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Camino de Santiago
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14 mai 2015

Haz de luz en Gante

Caminando hace unos días por el centro de Gante reconocí sobre un muro en altura este retrato de Michaël Borremans. 

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Es un muro raro. Del otro lado cuelga una campana a la que lleva, supongo, el ascensor que está debajo del fresco de Borremans.

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La maestría formal que exhibe Borremans en su obra enigmática impresiona. El detalle del haz de luz saliendo de la mirada de la mujer está al menos en otro cuadro del pintor, que fue convertido en sello postal.

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El fresco gantés y el sello postal son las dos únicas obras de Borremans que están, que yo sepa, fuera de galerías y museos. Curiosamente, sólo esos dos cuadros muestran ese sorprendente haz de luz que sale de la mirada de unos personajes que, sin embargo, no parecen ver otra cosa que su propio haz de luz.

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25 mars 2015

Los Alpes, la Ardena

Dos imágenes sobre la tragedia aérea en los Alpes. La de ABC es grosera. La del Frankfurter Allgemeine es ligera, significativa. De hecho está hecha sólo de signos.

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El tren deja atrás la planicie brabanzona y se adentra por el bosque ardenés. Ver la Ardena por estos días confirma la evidencia de que entre el fin del invierno y el inicio de la primavera hay una estación intermedia que se parece más al fin del invierno que al inicio de la primavera.

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Óleo de Camille Barthelemy

25 février 2015

La música

De una caja de libros viejos, escojo la Sonata a Kreutzer, de Tolstoi. Lo escojo por el barbudo y por la sonata. Claro que, sobre Tolstoi, La canción para pasar el sombrero resume mayormente el cuadro.

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Lo cierto es que el inicio del relato, en un tren, resulta falto de naturalidad, como si estuviese destinado sólo a poner en su centro la retahíla integrista del personaje, Podsnichef, el propietario y padre de familia que apuñaló a su mujer cegado por los celos: dardos contra la concupiscencia de los gochos y la música, en nombre de una pureza bíblica. Pero una vez que Podsnichef comienza a relatar las circunstancias de su crimen, sus horas previas, el relato toma forma y se entrevera felizmente con consideraciones como estas sobre el poder de la música:

«¡Qué cosa tan terrible esa sonata! Sobre todo aquel presto. Y qué cosa tan terrible la música en general. / Bajo su influjo me parece sentir realmente lo que no siento, comprender lo que no comprendo, poder lo que no puedo. / Se comprende que la musica provoque excitaciones que no resuelve. / Por ejemplo, el primer presto de esa Sonata a Kreutzer —y existe mucha musica así— ¿se puede tocar en salones en medio de damas escotadas, o en conciertos, y después de acabado, aplaudir, y pasar a otro tiempo o a otra obra?».

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5 février 2015

Retazos porteños

Diario del Cono Sur, 9

Mira que ir a Buenos Aires y, en lugar de escribir sobre Nisman y Kitschner, ponerse a hablar de zorzales y de fetos en formol. Y luego quieres tener lectores. ¿Y quién te dijo que yo quiero tener lectores?

Al despegar, Buenos Aires es un sinfín de luces de colores junto al río chocolatero. Al aterrizar, Santiago por la mismas, si cambias al río por la cordillera. El avión ha venido buscando la última luz del poniente. No sé si será posible un viaje aéreo que haga durar el crepúsculo largas horas, un día entero. Por lo pronto, esa será mi fantasía erótica a la hora de buscar el sueño. Y como plan B, una navegación por mar entre Montevideo y Valparaíso vía el Cabo de Hornos.

Quién supiera leer la ciudad por sus luces. Entiendo que las luces rojas indican a los pilotos la altura de los edificios, mientras que las demás componen el entramado del tráfico entre los volúmenes edificados. Por otra parte, y para reforzar la sensación de continuidad entre una y otra capital, estos últimos años la cotorra argentina ha venido colonizando Santiago. Menudos cotorreos que hay que oír entre los árboles y los postes de la luz. Lo mismo con los locutores deportivos chilenos, que imitan descaradamente a los argentinos.

También sobre cotorreos, el uso porteño del indefinido en lugar del compuesto es cortocircuitante: «Todavía no almorcé», dicen. «A la Argentina se la robaron tres veces y todavía no murió». Y la señora, concentrada en la cinta giratoria buscando su maleta: «Y, no la vi la maleta». 

El taxista que nos lleva hasta el Gran Rex al espectáculo de Les Luthiers -Viejos hazmerreíres se llama- dice que él no iría a verlo. «Todos los que vienen de fuera, Los Beatles, bueno, Los Beatles, no, Youtube (Youtube dice, queriendo decir U2, supongo), vienen de última». Pero Les Luthiers juegan de locales, replico. «Bueno, igual no iría».

El Gran Rex, sin embargo, está lleno. Un placer ver un teatro lleno de gente sencilla que sabe disfrutar de un espectáculo. Se reconcilia uno no sé con qué, con los porteños puede ser, que andan algo cabizbajos, como asustados frente a lo que viene y a lo que va. El de Les Luthiers es un humor popular inteligente, si eso existe. Y buena música, hecha con califones y bidets. Están viejos y se ríen de su propia vejez con chistes bien hechos. Tal vez demasiado hechos. No sé si olvidan eso de que primero hay que escribir y luego borrar los chistes.

No es que los taxistas sean iguales en todas partes, sólo lo parecen. Los bonaerenses son muy de Macri, y algunos le echan la culpa de todo a los ladrones y a los extranjeros. Y creen que Macri no robará, porque ya tiene. 

Lo dejo por ahora. Mañana digo algo sobre el Ateneo o pongo un autorretrato, si eso.

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Del libro «Santiago desde el aire»

15 novembre 2014

Las calles

Cuando pasa el tiempo, lo real adopta un aspecto de ficción, y será ese el sino de nuestros retratos. Eso dice Javier Marías. Lo recuerdo viendo la foto de este hombre caminando por Santiago de Chile.

