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Camino de Santiago
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6 mars 2007

Crónica del que vuelve a su pueblo

Había en Chile un poeta que se llamaba Jorge Teillier. En un poema describió ese momento, que han contado desde siempre los poetas, cuando un hombre vuelve a recorrer las solitarias calles de su aldea, como escribió Nicanor Parra. A Teillier sólo lo vi una vez y fue precisamente en casa de Nicanor Parra, en La Reina, donde almorzamos y pasamos la apacible tarde hablando. Le hablé de este poema. Le dije que tal vez cabría presentarlo como la crónica del que vuelve a su pueblo, porque el verso se siente mejor a lo largo de la frase, sin encabalgamientos. Teillier sonrió. Y yo tomo esa sonrisa, veinticinco años más tarde, por un asentimiento.

Notas sobre el último viaje del autor a su pueblo natal

Jorge Teillier

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1

En el pueblo donde algunos me conocen como el poeta cuyo nombre suele aparecer en los diarios, paseo por la calle Comercio, que ahora se llama Avenida Bernardo O’Higgins (como en Santiago). He comulgado con la tierra. Voy a la sidrería. Allí están los parroquianos de siempre y me saludan mis viejos compañeros de curso que sueñan con ser alcaldes o regidores o comprarse una citroneta. Ha cerrado el cine. Aún quedan afiches que anuncian películas de sepia. A lo largo de los cercos, las ortigas siguen hablando con su indestructible lenguaje. En el techo de mi casa se reúne el congreso de los gorriones. Pienso por primera vez que no pertenezco a ninguna parte, que ninguna parte me pertenece.

2
El viento trae olor a terneros mojados.

3
Kilómetro 662 a las cuatro de la tarde. En la calle Comercio los turcos y los españoles bostezan tras los mostradores. No hay un alma en la calle a la hora de la siesta, horadada sólo por el cuerno primitivo del vendedor de helados. En las afueras, los campesinos esperan las micros rurales. Tal vez me vaya a otro pueblo, cuyo destino voy a leer en la palma de sus calles.

4
Hay praderas manchadas de vacas y girasoles. De las cosas que puedan consolarme cuando vuelva a la ciudad enferma de smog. Viajaré en vagones de segunda atestados como los de las novelas sobre la Revolución Rusa. He visto las ventanas ciegas del Molino. Con su arruinado dueño he tomado un trago en cualquier cantina. Paso la tarde sin darme el trabajo de llegar ni siquiera al fondo del patio de la casa paterna.

5
El único hojalatero que quedaba en el pueblo fue buscar trabajo a Lonquimay. No ganó mucha plata pero contempló la cordillera. Él no tiene Leica ni Kodak, así que se dedicó a dibujarla para que sus nueve hijos la conocieran de verdad.

6
A los mapuches les gustan las canciones mexicanas del Wurlitzer de la única fuente de soda. Las escuchan sentados en la cuneta de la calle principal. Van a la vendimia en Argentina y vuelven con terno azul y transistores. Ha llegado la TV. Los niños ya no juegan en las calles. Sin hacer ruido se sientan en el living para ver a Batman o películas del far west. Mis amigos están horas y horas frente a la pantalla. Tengo ganas de que lleguen los ovnis.

7
Me cuesta creer en la magia de los versos. Leo novelas policiales, revistas deportivas, cuentos de terror. Sólo soy un empleado público como consta en mi carnet de identidad. Sólo tengo deudas y despertares de resaca donde hace daño hasta el ruido del alka seltzer al caer al vaso de agua. En la casa de la ciudad no he pagado la luz ni el agua. Sigo refugiado en los mesones, mirando los letreros que dicen No se fía. Mi futuro es una cuenta por pagar.

8
Si el futuro pudiera extenderse pulcramente como mi madre extiende las sábanas de mi cama. Miro la ropa puesta a secar en el patio. Han entrado ladrones de gallinas en la casa del frente. Voy a la plaza a leer el diario con noticias más añejas que las de San Pablo.

9
Solitario donde nunca he estado, solitario camino hasta el abandonado velódromo de tierra donde no aparece ni el fantasma del Campeonato de ciclismo de Chile del año 30. Hay caballos pastando en lo que fue cancha de fútbol.  Todos se interesan sólo por ir a ver los partidos profesionales a la capital de provincia, mientras yo pienso mordisquear una brizna de brezo.

10
Trasnochador empedernido, contemplo la luna, igual a la de 1945, enrojecida por la erupción del Llaima. La misma que miraba desde la buhardilla mientras leía como ahora Los miserables y el Almanaque Hachette.

11
Acuérdate que te recuerdo. Si no te acuerdas no importa mucho. Siempre te veré caminando sobre los rieles, buscando el durazno más maduro de la quinta.

12
Ya pasó el Rápido a Puerto Montt que antes se llamaba el Flecha del Sur. Voy de la estación al puente cuyos faroles dicen Fundición Dickinson, 1918. Ya no existe esa fundición, ni ninguna fundición. Confío mi memoria al río Cautín y a la Capilla de Guacolda. Afirmado en las barandas del puente, miro el cielo del verano que apenas sujetan los clavos de plata de las estrellas.

13
Hemos llegado a esta aldea en un Pontiac 40 por caminos que jamás serán pavimentados. Espantamos cerdos y gallinas. Los niños se asoman asombrados. En el negocio clandestino pedimos un pipeño y hablamos con el dueño y con un tractorista que nos asegura que Hitler está vivo, y con dos recién llegados que nos convidan charqui de pescado: son un estibador de Talcahuano y su compadre mapuche que lo trae al anca. Todos bebimos en la misma medida y volvimos, como nuestros antepasados, ebrios al pueblo que un día nos rechazará.

14
Día domingo de salida de misa. Las niñas se pasean con la moda recién llegada de Santiago, acompañadas por la banda del Regimiento, que toca cumbias. Los dueños de casa compran las primeras sandías y los diarios con las noticias frescas de los últimos crímenes. Camino por las últimas calles de este lugar de bomberos, rotarios, carabineros, jubilados, tinterillos y profesores primarios, allí los puñales del sol entran por las costillas de los pobres cercos de madera. Siento los estertores de las postreras carretas y locomotoras a vapor. Busco la paz tendiéndome en la pradera condecorada por los girasoles, contemplando el glorioso oleaje del trigo y los viajes infinitos de las nubes que van a llorar por nosotros.

Tomado de « Para un pueblo fantasma »

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12 avril 2007

El kilómetro sentimental

574,8 kilómetros por hora. Frente a tanta proeza, paciencia parriana: “¿Llegaron a la luna? Conforme, ahora traten de llegar al sol”

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El periodismo
ha hecho pocos aportes a las ciencias exactas. Pocos, pero macizos. Comenzando por la pirámide invertida, estructura de organización de la información que permite retener la atención del distraído lector que somos todos aportándonos lo esencial de ésta en las primeras líneas de la redacción de la noticia. Con todo, la contribución principal del periodismo a la ciencia cuantitativa radica en el kilómetro sentimental.

Esta noción indica que cien muertes (balance de un día cualquiera en las calles de Bagdad) ocurridas a quince mil kilómetros de distancia (los que separan Santiago de la capital iraquí) cuentan menos (ocupan menos espacio) que un solo muerto en el lugar donde se hace el periódico. De cierta manera, el kilómetro sentimental es la adaptación mediática del viejo adagio “ojos que no ven, corazón que no siente”. Apoyado en esas sólidas bases, el kilómetro sentimental ha desbordado desde los diarios a los terrenos más variados y tanto los premios literarios como los festivales de la canción y la elección de Miss Rabadilla se rigen por este sólido principio.

