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Camino de Santiago
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16 février 2010

La nieve del día previo

Diario de Roma (y 2)

El niño rey recibe a su madre en la puerta, se va de cabeza a las bolsas de la compra y la llama estúpida porque no encuentra nada para él. Luego, a la hora de la cena, lo poco que se lleva a la boca lo devuelve, mientras mira un dividú rodeado de juguetes entre unos muros que él ha pintarrajeado a su regalado gusto. Cuando su padre, en broma, le dice que le apagará la peli porque ya son las once de la noche, lo llama estúpido también a él. Por cierto, es un niño precioso e inteligente.

Esta mañana se me acerca el aprendiz de camarógrafo, un rapaz de 18 años, hijo de un gallego de P y de una italiana de V, que nació y vive en Roma. El juzga la diferencia entre España e Italia como radical: España estaría de parte de la tradición e Italia de la transgresión. Iba a decirle que donde dice España debería decir P y donde dice Italia debería decir Roma, pero lo entenderá por él mismo antes de que yo termine la frase. Es muy listo.

Almorzamos en el Cantinone, junto al mercado de Testaccio, mientras se derrite la nieve. Deliciosos rigatoni alla pajata, típicamente romanos. Y luego nos vamos a San Giovanni in Laterano, una de las cuatro basílicas romanas, un modelo de clasicismo vaticanista, su enormidad marmórea y el esplendor de sus dorados. Y al anochecer bebemos té en el café del que Pasolini era habitué. Y pasamos bajo la Porta Maggiore, una ruina como tantas otras en pleno funcionamiento, por donde cruza el trenino cargado de inmigrantes. Y por donde un coche derriba a una señora al borde de la anorexia. No parece tener nada roto pero hay que levantarla, y el señor que va con ella decide dejar ir al conductor. Tal vez estén indocumentados.

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Por la noche duermo profundamente escuchando la nieve del día previo hasta que me despierta la sed y la certeza de que estoy dejando secarse la última porción húmeda que me queda en el cerebro. Con ella paso revista a las imágenes. Roma bajo la nieve. El parrucchiere se llama ahora bioestheticien y tiene mucho trabajo. Pero el señor de la infortunistica stradale sigue dedicado a lo mismo y trabajo no parece faltarle.

Ahora es el viaje de regreso y de los Apeninos a los Alpes el paisaje aéreo es una carátula de rock sinfónico, pero mejor. Ya sobre B, el paisaje terrestre es un cuadro de Brueghel. Pero peor.

La banda sonora

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5 février 2010

El pez mareado

Hugo Claus (La Pena de Bélgica) murió en 2008. Antes de su muerte, el periodista Mark Schaevers había publicado un libro de entrevistas con Claus, Groepsprotret, y de ese material extrajo luego un monólogo para el teatro, De versie Claus. De ese monólogo, ahora traducido al francés, espigo estas palabras:

¿Vino hasta aquí para saber quién es Hugo Claus? Qué pregunta. No hay una definición, tal vez una adivinanza. De mí se ha dicho que soy un gigante de Flandes. Pero esa es una raza de conejos. Y yo prefiero los hamsters. Lo que yo soy, no me interesa. Soy lo que hago. Creer ser algo es una idea que tiene apenas doscientos o trescientos años, un fenómeno de moda, como el hulla hoop.

Me hubiese gustado ser un un anónimo pintor chino de antes de Cristo. Prefiero a los pintores anónimos. Cuando miro una bella estatua ecuestre china se me llenan los ojos de lágrimas. Me hubiese gustado ser guapo, para no encontrar resistencias, para ser simplemente.

Yo no soy un pensador, nunca pienso. Sentarme a pensar me resulta imposible. Cualquier pescador, cualquier campesino es más inteligente que yo. Mi cabeza es más un basurero que un ordenador. Sólo pienso en mujeres desnudas y, ocasionalmente, en el alcalde de Amberes.

No hay palabra más fea que pureza. En ciertos casos, nunca se es lo suficientemente sucio. La vulgaridad está junto a la vitalidad y el arte. ¿Cómo se puede apreciar a Velázquez sin haber visto cine porno?

Un día, tenía nueve o diez años, fui a comulgar junto a los otros muchachos. E hice polvo la hostia entre mis dientes. Esperaba que me partiría un rayo, pero no pasó nada. Entonces supe que en el altar no había nadie. Y me sentí orgulloso.

¿Quiere saber por qué escribo? Escribo por curiosidad, por orgullo.

Escribir canaliza mi energía. Si no lo hiciera, sería una forma rara en busca de sensaciones fuertes. Cuando estoy ocioso en un país extranjero, me encuentro horrible. Termino metido en baretos de mala fama. Y no es para eso que vine al mundo.

Permeke hizo una estatua para la tumba de su amigo el pintor Gustave De Smet con unos materiales que se degradan por la acción del aire y del agua. Es perceptible cómo esa estatua se descompone, algo más lentamente que el cadáver que está debajo. Eso es el arte, un proceso de descomposición del hombre, sólo que algo más lento.