Esas son las calles por donde anduvo también Antonio después de desembarcar de un navío genovés y del tren trasandino y haber pernoctado los primeros días en el Hotel España de la calle Morandé, a dos pasos del lugar de la foto, tras un mes de travesía de la meseta castellana, el océano Atlántico, la pampa argentina y la cordillera de los Andes, de dejar atrás su pueblo, las ciudades de Oviedo, Madrid y Barcelona y los puertos de Santos y de Buenos Aires.

Mucho hablé con él, años más tarde, caminando precisamente por calles como la de la foto. Ahora que ya no puedo preguntarle nada más, cuánto me gustaría escucharlo contar algún intersticio de ese viaje, cualquiera, el que él eligiese.

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9 juillet 2014

La final

El Mundial ya casi toca a su final.

Una a una fueron cayendo mis cuatro selecciones. En series, en octavos, en cuartos, en semifinales. La que menos me escoció fue la derrota de la canarinha. Poca gracia me hacen Felipão y algunos de los suyos. Aun así, y por mucho que uno se lo pase pipa riéndole las gracietas a la galería imaginaria en Twitter, no reconforta precisamente presenciar el hundimiento y la humillación.

En el caso de España, por lo que me toca, me devolvió la alegría leer a Diego.

En el caso de Chile, resulta curioso ver como el técnico Sampaoli, habiendo conseguido que su equipo corriera como nadie detrás de la pelota sobre la base de un discurso formateado en la autoayuda  -si nos lo creemos, lo seremos-, dejara escapar la calificación cometiendo un error tan gordo como permitir que el penalti decisivo lo pateara Jara -Jarita-, el propio autor del anterior autogol funesto.

También, sobre el trallazo de Pinilla en el travesaño, que a punto estuvo de apear a los brasileros -más les hubiese valido, a la luz de lo que vendría luego-, alguien hacía notar que el imperfecto oral, por la vía de ser el tiempo del relato, se va subjuntivando. El de Pinilla no fue gol, pero era gol.

En cuanto a los belgas, las uvas estaban verdes.

Ahora bien, una vez que tu equipo ha sido apartado del camino, resulta claro que apoyarlo acarrea una emoción espuria. En cambio, ver un juego cuyo resultado no te va ni te viene sí que procura emociones puras. Así, la final de este domingo. Final que perderán por cuarta vez los holandeses, para que me cuadre el chiste que no entiendo por qué repito tanto.

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5 août 2010

Como cantaban los Beach Boys

Obama ha anunciado el retiro total de las tropas norteamericanas de Irak para fines de 2011. Hay que alegrarse, porque todas las guerras son sucias, como las piedritas de la Campbell, pero ésa lo es particularmente, ya que es la de ahora. O una de las de ahora. Porque lo probable es que las tropas norteamericanas dejen Irak para ir a sumarse al contingente norteamericano en Afganistán.

Y los pocos que vuelvan a Estados Unidos no lo tendrán más fácil. Según el New York Times, los soldados norteamericanos arriesgan más una muerte violenta a su regreso a Estados Unidos que en el campo de batalla. Y cita el caso de una brigada de regreso de Mossul. Uno solo de sus soldados murió en Irak, mientras que, tras su retorno a Norteamérica, siete de ellos han muerto por suicidio, accidente o sobredosis, y otros seis han cometido crímenes con saldo de cuatro civiles muertos. El regreso, como se ve, no sólo es peligroso para los soldados sino también para la población.

Al punto que un diez por ciento de los 3500 miembros de la famosa brigada han sido sancionados con medidas disciplinarias, 39 han sido llevados ante una corte marcial y otros seis purgan penas de prisión de 15 años o más por crímenes cometidos en Estados Unidos.

UComo cantaban los Beach Boys, otros que están de regreso, Well, you're welcome to come.

Z

Foto de Ivan Pierre Aguirre

16 janvier 2009

Cornelius Berg

Le he oído decir a mi tío Pepe que él no lee libros de mujeres que no tengan nombre de flor, como Marguerite. Puede sonar a boutade machistoide pero, conociéndolo, apuesto a que se trata de un sincero homenaje a su admirada Yourcenar.

Me he acordado de esto porque llevaba algún tiempo con ganas de releer las Nouvelles orientales. Las leí cuando joven y mucho me impresionaron. Tanto, que me apresuré a regalarle el libro a un amigo (me parece que fue Sarte quien dijo que un libro leído es un cadáver que hay que arrojar cuanto antes por la ventana). Recuerdo haber leído las Nouvelles cuando se veía venir la guerra de los Balcanes, en cuya ocurrencia yo no creía, y tuve que cambiar en seguida de opinión.

El caso es que fui a la librería ayer y salí de allí con mi ejemplar. Como corresponde, comencé a leerlo por la última de la serie, La tristeza de Cornelius Berg, nouvelle que no tiene nada de oriental. Berg es un viejo pintor holandés, contemporáneo de Rembrandt, está de regreso en Amsterdam desde Italia, donde le tomó el gusto al vino, pinta poco y cada vez peor y cuando le piden que cuente sus aventuras por los países polvorientos de sol, Berg tiene que rendirse a la evidencia de que éstos son menos precisos en su memoria de lo que eran en sus proyectos antes de conocerlos.

Después de pasar la jornada pintando, Berg se dirige por la tarde al jardín de un viejo conserje que cultiva en Haarlem tulipanes (uno de esos veteranos que se recluyen en sus jardines a perseguir caracoles, como dice Roberto Merino). A la vista de un magnífico ejemplar de tulipán, cuyos colores hacen pensar en un iris, el viejo conserje dice que Dios es el pintor del universo. Sí, responde Berg, pasando revista a todo lo que ha visto y vivido, Dios es el pintor del universo. Es una pena que no se haya limitado a pintar paisajes.