“Chile, periodísticamente, se mira el ombligo, como si no hubiera nada más importante en el planeta. Nuestras cuitas, vivencias y estupideces se consideran imbatibles”, según el periodista Fernando Paulsen, quien explica así por qué cuenta poner ocho mil kilómetros de distancia con la fértil provincia. Pero desde el ombligo a los ojos no hay más que un jeme. Encoger el kilómetro sentimental a su mínima expresión, la distancia que media entre el dedo pulgar y el meñique extendiendo la mano, no deja de ser una proeza digna de recalcitrantes miopes. Así es como el autogol de un compatriota parece valer más, informativamente hablando, que la guerra en Irak. Es así también cómo los diarios llegan a publicar titulares tan apestosos como éste: “Alcoholismo de Maradona sería causado por el rechazo de su ex esposa”.

Bagdad, para cierta prensa, sigue siendo la Cochinchina. Contra eso no se puede, porque tampoco ayuda la posición en que se encuentra Chile, encajonado al extremo sur del mundo, separado de éste por el océano, el polo, el desierto y la cordillera. El hielo polar disminuye, el océano y el desierto avanzan, la cordillera y el kilómetro sentimental permanecen. Como le oí decir al periodista Eduardo Olivares en la televisión francesa, “Chile es estación Terminal, todos los pasajeros deben bajar”.

A propósito de trenes y de kilómetros, sentimentales o no, la no-noticia por estos días no sólo la ha puesto Maradona sino también el récord batido por un tren de alta velocidad francés: 574,8 kilómetros por hora. Frente a tanta proeza, paciencia parriana: “¿Llegaron a la luna? Conforme, ahora traten de llegar al sol”. Por lo demás, por más rápido que vaya la locomotora, por más ruido que haga y más humo que eche, nunca superará al Tren instantáneo Santiago-Puerto Montt del propio Parra, porque la locomotora está en el punto de destino y el vagón de cola en el punto de partida.

Otra respuesta parriana, la de un piloto británico a la pregunta de su superior, el vicealmirante Walker: "¿Le parecería poco razonable que le ordenara estrellar su aeronave con el fin de destruir un vehículo que trasporte a un comandante talibán o de Al Qaeda?".

"¡Después de usted, señor!".

Otro vicealmirante británico ha presentado esta semana un estudio de prospección encargado por el ministerio de la defensa de Su Majestad. Según el resumen publicado por The Guardian, el contexto geoestratégico de los próximos veinte años se avizora copado por la importancia económica creciente de China y de India, una explosión demográfica en Medio oriente y la militarización del espacio. El declive de la información se acrecentará porque el público preferirá “las historias a los hechos”. No faltarán tampoco los implantes de chips en el cerebro.

El mundo seguirá quedando lejos. A una distancia medible sólo a través del kilómetro sentimental.

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28 mars 2007

Gallego en el Caribe

Los diputados españoles debaten hoy miércoles 26 de marzo si la palabra "gallego" dejará de significar "tonto" y "tartamudo", titula el diario. Una moción en ese sentido ha sido presentada por un diputado del Bloque nacionalista gallego, argumentando, entre otras cosas, que "trasladar a gentilicios definiciones caracterológicas de deficiencias humanas no puede ser avalado por ningún diccionario, mucho más si es pagado con fondos públicos". Asimismo, compara este tratamiento con lo que acontece en el diccionario con la palabra 'catalán' y la palabra 'vasco', para las cuales no figuran alusiones de "carácter vejatorio o prejuicioso".

Ahora bien, como muestra el diccionario, son los centroamericanos los que parecen tener una verdadera fijación con Galicia porque llaman gallegos hasta a las lagartijas crestadas y a las aves palmípedas. Como se ve, el problema presenta variadas aristas. No sé yo si se enmienda corrigiendo a los lenguaraces caribeños.

Lagarto

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No es justo burlarse del nombre de la gente porque de eso no tiene la culpa, pero resulta que el presidente de Ruanda se apellida Kagame y el sistema de justicia en aplicación en ese maltratado país centroafricano se llama Gacaca.

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También titula el diario que ayer, martes 25 de marzo, "el caos en el aeropuerto de Buenos Aires mantuvo 'desaparecidos' 35 minutos los aviones en vuelo". Esa es una mala noticia. La buena es que aparecieron. Nadie sabe cómo, pero aparecieron. Los problemas de los vecinos suelen usarse como bálsamo frente a los propios. De manera que, en vista y considerando, que desaparezcan en Santiago de Chile unas cuantas micros, en seguida parece menos grave. A propósito, Transantiago parece ser sinónimo de Camino de Santiago o, si no lo es, no anda lejos. Agárrome, que me se caen los ministros.

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Como se ve, aquí no se boicotea a El País, como llama el Partido popular (aquél que le declaró la guerra a Irak). Al contrario, lo hacemos beneficiarse de nuestra cuota de pantalla.

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Cita del día (de Henry Fielding)

                   
GalegoCáseque tódolos médicos teñen as súas enfermidades favoritas

Por si no se entiende claro, aquí va en asturiano:

                   
AsturianuCuasi tolos médicos tienen les sos enfermedaes favorites

21 octobre 2006

En Gaza

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Hace seis años
, en septiembre del 2000, la imagen de un padre intentado proteger a su hijo de los disparos del ejército israelí, conmovió durante algunas horas la sensibilidad de los espectadores. El niño tenía doce años de edad y vivía, como millones de otros, prisionero en su tierra, en la franja de Gaza. Muchos más han muerto desde entonces.

9 janvier 2007

Aspavientos

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Estos aspavientos
tienen toda mi simpatía.

Detesto, en cambio, los aspavientos que hace la gente instalada al borde de los caminos al mirar pasar los bólidos que compiten en los rallyes y, sobre todo, los aspavientos que hacen luego para llamar a la ambulancia. Ayer, cuando el París-Dakar se cobraba una nueva víctima, El País publicó la nómina de los cincuenta muertos que en 28 años de estropicio por tierras africanas ha provocado la prueba. Todos los fallecidos europeos tienen nombre y apellido y de ellos se detalla alguna circunstancia. Las víctimas africanas son, en cambio, rigurosamente anónimas y parecen formar parte del paisaje.

Detesto también los aspavientos en los aeropuertos. En particular, en los aeropuertos yanquis. La revista Forbes publicaba ayer este impecable cálculo: "In 2005 Customs & Border Protection processed 431 million people. Assuming an unrealistic model that identifies terrorists (and innocents) with 99.9% accuracy, that's still 431,000 false alarms annually."

En fin, ayer también me asistió por fin la certeza de que este blog sirve para algo. Varios mexicanos, que imagino escolares, han venido por aquí buscando respuesta a esta pregunta: ¿En qué país se le llama jote al zopilote? Imagino al profesor transmitiendo seriamente la pregunta. Imagino a los colegiales rascándose seriamente la cabeza. Y me alegra participar en la respuesta.

Los aspavientos de los zopilotes, precisos y discretos.

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30 mai 2008

Ayer

Ayer vino por este blog desértico un visitante de Mauritania.
Está cayendo, además, sobre Europa, una lluvia de fina y rubia arena del desierto. Todo se explica.