Me gusta leer lo que no entiendo, me estimula. Me encanta el Scientific American. ¿Sabe usted que está demostrado que los peces se marean? ¿Que la mayoría de los cerdos duermen sobre su flanco derecho? Yo quiero saberlo todo sobre el virus del cáncer del intestino de la mosca tse tse, y también sobre lo propiamente venenoso en la araña peluda. Y cuando me canso de leer sobre esas cosas, leo poesía.

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Retrato de Siegfried Woldhek
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Sobre Claus, aquí mismo: 1, 2, 3. Y esto, que escribió un amigo de mi tío Pepe.

29 janvier 2010

Último día (nadie se enoja)

Diario de Uagadugú (y 6)

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Anoche el guardián de estas casas nos recibió eufórico. El país de los hombres íntegros (que eso significa Burkina Faso, nombre que le dio Tomás Sankara) será cada vez más grande, decía, levantado los brazos al cielo. El motivo de tanta efusión radicaba en que me había visto en el telediario. Pensé que los equívocos aumentan con la temperatura. Pero, por qué no, tal vez tenga razón. No lo digo por mí, sino por Burkina Faso.

En medio de la noche me despierta un zancudo (otro). La bestia comete un error (zumba), y deja flotando el desasosiego. Abro el libro y me sosiega seguir la historia. Para eso sirven las novelas, para desplazar la atención de sí a los demás. Esa ventana entreabierta sirve para quitarse el peso de encima, para ensimismarse. Así son también las horas que paso mirando por la ventana. Luego creí oír al muecín, pero era una mujer a la que le atizaban al alba.

Del museo mossi de Manéga, lo mejor es la sala con las lápidas, que los murciélagos han ido cubriendo con su rancio olor. Por lo demás, y a la vista de los cepos, no debería venir uno a África a riesgo de volverse feministo. Me cuenta I que en Senegal al momento del matrimonio civil preguntan a los contrayentes si van a casarse por la vía monógama o polígama, en cuyo segundo caso hay nueva pregunta: si restrictiva (dos mujeres como máximo) o abierta (entre cuatro y treintaiséis).

El y su novia no se habían concertado sobre el asunto y, a la hora de los quiubos, I optó por la opción 2b. Me explica la cuestión en sus grandes líneas, lo que me lleva a pensar que la poligamia y el divorcio son fórmulas similares: Cuando el asunto resulta insoportable, en tierras monógamas la gente se divorcia, mientras que en tierras polígamas el marido se busca una segunda mujer. La fórmula le interesa a I, que aprovecha para proponer otra, en forma de triángulo: Cuando un hombre toma una segunda mujer, que suele ser más joven que la primera, la primera ama al hombre, quien ama a la segunda. Y así sucesivamente.

De regreso de Manéga, la luz del atardecer enciende el paisaje. Unas horas antes, bajo el sol del mediodía, la tierra parecía maldita de tan árida, pero por la tarde los colores de la luz bendicen a los árboles esparcidos, a los ramos secos de mijo, a los zebus, a los burros pequeños que se mueven perezosamente y a los niños que saludan el paso del jeep con unos pasos de baile.

Último día, nadie se enoja. Ni siquiera me enfado al comprobar que he perdido el estuche de las gafas. En cada viaje me dejo algo atrás. Imagino la escena del niño que lo encuentra y lo guarda entre sus tesoros. O tal vez lo venda el lunes.

Los pasajeros del avión que me devuelve a Europa se han dormido y las películas corren mudas en las pantallas sin que nadie las siga. Debo de ser el penúltimo despierto a estas horas.

Hasta que me vence el sueño y me dejo llevar por el túnel que me trae de vuelta a través de la niebla.

 

17 avril 2015

Schubert, Schober, Schubart

Schubert cantaba en las tabernas con sus amigos. A esas alegres sesiones las llamaron luego las schubertiadas. El mejor amigo de Franz Schubert se llamaba Franz Schober. No se parecían mucho, sin embargo. Schubert era de risa fácil, al menos hasta contraer la sífilis, y fue mofletudo a partir de entonces. Schober era pintoso. 

En casa de Schober encontró Schubert refugio varias veces, la primera cuando su padre lo repudió por haber abandonado los estudios. (¡Dios!, si hubiese estudiado cuando era joven y alocado, si me hubiese bien portado, ahora estaría casado», los viejos versos de Villon vienen al caso).

Con Schober escribió Schubert Alfonso y Estrella, una ópera que quedó sin estrenar. Sobre estas cosas y otras escribe Marcel Schneider: «Es notorio que Schubert dejó muchas obras inconclusas, y esa inquietud que consiste en esbozar y abandonar en curso de elaboración denota una tendencia a los amores masculinos». Qué cosas dice Marcel. Debería releer a Steckel para contradecirle.

En cuanto a su famosa canción La Trucha —una trucha contenta, unos pescadores tristes—, Schubert la compuso sobre la base de un poema de Schubart, muerto treinta años antes.

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9 mars 2015

Los jesuitas

Me entero de que tres colegios jesuitas de Cataluña abandonan la pedagogia tradicional, por asignaturas, y se acogen a la llamada pedagogia por proyectos. Al mismo tiempo, voy leyendo en las memorias de Jorge Edwards, Círculos morados, el relato de su experiencia escolar en el colegio jesuita de Santiago, donde los pedagogos iban desde el oscuro pedófilo Eduardo Cádiz al más o menos iluminado Alberto Hurtado, el más reciente santo chileno. Edwards se refiere también en esas páginas a la experiencia de James Joyce en varios colegios jesuitas irlandeses, que el propio Joyce narra en el Retrato del artista adolescente, principalmente. 