P

Óleo de pintor desconocido

6 décembre 2009

La sinopsis

Veo en la radio que han inventado un aparatito para las personas que sufren de mala memoria, mi tío sin ir más lejos. Se trata de una cámara que va filmando cuanto ocurre. En caso de duda (no te ofendas, tía, pero ¿yo era tu primo o tu sobrino?), un vistazo a la pantalla y hágase la luz.

Antes se usaba para estos efectos la lista de la compra, el pense-bête, el Moleskine en el caso de Montano. Pero en plena era de las pantallas, verlo será más claro que leerlo, más sensorial, más instantáneo.

Espero que el aparato tenga también una función 'sueños nocturnos' con la que se puedan grabar las imágenes oníricas. Y a la hora de la siesta, ver la sinopsis.

Ecran

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Nos venden el Facebook como un lugar donde hacer amigos. Y luego resulta que la gente interesante no tiene amigos sino fans.

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De dónde le vino a la cabeza esto a este hombre? De aquí no más, pues.

7 août 2009

Un cuarto lleno de espejos

Cuarto

M
’Naughten había llegado a Boston procedente de NY en compañía de un camarada. Eran dos vivalavirgen, como los llama RLS en El Emigrante por gusto, y se pasaron el día de parranda hasta que dio la medianoche y comenzaron a buscar alojamiento. A eso de las dos, fatigados y abatidos, después de un largo rodeo se encontraron en la misma calle por la que habían comenzado sus pesquisas, delante del mismo hotel a cuya puerta ya habían llamado, sin resultados. Al ver que estaba abierto, volvieron a la carga. El dependiente les dio la bienvenida de modo más caluroso que la primera vez y así descubrieron complacidos que el precio de la noche había disminuido de un dólar a un cuarto.

En la estancia había un camastro, una silla y dos cuadros enmarcados, uno a la cabecera de la cama y otro enfrente, a los pies, y ambos estaban acortinados, como a veces sucede con las acuarelas de gran valor, los retratos de los difuntos o ciertas obras de arte de tema un tanto escabroso. Tal vez con la esperanza de hallar algo de esta índole, M’Naughten retiró la cortinilla del primer cuadro y se llevó una sorpresa morrocotuda al comprobar que allí no había ningún cuadro.

Lo qué había detrás de la cortinilla, el lector lo adivina, eran tres mirones. Por un instante, cuenta RLS, esas cinco personas (los tres mirones y los dos mirados) se miraron a los ojos, tras lo cual M’Naughten y su amigo cerraron púdicamente la cortinilla, salieron de la estancia, renunciaron a la idea de encontrar cama y caminaron por las calles de Boston hasta el amanecer.

De ocurrir hoy la escena, en lugar de cuadros acortinados habría un espejo de aquellos que devuelven la imagen del que mira al mismo tiempo que ocultan la mirada de quien está del otro lado del muro. Eso, o cámaras diminutas que conectan con pantallas gigantes donde se reproducen imágenes de alta definición, tal como hace una serpiente cuando se traga un huevo de paloma y defeca o devuelve un enorme huevo de avestruz.

A este respecto, MTP me cuenta una historia de su acervo. Se encontraba cierta vez recién transplantado a París, en pleno invierno, sin medios, sin esperanza casi, cuando se dio de bruces en una esquina con una rubia espléndida que lo invitó a cenar ricas viandas, le dio interesantísima conversación y, como si no bastasen tantas prendas, se lo llevó a un hotel en Pigalle. Una vez en este, y en cuanto MTP hubo cumplido con su cometido, se tendió en el cama a fumar y así pudo reparar en unos espejos que cubrían la parte alta de la estancia, detrás de los cuales creyó oír un ruido de sillas y un murmullo de espectadores que se retiraban después del espectáculo.

Qué más puede pedir el narcisismo especular al uso y la mímesis desatada: espejos transparentes que permiten simultáneamente verse y ser visto y cámaras que son pantallas e inversamente. Con todo, por más vueltas y revueltas que le demos al asunto, por más que nos adentremos por la conceptualidad de la problemática y sus múltiples recovecos, al cabo de lo andado volveremos a encontrarnos frente a la presencia inmóvil del mirón asomando fuera de la caverna.

Niño aún, JMC se preguntaba: ¿Qué más se puede hacer con las piernas, aparte de devorarlas con los ojos?

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RLS: Robert Louis Stevenson, «El Emigrante por gusto», traducción de Miguel Martínez Lage
MTP: Mi tío Pepe
JMC: John Maxwell Coetzee, «Infancia», traducción de Juan Bonilla.

24 octobre 2009

Nederlands zonder moeite

Días atrás mi tío decía haber hecho en su clase de finés un elogio del otoño. Que yo sepa, no es finés lo que estudia sino flamenco (Nederlands zonder moeite). Y esto, porque aspira a que lo nombren sepulturero comunal de Zottegem. No seré yo quien lo acompañe en su celebración del otoño. No hoy, que llueve y hay que adelantar la hora. No hoy, que hace frío y las arañas escapan del jardín y se deslizan dentro de la casa. Ayer había luz y el campo estaba pintado de amarillo y borra-de-vino, pero hoy no y mañana menos. Hace un tiempo para quedarse en casa y condolerse de su suerte escuchando a Schumann, como quería Hugo Claus. Para componer una canción mezquina (Pobre niño gagá / Se parece a su mamá). O para cantar ésta, pensando en la semana que viene:

Maandag regent
Dinsdag regent
Onze kikker
Kan niet tegen.

S

Calle sin sombrero (La foto es de Wasily)

19 mai 2009

El jovencito

En Sant Cugat vimos Se arrienda, de Alberto Fuguet. Eramos cinco cuando comenzamos a verla y, al final, mi tío Pepe era el único que seguía despierto. Trata de la crisis de la edad adulta vivida por un grupo de jovencitos. En Santiago de Chile (socorro). Me vendo o no me vendo, trabajo para el papá o no trabajo para el papá, entro o no entro al mercado... Su problemàtica y su intrìngulis social, como decìa el cantante.