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También ayer en el tren dejé de leer por un momento el diario y miré por la ventana. Era el momento de la floración, el corazón de la primavera. Florecían, a un tiempo, los acacios, los cornejos, los sambucos. Flores blancas sobre fondo verde.

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Leía el diario gratuito. En sus dos versiones. (Vivo en un país bilingüe. Bueno, trilingüe, pero dejémoslo en bilingüe). El holandés sólo lo leo 'más o menos' pero me pareció entender que lo único que las dos versiones del diario compartían era el sodoku.

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Mientras tanto, en la Amazonía.

15 mai 2007

Elecciones en Bélgica

No soy belga y no voto en las elecciones legislativas del país donde vivo. Esto no me impide apoyar a un partido y a unos candidatos. Así, para este 10 de junio de 2007, pido el voto para Fouad Lahssaini, candidato ecologista a la Cámara por Bruselas, ciudad donde trabajo.

arton382_134x200 Fouad tiene 50 ans y es sicoterapeuta en el Servicio de salud mental de la Universidad libre de Bruselas. Esta es su divisa: El fin está en los medios, decía Gandhi, como el árbol está en la semilla.

31 octobre 2006

Esta manaña por la radio

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Entrevista con Rachid Taha, a propósito de su nuevo disco Diwan 2, homenaje a los clásicos del repertorio popular oriental (diwan quiere decir conjunto de poemas, asamblea  y aduana).

-¿Es argelino o francés?
-Soy argelino para siempre y francés a diario (Je suis Algerien pour toujours et Français tous les jours).

-¿Está integrado?
-No, no, estoy desintegrado.

-¿Es usted un artista comprometido?
-¿No es eso un pleonasmo?

2 avril 2006

Gente que se cuenta por millones

Mil millones de personas de todo el mundo se relacionan sentimentalmente a través de internet. Mil millones de personas no tienen agua potable. Mil millones de personas fuman como chimeneas. A ese trote se agota pronto la entera humanidad, la multitud que conformamos seis mil millones de personas. El uso y abuso de las cifras produce un efecto contraproducente. No sorprende ni alerta, más bien atosiga. Más vale fijarse entonces en detalles en donde a penas caben las cifras, como en la imagen de un niño que cuenta las bolitas.

Fijarse, por ejemplo, en la gente que va sola al cine. Despierta simpatía la gente que va sola al cine. Y aguanta en solitario las miradas de las parejas, de las familias, de los grupos de amigotes que observan en la penumbra de la sala y se dicen : pobre. Porque igual se equivocan y al supuesto solitario lo rodean luego los amigos que se habían retrasado, lo palmotean, le piden que les cuente el principio de la película, que les detalle las sinopsis, los réclames y la cara de tontos de los mirones que lo creían un solitario perdido para el mundo.

Gente que lleva la camiseta brasileña. No son necesariamente brasileros, para nada, son una tribu transnacional, una secta tal vez, como los desvestidos de Spencer Tunick, los viejos hippies y las señoras con permanente.

Gente que vota por Berlusconi. Aparte de quienes se han enriquecido en base a cambullones, vota por Berlusconi la gente que ve demasiada tele y se ríe con los chistosos que se ríen de caiga quien caiga, es decir de cualquiera menos de Berlusconi, que les paga el sueldo.

Gente que dice que da lo mismo votar por Berlusconi o por Prodi. O por Aznar o Zapatero. O por Lavín o Bachelet. Porque la política la hacen los inversionistas, los accionistas, los gerentes, dicen. No dejan de tener razón, salvo que se equivocan en lo principal. La socialdemocracia se funda en la idea que para producir riqueza hay que comenzar por distribuirla. Y no al revés. La riqueza es como el agua, que alcanzaría para todos de estar bien distribuida. En el terreno de la distribución, el capitalismo es analfabeto. Y el resto es propaganda berlusconiana, peinetas para calvos y bailarinas al ritmo de la musicaca.

Gente que dice que todo da lo mismo. De nada sirve, dicen. No dejan de tener razón. Salvo que suele ser gente a la que le sirven a la mesa. Y luego le sacan los flatitos. Y luego le lavan los platitos.

Gente que piensa con la boca abierta, como la mamita del líder en la carrera para las elecciones presidenciales peruanas, Ollanta Humala, quien propone fusilar a los homosexuales para terminar con lo que en su opinión es un grave problema moral. O el presidente vitalicio de Turkmenistán, Saparmurat Niazov, quien declara que toda persona que lea tres veces su obra literaria, Toukhanam, “alcanzará la riqueza espiritual, se hará más inteligente, conocerá la existencia divina e irá directamente al paraíso”.

Gente que no responde a los mensajes. Está ocupada, tiene tantísimo trabajo. La vida es dura, siempre hay algo más urgente que hacer que responder a un peregrino mensaje de un remoto remitente.

Gente que llora en los trenes. Con ojos que se ve que han llorado. Nada hay más triste que la gente llorando. Sobre todo si el causante del llanto es uno mismo, de tan tarado que es.

Gente que tira envases, colillas y chicles por la ventanilla, por el tubo de escape, por el desagüe. Cadáveres a la acequia, relave al río y petróleo al mar.

Gente que recoge los desechos. Sin aspavientos, sin contarlo en el blog ni llamar a los camarógrafos. Son los que más se acercan a lo que Borges llamó “los Justos”, aquellos que cultivan un jardín, como quería Voltaire, y prefieren que los otros tengan razón.

La Nación de Santiago de Chile,  4 de abril de 2006

27 septembre 2007

El meteorito contra la Pachamama

Dos aterrizajes forzosos sobre la Pachamama peruana, Fujimori y el meteorito

Meteorito

El sábado 15 de septiembre un meteorito entró en la atmósfera peruana provocando una intensa luz y abriendo un cráter de treinta metros a dos pasos del lago Titicaca. En las horas que siguieron al fenómeno, a cientos de campesinos de la región se le desataron vómitos, diarrea e incluso tartamudez, todo lo cual los científicos regionales atribuyen a los gases fétidos que emanan del hoyo abierto por el meteorito y a las esquirlas de plomo y plata disparadas por el cuerpo celeste al estrellarse contra la Pachamama.

Las escasas fotos que documentan el evento muestran un agujero a medias lleno por el agua de las lluvias que castigan la región. Ni luces ni sombras del meteorito. Bien puede ser que éste se haya desintegrado o que haya rebotado y esté de vuelta en los espacios siderales. También puede ser que se trate de la caída de detritus de algún programa espacial, chino de preferencia, como apuntan los rumores que recorren la Red y el Altiplano.

Hay quien diga que, de haberse abatido sobre Lima, el meteorito hubiese hecho gran ruido. Paradójicamente, de caer en Lima, o en alguna otra saturada megapolis, el fenómeno hubiese pasado probablemente desapercibido. Las barriadas están llenas de hoyos inexplicables y a la gente que se siente mal, en las urgencias de los hospitales la mandan a comprar aspirinas. Y ya es curioso que los meteoritos suelan caer en despoblados, en la taiga siberiana o en el puna altiplánica. Es como si evitasen la presencia humana, como si fuesen agorafóbicos, enfermos de tímidos. Como quiera que sea, el meteorito ha dirigido las miradas hacia Perú, que ha recibido dos aterrizajes forzosos en una semana, el meteorito y Alberto Fujimori, acusado de corrupción y de varios crímenes, extraditado por la justicia chilena.