Mucho ha pasado desde que Joyce y Edwards fueran monaguillos en iglesias jesuitas ubicadas en puntos extremos del mundo y expusieran en sus libros la pesadez de esa pedagogía cargada de sombras tutelares: «Por el fondo caminaban los curas con sus sotanas». Andando los años, los resultados de la nueva propuesta pedagógica que asoma nos llegarán a través de los relatos de sus testigos presenciales y sus formas ahora ligeras se irán volviendo espesas, repetitivas, cargantes.

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James Joyce

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8 décembre 2014

Escribo porque de niño no me dejaban terminar las frases

Del discurso de Modiano en Estocolomo, una cita de De Quincey, que buscaba en el laberinto de Londres a un viejo amor: «Tal vez sólo estábamos separados por unos veinte metros. No se necesita más para que una separación sea eterna».

Escribo porque de niño no me dejaban terminar las frases. Escribo para que los adultos me lean hasta el final, sin interrumpirme, dijo. Libros que no entiendo del todo mientras los escribo pero que cuando estoy por acabarlos parecen despegarse de mí, como hacen los niños en el escuela el día previo a las vacaciones, que ya casi no escuchan al profesor.

Modiano nació en París en 1945 y se siente marcado de manera indeleble por el lugar y la fecha de su nacimiento. Cuando niño, sus padres lo dejaban al cuidado de amigos de la familia. A un niño todo le parece natural pero, más tarde, su infancia pudo parecerle enigmática, y escribir novelas una manera de resolver esos enigmas. Para escribir, consultaba viejas guías telefónicas, imaginando a la gente que no respondería si marcaba esos números. (Lo que recuerda a Somerset Maugham en una estación de provincias, en la India, pidiendo la guía telefónica para entretener la espera. Una ciudad despoblada, rezongó luego, cuando la devolvió).

La ilustración es de Amedeo Modigliani, muerto en París en 1920, primo de Modiano. Y lo que pueden parecerse.

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28 décembre 2014

El pintor cockney y la luz

Anteayer vimos Mr Turner, de Mike Leigh, una película tan trabajada como conseguida. Al punto que Thimothy Spall, el actor que encarna a Turner, premio de interpretación masculina en Cannes, dice haber pasado siete años elaborando el personaje.

Se suele mostrar al artista rompiendo moldes, movido por un arrebato pulsional. Un ícaro seductor en plena subida. Leigh, por el contrario, muestra al pintor viejo y basto, reconcentrado en su asunto, indiferente a las modas, a los demás. Un cockney empecinado en captar la forma de la luz, viejo y libre, seguro por fin de lo que busca y encuentra. 

Esto que digo resume lo que he leído sobre el pintor y sobre la película desde que la vi. Por cierto que hay más tela allí, pero yo me muevo, como el padre de Turner, en el terreno de la anécdota y por eso prefiero referirme a él, al padre del pintor, que exponía en la ventana de su barbería de Covent Garden los primeros croquis del pintor cuando niño, que rasuraba las cabezas de cerdo antes de que la cocinera las presentase a la mesa, convertido luego en factotum del hijo, preparando para él telas y pigmentos, recibiendo a los clientes y proponiéndoles la prueba de encontrar al elefante (the element of the elephant) en esta Tormenta de nieve, el ejército de Aníbal cruzando los Alpes. Porque si, como el elefante, todo es anécdota, el protagonista del cuadro es la luz, su forma.

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Un detalle de temporada, para acabar: al morir, en pleno solsticio de invierno, Turner exclama en su ultimo suspiro un muy inglés «Sun is God».

19 décembre 2014

Nombres de películas en 2014

Cuentas tontas: de las treinta mejores películas de 2014, según Cinemanía, veinticinco no llegaron a mi pueblo, o yo no me enteré. Las otras cinco eran buenas. Las ordeno a mi manera:

1. Boyhood

2. Dos días, una noche

2. El gran hotel Budapest

3. El pasado

5. Guillermo y los chicos, a la mesa

Veo que del Gran hotel Budapest no dije nada -lo que tiene mérito- a pesar de lo mucho que me divertí viéndola.

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8 novembre 2014

El lustrabotas

El primer hombre que aparece en una fotografía son dos y uno le está limpiando las botas al otro. Así de implacable ha sido desde siempre la fotografía. Implacable y engañosa, dictaminante e interpretable. Bien mirado, sin embargo, puede verse que el lustrabotas y su cliente no están solos, sino acompañados por una mujer y un niño en coche. Y que también hay quien mira desde dentro de la propia imagen, desde una ventana.

Se trata de un daguerrotipo, de una placa grabada por el propio Louis Daguerre, el inventor del procedimiento, en 1838, en el Boulevard du Temple, en París, llamado por los parisinos, «el de los crímenes», por los teatros que allí presentaban dramas policiacos. Daguerre había conseguido disminuir de unas horas a unos cuantos minutos el tiempo de exposición necesario para fijar la imagen. Aun así, esos largos minutos hicieron conque la placa sólo registrase a quienes se estuvieron quietos. El que se mueve no sale en la foto, como bien saben los segundones en cualquier jerarquía.