Tres réplicas me se quedaron, sin embargo, en la memoria.

Dice el jovencito: '¿Las minas buenas, nacen con pololo (novio)?'.

En otra secuencia, en una fiesta, el mismo omnipresente jovencito se acerca a la barra y pide una copa. '¿Cuánto es?', le pregunta al barman. 'Es gratis', contesta éste. Y el jovencito: 'Eso es lo que vos creís'.

Y una muchacha (simpática), al jovencito, cuando éste le cuenta de su gran amor de juventud: 'Te debe de haber querido mucho'. '¿Cómo lo sabes?', pregunta el jovencito. 'Bueno..., para aguantarte'.

Se_arrienda

12 janvier 2009

Les filles du bord de mer

Bordemer

Versión de Adamo >

Versión de Arno >

Je me souviens du bord de mer
Avec ses filles au teint si clair
Elles avaient l'âme hospitalière
C'était pas fait pour me déplaire

Naïves autant qu'elles étaient belles
On pouvait lire dans leurs prunelles
Qu'elles voulaient pratiquer le sport
Pour garder une belle ligne de corps

Et encore et encore
Z'auraient pu danser la java

Z'étaient chouettes les filles du bord de mer
Z'étaient faites pour qui savait y faire

Y'en avait une qui s'appelait Eve
C'était vraiment la fille de mes rêves
Elle n'avait qu'un seul défaut
Elle se baignait plus qu'il ne faut

Plutôt que d'aller chez le masseur
Elle invitait le premier baigneur
A tâter du côté de son cœur

En douceur en douceur
En douceur et profondeur

Z'étaient chouettes les filles du bord de mer
Z'étaient faites pour qui savait y faire

Lui pardonnant cette manie
Je lui ai proposé de partager ma vie
Mais dès que revint l'été
Je commençait à m'inquiéter

Car sur les bords de la Mer du Nord
Elle se remit à faire du sport
Je tolérais ce violon d'Ingres
Sinon elle devenait malingre

Puis un beau jour j'en ai eu marre
C'était pis que la mer à boire
Je l'ai refilée à un gigolo
Et j'ai nagé vers d'autres eaux

En douceur en douceur
En douceur et profondeur

Z'étaient chouettes les filles du bord de mer
Z'etaient faites pour qui savait danser.

Ensor

James Ensor en Ostende

24 août 2008

La exposición

Participo en un encuentro de artistas. Expongo una cornamenta de ciervo en cuyas astas se disponen una ardilla y unos pájaros. Otro expositor muestra un fondo de escenario de madera que un niño activa tocando en algunos puntos para hacer aparecer cabezas e instrumentos. Una mujer joven, aparentemente inglesa, se rebela a gritos contra el despilfarro y la ausencia de creatividad que el encuentro supone (lo organiza una universidad turinesa). ¿Está genuninamente loca o se trata de una 'performance'?

Ciervo2

20 mai 2007

Tintín tontón

Una ley de hierro del periodismo puede formularse más o menos así: mientras mejor se conoce la realidad descrita, mayores parecen las inexactitudes y más groseros los errores en que incurre el periodista. Para muestra, esta crónica sobre el creador de Tintín publicada hoy en La Nación de Santiago de Chile.

SE CUMPLEN 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DE HERGÉ, EL PADRE DE TINTÍN

Georges Remi (Hergé) sólo dibujaba sitios que conociese. Esa cláusula de sus contratos lo llevó a los Andes, la Rusia comunista o el Congo Belga.

[Hergé nunca viajó a los Andes, ni a Rusia, ni al Congo].

...Tintín, extensión siniestra –para algunos– de la escuela de la “línea clara”, que busca la comprensión máxima de la historia. Ese fue el principal aporte de Bélgica al universo de la historieta mundial.

[Fue Hergé quien inventó la “línea clara”. Mal podría ser su extensión, diestra o siniestra].

Como las grandes gestas, “Tintín en el país de los soviets” (1929), fue un encargo del abate Norbert Wallez, director del periódico católico “Le Vingtième Siècle” y activo anticomunista. Una estrategia que buscaba fidelizar a un público infantil y de paso aleccionar a los lectores con la primera aventura del reportero y su perro Milú. El éxito fue inmediato y Hergé se convirtió en un rockstar que emulaba a su personaje paseando con un pequeño fox terrier, aclamado por la multitud en las plazas.

[Es verdad que Hergé fue un precursor, pero de ahí a convertirse en rockstar en 1929... Mejor no sigo porque atosigo]. 

tintin

24 mai 2007

Votar en Venecia

Pasear en góndola o en 'vaporetto' por la laguna de Venecia o por la laguna de Aculeo no debería privar a nadie de ningún derecho, ni menos del derecho a voto

Gondola

Por enésima vez en los últimos 36 años un proyecto de ley que buscaba devolver el derecho a voto a los chilenos que viven en el exterior ha sido rechazado en el Parlamento. Veintitrés votos en contra y veinte abstenciones han podido más que los 63 votos de apoyo al proyecto. La iniciativa se quedó, así, seis votos por debajo de la mayoría cualificada requerida, no para aprobarlo sino para pasar al siguiente trámite de discusión.

Habituados a los sucesivos rechazos, esta vez los chilenos en el extranjero, algo menos de un millón según el último conteo, tenían la esperanza puesta en la aprobación de la reforma y en poder contribuir por fin a elegir a los gobernantes. Dos elementos nuevos alimentaban esa esperanza. La mayoría cualificada había sido rebajada y, sobre todo, el propio candidato presidencial Sebastián Piñera había comprometido el apoyo de Renovación Nacional a la iniciativa en sendas reuniones con chilenos, en Estocolmo y Madrid, durante la campaña presidencial de 2005.