Cuando Fujimori, un desconocido agrónomo, se subió a un tractor y comenzó a recorrer el Perú haciendo campaña para la elección presidencial de 1990, gobernaba Alan García. Tal como hoy. Eran tiempos de hiperinflación y de terrorismo. No había entonces dos diarios limeños que se pusieran de acuerdo sobre la noticia que merecía estar en la portada. Tan mal signo es que los diarios titulen todos lo mismo como que titulen todos diferente. La cacofonía de la prensa suena tan mal como los himnos militares en las radios. Casi treinta años más tarde, la prensa peruana titula hoy de manera unánime con el extraditado Fujimori, los diarios serios o semi-serios para documentar los hechos, la prensa “chicha” para presentar al chinito como víctima.

Alberto Fujimori derrotó en esa elección presidencial a Mario Vargas Llosa. El chinito trae buena suerte, decía entonces la gente. Una vez elegido, Fujimori no tardó en instaurar una dictadura, apoyándose en los manejos mafiosos del siniestro Vladimiro Montesinos, hasta que esas artimañas fueron tan lejos que hicieron que Fujimori fuese perdiendo sus comprados apoyos y se viese obligado a huir de su país y a renunciar a su cargo por fax. Lo inquietante del caso es que en 1990 Fujimori fue elegido con el tácito apoyo de los partidarios de García, tal como hoy García gobierna con el apoyo tácito de los partidarios de Fujimori.

Años más tarde, Vargas Llosa se cobraría revancha en su última novela, Travesuras de la niña mala, dando vida a un japonés de nombre Fukuda, un personaje pestífero, un perverso nasal, pedófilo en el sentido alternativo del término, como escribió en este diario Artemio Echegoyen. La caprichosa actualidad ha querido que el nuevo primer ministro japonés, en funciones desde ayer, lleve también ese nombre, bastante común en Japón. En otra novela célebre, Conversación en la catedral, tal vez la mejor de cuantas ha escrito, Vargas Llosa pone en boca de su protagonista, Zavalita, esta pregunta terrible, que se entierra o rebota como un meteorito: ¿Cuándo se jodió el Perú?

logocl 27 de septiembre de 2007 PDF

24 décembre 2013

Un cuento de Navidad

Fabiola, Paola y Matilde son tan amigas que han formado un club.

Los vecinos lo llaman El Club de las Tocatimbres. Porque la principal diversión de las amiguitas es tocar el timbre de las casas y escapar.

¡Qué mala costumbre!

En todas las casas tocan, un día sí y otro también. Pero hay un timbre que las chicas respetan. El de la casa de los Escamosos.

-Un día vamos y se lo tocamos, dicen las Tocatimbres, delante de los niños, desafiantes.

-Ni se les ocurra, responde un morenito llamado Asúcares. Una vez se nos cayó una pelota a su patio. El perro la despedazó.

-Otra vez los vi pisotear a la cría de un mirlo que había caído del nido, agrega Pimpollón.

-Son malos, suspira Chepito Mambo. Son hediondos de malos.

-Igual no les tenemos miedo, igual les vamos a tocar el timbre, concluyen las Tocatimbres.

-Debe de haber un mando para tocar timbres a distancia, se dicen. Apretamos el botón desde la acera del frente y escapamos.

-O atamos una mano de madera al extremo de un pértiga.

-O simplemente vamos, lo tocamos y ya está. ¿Acaso no somos el famoso Club de las Tocatimbres?

-Más bien son el Club de las Locas Perdidas, dicen los niños, y desaparecen.

« Rin, rin », dicen las Tocatimbres al unísono. Es la consigna que se dan para atacar.

Con el corazón apretado, se acercan a la famosa puerta.

Fabiola acerca lentamente el dedo, aprieta el botón con fuerza y se dispara una alarma, un ruido estrepitoso. Y cuando trata de despegar el dedo del timbre, no lo logra.

-Ay, se queja. Ay, mi dedo.

Paola la toma de la otra mano para liberarla, pero a ella también la coge la corriente. Las dos quedan atrapadas por la electricidad.

Es el turno de Matilde de intentarlo, pero la corriente la atrapa también.

Auuuu, auuuu, sigue aullando la alarma.

Por la ventana de la casa asoman las caras de los Escamosos, mientras el perro se frota las purulentas patas.

El cielo se oscurece. La calle está vacía. ¿Quién va a escuchar el llanto de las amigas?

Los niños miran la escena desde la esquina y no saben qué hacer. ¿Intentar salvarlas? ¿Pero, cómo, con qué?

Por el centro de la calle asoma entonces mi tío Pepe en persona. Detiene su trineo, considera la situación, se trepa al techo de la casa y baja por la chimenea.

Una vez dentro, desconecta el tablero de la luz, atrapa a los Escamosos y al perro y les propina unos cuantos bastonazos.

Sale de la casa sacudiéndose el traje rojo.

-Viva, viva, gritan los niños.

-Por hoy ya ha estado bien, les dice a los niños, que lo miran encandilados. Ahora, todos a casa, a cantar villancicos y a obedecer.

Que esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad.

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5 mai 2006

Lectores contagiosos

Ahora resulta que hay un nuevo movimiento. Sus miembros, cuando leen un libro y les gusta, lo abandonan en el banco de una plaza o en un vagón del metro, de manera que otra persona lo encuentre y lo disfrute. Esto, en lugar de quejarse porque nadie lee. Se les conoce como los “lectores contagiosos”. Si cada ejemplar de un periódico lo leen cuatro o cinco personas, ¿por qué no los libros? Mi tío Pepe, que es amigo de frecuentar parques y jardines públicos, se ha beneficiado así con tres estupendos impresos.

“El primero de ellos, El inútil de la familia, es una historia de tío y sobrino”, me cuenta. “El sobrino se llama Jorge y el tío, Joaquín. Joaquín fue un personaje rocambolesco, un gran tarambana y un buen escritor. Escribía en La Nación, donde le pagaban "tarde y mal", pero aun así prefería eso a escribir en el diario de sus tíos ricos. Era la época en que dirigía La Nación Eliodoro Yáñez, quien era tío de otro sobrino, José Donoso. Aquí cabe abrir un paréntesis: cuando Donoso quiso publicar su versión de la historia de su familia, como hoy hace Jorge Edwards con la suya, se le vino encima un sobrino catón que lo amenazó con las penas de los tribunales. El libro de Donoso, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, se publicó finalmente expurgado, o espulgado, que no es lo mismo, pero es igual. Volviendo a El inútil de la familia, el libro resulta ser un suntuoso paseo por la primera mitad del siglo 20, desde Valparaíso a París, pasando por Santiago, Rio y Madrid, siguiendo los pasos de Joaquín Edwards Bello. Suntuoso se dice de algo que resalta y arruina. Éste fue el sino del tío Joaquín, un hombre rico “venido a menos” y, al mismo tiempo, enaltecido. Por la escritura, en ambos casos”.

“¿Y el segundo libro?”, le pregunto.

“El segundo es una curiosidad, un cajón de sastre inglés, un álbum de toda clase de textos inéditos. Se llama Gutiérrez, como podría llamarse Gómez, o Galíndez, y está compilado por Andrés Braithwaite. En la primera página, a guisa de presentación, la imagen de un negrito endomingado invita a entrar a los lectores y los despide, en la última, a manera de epílogo. Gutiérrez presenta a treinta autores, mayores y menores. Saber que aún existen inéditos de Juan Emar, de Enrique Lihn y de Roberto Bolaño (una apostilla a Los detectives salvajes) me llena de optimismo. Tal vez un día se encuentre un manuscrito de Sócrates. Me han gustado sobremanera Browne, Donoso, Veloso”.