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17 août 2014

Gerona, 1978

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-¿Me guardarías un secreto?

-Si no eres capaz de guardarlo tú, ¿por qué voy a guardarlo yo?

El inspector Cuenca recuerda este diálogo de novela en Las leyes de la frontera, de Javier Cercas, una historia de charnegos que va del tardofranquismo al presente, con la verdad escurridiza como vértice: ¿Quién entregó al Zarco, un delincuente juvenil en la Gerona de 1978? ¿El Gafitas, su compinche, reconvertido luego en exitoso picapleitos? ¿O Tere, novia o hermana del Zarco?

Un relato sobre la base de tres puntos de vista orquestados por el narrador, que dosifica el suspenso, no rehúye los golpes de efecto y cuenta una verdad que no se puede decir sólo con la verdad, según el propio autor.

Tal vez sólo quepa reprochar a Cercas que aparezca en la foto de la contratapa tan enfoscado que casi se asemeja a Arcadi Espada.

16 juillet 2014

La aspiradora

He oído decir que hay gente así como la señora que cuentas, que practican yoga de manera discreta. Pueden ir en el autobús a tu lado y no te enteras. O pueden estar limpiando la oficina. Como esa amiga tuya, ruandesa, sobreviviente del genocidio, que para llorar se escudaba en el ruido de la aspiradora. El yoga, después de todo, consiste en exhalar, aspirar y mover el cuerpo.

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24 mai 2014

Uno, ninguno y cien mil

La estadìstica dice que esta madrugada este blog alcanzò su visitante n° 100 000. Dice también que se tratò de un lector mejicano. La pàgina que leyò fue ésta, escrita hace tres años, donde también se hace cuestiòn de unas estadìsticas. La releo y me resulta vagamente incomprensible.

Ahora bien, lo mejor de la relectura consiste en reencontrar esta cita de Iñaki Uriarte: «Esencia del pensamiento conservador: creer en las elites, creer que hay personas mejores que otras y que se merecen más. Y lo que suele ser risible: creer que tú eres una de ellas».

Uno, ninguno y cien mil, que dirìa Pirandello.

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20 mai 2014

Una imagen de Belgrado

No se me ha perdido nada en Belgrado pero estaba leyendo la descripciòn de la ciudad que hace Nicolas Bouvier en L'Usage du monde cuando me entero del peligro de inundaciòn de la ciudad por la crecida de los dos rìos que la atraviesan.

La ciudad que describe Bouvier es la Belgrado de hace sesenta años y no parece estar, como ahora, bajo amenaza: «En verano, Belgrado es matutina. A las seis, los aseadores municipales barren la bosta que dejan las carretas de los verduleros, mientras las cortinas de madera de las tiendas comienzan a levantarse. A las siete, los bares ya estàn llenos. En las asoleadas calles se siente el olor de las sandìas del mercado, donde los caballos tienen nombres de niños, y se ve ese desorden de casas esparcidas entre los dos rìos, el Sava y el Danubio, en ese viejo campamento que hoy se llama Belgrado».

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La foto es anònima, o yo no he dado con el autor, y parece ser de un tiempo posterior al del relato de Bouvier. En ella, el rìo està en su cauce, donde esperamos que vuelva cuanto antes.

9 décembre 2011

La palmera

Diario de Chile

Cuando voy a dejar la oficina me doy cuenta de que el zygocactus está floreciendo. Florecerá para nadie. Da un poco de pena imaginar esos colores vivos en la soledad del despacho. Pero es una pena extemporánea y no hay quien la contemple.

En el avión me pregunto si no habrá gente en segunda clase que, pudiendo viajar en primera, decide invertir la diferencia en proyectos de utilidad pública. Y viceversa, si habrá entre los de la primera alguno que está pagando con recursos públicos la diferencia entre la estrechez y la holgura. La crisis es lo que tiene, que hace desconfiar de los duques. 

Espero eso sí que en primera clase no echen por las pantallas esos programas de cámara indiscreta. Qué vulgaridad. No lo digo por las situaciones, sino por las risotadas.

Ya en tierra todo son buenas noticias. No hace ni frío ni calor y, a pesar de que Piñera sigue subido a la palmera, el país y el paisaje siguen donde mismo. 

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27 janvier 2010

Todos los burkineses se llaman Ouedraogo

Diario de Uagadugú (3)

Uagá 2000 llaman a la ciudad moderna, un conjunto espacioso de edificios nuevos y en construcción, ministerios, embajadas, residencias. A su entrada campa una versión patosa y vagamente africanizante de la torre Eiffel. Y a su centro, el palacio presidencial. Muy cerca del cual vive ahora Dadis Camara, el ex mandamás guineano, a quien su rival le metió en diciembre pasado una bala en la cabeza. Camara convalece en Uagadugú, mientras el presidente burkinés, Blaise Campaoré, presume de mediar en la crisis guineana.