A la hora de votar, sin embargo, otro gallo cantó en Valparaíso. « Es ilógico que quien pasea en góndola por Venecia decida quién gobernará », argumentó el presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, para justificar el rechazo de los parlamentarios de su partido. Por si no se nota, la metáfora náutica de Larraín apunta al fondo del asunto.

El argumento de Larraín es impresentable. Desde luego, pasear en góndola o en vaporetto por el Canal grande y la laguna de Venecia, o por la laguna de Aculeo y el Canal San Carlos de Santiago, no debería privar a nadie de ningún derecho, ni menos del derecho a voto.

Aun así, podría ser útil conocer qué porcentaje de chilenos en el exterior ha estado alguna vez en Venecia paseando en góndola y comparar ese porcentaje con el número de amigos y asociados de Larraín que se han dado ese gusto. Los países con mayor concentración de chilenos en el exterior son Argentina, Estados Unidos, Canadá, Australia y Suecia. En todos ellos, las góndolas venecianas son tan remotas como los barcos de totora del lago Titicaca. El argumento de Larraín es, como se diría en Venecia, proprio babbèo.

Sebastián Piñera concentró en las formas sus objeciones al proyecto. Vaya formas: « ¿Cómo se va a acreditar la característica de ciudadano chileno de las personas que se quieran inscribir, cómo se va a acreditar que son mayores de 18 años cuando no tienen carné de identidad? ¿Con el carné de chofer, con una declaración, mostrando la barba los hombres o mostrando otras cosas las mujeres? ».

El razonamiento de Piñera carece por completo de vuelo y de altura, un colmo viniendo de un magnate aeronáutico. Cualquier persona que haya hecho un trámite en una oficina del registro civil en Chile, o en una oficina consular en el extranjero, habrá podido comprobar que éstas disponen de información completa y actualizada. Nadie necesita bajarse los pantalones para obtener un certificado de nacimiento o un pasaporte, como supone o quisiera Piñera. ¿Por qué tendría que ser otro el caso, tratándose de emitir el sufragio?

Aparte, claro está, de los apabullantes resultados que obtuvieron a la sombra de Pinochet en consultas y plebiscitos entre 1978 y 1981, la última victoria electoral de Renovación Nacional remonta a cincuenta años atrás, cuando las micros se llamaban góndolas y los predecesores de Larraín y Piñera se llamaban conservadores y liberales y apoyaban a Alessandri Rodríguez. Los tropiezos del Transantiago les harán sentir que la victoria está cerca y que aquéllos que están lejos, impedidos de ejercer sus derechos, son parte del enemigo al que hay que batir. Tardan en entender que se puede ganar una elección contra la gente (todo se puede), pero cuesta.

No sé cuán lejano estará el día en que los chilenos del extranjero puedan votar. Espero, sí, que cuando ese día llegue voten masivamente. Y que los chilenos de Venecia, no son muchos pero alguno hay, también vayan a votar. En góndola, por supuesto.

logocl  24 de mayo de 2007 PDF

PS: Sobre este mismo asunto, hay varios comentarios repartidos por aquí, por ahí y por allá. También he escrito antes tres columnas, 1, 2 y 3. No es que esté obsesionado con el voto, es que me encanta votar. Incluso ya he sido candidato. Lo más duro de la campaña fue intentar convencer a mi señora de que votara por mí. No la convencí. Peor aún, levantó su propia candidatura.

22 mai 2007

Los límites de la sociología

A propósito de la kale borroka, la raka raka y otros zamarreos que ocurren en el norte de España, Fernando Savater cuenta hoy en El País esta aventura que ya es buena, y contada por él mejora:

En una de las historietas del genial Fontanarrosa, el gaucho don Inodoro Pereyra se enfrenta a los indios que llegan en destructivo malón. "¿Qué pretendéis?", les pregunta y el jefe responde: "Vamos a arrasar vuestros campos, quemar vuestras casas y violar a vuestras mujeres". "Pero... ¡eso es una barbaridad!", comenta don Inodoro y el otro responde: "Ah, no lo sé, yo soy indio, no sociólogo".

Inodoro

15 octobre 2006

La caída del órgano llamado hoja

Gloria Montenegro, profesora de botánica, puntualiza que:

« Las plantas tienen:

1) Pigmentos clorofílicos (que le dan el color verde a los tejidos y, por supuesto, a la hoja), ubicados en los plastidios de las células parenquimáticas de las hojas.

2) Pigmentos antocianos (responsables de los colores rojo y morado de las flores), disueltos en el jugo vacuolar de las mismas células.

Cuando las hojas tienen pigmentos antocianos en las vacuolas de las células parenquimáticas del mesófilo de las hojas, el color queda en evidencia cuando la clorofila que los enmascaraba se descompone o desintegra con la vejez del órgano llamado hoja. Por lo tanto, el color azul o rojizo de las hojas aparece fundamentalmente cuando la clorofila ya no está ».

¿Capisce? O sea que, tarde o temprano, morados nos pondremos todos. Y será en otoño. Saludos a todos, precisamente. Y abundante clorofila.

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Roble en Lovaina

21 septembre 2006

Las novelas del verano

Ahora que se acaba el verano se pueden sacar alegres cuentas. En materia de novelas, cero escrita, tres leídas. Una por mes, diez páginas por día. Julio fue el mes de Mauricio o las eleccciones primarias, de Eduardo Mendoza. Agosto, de Abril rojo, de Santiago Roncagliolo. Y este septiembre ha sido el turno de Las travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa.

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Mauricio presenta a tres jóvenes en la Barcelona de los años ochenta, aquélla de la transición democrática. Estos personajes, Mauricio, odontólogo, Clotilde, abogado y La Porritos, cantante de protesta, se asoman a una vida de adultos que hubiesen querido fuese de otra manera, pero que acaba por ser la que la novela describe. La realidad histórica , o la fuerza de las cosas, hacen de las suyas. El trabajo (los negocios) y el sida hacen el resto. El epílogo es una pieza maestra de un arte que Mendoza maneja a la perfección, la ironía.