“Las tres son mujeres”, le digo, “¿no estará usted practicando el sexismo al revés?”.

“Dicho así, no sería una mala idea”, replica, “pero no se trata de eso.” Y pasa a describir el tercer libro, que según su criterio es espléndido. Se llama En busca del loro atrofiado. Trata de un loro que no puede volar, camina poco y mal, se tropieza en los accidentes del terreno, se enreda en las enredaderas. Trata, también, de otra serie de detalles que componen el sentido del mundo y su correspondiente sinsentido. “Ahora me gustaría leer los premios de la crítica”, continúa. “Se los han llevado Gonzalo Millán y Germán Marín (ambos, como Roberto Merino, autor de En busca del loro atrofiado, están en Gutiérrez). Como los lectores contagiosos me han contagiado”, afirma Pepe, “si no encuentro pronto estos libros en el metro o en el parque, los compro, los leo y, sólo si me gustan, los abandono en el Jardín Botánico. Aviso a los interesados”.

La Nación de Santiago de Chile, 11 de mayo de 2006.

6 février 2012

El corsé

Albert Nobbs está siempre muy concentrado en su trabajo como camarero en un hotel de Dublín. Como lo hace bien, consigue ganarse unos peniques que cuenta y atesora debajo de la cama, en espera de abrir un día un expendio de tabaco, de casarse incluso. Por lo demás, es un gran despistado. Se llama Albert pero es mujer, una mujer que despista para poder hacer ese trabajo de hombre y sobrevivir en la Irlanda victoriana.

Alicorto llama al fime un crítico, manoseado. No comparto. La historia es literaria, está tomada de una novella de George Moore, llevada al teatro hace treinta años por la propia Close y convertida en guión para cine por Istvan Szabo y John Banville. Todo eso se nota. Hay densidad en el personaje, no es la historia de un travestismo de exhibición sino lo contrario, es la historia de aquello que Albert Nobbs guarda celosamente bajo el corsé.

El corsé, justamente, prodiga las mejores escenas del filme. Como cuando Albert debe aflojarlo para librarse de una pulga, o cuando el señor Page hace otro tanto para confiarse a Albert, o cuando ambos se contratrasvisten y se van de paseo a orillas del mar y van tan incómodos que parecen hombres disfrazados de mujeres.

 

PS/ La mejor escena de ese género es la de Zumurrud, en Las mil y una noches (33' y 34').

PS2/ Anoche no había nadie en el cine. Era la última función y hacía un frío que pelaba. Es la primera vez que he estado en un cine completamente vacío. Está bien. No hay que apagar el móvil y se puede comentar la película en voz alta. No lo hicimos, sin embargo. Albert Nobbs se ganó la atención debida.

22 décembre 2015

Madre mía

La muerte de la madre desestabiliza hasta al más desmadrado. Nanni Moretti cuenta ese momento —ese antimomento—magníficamente.

Es cineasta, y esa circunstancia lo pilla en plena filmación. En esa filmación, el punto comedia lo pone el actor estrella, mientras que el punto tragedia lo pone la cineasta que lo filma. Todo lo que lleva a Moretti a hacer llorar al espectador ligeras lágrimas de risa y gordas lágrimas de pena. Y también a señalar la artificiosa manera como el cine intenta representar la imagen del mundo en movimiento. Y ese mundo en movimiento, la gente.

Puede ser que Mia madre sea la mejor película de Moretti. Lo digo porque la vi anoche y reconozco mi propensión a dejarme llevar por mi percepción sensorial.

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En tres semanas, he visto otras tres películas: Pasolini, de Abel Ferrera. Paradise now, de Hany Abu-Assad, que me recomendó el amigo Cary Gooper, y sobre la que me propongo decir algo más adelante. Y Los Jardines del rey, que no vale para gran cosa, salvo por la Kate Winslet en tanto que Sabine de Barra. A una y otra las llevo desde entonces en el pensamiento. La cineasta de Mia madre da esta consigna a sus actores: sé tu personaje y sé tú mismo al lado (accanto a) de tu personaje. A la Kate no necesitan decírselo.

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Y sobre el resultado de las elecciones, que por decir no quede:

Que el PP pierda la mayoría absoluta es lo menos que podía ocurrirle. No es de extrañar que un partido conservador, hegemónico en su campo ideológico, obtenga alrededor de un cuarto de los votos. Lo anómalo fue que obtuviese la mayoría absoluta en el 2011. Partiendo de la base de que todas las opiniones son respetables, mi opinión es que el PP no da para más.

Que un partido socialdemócrata, históricamante hegemónico en su campo ideológico, consiga un quinto de los votos dice mucho de este PSOE de hoy, al que tanto lo poco que propone como lo mucho que defiende parece quedarle grande.

Que Ciudadanos acabe alcanzando un honroso cuarto lugar y le sepa a fiasco dice mucho del selfismo en boga, no sé si me explico.

Que Podemos haya hecho un hábil manejo del relato de su propia remontada sobre la base del anti-desahucio y del pro-referéndum dice mucho de la candidez de los votantes de Podemos.

Mis pulsiones me llamaban a votar al Partido animalista. Pero luego no hay melocotones.

4 mai 2015

Escriba lo que se le pase por la cabeza

Leo Limonov en español. El relato fluye como se debe. Me acuerdo de una entrevista a Carrère donde cuenta que sigue el consejo de Ludwig Börne: 

«For three successive days, force yourself to write, without denaturalizing or hypocrisy, everything that crosses your mind. Write what you think of yourself, your wives, Goethe, the Turkish war, the Last Judgment, your superiors, and you will be stupefied to see how many new thoughts have poured forth. That is what constitutes the art of becoming an original writer in three days.

I continue to find this excellent advice. Today still, when I’m not working on anything, I’ll take a notebook, and for a few hours a day I’ll just write whatever comes, about my life, my wife, the elections, trying not to censor myself. That’s the real problem obviously—“without denaturalizing or hypocrisy.” Without being afraid of what is shameful or what you consider uninteresting, not worthy of being written. It’s the same principle behind psychoanalysis. It’s just as hard to do and just as worth it, in my opinion. Everything you think is worth writing. Not necessarily worth keeping, but worth writing. And fundamentally, that’s what a large part of literature attempts to do—reproduce the flow of thought. Well at least the literature I love the most—Montaigne, Sterne, Diderot...».

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La socialdemocracia, dice Owen Jones, «asumió los presupuestos del thatcherismo, igual que los Gobiernos conservadores de los años cincuenta aceptaron los del laborismo de posguerra». Si la historia es esa trenza bien trenzada, es el turno de los conservadores de plegarse a algunas iniciativas socialdemócratas. No sé por qué tardan tanto.

Tiene un buen repertorio de formulaciones, Jones: La gente pobre trabaja, dice también. Se levanta por la mañana para ganarse su pobreza.

19 mai 2012

Salmon y los salmones

La pesca de salmón en Yemen no es una comedia de gran cosa, pero reúne lo justo para mantener la atención, algo de geopolítica y una amourette entre dos brits queribles. Tiene eso sí un momento que está bien del todo: el rencuentro, teleguiado por el poder -por la eminencia gris detrás del poder, la asesora de prensa del primer ministro-, de un soldado rescatado de la guerra de Afganistán con su novia, sobre el terreno y frente a las cámaras. Una trampa tanto para los protagonistas como para el pueblo espectador, como las hay tantas y tan cosidas con hilo negro y sin embargo tan rentables para los mandamases.

