuyo nombre lleva. Así fue cómo me llevé una sorpresa cuando vi a Argemí encabezar una lista ultraindependentista en unas penúltimas elecciones. Pero si era el más quitadito de bulla de los que no decían nunca nada...

De pueblo en pueblo, la excursión acabaría en Vélez Rubio y en eso estábamos, mirando cómo a esa hora no ocurría nada, la hora bendita en que no ocurre nada, cuando se nos ocurrió preguntarle a una chica, que era del tipo Argemí, adónde llevaría ella a alguien que la fuese a visitar. Al castillo de Vélez Blanco, el pueblo de al lado, dijo sin dudar. Y fuimos. Y desde el castillo vimos la hora bendita en que no ocurre nada estirarse toda la tarde.

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Vélez Blanco desde el castillo

1 novembre 2016

Una epifanía kazaja

Vi tiempo atrás una película kazaja, Lecciones de armonía, de Emir Baigazin. La piropeé aquí: puro darwinismo social. Incluso bromeé en Twitter sobre mi afición al cine kazajo a partir de esa única experiencia.

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 Angel herido se llama la segunda de Baigaizin. Son varias secuencias de las vidas de cuatro muchachos que intentan convertirse en adultos, obligados a salir del nido y a hacerse un sitio fuera. Es el mismo asunto del primer filme, sólo que esta vez está multiplicado o divivido por cuatro historias paralelas. Jaras, el Pollo, el Sapo y Aslan tienen unas madres que los cuidan, a pesar de la pobreza en una aldea kazaja en los años noventa, tras el desplome del imperio soviético, pero esos cuidados que dan fuerzas para desplegar las alas, llegado el momento también estorban. Ese intersticio es el que explora Baigazin.

Se trata de una constante universal, el rito de paso entre la infancia y la edad adulta, aquí declinado por lo particular kazajo: el mutismo del paisaje y de las interacciones. No parece haber nadie que sonría en las dos horas que dura la película, ni siquiera en las escenas cortadas, que también las vi.

Son tópicos universales y circunstancias particulares, exóticas en este caso en relación al público al que se dirigen. Porque se trata de un puro producto Arte, hecho para los festivales europeos y su público. Puedo equivocarme, pero no creo que el público kazajo se interese por estas imágenes, o lo hará sólo en la medida en que se pregunte qué les verán de bueno en Berlín.

Las de Jaras, el Pollo, el Sapo y Aslan son historias tristes que acaban mal. Baigazin, sin embargo, sublima esas caídas icarescas en una secuencia final de un depurado kitsch, tan demagógico como bien conseguido. Uno de ellos entona en italiano el Ave Maria de Schubert, mientras los demás se recogen en su soledad compartida. Una epifanía kazaja, ya digo.

5 janvier 2016

La sombra que Martin Parr echa sobre la playa de Maspalomas

Gran Canaria, 4

Quien haya visto alguna vez las fotos de Martin Parr, renuncia de plano a fotografiar a los guiris en Maspalomas. El ítem ya está completo, saturado. Se acerca un gordo con sobrepeso un borat por toda prenda y un bote en la mano a pedirte que le des crema en la espalda. Esa foto ya la hizo Martin Parr y también todas las demás. El campamento de guiris ya no acoge ni una imagen más. O, bueno, sí, ésta:

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11 avril 2016

El sombrero

Integro como puedo los datos que circulan sobre la matanza de Bruselas.

Cómo no intentarlo al menos, si pasamos a unos cuantos minutos de la explosión de Maelbeek y luego a un par de calles del hombre del sombrero. El tiempo y el espacio, las coordenadas son siempre ésas.

Y aunque no hubiese sido así, cómo no intentarlo.

Un dato mayor y uno menor. Primero el mayor.

Los yihadistas belgas preparaban un atentado en Francia. Como la policía belga los arrinconó, decidieron atentar en Bruselas. Eso se llamará eficacia paradójica.

El menor es que, tras huir del aeropuerto, el terrorista del sombrero arrojó la chaqueta a un basurero. El sombrero, en cambio, dice haberlo vendido.

