Pasear en góndola o en 'vaporetto' por la laguna de Venecia o por la laguna de Aculeo no debería privar a nadie de ningún derecho, ni menos del derecho a voto

Por enésima vez en los últimos 36 años un proyecto de ley que buscaba devolver el derecho a voto a los chilenos que viven en el exterior ha sido rechazado en el Parlamento. Veintitrés votos en contra y veinte abstenciones han podido más que los 63 votos de apoyo al proyecto. La iniciativa se quedó, así, seis votos por debajo de la mayoría cualificada requerida, no para aprobarlo sino para pasar al siguiente trámite de discusión.
Habituados a los sucesivos rechazos, esta vez los chilenos en el extranjero, algo menos de un millón según el último conteo, tenían la esperanza puesta en la aprobación de la reforma y en poder contribuir por fin a elegir a los gobernantes. Dos elementos nuevos alimentaban esa esperanza. La mayoría cualificada había sido rebajada y, sobre todo, el propio candidato presidencial Sebastián Piñera había comprometido el apoyo de Renovación Nacional a la iniciativa en sendas reuniones con chilenos, en Estocolmo y Madrid, durante la campaña presidencial de 2005.
A la hora de votar, sin embargo, otro gallo cantó en Valparaíso. « Es ilógico que quien pasea en góndola por Venecia decida quién gobernará », argumentó el presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, para justificar el rechazo de los parlamentarios de su partido. Por si no se nota, la metáfora náutica de Larraín apunta al fondo del asunto.
El argumento de Larraín es impresentable. Desde luego, pasear en góndola o en vaporetto por el Canal grande y la laguna de Venecia, o por la laguna de Aculeo y el Canal San Carlos de Santiago, no debería privar a nadie de ningún derecho, ni menos del derecho a voto.
Aun así, podría ser útil conocer qué porcentaje de chilenos en el exterior ha estado alguna vez en Venecia paseando en góndola y comparar ese porcentaje con el número de amigos y asociados de Larraín que se han dado ese gusto. Los países con mayor concentración de chilenos en el exterior son Argentina, Estados Unidos, Canadá, Australia y Suecia. En todos ellos, las góndolas venecianas son tan remotas como los barcos de totora del lago Titicaca. El argumento de Larraín es, como se diría en Venecia, proprio babbèo.
Sebastián Piñera concentró en las formas sus objeciones al proyecto. Vaya formas: « ¿Cómo se va a acreditar la característica de ciudadano chileno de las personas que se quieran inscribir, cómo se va a acreditar que son mayores de 18 años cuando no tienen carné de identidad? ¿Con el carné de chofer, con una declaración, mostrando la barba los hombres o mostrando otras cosas las mujeres? ».
El razonamiento de Piñera carece por completo de vuelo y de altura, un colmo viniendo de un magnate aeronáutico. Cualquier persona que haya hecho un trámite en una oficina del registro civil en Chile, o en una oficina consular en el extranjero, habrá podido comprobar que éstas disponen de información completa y actualizada. Nadie necesita bajarse los pantalones para obtener un certificado de nacimiento o un pasaporte, como supone o quisiera Piñera. ¿Por qué tendría que ser otro el caso, tratándose de emitir el sufragio?
Aparte, claro está, de los apabullantes resultados que obtuvieron a la sombra de Pinochet en consultas y plebiscitos entre 1978 y 1981, la última victoria electoral de Renovación Nacional remonta a cincuenta años atrás, cuando las micros se llamaban góndolas y los predecesores de Larraín y Piñera se llamaban conservadores y liberales y apoyaban a Alessandri Rodríguez. Los tropiezos del Transantiago les harán sentir que la victoria está cerca y que aquéllos que están lejos, impedidos de ejercer sus derechos, son parte del enemigo al que hay que batir. Tardan en entender que se puede ganar una elección contra la gente (todo se puede), pero cuesta.
No sé cuán lejano estará el día en que los chilenos del extranjero puedan votar. Espero, sí, que cuando ese día llegue voten masivamente. Y que los chilenos de Venecia, no son muchos pero alguno hay, también vayan a votar. En góndola, por supuesto.
24 de mayo de 2007 PDF
PS: Sobre este mismo asunto, hay varios comentarios repartidos por aquí, por ahí y por allá. También he escrito antes tres columnas, 1, 2 y 3. No es que esté obsesionado con el voto, es que me encanta votar. Incluso ya he sido candidato. Lo más duro de la campaña fue intentar convencer a mi señora de que votara por mí. No la convencí. Peor aún, levantó su propia candidatura.