Esta combinación de la teatralidad del ejercicio de la autoridad con la telerealidad como vía para cautivar a la opinión la describe hoy perfectamente Christian Salmon a propósito de las ceremonias eleccionarias francesas, en particular la escena del diálogo de François Hollande con su primogénito en directo televisivo la noche de su elección.

Como decíamos ayer, las dictaduras utilizan bombas lacrimógenas y gases hilarantes. Las democracias sólo las echan por la tele.

PS/ Una pena que las escenas yemeníes de La pesca... hayan sido filmadas en Marruecos. No porque yo tenga nada contra Marruecos ni contra las alegres cuentas de la industria del espectáculo. Es que esta constatación -la imposibilidad de filmar una película británica en el Yemen- anula per se la conclusion del propio filme. Y también porque, habiendo sido feliz brevemente en la Arabia feliz, me encanta volver a verla.



1 août 2008

El desvío a Santiago

Este blog se llama Camino de Santiago. Ahora resulta que Cees Nooteboom, cuyos libros voy leyendo con admiración, publicó uno cuyo título supera la idea de camino: El desvío a Santiago. Los libros de Nooteboom son admirables desde el título: Las montañas de Holanda. Ayer por la mañana me pasé por la librería 'hispana' de Bruselas, que se llama Punto y coma, para comprar un ejemplar del Desvío a Santiago. Salí también con uno del Pomponio Flato, de Mendoza. Y, de regreso en Lovaina, como era día de recogida de papeles, me hice con un ejemplar de una guía 100% práctica, completa y actual para trabajar en Windows. En Bruselas, un centenar de indocumentados reclaman del Gobierno papeles para poder trabajar. El Gobierno no sabe/no contesta, está de vacaciones, por lo que un puñado de entre ellos se ha encaramado a varias grúas para hacer visible su reclamo. Como el tío de Fellini en Amarcord, aquel que pedía a gritos desde lo alto de un árbol una donna.

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Hoy es primero de agosto, temible día en las carreteras donde se cruzan los que vuelven desde julio con los que parten hacia agosto. Este lunes fue mi primer día de vacaciones. Tengo para las vacaciones un par de proyectos, pintar una habitación, escribir un manual de instrucciones. Pero el lunes me di vacaciones dentro de las vacaciones. Siesta en la hamaca, paseo por el campo. Sin embargo, o por eso mismo, acabó siendo un día híperproductivo. Andando por el campo se me ocurrió la idea de un relato, que ya escribí y cuyo resultado está por debajo de lo imaginado, pero ahí queda. También, con la naturaleza subida a los sentidos, escuché la cuarta de Mahler y me propuse, con la ayuda de los germanófilos de casa, traducir el Lied. A dos arbustos que han crecido espontáneamente en el jardín los pude reconocer, a la vista de sendos ejemplares crecidos en el campo. Y recordé los paseos que daban los protagonistas de los primeros relatos de Hesse, Peter Camezind, Hans Gieberath, Knut, que yo leía cuando joven. También recordé cómo, una tarde en una típica sesión de cine-club, durante una interrupción provocada por la inepcia del encargado de la proyección, un muchacho sentado delante de mí le contaba a otro muchacho sentado detrás de mí que prefería la lectura de Sartre a la de Hesse porque, en este último, había siempre un contenido homosexual latente. El caso es que a Hesse y a Sartre los leía yo por aquel entonces, a Hesse en un ejemplar de las Obras completas publicado por Aguilar, y a Sartre en los libros publicados por Losada que iba comprando uno tras otro en las librerías de la calle San Diego. El filme que veíamos era el de Fellini. Como el encargado confundía y desordenaba los rollos, lo que terminamos viendo no fue el sino una especie de veinticinco para las cuatro o a razón de catorce siete la media, como dice mi tío Pepe, a quien también le gustan mucho los paseos por el campo.

11 juin 2014

Dos de escritores

El Negro, de Polanski, y Tetro, de Ford Coppola. 

La de Polanski es buena, no podía ser de otra manera. Se trata una historia sacada de lo que pudo ser Toni Blair de haber caído en desgracia en manos de Carla del Ponte, o eso entendí yo. El encargado de descifrar el enigma de la muerte del anterior negro de Blair es un jovencito que a punto está de conseguirlo, si no fuera porque el filme es de Polanski. En el cine de género, la información que hace avanzar la intriga aparece en un diario que alguien abre por casualidad. Ahora esto también ocurre cuando alguien aprieta el botón del GPS. El Negro es un buen filme de género actualizado. Un buen filme ramplón.

Tetro en cambio es buena. No podía ser de otra manera, etcétera, pero esta sí que es buena. Una teleserie de ítalo-gringos en Buenos Aires que da todo de sí, desde un inicio de comedia a un clímax de tragedia y un magnífico final feliz. La prensa lo presenta como un filme menor, pero se va resignando uno a la evidencia de que, tratándose de Coppola, «filme menor» es un oxímoron.

Un detalle (de lo grande me quedo con los detalles): Coppola leyó el Nocturno de Chile, de donde rescata la figura del crìtico Alone. Lo convierte en mujer y pone en su lugar a Carmen Maura (risas).

3 juin 2017

La letra

Una de estas noches me puse un poco de música de la que escuchaba a los 15 años. Y luego cuando me quise dormir, no hubo manera. Venga acordarme de cosas que para qué.

Esta canción que tanto cantamos. Entonces leíamos a Hermann Hesse, sobre todo Demian y El Lobo estepario —pero a mí las que de veras me gustaban eran las primeras, Peter Camenzind y Bajo las ruedas. La canción ésta, digo, es puro Hesse, mal digerido y peor envuelto, que es como debe ser toda buena canción veinteañera. 

Contaban Los Blops que cuando la grabaron, en el dichoso año de 1970, los convocó la dirección del sello, controlada por la Jota —las juventudes comunistas— para decirles que tenían que cambiar la letra. Estaban intentando responder cuando apareció Víctor Jara y les pidió que salieran de la reunión. Se oyeron unos cuantos gritos hasta que reapareció Jara y les dijo que nada de cambiar la letra, que el disco sería publicado tal cual.

Me dormí por fin imaginando cambios de la letra al gusto de la Jota.

1 décembre 2016

Gran Hotel Othelo

Hoy comienza el invierno que ya comenzó y que en cierta medida no termina nunca bajo estos cielos. El solsticio de invierno llegará dentro de veinte días marcando el fin de la reculada de la luz y su lento retorno. Un par de veces, de regreso del verano austral, borracho de sol en pleno enero, viendo al avión adentrarse en la fría oscuridad del noreste me he preguntado si estoy bien de la cabeza. 

El cuento es que una de estas noches vi Winter sleep. En pleno invierno, en medio del paisaje roto de la Anatolia central, un hombre avejentado escribe columnas que no leerá nadie. Alguna vez creímos que serías mucho más de lo que has sido, le dice su hermana, con esa crueldad fría que la tibia familiaridad consiente. Su mujer, por su parte, intenta paliar la pobreza ambiente a través de una especie de ONG informal. Hasta ahí llegan los parecidos porque nuestro hombre es rico y su mujer joven.

Cuando me levanté del sillón habían pasado más de tres horas, ya era más de medianoche y yo estaba hambriento porque no había cenado. Hacía tiempo que el cine no me jugaba una pasada así. Cuando niño, entraba al mediodía a la función cuádruple del cine Avenida Matta y salía hacia las ocho sin saber ni cómo me llamaba. Ahora uno cree tener las ficciones bajo control y, sin embargo, cualquier noche una historia turca le altera el programa.