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Abril rojo, Premio Alfaguara 2006, por su parte, presenta el regreso, a su Ayacucho natal, de Félix Chacaltana Saldívar, fiscal distrital adjunto, ciudad andina en la que éste se ve cogido en tenazas entre el terrorismo de Estado y el terrorismo de Sendero Luminoso, o lo que queda de ambos, que, en la Semana santa del año 2000, está entre brasa y ceniza , pero aún quema. El relato se resiente un poco de una voluntad demasiado marcada por hacer de la novela un thriller y dejar al lector sin aliento. No había para qué, un ritmo ayacuchano bastaba para apunarnos.

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Las travesuras de la niña mala es un relato espléndido. Un niño bueno, limeño, miraflorino para más señas, una niña mala, o más bien una niña fresca, arribista, que no se detiene ante nada para huir de la miseria material y consigue entrar de plano en la miseria moral, de la mano de un malo-malo, un japonés que no se llama Fujimori pero se llama Fukuda. Vargas Llosa escribe una consistente historia a partir de este esquema escolar : un niño bueno se enamora de una niña mala a quien un malo-malo acaba por comerse. Con ese predicamento, el relato se pasea por la sustanciosa médula de la segunda mitad del siglo veinte, y el lector sale de él contento de ver al protagonista sobrevivir a la aventura y, a la vez, triste de ver que no ha conseguido doblarle la mano a la fortuna. ¿Qué más se puede pedir a una novela?

Las tres deben de estar entre las novelas más leídas del verano. Las dos últimas, incluso, las regala el diario El País a quien contrate una suscripción por un año, bajo el rótulo de Novelas del verano. Soy, por lo visto, un veraneante promedio. Que venga el otoño y traiga otras.

22 décembre 2022

El periquito amarillo

ME entero de que ha muerto Tere, la hermana de Iñaki Uriarte. Debía de ser una persona entrañable, a juzgar por la manera cómo Uriarte habla de ella en sus Diarios, de los que copio abajo cuatro de sus apariciones.

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TERE Y PATXUKO se casaron en la ermita del pueblo de Igeldo. Al comenzar la ceremonia, un hombre ya bastante mayor entró en la iglesia y se colocó al fondo, de pie. No era un convidado. Solo quería ver el vestido de la novia. La madre de Margot Pradera conocía al hombre y le había dicho el día anterior: «Mañana, en la ermita de enfrente de tu casa, se casa una amiga de mi hija a la que le he cosido el traje». Moriría al año siguiente, pero, curioso hasta el final, Cristóbal Balenciaga asistió a la boda de Tere.

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DICEN QUE EN el origen de las religiones y de las filosofías se encuentra el miedo a la muerte. No hace falta tanto. En la muerte pensamos poco. Es el sufrimiento lo que cuenta. Lo que está por todas partes. El alivio de un dolor de muelas justificaría la existencia de cualquier religión o filosofía. 

O el hallazgo de un remedio para la vejez. Hoy un señor mayor se ha caído al suelo en la tienda de los periódicos. No le ha pasado nada. Se ha levantado con la expresión un poco aturdida. He salido a la calle pensando en lo que Tere me contó ayer. Su encuentro en el parque con X, otro señor mayor al que ella conoce desde hace mucho tiempo. Se saludaron efusivamente y charlaron un rato. Él le explicó con gran detalle sus diversas penalidades físicas y varias operaciones a las que se había sometido recientemente. Estuvieron hablando así un rato largo. Hasta que él le dijo: «Y lo peor de todo no es lo que te he contado. Lo peor es que no sé quién eres».

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EL EFECTO OBAMA.

Jon, de siete años, cena en casa de su amama Tere: «Mi madre está enamorada de Obama», dice. Más tarde Tere lo encuentra mirándose al espejo del cuarto de baño, haciendo muecas y gritando: «¡Quiero ser el hombre más interesante del mundo! ¡Quiero ser negro!». 

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MAÑANA, FINAL DE la copa: Athletic, Barcelona.

Ayer me encontré con Tere, que venía de comprar una camiseta del Athletic. Ella, Patxuko y María (sobrina) van en avión a Valencia a ver el partido. Salen a las ocho de la mañana. «Vamos una escuadrilla de aviones. Va a ser como lo de Pearl Harbor», comenta Patxuko. Miguel titula su artículo de hoy en El Correo: «Mañana en la batalla, pensad en nosotros». El fútbol es una versión cómica de la guerra, es como la guerra interpretada por los Monty Python. Pero mejor no decirlo. De todos modos, estoy contagiado por el ambiente y espero el partido con ganas. 

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TERE PASA ESTOS días de confinamiento total en Toni Etxea. Me cuenta por teléfono que, al dar de comer a los dos periquitos, se le ha escapado el amarillo. Tere ha salido detrás de él. No había un alma en la calle. Al acercarse a los jardines de Ondarreta, dos policías han bajado de un coche, un hombre y una mujer. ¿Qué hace usted aquí? ¿No sabe que no puede salir de casa? Denos su documentación. No la tengo, le doy mi número de carnet.

La mujer, una joven pálida, dice Tere, se ha retirado unos metros y ha hecho varias llamadas. Es que estoy buscando a un periquito que se me ha escapado. ¿Y por qué lleva usted auriculares? Es que estaba con la radio en casa y he salido corriendo a mirar por las cunetas. Señora, va a ser usted sancionada por incumplir el confinamiento. ¿Y cuánto voy a tener que pagar? No es cosa nuestra. Le llegará la notificación. Métase ahora mismo en su casa. ¿Por la puerta de delante o puedo entrar por la de detrás? Por donde usted quiera. ¿Dónde vive? Ahí mismo, a cien metros. Y Tere, ya atolondrada, les ha ofrecido su último y absurdo argumento. Acérquense si quieren y vean la jaula y cómo sólo queda el azul.