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12 août 2015

El grafitero es un ser sentimental

Pasó por el pueblo el Kosmopolite Tour, un festival de grafiteros.

Un festival de grafiteros autorizados. Supongo que las autoridades hacen el cálculo siguiente: puesto que los muros acabarán pintados de todas maneras, mejor mejorar el resultado dentro de lo posible y darle un halo positivo a la actividad. Un procedimiento propiamente socialdemócrata.

Vaya por delante que no me suelen gustar los grafitis. Por infantiloides, adocenados y las más de las veces mamarráchicos. Pero por alguna razón me apego a las figuras, a las imágenes fijas. Los grafitis están al paso y yo los miro, qué remedio. Más aun durante el festival del que hablo, con los grafiteros manos a la obra.

Visto lo que ha quedado, parece que los murales se presentan como historietas cuyo relato es inmanente y más o menos informulable. Comentando su obra, el grafitero se defiende de la obligación de contenido. Lo que es  entendible, porque la pregunta sobre qué quiso decir el autor es cansina e inconducente. La respuesta del grafitero a esta cuestión suele ser sentimenal: los colores y las formas son sentimientos y lo que el autor siente no se explica, pero con un poco de empatía puede llegar a entenderse.

Otra manera de entender la relación del grafitero con el muro será que lo ve como una prolongación ya no sólo de su mano sino de su brazo tatuado. Y de su cara. Porque el autorretrato, el famoso selfie, aparece a menudo en estas pinturas cuando no es abiertamente el asunto principal. 

Es el caso de este mural pintado sobre un muro en el que yo imaginaba al cuadrado Sator. Lo pintaron dos chicas argentinas, Ajras y Corretch. Se diría que se pintaron a sí mismas, aunque ellas dicen que se trata de dos amigas. 

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Es el caso también del siguiente, pintado éste por un grafitero suizo, Nadib Bandi, en el andén de la estación ferroviaria. 

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El suizo se pintó a sí mismo y también pintó a su amigo grafitero, muerto recientemente. Este Bandi me cayó bien por eso de pintar a su amigo muerto y porque aceptó como aprendiz a un muchacho del pueblo de al lado, una actitud de maestro. Al pie de la pintura del amigo muerto firmaron finalemente muchos de los grafiteros participantes en el festival. Yo no sé si estas cosas se dan así consciente o inconscientemente, pero el resultado es lo que cuenta.

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También hablé con el Pelucas. Es vigués y ahora vive en Valladolid. En el Valladolid del Caribe mexicano. Me dijo que quiso pintar las estrellas de Europa pero no se acordaba de cuántas eran, así que pintando, pintando, las convirtió en personas. Y al final, incluso se autorretrató llevándose a la estrella del festival al petate.

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18 janvier 2016

Bocaccio también escribió como yo sobre los guanches

Gran Canaria, 7

He vuelto de Gran Canaria para poder leer sobre los guanches.

Así me he ido enterando de que cuando los peninsulares llegaron a las islas, a mediados del siglo XV, movidos por su natural espíritu paternal adoptaron a los guanches y a algunos incluso los vendieron en los mercados de esclavos de Lisboa y Valencia.

Dicho esto esquemáticamente. Porque en la realidad el asunto fue más acontecido. Para empezar, los guanches no eran todos iguales. Algunos eran de tipo cromañón, afrancesados; y otros mediterranoides, tirando a fenicios. Además, después de los guanches y antes de los peninsulares, visitaron las islas griegos, púnicos, árabes, genoveses, gascones y normandos. Para no hablar de los piratas berberiscos y otros apátridas, como el temible Pata de Palo.

GUANCHES

Por otra parte parte, se dice que los guanches eran bereberes del Magreb. Pero bien podrían haber sido vascos extraviados, si se atiende a la toponimia canaria: Aguineguín, Arinaga, Arteara... También porque la lengua guanche es caucásica, como el vasco y el finés. Se supone que ni celtas ni romanos pudieron con los euskaldunes trepados a los montes, ni con los fineses ni  los guanches, que les quedaban a trasmano.