Winter sleep se apoya en tres relatos de Chéjov y en un desenlace de Dostoyevski para contar no mucho más que el lento discurrir de los días en un sitio remoto. Y entreabrir el alma de sus personajes. No suelo permitirme frases así pero a ratos creía estar leyendo un libro de Coetzee. En un momento de tensión aguda, dos personajes, a punto de irse a las manos, resuelven la situación soltando sendas citas de Shakespeare. A lo Marías, o sea, y con música de Schubert.

En fin, para no embalarme más ni largar destripes, acabo con una simpleza. Nuestro personaje, que fue actor cuando joven y es un celoso de cuidado, de esos que están seguros de no serlo, posee y atiende un pequeño hotel rural: el Hotel Othelo.

Palma de oro en Cannes. Qué menos.

15 mai 2009

Antes de acostarse (en, es, pt)

Elegy XIX To His Mistress Going to Bed

Come, Madam, come, all rest my powers defy,
Until I labor, I in labor lie.
The foe oft-times having the foe in sight,
Is tir'd with standing though he never fight.
Off with that girdle, like heaven's Zone glittering,
But a far fairer world encompassing.
Unpin that spangled breastplate which you wear,
That th'eyes of busy fools may be stopt there.
Unlace your self, for that harmonious chime,
Tells me from you, that now it is bed time.
Off with that happy busk, which I envie,
That still can be, and still can stand so nigh.
Your gown going off, such beautious state reveals,
As when from flow'ry meads th'hills shadow steals.
Off with that wiry Coronet and show
The hairy diadem which on you doth grow:
Now off with those shoes, and then softly tread
In this, love's hallow'd temple, this soft bed.
In such white robes, heaven's Angels us'd to be
Receiv'd by men: thou Angel bringst with thee?
A heaven like Mahomet's Paradice, and though
Ill spirits walk in white, we eas'ly know,
By this these Angels from an evil sprite,
Those set our hairs, but these our flesh upright.
License my roving hands, and let them go,
Behind, before, above, between, below.
O my America! my new-found-land,
My kingdom, safeliest when with one man man'd,
My mine of precious stones: my emperie,
How blest am I in this discovering thee!
To enter in these bonds, is to be free;
Then where my hand is set, my seal shall be.
Full nakedness! All joys are due to thee,
As souls unbodied, bodies uncloth'd must be,
To taste whole joyes. Gems which you women use
Are like Atlanta's balls, cast in mens views,
That when a fool's eye lighteth on a gem,
His earthly soul may covet theirs, not them:
Like pictures or like books gay coverings made
For lay-men, are all women thus array'd.
Themselves are mystick books, which only wee
(Whom their imputed grace will dignify)
Must see rever'd. Then since that I may know;
As liberally, as to a midwife show
Thyself: cast all, yea, this white linen hence,
There is no penance due to innocence.
To teach thee I am naked first; why than,
What needst thou have more covering then a man?

John Donne
1699


Elegía XIX: Antes de acostarse

Ven, ven, todo reposo mi fuerza desafía.
Reposar es mi fuerza pues tendido me esfuerzo:
No es enemigo el enemigo
Hasta que no lo ciñe nuestro mortal abrazo.
Tu ceñidor desciñe, meridiano
Que un mundo más hermoso que el del cielo
Aprisiona en su luz; desprende
El prendedor de estrellas que llevas en el pecho
Por detener ojos entrometidos;
Desenlaza tu ser, campanas armoniosas
Nos dicen, sin decirlo, que es hora de acostarse.
Ese feliz corpiño que yo envidio,
Pegado a ti como si fuese vivo:
¡Fuera! Fuera el vestido, surjan valles salvajes
Entre las sombras de tus montes, fuera el tocado,
Caiga tu pelo, tu diadema,
Descálzate y camina sin miedo hasta la cama.
También de blancas ropas revestidos los ángeles
El cielo al hombre muestran, mas tú, blanca, contigo
A un cielo mahometano me conduces.
Verdad que los espectros van de blanco
Pero por ti distingo al buen del mal espíritu:
Uno hiela la sangre, tú la enciendes.
Deja correr mis manos vagabundas
Atrás, arriba, enfrente, abajo y entre,
Mi América encontrada: Terranova,
Reino sólo por mí poblado,
Mi venero precioso, mi dominio.
Goces, descubrimientos,
Mi libertad alcanzo entre tus lazos;
Lo que toco, mis manos lo han sellado.
La plena desnudez es goce entero:
Para gozar la gloria las almas desencarnan,
Los cuerpos se desvisten.
Las joyas que te cubren
Son como las pelotas de Atalanta:
Brillan, roban la vista de los tontos.
La mujer es secreta:
Apariencia pintada,
Como libro de estampas para indoctos
Que esconde un texto místico, tan sólo
Revelado a los ojos que traspasan
Adornos y atavíos.
Quiero saber quién eres tú: descúbrete,

Sé natural como en el parto,
Más allá de la pena y la inocencia
Deja caer esa camisa blanca,
Mirame, ven, ¿qué mejor manta
Para tu desnudez, que yo, desnudo?

Traducción de Octavio Paz

Elegia: Indo para o leito

Vem, Dama, vem, que eu desafio a paz;
Até que eu lute, em luta o corpo jaz.
Como o inimigo diante do inimigo,
Canso-me de esperar se nunca brigo.
Solta esse cinto sideral que vela,
Céu cintilante, uma área ainda mais bela.
Desata esse corpete constelado,
Feito para deter o olhar ousado.
Entrega-te ao torpor que se derrama
De ti a mim, dizendo: hora da cama.
Tira o espartilho, quero descoberto
O que ele guarda, quieto, tão de perto.
O corpo que de tuas saias sai
É um campo em flor quando a sombra se esvai.
Arranca essa grinalda armada e deixa
Que cresça o diadema da madeixa.
Tira os sapatos e entra sem receio
Nesse templo de amor que é o nosso leito.
Os anjos mostram-se num branco véu
Aos homens. Tu, meu anjo, és como o céu
De Maomé. E se no branco têm contigo
Semelhança os espíritos, distingo:
O que o meu anjo branco põe não é
O cabelo mas sim a carne em pé.
Deixa que a minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, em baixo, entre.
Minha América! Minha terra à vista,
Reino de paz, se um homem só a conquista,
Minha mina preciosa, meu Império,
Feliz de quem penetre o teu mistério!
Liberto-me ficando teu escravo;
Onde cai minha mão, meu selo gravo.
    Nudez total! Todo o prazer provém
De um corpo (como a alma sem corpo) sem
Vestes. As jóias que a mulher ostenta
São como as bolas de ouro de Atalanta:
O olho do tolo que uma gema inflama
Ilude-se com ela e perde a dama.
Como encadernação vistosa, feita
Para iletrados, a mulher se enfeita;
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns (a que tal graça se consente)
É dado lê-la. Eu sou um que sabe;
Como se diante da parteira, abre-
Te: atira, sim, o linho branco fora,
Nem penitência nem decência agora.
Para ensinar-te eu me desnudo antes:
A coberta de um homem te é bastante.