11 septembre 2022

Ese 11 de septiembre

Mundos habitados, y 3

«Los hechos se dieron así: mi padre se despertó cerca de las seis y percibió algo no habitual en el sonido de la ciudad. Parece que había más silencio de lo normal interrumpido por autos que aceleraban. Entonces despertó a mi madre y le dijo que prendiera la radio. En la radio se habían dado cuenta también de algo raro: estaban cortadas las comunicaciones con Valparaíso.

«Mi padre entró a mi pieza. Semi agachado sobre mi cama, sin mirarme, girando el cuerpo hacia la izquierda, como preocupado de que no se le fuera a escapar un pensamiento, me dijo muy rápido y drástico: «Parece que hay golpe de Estado». Luego emitió algunos quejidos leves, comienzos de palabras, titubeos, enarcando las cejas como cuando se hace una risa forzada, lo que recibí de inmediato como un subentendido: de aquí en adelante puede pasar cualquier cosa. Esto implicaba que debía estar alerta. No creo que me estuviera pidiendo acciones específicas, salvo no molestar. Estar alerta, a cierta edad, significa no distraer la atención de los demás.

«Me levanté de un salto, me vestí rápido. Mi padre ahora estaba en el hall, en cuclillas, pegándole una sujetada a la conexión de un timbre interno. Reclinándose contra una de las ventanas de la galería, prendió un cigarro como para hacerse un tiempo y me dijo: «Lo malo de esto es que los milicos, cuando agarran el poder, no se van nunca más. Mira el caso de Argentina».

«Mi madre me contó, mientras tomábamos desayuno, lo del silencio inusual de la ciudad y lo de las comunicaciones cortadas con Valparaíso. Imaginé ambas escenas y me transfirieron una sensación de tranquilidad. No quería que volvieran las comunicaciones. Pensaba en campos parecidos a los de Leyda, con pastos pajizos con cigarras, postes inclinados, la hora azul todavía borrosa del alba. Lo otro era el acero también azul del agua en la bruma de los muelles, siluetas de acero de barcos cargueros, y en la línea costera esos como taludes de rocas junto a pilastras de cemento encadenado. 

«¿Cómo se cortan las comunicaciones entre dos ciudades? ¿Se corre hasta una caseta con un panel de luces y se aprieta un botón? ¿Se emite una clave por telégrafo? La noche-amanecer era como una gran boca socavada del tamaño del cielo. Podía escuchar el golpe de las olas contra las rocas, la resaca, las órdenes secas y los susurros conspirativos. Valparaíso fue algo serio por primera vez. Un lugar de decisiones terribles. 

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«En mi casa no hubo gritos de júbilo ni de repudio. Más bien todos bajaron el volumen esa mañana, como para escuchar el desarrollo de los acontecimientos. Había varias radios puestas en distintas emisoras. Mi abuelo andaba con pijama y bata, medio desorientado, con ceño de preocupación. En ese tiempo la marca Old Spice era buena, no sé si a causa de la escasez general. Mi abuelo tenía una botellita de Old Spice en el velador. Le ofrecí echarle unas gotas en el pañuelo. Me sentí brindándole un gesto de confianza, tal como él, años antes, en una visita a un campo cercano le dijo al dueño que también me sirviera algo de un vino dulce que los demás estaban probando. Me parece que las personas nunca dejan de agradecer esos momentos de la infancia en que los adultos les dieron un trato directo, horizontal, sin didactismos ni payasadas ni burlas. 

«Todos los de esa casa eran medio momios, pero jamás se hubieran permitido destapar champagne o izar la bandera por la caída de Allende. Eso hubiera sido una fanfarronada fuera de nuestra realidad. No teníamos fundos ni empresas ni nadie muy involucrado en los hechos del país. O sea, fundos quedaban por ahí, en manos de parientes medianamente cercanos. Ellos tuvieron problemas con la reforma agraria, con fulanos en jeep que aparecían con instrumentos de agrimensura u otros que aleonaban a los huasos y los hacían unirse en temibles asociaciones. El fundo del abuelo de mis primos en Chillán se lo tomaron los inquilinos, que incurrieron en la brutalidad de hacer un gran asado con chanchos enfermos de triquinosis. Cuando alguno de los patrones se acercaba, le dirigían una mirada alcohólica y escupían el parásito por el costado de la boca. 

«Sonó el teléfono y era la Valeria, la amiga de mis padres. Estaba en un pequeño departamento de Providencia, entre allanamientos. Ella era de izquierda y corría peligro, pero con un conocimiento que no sé de dónde lo sacó, sentenció: «¡No pasa nada, huevón!, ¡sólo son cuatro pelotudos!». 

¿Sería así? LaValeria siempre parecía estar informada. Personas cuya compulsión consiste en dejar claro —en las primeras frases de un diálogo— que sus informaciones son superiores a las de los demás. No manejan particularmente datos, sino que saben las cosas por medio de las fuentes directas. «Acabo de hablar con el subsecretario de Defensa y me dice que a las dos de la tarde estará todo controlado».

Fragmento de «Mundos habitados», de Roberto Merino

Fotografía de Bob Borowicz

16 décembre 2022

La rodilla

MUY joven, el escritor ecuatoriano Pablo Palacio ganó los Juegos florales en Quito en el año 1926. La tradición mandaba que los poetas ganadores hincaran la rodilla delante de la recién elegida reina de los Juegos florales. Palacio no lo hizo. 

No sé por qué tengo debilidad por esos gestos, como el del alemán que no levantó el brazo en medio de una multitud de nazis.

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La foto es de 1936 y fue tomada en los astilleros del puerto de Hamburgo. El hombre se llamaba August Landmesser y era miembro del partido nazi hasta que se enamoró de una mujer judía, Irma Ecker. Juntos tuvieron dos hijas pero las leyes raciales les impidieron casarse. Al año siguiente, Landmesser fue arrestado por intentar pasar a Dinamarca para encontrar trabajo, condenado por «deshonrar a su raza» y enviado a un campo de concentración. Desde allí los nazis lo extrajeron para enviarlo al frente, donde se pierde su pista en 1944. Honor y gloria.