También podrían ser catalanes, porque al menos una de las numerosas momias encontradas en las islas estaba dentro de una urna de pino, según una costumbre balear. Los campesinos canarios que encontraban estas momias guanches en las cuevas de los montes las llamaban «los enzurronados», envueltos como estaban los cadáveres en pieles de cabra. La momificación, ya se sabe, esa pueril manera de desafiar a la muerte.

Bocaccio también escribió como yo sobre los guanches, él sobre la base del relato de Niccoloso da Recco, que llegó por Arguineguín —el pueblo de David Silva— allá por 1341. Dice el poeta toscano cosas muy pastoriles sobre los guanches, como que «vivían en casitas con jardines con muchas higueras y palmeras, y berzas y otras verduras». Y que «su lenguaje es muy suave, su modo de hablar animado y precipitado como el italiano». O sea que tal vez los guanches no fuesen vascos ni catalanes sino propiamente italianos. Como Colón, que también desembarcó en Gran Canaria.

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Lo cierto es que observando a los enzurronados del Museo Canario de Las Palmas, al joven príncipe Artemy, ese Garibaldi canario, y a Gara y Jonay, esos Romeo y Julieta guanches —ella de La Gomera, él de Tenerife—, cobra fuerza la hipótesis italiana. Los amantes de La Gomera se inmolaron clavándose un punzón doble en ambos corazones y fundiéndos en un abrazo. Como dos islas separadas por la mar que no pueden unirse sino por ese puente eterno. 

22 novembre 2014

Matados de malos

Mi vecina convive con dos familias de mandarines y un canario. Cuando se va de viaje, soy yo quien les da el alpiste y les cambia el agua. Lo que más me gusta es verlos bañarse en el agua limpia. También riego las plantas y vacío el buzón. A lo que quiero llegar es justamente a eso, al buzón. Mi vecina tiene una editorial y la cantidad de manuscritos que encuentro en el buzón cansa de mirarla. Tira para atrás. Cuentos y más cuentos, todos parecidos, todos iguales. La editorial de mi vecina publica sólo unos pocos libros al año, la mayoría de esos manuscritos permanecerá en los limbos en calidad de nonatos.

Que yo hable aquí más de libros buenos que de libros malos, no quiere decir que no lea bodrios. A veces, obligado por las circunstancias. Otras no, o no tanto. Libros, como dirían en mi pueblo, matados de malos.

También puede ser matado de malo un libro firmado por una lumbrera. Por ejemplo, el libro póstumo de Carlos Fuentes, Personas. Un conjunto de semblanzas de sus compañeros de travesía, reza la contratapa. Buñuel, Mitterrand, Malraux, Sontag, Neruda, Cortázar. Qué bien suena todo. 

Y luego, mira. Pasen las imprecisiones: llamar a la ciudad natal de Neruda, Parral, «provincia de Parras» o, hablando de la independencia de Chile, confundir a Manuel Rodríguez con José Manuel Carrera... Un libro, por lo visto, parido con forceps editoriales.

«Pablo Neruda envió las carabelas de Colón de regreso a España. (...) Nos obligó a mirar dentro de las peluquerías y a temblar ante nuestros fantasmas en las vitrinas de las zapaterías. Nos sacó de los jardines de nuestros Versalles literarios y nos arrojó al fango de las alcantarillas urbanas y a la putrefacción de las selvas tropicales».

Todo así. El mundo debería reírse más, pero después de haber comido, como decía Mario Moreno.

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24 décembre 2015

Un cuento de navidad

Iba a escribir un cuento de navidad.

Y ya está escrito. Está en la prensa, como casi todo, o en la calle.

El oro para el senegalés que se ganó un cachete del gordo en Croquetas de mar. Y para su hijo, que está por nacer en Senegal.

Y el oro y la mirra y el incienso para el niño que también está por nacer, aquel que colgaba dentro de su madre desde una ventana del Bataclan, cuando una mano se extendió para aliviar a esas manos que aflojaban.

No se cortó aquella vez ese hilo tan ligero que lleva de una mano a otra mano, y ahora el niño está por nacer.