Después del almuerzo en casa de L, me asomo a la calle a dar un vistazo. En la acera de enfrente juegan unos cuantos niños. La niña más pequeña se echa a llorar desconsoladamente y los más grandes dicen que llora porque tiene miedo del blanco. Me acerco para decirle que no tiene que temerme (caigo en la trampa) y la niña sube el volumen de los gritos. Asoman unos cuantos vecinos a divertirse con la escena. Una de las niñas coge entonces a la pequeña y corre con ella hasta que ambas se van de bruces al suelo. Carcajadas, lloros, regañina. Algo he oído sobre el caracter burkinés, algo he leído. No sé cómo decirlo, ahora lo entiendo.

Ayuda al servicio una muchacha joven, casi una niña. Por sus formas se adivina que ya es madre. Mientras friega, toma a su hijo sobre la espalda. Asoma P, el chofer, y se embarcan en una conversación en moré. Para resultar seductora la niña enfatiza lo infantil de sus gestos y del tono de su voz. Tal vez la niña-madre sea sobrina de L o de su mujer. Con los debidos respetos, también la mujer de L parece su criada.

Por la noche, ceno con B y M, mientras los zancudos cenan en mis tobillos. B dirige un periódico de investigación. No es necesario ir a investigar muy lejos, dice, los casos flotan en la superficie, como la mierda. Al regreso, larga vuelta por esta enorme aldea, que tiene sin embargo un centro con hoteles, bancos y trabajadoras del sexo. No deja de ser notable poder caminar a oscuras sin que te asalten. Ya sé que no debería decirlo, que no hay que provocar a Murphy, pero en fin, lo celebro comprando una papaya a la vendedora callejera y poniéndola en el refrigerador para tomarla muy helada al desayuno.

Por la mañana, el despacho de Radio Francia Internacional es lacónico: en Chile ha ganado el millonario. Lo sospeché desde un principio. Veré si más tarde la capto nuevamente, a ver si dan los porcentajes. A quién le importa saber eso en Uagadugú. A mí.

Unas horas después, la luna nueva se empina en el poniente. De lo que me alegro. No sólo de eso me alegro. En cualquier lugar en que uno esté debería alegrarse, particularmente en África. Lo digo porque he estado mirando por el balcón a mis vecinos cómo comen, cómo se lavan, cómo viven. Y he recordado a M, el médico, quien rehúsa venir a buscar enfermos a África por miedo a contagiarse. (En fin, lo hizo una vez, y quedó curado de espanto). M debe de estar celebrando la victoria de su candidato en la remota Santiago. Ha trabajado duro para vivir en el mismo barrio que el candidato electo.

Antes, debatimos brevemente sobre la cuestión del laicismo. B, viejo pastor peul, me cuenta de la opción salomónica de su padre, quien tuvo diez hijos y una hija. Dividió a los niños, a la mitad los mandó a la escuela de los blancos, a la otra mitad a la escuela coránica. ¿Y a la niña?, le pregunto. Por cierto que no entiende la pregunta.

Los senegaleses cuestionan el concepto. Los Estados laicos han conseguido evitar unas cuantas matanzas, dice alguien. En fin, no sé por qué hablo de esto, habiendo tanto de qué hablar. Del equipo de fútbol local, los corceles de Burkina Faso, que ha sido  derrotado por el de Ghana, en la Copa africana que se juega en Angola. Muy justamente, por lo demás.

Todos los burkineses se llaman Uedraogó, salvo un comentarista de la tele que se llama Bah.

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25 janvier 2010

El hombre del avión

Diario de Uagadugú

Desde el fondo del avión, antes del despegue, comienzan a oírse los lamentos de un hombre. Yo no he hecho nada, grita. Está atado a su sitio y a cada lado hay un policía. Algunos pasajeros intentan un tímida queja (c'est inadmissible...) pero la mayoría callamos porque estamos como ausentes o nos limitamos a echar alguna mirada y a decirnos que ya habrá tiempo para enviar un reclamo por escrito a la compañía aérea. Por los parlantes una azafata pide unas vagas disculpas. Mientras el avión está sobre la pista -tarda en despegar- el hombre gime y da voces. En cuanto se produce el despegue, calla y parece dormir, lo que permite a los policías pasearse por el fondo del avión charlando con la tripulación. Cuando desembarcamos en Uagá, el hombre todavía está ahí.

Sobrevolamos los Pirineos y el arrière-pays catalán cubiertos por la nieve, la costa levantina y la Mar menor. Y después de la travesía del Mediterráneo, sólo vemos desierto y más desierto, tanto desierto que por momentos parece ser la mar serena. Hasta que asoma el río Níger y los verdes arrozales de su ribera.

Una familia de africanos desembarca a mi lado. "Llegamos a Burkina Faso, África", dice el niño mayor, empinado sobre sus cortos años. El padre lleva un terno de buen corte, una kufiya al cuello, y un pasaporte austriaco en la mano. Como es él, y no la madre, quien carga a un niño de pecho, alguien bromea con él sobre ese detalle. "Hemos venido a provocar", responde.

En el apartamento que ocupo veo que me han adoptado un par de mascotas. En la cocina hace guardia una cucaracha y por detrás de la cortina asoma una salamanquesa, que soporta mi mirada y el fogonazo del flash. No se mueve, pero tampoco escapa.