 

15 janvier 2022

La impostura

Florence Aubenas publicó en 2010 Le Quai de OuistrehamEl Muelle de Ouistreham, libro en el que relata los meses en los que trabajó como aseadora en los transbordadores que cruzan el Canal de la Mancha, un trabajo precario, ingrato y mal pagado como es limpiar retretes a matacaballo por un salario de miseria. Periodista y escritora, para integrarse en ese medio tan lejano al suyo, imposta otra identidad y prueba a vivirla a fondo mientras que sus nuevos colegas ignoran que Aubenas los observa de cerca para escribir un libro sobre ellos.

Emmanuel Carrère adapta ahora ese relato al cine, confía el papel de Aubenas a Juliette Binoche y deja el resto de los papeles en manos de actores no profesionales próximos al medio en el que transcurre el relato. Binoche es una actriz consumada y salva el desafío brillantemente. El equipo de limpiadoras también lo hace muy bien.

Hay varias cuestions que asoman por este filme —la precariedad laboral de 20 por ciento de los trabajadores franceses es el más evidente— y otras que se mueven en el trasfondo. De estas últimas, tal vez la impostura, un asunto muy presente en la obra del escritor francés bajo diversas formas, sea la más significativa. ¿Qué mueve a una periodista prestigiosa como Aubenas a impostar ser una anónima trabajadora precaria? El imperativo profesional, afirma ella, conocer de primera mano la realidad de las trabajadoras precarias para sacarlas del anonimato y llevar sus vidas a la esfera pública. El éxito profesional, sin duda —el libro ha vendido más de 120 mil ejemplares y ha sido traducido a varios idiomas. Y algo más, probablemente, algo más difícil de precisar: las ganas de ser otro, de vivir otras vidas, de entrar en la vida de los demás e instalarse allí intensamente para luego salir más o menos incólume.

Una parte de sus colegas durante la aventura así lo entiende cuando se desvela la verdad en el momento de la publicación del libro. No es el caso de las dos mujeres con las que la periodista vivió una relación más cercana e intensa, que no le perdonarán el engaño. El filme es implacable en ese punto y este es uno de sus principales méritos.

Ouistreham poster

20 décembre 2022

Gol y Gol

EL CIRCO Las Águilas Humanas, la panadería La Reina del Pacífico, la tienda de los españoles (primos míos), los buses Galgo Azul, el Mundial de Inglaterra, Chiprodal, el silabario El Ojo, las películas de Raphael y el Boxeador chino en el Teatro, las revistas Gol y Gol y Vea leídas en la peluquería, La Tercera Oreja, aquel programa que se escuchaba con la radio encendida y la luz apagada, Lorenzo y Pepita y El Reyecito, las historietas que traía el suplemento del Mercurio del fin de semana, el disco de Serrat sobre Machado, el olor a vino tras la vendimia y la banda municipal que tocaba después de cada gol que marcaba el equipo del pueblo, el Unión Veterana...

Los breves peumas (imágenes o sueños en mapudungún) de Jorge Bravo instalan los lugares comunes como plataforma de despegue de las escenas de la vida de un niño en un pueblo del valle central de Chile, Peumo. En contra las apariencias, en ellas «no hay vacuidad ni hartazgo de la monotonía pueblerina», como explica Adolfo Estrella en la presentación del libro.

La sexualidad infantil y el inquietante encantamiento que provoca descubrir la alteridad, en dos botones de muestra. Desabrochados, por cierto:

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A LAS doce del día, la sirena del cuartel de los bomberos nos interrumpe.

Estamos con Marcela debajo de la silla de playa. Ella me muestra el poto y me pide a cambio que le muestre el pirulín.

Intento satisfacerla pero no sé desabrocharme los botones del marrueco.

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 EL CIRCO Apolo se instala en el sitio al lado de la cárcel por una temporada que se alarga mucho más que la de los circos grandes. La carpa es de un blanco desvanecido y exhibe unos pocos números de animales, entre ellos una llama solitaria. Lo que más me impresiona es el pequeño trapecista rubio de ojos azules y cachetes rojos a tono con su vestimenta. Tiene mi edad y con una enorme sonrisa hace sus números desde lo alto. Cuando estamos en el recreo jugando a la pelota se sube a la pandereta que rodea el patio de la escuela a observar nuestra condición de prisioneros, o quizás espera que lo invitemos a jugar. Cuando debemos volver a clases, él sigue libre por las calles esperando la hora de subirse allá arriba, al trapecio. 

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12 avril 2021

La madre patria

La India según Naipaul, 2

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La abuela materna de Naipaul, su madre y sus tías y tíos en la isla de Trinidad a comienzos del siglo XX

Naipaul nació en la isla de Trinidad, frente a las costas venezolanas, en 1932. Sus abuelos habían llegado desde la India a la isla caribeña, por entonces posesión colonial británica, hacia 1880. A los 18 años, Naipaul obtuvo una beca para estudiar en Oxford desde donde viajó a la India en 1962. Volvió en 1988 y escribió India, tras un millón de motines, publicado en 1990

El extracto de ese libro que pongo abajo define su relación con la madre patria. Uso deliberadamente este término porque es el que se suele utilizar en relación a los descendientes de españoles en América. A pesar de que mi relación con España es más directa e inmediata que la de Naipaul con la India y tambien porque antes de leer a Naipaul la imagen de un caribeño de origen hindú estaba bastante alejada de la idea que me hago de mí mismo, quiero decir que esa imagen representaba para mí una forma de alteridad radical, a pesar de todo esto que digo me impresionó leer en estas líneas una respuesta casi idéntica a la que doy cuando me preguntan por mis orígenes. La India en miniatura y la India como comunidad de pertenencia. Imágenes y sensaciones propias de los inmigrantes y a menudo desconocidas por los que se quedan en tierra. 

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Traducción de Flora Casas

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