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Hubert Malfait, Niño con sombrero de paja

16 novembre 2015

Los sobrevivientes

He leído y escuchado de todo desde el viernes por la noche. Palabras justas o sandias. Angelismo e hijoputismo por partes iguales. Retengo sobre todo los relatos de los sobrevivientes. El que está con vida porque se pelearon su novia y él y se levantaron de la mesa justo antes de que comenzaran los tiros. Aquel que enseña el móvil que desvió la bala. El sobreviviente de la tragedia de Heysel hace treinta años que volvió a salvarse con algunos rasguños en el Bataclan (su hermana dice que lo besó el papa en San Pedro cuando tenía ocho años). Aquel que, herido, sintió como una mano lo sacaba de allí y corrió como un poseso hasta que alguien abrió una puerta, lo hizo entrar, lo calmó, lo curó. El niño pequeño que habiendo perdido a su madre y a su abuela, se escondió. Y los relatos mudos, inexistentes, de los que no tuvieron la suerte de no estar allí, de aquellos a quienes alguien aún busca y ya no encontrará.

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Foto de Christophe Petit Tesson

28 février 2014

Un paseo por Bruselas

Esta mañana me di un garbeo por Bruselas para celebrar que se acaba febrero. Me detuve en tres lugares. Delante del primer edificio, un viejo arsenal, influido probablemente por las Preguntas de un obrero ante un libro, pensé en la gente que levantó ese mazacote.

Frente al segundo, un hospital reciente, construido sin gracia ninguna, pensé, cómo no, en la gente que esta allí dentro, en el taller de reparaciones.

En el tercero no había nadie, ni dentro ni fuera, ni siquiera estaba ese auto que afea la foto. Es la iglesia ortodoxa de San Job, erigida en memoria del último zar de Rusia y que contiene reliquias de esa gente. Un lugar propiamente reaccionario. Un alivio tenerla ahí en calidad de torta de novios en medio del paisaje urbano y de mi propio paisaje.

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15 février 2015

El adulto mayor

Hace sesenta años, o sea.

Puro beneficio: con sólo cuarenta y dos años de menos sería otra vez el efebo que tentaba a los dioses, completo ya y aún lechoso, erguido sobre un asomo de destino.

Y contento de haber resistido a la tentación de morir el día aniversario del nacimiento. Doblemente contento de haber imaginado presentarme en la maternidad del hospital de mi pueblo y montar una fiesta de celebración con las enfermeras. Y de haber desistido de la idea.

Contento también porque hoy he pagado por primera vez la tarifa «adulto mayor».

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1 février 2015

La ventana

Diario del Cono Sur, 7 

Despierto y oigo ruidos raros, voces. Ya está, se trata de una toma de rehenes, pienso. Descorro la cortina y aparece colgado de una cuerda el limpiador de vidrios. Estamos en un octavo piso. Buenos días, sesión de fotos.

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También desde la ventana, a pocos metros, veo el costurón que dejó la explosión en el edificio de la mutual judía. Una bomba terrorista mató allí a 85 personas hace veinte años. Un reciente coletazo de esa explosión, que debió de quebrar en su momento los vidrios que lava el trabajador de la foto, es la muerte del fiscal Nisman, que acababa de inculpar a la presidenta Kitschner de fabricar la impunidad de Irán en ese atentado.

El pedazo de Buenos Aires que veo desde esa ventana comprende oficinas, habitaciones, escuelas -María Admirable- la copa de los árboles del Museo Colonial -un palo borracho está en flor ahora mismo-,  el movimiento de las calles que se pierden a la distancia, como ríos o corredores aéreos.

Me pierdo yo también en esas distancias, sorteando luego en el movimiento de la ciudad una concentración de Podemos-Argentina, con banderas griegas y siñalética española. Y a gente que me advierte que abra bien los ojos porque en Buenos Aires, desde el corralito, atracan a la luz del día.

10 décembre 2013

Los mosaicos

En las calles de mi pueblo, en las aceras, hay cacas de perro. Pero también mosaicos, obras artísticas, que eso quiere decir mosaico, obra de las musas. Cuando el paseante va cabizbajo, hay de qué, cuando le llueve sobre mojado, le asoman aquí y allá entre los zapatos unas isletas de colores. Tal vez le suban el ánimo. Como hacen las buddleias que crecen en los solares y combaten la pestilencia.