Por la noche, cenando tilapias en una terraza de la avenida, vemos desfilar a los vendedores. Uno vende huevos, otro gallinas de guinea, otro lámparas que brillan en la oscuridad, otro afiches con la cara de Cristo salvador, que también brilla. A este último debí fotografiarlo. Tan negra su cara y su Cristo tan blanco.

Los gatos dan cuenta de las sobras que caen de los platos y las cabras se disputan el papel con el viento. Impresiona la cantidad de gente que se mueve. Sólo se están quietos los que comen, los que quieren comer tienen que moverse.

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26 janvier 2010

El dilema

Diario de Uagadugú (2)

En un muro bajo está pintado el retrato de una novia vestida de blanco. El trazo es ingenuo pero el resultado está bien conseguido. Alguien ha puesto a secar encima de la novia un trapo. La novia del trapo.

En la reunión de la mañana todos están conectados, menos yo. Luego vamos a comprar a un supermercado para blancos. Incluso las cajeras son blancas. Hace tiempo que no daba limosna. Me llevo la mano al bolsillo, sopeso las monedas y las doy.

A la hora de la cena, en el Gracias, alguien habla de una marcha de travestidos en Bombay, vaya tema. Los senegaleses cuentan entonces de un travestido que murió en Senegal y fue enterrado en su pueblo natal, pero el pueblo obtuvo que lo desenterraran y se lo llevaran lejos, a un eriazo. Les digo que al lado de los travestidos senegaleses los intocables hindúes son privilegiados, y se ríen de buena gana. Como son musulmanes, se ríen de la gracieta y no a causa de la cerveza, como yo. A propósito de la cerveza, me levanto a mear, abro la puerta del baño y veo que el cocinero se está duchando allí dentro.

Después del desayuno (té, galletas, mermelada), lavo la camisa y la tiendo en el balcón. Desde donde veo al vecino haciendo la colada. Es un buen ejercicio hacer la colada, hay que ver cómo trabajan los músculos. En Europa los gimnasios están llenos de máquinas, mientras que África es un gimnasio a cielo abierto, precisamente porque no abundan las máquinas. Tampoco hace falta la secadora. No ha pasado media hora y la camisa ya está seca.

También he visto que las salamanquesas son una familia extendida, una tribu. Anoche se paseaba por los muros del cuarto una pareja y se permitía hacer ruido cuando entraba y salía por los caños del aire acondicionado. Otro que hizo ruido fue el vecino (no el de la colada), que llegó tarde y dando voces, probablemente con mucha cerveza encima (ojalá se convirtiera al islam). Me quedo un rato despierto respirando el aire apestoso del difusor anti zancudos y sintiendo cómo se va instalando el dolor de cabeza. El viejo dilema de la canción de Veloso: el insecto o el insecticida.

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11 janvier 2010

Evo habla de Eva

El diario del Gobierno boliviano Cambio publica una entrevista con Evo Morales. Se trata de una entrevista 'íntima', en la que Morales se extiende sobre su relación con la comida, con el fútbol y sus propios sueños.

El que fue niño pastor de llamas y dirigente sindical cocalero se muestra a sí mismo a través de la descripción de los platos que tomaba entonces y aprecia ahora. Una suerte de Como agua para chocolate del estadista soltero.

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Porque Evo Morales está soltero. Al punto que en un emotivo momento de la entrevista confiesa que si una vez tuvo ganas de casarse fue a causa de  la cebolla: 'Porque cuando pico la cebolla me hace llorar'.

Pero el joven Morales desechó la idea de casarse porque, cuenta, 'le interesaba más la pelota que las chicas: '¿Este Evito, por qué se creerá tanto? Seguramente porque tiene harta llama, decían las chicas. A mí me gustaba el fútbol, a ellas la fiesta'. Ahora que es Presidente, juega al fútbol con los militares: 'A los 50 años ya no se puede alcanzar a los subtenientes, a los tenientes. Pero cuando juego con coroneles, yo soy estrella en el partido', afirma, contento. 

Morales se extiende también sobre los sueños. Sus propios sueños cuando niño: 'Estaba caminando ahí, he visto víboras, víboras, víboras, tantas víboras, gruesas, pequeñas, delgadas, grandes, y finalmente me paro, y por debajo de donde estoy parado había víboras. Yo no sabía dónde pisar y empecé a llorar. Entonces, asustado, llorando, despierto y de verdad estaba llorando. Y yo le comenté a mi madre: Mamá, me he soñado así, con víboras, tantas víboras, chiquititas, grandes, gruesas, delgadas, no me dejaban caminar. Mi madre decía: Evito, te va a ir bien en la vida, vas a tener platita, no te va a faltar platita'.

'Mis sueños tienen muchos aciertos' confiesa Morales. 'Por ejemplo, para tener plata o para perder plata. Para tener plata, estoy como niño y si el niño hace sus necesidades, tengo plata. Muy interesante los sueños, yo creo en mis sueños'.

Ayer justamente estuvimos comiendo en casa de unos amigos belgas que regresaban de un viaje por Bolivia. (Qué bien comimos en Bolivia, nos decían. Y nosotros: qué bien se come en vuestra casa). Morales es un presidente atípico y despierta marcados sentimientos encontrados, nos confiaban. Lo confirma en esta entrevista, donde no duda en contar que estuvo a punto de caerse de la cama y que 'se sueña' como niño haciendo sus necesidades.