Versión de Augusto de Campos

Elegia

Deixa que minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, embaixo, entre
Minha América, minha terra à vista
Reino de paz, se um homem só a conquista
Minha mina preciosa, meu império
Feliz de quem penetre o teu mistério
Liberto-me ficando teu escravo
Onde cai minha mão meu selo gravo
Nudez total: todo prazer provém do corpo
(Como a alma sem corpo) sem vestes.
Como encadernação vistosa,
Feita para iletrados, a mulher se enfeita
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns a que tal graça se consente
É dado lê-la.
Eu sou um que sabe.

Versión de Caetano Veloso

8 mars 2006

Bajo las estrellas

Cine al aire libre en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, al anochecer de un sábado de febrero. Las estrellas abundan en el cielo porteño, en la pantalla instalada frente al edificio de Correos, flamante sede del Consejo nacional de la cultura y las artes, e incluso en las gradas, en las que destaca por su discreción democrática la presencia del ministro de cultura.

El ciclo “Cine bajo las estrellas” proyecta dos cortos y un largometraje. Un primer corto evoca la figura del pionero del cine chileno, Pedro Sienna. Mi tío Pepe me comenta haber visto pasear a Sienna por la calle Carmen, entre Porvenir y la Avenida Matta, vestido con una cotona y sosteniendo un libro entre las manos, en los años sesenta. Ahora, los premios nacionales de cine llevan su nombre. Alguna polémica hubo en la primera entrega, porque el jurado prefirió dejar desiertos un par de premios. Mi tío Pepe es de opinión que en materia de premios lo frondoso es más acogedor que lo desierto, sobre todo ahí donde campeó por años la intemperie.

El segundo corto, Santiago, ciudad de seres invisibles, de Cristián Martínez y Nicolás Sepúlveda, muestra el recorrido de cuatro personas sobre la tela de fondo de la ciudad de Santiago de Chile. Un señor ya mayor, con un marcado parecido a Clotario Blest, un hombre, una mujer, un travestido. Es verdad que Santiago vista a la distancia, desde arriba, a ras de suelo, a través de una cámara de cine, parece un ojo ciclópeo al que todos miran buscando la solución al problema (como quien dice la puerta de escape o el número ganador) o cuando menos un pálido reflejo. Otro reflejo dan quienes contemplan la pantalla desde las gradas de este cine bajo las estrellas al recibir la luz de los focos de los autos y microbuses que transitan por las calles aledañas. Lejos de perturbar la visión de los espectadores, esas imágenes furtivas vienen a completar la imagen cinematográfica. Como también hacen en el cielo porteño las panzas blancas de las gaviotas que sobrevuelan la plaza iluminada por los reflectores, añadiendo belleza a la escena. Además, estas gaviotas recatadas retienen su óbolo, de manera que nadie resulta condecorado ni en la pelada ni en la solapa.

El largometraje, en fin. Se trata de Salvador Allende, de Patricio Guzmán. A través de testimonios recientes y de filmaciones de la época, Guzmán repostula la figura del doctor Allende y le reafirma su fidelidad, así como al que fue su proyecto político, la Unidad Popular, y su programa, las cuarenta medidas. Dos imágenes contrapuestas de Allende surgen, sin embargo, de la pantalla, la del estadista, ovacionado en las Naciones Unidas (el público porteño se suma espontáneamente a la ovación), y la del amigo fiel de Fidel, practicando con el caribeño una incongruente sesión de tiro al ventisquero (agáchense los pingüinos).

De las imágenes propuestas por el filme, mi tío se queda con los rostros esperanzados de la gente sobre el Tren de la victoria que recorría el país durante las campañas presidenciales allendistas bajo el lema “A todo vapor, Salvador” (esas imágenes son del cineasta holandés Joris Ivens, autor del magistral A Valparaiso). Y con la humildad de Miria Contreras, la Payita, fallecida en 2002, quien minimiza la pretensión de hacer aparecer su amor con Allende como “uno de los grandes amores del siglo XX”. Y en contrapunto a las declaraciones descarnadas del embajador norteamericano de la época, Edward Korry, resulta aún más estremecedora la inversión del curso de la corriente propuesta por Gonzalo Millán en su libro La Ciudad, leída como corolario del filme : “Los muertos salen de sus tumbas / Los aviones vuelan hacia atrás / Los ‘rockets’ suben hacia los aviones / Allende dispara / Las llamas se apagan /  Se saca el casco / La Moneda se reconstituye íntegra / Su cráneo se recompone / Sale a un balcón / Allende retrocede hasta Tomás Moro / Los detenidos salen de espalda de los estadios / 11 de septiembre”.

Hacia el final del filme, el doctor Arturo Girón cuenta que, en el momento previo al ataque a La Moneda, los hombres obligan a salir a las mujeres. Treinta y tres años más tarde, lo menos que se puede decir es que están de vuelta.

La Nación de Santiago de Chile, 9 de marzo de 2006

2 décembre 2013

El dandy místico

Y puesto que me ha dado últimamente por consignar aquí las películas que vemos en esta temporada otoño-invierno, digamos que he visto Camille Claudel 1915. Gran película, tristísima. Duda uno entre deshacerse en elogios al autor, Bruno Dumont, y a la intérprete, Juliette Binoche, o en insultos al coprotagonista, el famoso hermano escritor de la escultora, Paul Claudel, responsable de su encierro en esa casa de locas (dandy místico lo llama Mandelbaum), esas pobres locas tan humanas y tan cargantes.

11 février 2015

La marcianita

Hace un par de noches, recital de Mauricio Redolés en el paseo costero. Un centenar de veraneantes se congregan a escucharlo vocear sus canciones«¿Quién mató a Gaete? Los cuetes, el carrete, el copete». O sus versiones: como Marcianita, que escuchábamos cuando niños en la versión chilena de Los Flamingos y argentina de Billy Cafaro. 

Pues bien, a esta Marcianita la retomó Caetano en la época de los Mutantes y le arregló la letra. Sobre esa base, la versión de Gal me hace bailar de puro contentamiento.

21 juillet 2014

La vejez no es para cobardes

Temporada de cine en Maeterlinck.

Ilo Ilo, de Anthony Chen. Una familia china en Singapur aloja a una criada filipina. ¿Por qué vía se enteraría uno de la vida en Singapur? A pesar del desarrollo, parece incómoda la vida de la gente en aquella isla, al menos de la gente sobreexigida que aparece en la pantalla. No parece soplar aire por allí, salvo en el cementerio, adonde la familia lleva, a la tumba del abuelo, un pollo cocinado que habían criado en el balcón. 

En Quartet, de Dustin Hoffman, la historia transcurre en una casa de reposo para músicos jubilados en la campiña inglesa. Se trata de una comedia bien llevada, con el atractivo añadido de la música y el bel canto. A la divisa de esos divos seniles supongo que tendré que referirme a menudo en el futuro, si lo hay: la vejez no es para cobardes.

De la Kermesse heroïque, de Jacques Feyder, un clásico del cine francés de los años treinta, cuya historia se sitúa en Flandes durante la ocupación española, creía recordar que a los españoles los pintaban propiamente como a unos salvajes. Y ni tanto así. Son los hombres, en general, y los flamencos de Boom, en particular, quienes quedan como chalecos de mono (salvo el joven Bruegel, que anda en la luna). Las mujeres, en cambio, resultan ser valientes y emprendedoras. Emprendedorazas.

Lo mejor, con todo, asoma por la pantalla grande. Boyhood, de Richard Linklater, me atrapa por el título (el coetzismo) y me retiene por las formas: un crío actor filmado durante doce años, desde los seis hasta los 18. Salgo de la sala pensando que los yanquis son como todo el mundo, marcianos.

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