Los mosaicos son obra de dos socias (como dice el palíndromo: socias o mosaicos) y alguna gente de a pie intenta seguirles los pasos:

Hablando de mi barrio, ya que estamos, en esta página muestran unas cuantas fotos.

6 juillet 2014

La curruca

Por la tarde encontramos a una curruca moribunda junto a la puerta. Se habìa dado contra la ventana, como les suele ocurrir a las aves y a las personas que se dejan engañar por la transparencia del vidrio. Ella la recogiò en una hoja de papel y la dejò en medio de la hiedra. Eso le evitarìa morir aplastada o presa de algùn gato. Habìa llovido, si sacaba fuerzas podrìa beber del agua sobre las hojas. Volvimos media hora màs tarde a ver còmo iba. Iba bien, iba alzando el vuelo. 

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25 avril 2014

El día del libro y la coliflor

Destinar un día a celebrar a las madres o a los libros parece un asunto bien pedestre. Aunque tampoco es para tanto. El cuento es que anteayer, que era el día de los libros y las rosas, di con unas líneas donde Montaigne celebra a los primeros. La jerarquía del gascón era ésta: Mujer, amigos y libros. Pero el amor y la amistad son fortuitos, escribe, y dependen de los demás. Uno declina con la edad, la otra es escasa. Los libros, en cambio, son de cada uno y duran más.

Durante ese día también, la estación manda, planté mis coliflores con la alegría debida y no sin cierto apuro: Que la mort me trouve plantant mes choux, mais nonchallant d'elle, et encore plus de mon jardin imparfait.

De lo que me entero sobre el exalcalde de Burdeos en compañía de Compagnon, me conmueve su error de apreciación a la hora de decidir en qué lengua escribiría, si en su francés coloquial o en el latín erudito en el que antaño se escribían los libros. Montaigne decidió finalmente hacerlo en francés porque quería que lo leyesen las mujeres, y pocas eran las que leían entonces el latín. Y decidió hacerlo a sabiendas de que esa opción condenaba sus Ensayos a desaparecer dentro de cincuenta años: el francés  era una lengua principalmente oral, inestable por lo tanto. Creía el gascón que las generaciones venideras no lo entenderían y se desinteresarían de él.

Lejos de eso, cada día se le lee más. El librito de Compagnon se vende como pan caliente.

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30 mars 2014

También entendemos un poquito español

Escuchar a unos nacionalistas catalanes hablando en español esta mañana en una radio belga a propósito de su manifestación de hoy en Bruselas me ha recordado una escena que cuenta Ignacio Vidal-Folch en su libro, una situación muy reconocible por lo demás, al menos para mí, porque la he vivido de manera similar a cómo la describe Vidal-Folch:

Encuentro [en Praga] con una pareja de turistas tratando de descifrar el mapa bajo una farola. En el inglés macarrónico que solemos hablar los españoles me preguntan dónde está la boca del metro...
-Please! Do you know where is the Underground station?
-Yes, sure.
Y con ánimo de bromear, prosigo en español con acento checo:
-Sí, yo saber dónde estar metro. Incluso hablo poquito español.
-Ah, but we are not Spanish, we are Catalans -dice él. Y con una sonrisita pícara agrega-: But we do understand spanish also, a little bit.
-También entendemos un poquito español -confirma la mujer.
Me los quedo mirando un instante, y reanudando la marcha mascullo:
-I'm sorry, I don't understand your language.
La pareja estaba bastante perdida y las calles del barrio muy desiertas a esas horas. Tendrían trabajo en orientarse pero espero que todo lo den por bueno con tal de ir por el mundo pregonando su identidad, tan importante.

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27 février 2014

La foto de Yarmuk

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Esta foto de Yarmuk, en Siria. Un campo de refugiados palestinos en las afueras de Damasco, sitiado por el ejército de El Assad. A fines de enero de 2014, un convoy con ayuda consigue abrirse paso hasta allí y uno de los repartidores registra el momento en que la gente se acerca a recogerla.

La imagen parece irreal de tan tremenda. Incluso hay quién se permite afirmar que está trucada. Los diarios la publican sin crédito. Tal vez los trabajadores de Naciones unidas tienen prohibido firmar -y ni qué decir vender- las fotos obtenidas durante su trabajo. No lo sé. Lo cierto es que el fotógrafo se quedará sin su premio.