20 novembre 2009

La riada

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yer se celebraba la Saint-Verhaegen, fiesta del santo patrono de la Universidad bruselense, un santo laico que fundó la universidad por puro apego al método científico. Para festejarlo, los estudiantes se visten por estas fechas con mono de trabajo, pintarrajean unos remolques y recorren con ellos la ciudad libando y deslibando. Mi tío se cruzó con el cortejo en el barrio de los anticuarios, que está en la parte alta de la ciudad y es desnivelado. A esa hora, las riadas de orina comenzaban ya a inundar los barrios bajos, donde los transeúntes se calzaban apresuradamente botas de goma. Mi tío decidió entonces embarcar en un muelle improvisado y alejarse. Es lo que tiene la cerveza, que es muy diurética.

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3 octobre 2009

El perro de los Chirac muerde a Jacques en sus partes pudendas

Me gustan esos cuadros que cuelgan sobre la chimenea de las casas burguesas, donde se representa al perro vestido como el amo y adoptando su pose. Pienso en ellos ahora que me entero de que el perro de los Chirac, Sumo, está deprimido desde que debió abandonar los amplios salones y jardines del Elíseo. Tanto así que, tras morder tres veces a su amo, una de ellas en sus partes pudendas, según la BBC, ha sido relegado a una finca de las afueras de París.

El error de los Chirac radica en tratar al can por la vía conductista. Una terapia familiar sistémica daría mejores resultados. Nótese que el perro sólo muerde a Jacques y no a Bernadette, su mujer. De manera complementaria, un pintor debería representar a Sumo con la banda presidencial cruzada en el pecho. De seguro que mejoraba en seguida.

Que un perro muerda a un hombre ya no es noticia y lo contrario sí lo es. Tratándose de Sumo, podemos hacer hoy una excepción a la regla.

Sumo

26 novembre 2009

La masacre

Dice que ha tenido que imponerse la lectura de la noticia. Que no sabe casi nada sobre Filipinas, menos aún sobre la isla de Mindanao. Por qué tendría que enterarse ahora de ese horror, de los detalles. 57 muertos, trece de ellos periodistas, a manos de los hombres del gobernador. Que se lo imagina. La fosa abierta antes de la masacre, los cadáveres desenterrados cubiertos con hojas de plátano.

Mindanao

19 novembre 2009

La mano

Se conoce que mi tío Pepe estuvo anoche viendo el fútbol porque hoy me ha soltado un rollo mayúsculo sobre la justicia. Pocos asuntos le habrán hecho tanto daño a ésta, a la idea que se hace de ésta el común de los mortales, los que no hemos leído aún a John Rawls, pocos asuntos, dice, dejarán a la justicia tan con el culo al aire como el gol de Francia ayer, el tramposo gol que la lleva al Mundial de Sudáfrica.

Faltaban pocos minutos para que terminara el tiempo añadido, vencía Irlanda uno a cero y el capitán del equipo francés, Henry, se llevó la pelota con la mano para cederla a su colega Gallas, quien no tuvo ningún inconveniente en embocar. Los irlandeses se quedaron mirando la trampa con los ojos grandes. Reclamaron, sin éxito, y aceptaron darse por vencidos.

La justicia radica precisamente en eso, en la aceptación de las reglas, en la sanción del árbitro en caso de su incumplimiento, y en la aceptación de la sanción aun cuando se la estime injusta. De otra manera no hay tu tía, dice mi tío. Aun así, el equipo francés no se llevó por delante anoche sólo al equipo irlandés. También lo hizo con la escasa ilusión que nos hace la justicia a los iletrados, a los que nos contentamos con la lectura de las páginas deportivas.

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Del nuevo presidente europeo, el hasta hoy primer ministro belga Herman Van Rompuy, me cuenta mi tío que este verano se fue de vacaciones a Australia, de lejos el lugar más distante de Bélgica. También, que durante las últimas elecciones regionales vio a su hermana, enfermera de profesión, postularse como candidata por el Partido comunista, de lejos el partido más distante del suyo. No le parece raro, ministro, que su propia hermana sea tan adversaria de la política de su gobierno, le preguntaron. Nuestra familia es lo suficientemente grande como para contenernos a ambos, respondió el hombre, que  también escribe haikús y va a misa los domingos. El caricaturista Kroll lo suele dibujar, por eso y por más que eso, como un siempre listo.

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25 octobre 2009

La cola del mono

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El pequeño mono me mira...
¡Quisiera decirme
Algo que se le olvida!

Días atrás Montano colgó este haiku del mejicano Tablada, que me recordó la frase del profesor B. en Fresas salvajes: 'Hay algo que quiero decirme y no quiero escuchar'.

El profesor B. habla de los sueños y Pepe piensa en el mono. Cuando era joven soñó que andaba un mono por la habitación, de la que pronto salía. Abría la ventana y allí estaba el mono, en la acera, mirándole y riéndosele. Lo comentó con una amiga, quien le hizo esta interpretación express: Tú tienes un problema y el problema se ríe de ti. Ajá.

Si te quedas solo en el desierto, los guijarros te serán proyectivos, los astros, lo que haya a mano, los dedos de la mano. Si te quedas solo en la selva, en la selva de las imágenes, quiero decir, todo te será proyectivo y sobre todo el mono. El mono es el ser proyectivo por antonomasia.

Pepe le imita, sin éxito.

2 juin 2009

Borges, entrevista en Facebook

Borges

B
orges ya no da entrevistas. Es una pena, porque las daba buenas.

Más de una vez he contado que intenté entrevistar a Borges, en marzo de 1983, en Buenos Aires. Entonces yo era joven y él era viejo. La juventud tiene cura, la vejez no tiene. A falta de poder entrevistar a Borges, puedo entrevistar a Sam, quien sí entrevistó a Borges. Sam vive en Washington, yo vivo en Bruselas y Borges ya no vive en Ginebra. El mundo es pequeño y Facebook es grande.

Sam: La pregunta es si recuerdo las noticias que traían por esos días los diarios argentinos. No, no lo recuerdo, ni recuerdo haberlos leído.

Pero te acuerdas de Buenos Aires.

Claro, cómo no me voy a acordar. Íbamos a Buenos Aires a ver las películas que no llegaban a Santiago, a las librerías y a los cafés abiertos a las cuatro de la mañana, a esas confiterías llenas de porteños gritando cosas importantes. Íbamos, entonces no nos daba vergüenza usar palabras grandes, a la civilización. Y también porque el viaje es pura posibilidad, cualquier cosa puede pasar, desde que se enamore de ti la mujer más increíble hasta que secuestren el avión unos terroristas chiítas y termines aterrizando en la ciudad sagrada de Qom. O que la entrevista con Borges sea inmortal, llena de declaraciones espectaculares. ¡Que te cuente que va a publicar su primera novela! ¡O que confiese que Borges no existe! Que es una creación colectiva, que los libros los escribe un grupo de matemáticos y filósofos y literatos y que el pobre actor que sirve como envoltorio para Borges es un triste asalariado...

¿Te fue fácil conseguir la entrevista?

Yo era fanático de Borges, de saberme párrafos de memoria y poemas enteros. Me había conseguido su número de teléfono y lo había llamado por si las moscas, y sí. No lo podía creer, estaba recién salido de la facultad, llevaba menos de un año trabajando y ya iba a entrevistar a Borges, en exclusiva para la revista Bravo. Claro que cuando lo llamé le dije que llamaba del suplemento literario del Chicago Tribune.

¿Cómo era el departamento de Borges, en la calle Maipú?

Lo que mejor lo describe es que pasaba inadvertido. Me abrió la puerta la empleada, que se llamaba María, y entonces conocí a Beppo. Borges tenía un botón del marrueco suelto, lo que le daba un aspecto poco prolijo.

Le preguntaste su opinión sobre Dios, presumo.

—Claro. Borges dijo que sí, que Dios, pero que él no podía creer en un Dios personal. Qué quiere decir con un Dios personal, le pregunté. ¿Es lo mismo que un Dios antropomorfo? Y le molestó la pregunta, porque no le gustó la palabra antropomorfo.

A continuación le preguntaste por el Papa.

Sí, y dijo que no tenía opinión, porque no le interesaban los funcionarios.

Apuesto a que también le preguntaste por Pinochet.

Cuando le pregunté por Pinochet y las dictaduras militares, dijo: «Todos somos cómplices, todos somos víctimas».

Y cuando tuve que dar vuelta la cassette para seguir grabando las palabras del viejo, por error apreté play en vez de record y, como tenía la grabadora a todo volumen, estalló una canción de Police, y el pobre Borges pegó un salto con el que casi llegó al techo. ¿Te imaginas que se hubiera muerto de un ataque al corazón por culpa mía y de la voz de Sting?

Me imagino. ¿Y cómo terminó todo?

—Borges daba entrevistas tupido y parejo a cuanto pelafustán se lo pidiera porque le gustaba conversar. Hablaba bien, con frases bien articuladas, no había que editarle nada. Cuando se me acabaron las preguntas, no había durado ni una hora la entrevista, el viejo me preguntó por mi apellido y se largó a hablar sobre su origen. Quería conversar, pensar en voz alta, por fin lo empezaba a pasar bien después de tanta pregunta. Y yo, tontorrón, nervioso, desatinado, no supe escucharlo, sentí que lo había molestado mucho rato y que adiós y gracias, Borges, fue un honor y un privilegio haberlo conocido. Cuando él quiso hablar en vez de llenar un formulario periodístico, yo no me supe salir del libreto.

La entrevista fue publicada con el poco imaginativo título de Laberinto de espejos, en una revista que ya no existe.

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La foto es de Miguel Ángel Larrea

1 octobre 2009

El otoño

Temporada de otoño en Face, como lo llaman en el tren.

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Buenas noticias del frente cultural: un payaso ha sido enviado al espacio y el tango a formar parte del patrimonio inmaterial de la humanidad. En ambos casos, ya tardaba. Otros espectáculos de otoño : las celebraciones chinas, la caza de la rata en Bangladesh y el vuelo de los estorninos.

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La foto es de Miguel Ángel Larrea

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