Una imagen suele convocar otras imágenes en la memoria de quien mira. Como ésta, en otro teatro de ruinas en Siria, donde no comparece la multitud sino un solitario.

5 janvier 2014

El accidente

Saber que la caída del expiloto Schumacher fue registrada por una cámara encapsulada en su casco mueve a pensar que el accidente pudo ocurrir antes en el hilo de imágenes y la realidad luego no pudo sino confirmarlo, así como la sombra del caminante proyectada hacia adelante prefigura su andar. Es una consideración vagamente platónica o borgeana, lo que mueve, a su vez, a pensar que un relato como ése, el relato de un hombre que cae porque su paso tropieza en la imagen que lo registra y ese tropiezo lo arrastra, ya ha sido escrito antes.

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Óleo de Javier Areán

1 janvier 2014

Las uvas namibias

Otros años serían italianas o griegas. O chilenas, o argentinas, o incluso brasileras, dependiendo de cuándo y de dónde. Este año han sido namibias. Eran las que había en el supermercado, y estaban buenas.

Que sea feliz y próspero, que traiga uvas y melones. Qué menos.

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Óleo de Bartolomé Esteban Murillo

19 juillet 2013

Andar por el pueblo

(Diario de Cangas de Onís)

Contaba el escritor Escanlar, uno que oficiaba de maldito en la televisión uruguaya, que cuando llegó al pueblo de su padre en Galicia los paisanos gritaban a su paso: ¡Ha vuelto el hijo de Demetrio, ha vuelto el hijo de Demetrio! Lo decía enumerando las rarezas de su rarísima vida.

Hay quienes no ponemos el episodio en la lista de rarezas sino todo lo contrario. Cuando fue su turno de llegar al pueblo de padre, mi hermana con naturalidad fue enumerando el nombre de cada uno de los vecinos. Se recuerda entre risas cuando la pusieron delante de uno y le preguntaron: ¿Y éste, quién es? Luis, respondió. Pero, ¿cómo lo sabes? Por lo feo...

Por mi parte, estaba una vez curioseando por el campo, a unas cuantas leguas del pueblo de mi padre, y me detuve a observar a unos jatos. No tarda en asomar un paisano y nos ponemos a pegar la hebra. En un momento me pregunta: ¿Pero tú quién eres? Soy Josepepe, el hijo de Josepepe. Podría haber añadido: el que marchó a Chile en el año 29, pero para qué. Se me queda mirando y sin pestañear me dice: Pero tú tienes una prima muy guapina...

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27 juillet 2013

Hablar de política

(Saldos de Cangas de Onís)

Cada vez escribo menos de política. No lo hago por dos motivos. El primero es el principal, porque no me pagan por hacerlo. El segundo es secundario, porque no tengo nada que decir. Nada nuevo, quiero decir, nada propio. Y no estoy yo para ir por ahí repitiendo lo que ya se sabe, lo muy redicho. Otra cosa, claro, es cuando me piden mi opinión. Ahí sí la doy, sin más, aun sabiendo que puede no ser ni tan mía, ni tan nueva. Me refiero a avanzar argumentos sin que me lo pidan sobre asuntos de actualidad, sobre la gestión del Estado, sobre la guerra de las Termopilas.

Digo esto porque días atrás, en Cangas, saludé a un señor al que conocía de niño. Eras hablantín, me recordó, y muy de derechas.

Para existir, sobre todo para existir para y entre los adultos, un niño como yo debía emitir opiniones. La realidad por ese entonces estaba muy politizada. Y las opiniones de mi medio, las que estaban a mi alcance, eran opiniones de derecha. No es que no conociera yo las opiniones de izquierda, no. Las conocía en tanto que dianas a las que darle y platos con los que podía aprender a mejorar la puntería.

De manera que cuando niño emitía opiniones de derecha. Luego, algunos de esos proyectiles comenzaron a rebotarme. Cambié de lecturas, comencé a frecuentar izquierdistas que se comían a las guaguas con buenos modales, y así fue como quise cambiar de hemisferio, destruir los puentes, quemar las naves y dejarme crecer los bigotes.

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Óleo de José de Ribera

5 août 2013

Los 33, tres años después

Los 33 (y 34)

¿Quién se acuerda hoy de los 33 mineros de la mina San José, en el norte de Chile, de sus 69 días bajo tierra, en 2010, y de su exitoso y aparatoso rescate? ¿Quién los recuerda, tres años después? ¿Ni ellos mismos? 

No seamos injustos, la Justicia los recuerda. A su manera, puesto que por estos días los Tribunales de justicia chilenos han rechazado definitivamente por improcedente la demanda que habían interpuesto los mineros reclamando una indemnización por parte de los propietarios de la mina. 

Como se recordará, los mineros quedaron atrapados tras un derrumbe que bloqueó la única entrada a la mina. Se estimó por ese entonces que haber habilitado una salida de emergencia habría costado 500 dólares a los propietarios de la mina. Pero no lo habían hecho, y el rescate acabó por costarle 30 millones de dólares al Estado chileno.

«Que esto no vuelva a ocurrir» fue la conclusión del último minero rescatado en octubre de 2010, podría recordarse también. Y nos acordaremos todos del chiste que se contaban a ellos mismos los mineros en el fondo de la mina: ¿Qué estaría haciendo yo ahora si no estuviera encerrado al fondo de esta mina?... Estaría encerrado trabajando al fondo de esta mina.

Por mi parte, y en vista de la sentencia, me acuerdo de un editorial del Wall Street Journal, según el cual fue el capitalismo el que salvó a los mineros. Salvados éstos, tres años más tarde era de justicia elemental salvar también a los propietarios de la mina. Ya está hecho. La justicia tarda pero llega.

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Foto de Carly Lyddiard

2 mars 2013

El sombrero de Jipijapa

Playa, cielo, sol y amor, decía una cantilena de la radio. La playa pop es la playa de los Beach Boys, la de los comerciales de Fanta. Que también pueda ser un lugar desolador como ese libro de Pavese, o el decorado glauco del teatro de las muertes del Carabacho y Pasolini, no quita que asociemos mayormente la playa con el narcisismo light de las vacaciones juveniles.

Se entiende por playa del mar la extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan en las más altas mareas, escribió Andrés Bello en el Código Civil chileno. Me lo enseñaba mi hermana para mostrarme que había poesía en los códigos y no sólo en las musarañas que nadan en la luz.

El cuento es que estábamos con mi amigo Julio Moliné en una solitaria playa chilena, en una de esas extensiones de arena que las olas bañan y desocupan alternativamente, cuando de pronto la playa se fue llenando de ancianos venidos desde las dunas. Una epifanía, la tranquila alegría de aquellos añosos señores revigorizados por el aire yodado, dejándose llevar hasta la intrepidez de levantarse los pantalones y las polleras para remojarse las canillas en las heladísimas aguas del Pacífico austral.

Julio llevaba entonces siempre la Leica consigo y el encuentro con los mayores se convirtió en una sesión fotográfica que está registrada en su sitio. Volver a ver la luz de esas imágenes ha sido darme un paseo circular por las edades de la vida. Porque fuimos jóvenes tal vez nos sea dado llegar a ser ancianos y dejarnos fotografiar junto a unos jóvenes tocados con un sombrero de Jipijapa.

Foto de Julio Moliné

© Foto de Julio Moliné

12 juillet 2013

Summertime

Mañanas teñidas de amarillo y anocheceres que se estiran por el poniente. Tiempo de verano. Nos sentamos a la fresca, como veíamos que hacía la gente mayor cuando éramos niños, a mirar el cielo. A veces lo surcan pájaros y aviones, o nubes y estrellas. Pero lo que miramos es propiamente el cielo, y lo miramos precisamente porque no hay nada que mirar. Admirables cielos de los altiplanos y las hondonadas. Ay Marieke, Marieke, le ciel flamand, cantaba Brel.

Se parecen a la alegría estos días. No la empaña saber que, como un cielo de verano, toda alegría es provisoria.

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Óleo de François-Joseph Navez

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