lundi 29 octobre 2007

El lugar sin límites

Donoso"Ahora está de moda algo que se denomina periodismo participativo, donde cualquier persona (o sea, las audiencias) puede escribir su crónica o su opinóloga columna. Se trata de un fenómeno no muy distinto de los diarios murales, sólo que optimizado por la tecnología, algo que alegra a los expertos, que tratan de elevar la categoría del asunto con marcos conceptuales y disquisiciones sociológicas, o sea pamplinas, un poco más de ruido a la bulla", escribe Roberto Merino en su columna de ayer domingo 27 en el diario chileno Las Últimas Noticias.

Por mi parte, no tengo nada en contra de los diarios murales. Al contrario, soy incapaz de pasar delante de uno sin leerlo. Tengo incluso que retenerme para no recoger cualquier papel escrito que se arrastra por el suelo. Suelo leer el periódico de la comuna donde vivo, me hace falta la vida de la gente siempre que esté por escrito, me viene bien saludarla y despedirla en la lista de nacimientos y en la de defunciones. La prensa es, entre otras cosas, un espacio de sociabilidad, muy útil para animales sociales e indispensable para agorafóbicos, misántropos y otras bestias peludas.

Hace unos días Jorge Bravo me envió la reseña de una novela de José Donoso, El lugar sin límites, que publicó en el diario local de Temuco en internet, La Opiñón. Le celebré la gracia, el nombre del diario, le pregunté cómo se sostiene una experiencia como ésa. Me habla de Atina Chile y del apoyo financiero de una multinacional de las telecomunicaciones, que sostiene una red de diarios locales en las ciudades chilenas, uno de los cuales El Morrocotudo, en Arica, está bastante consolidado, con 15 mil visitas diarias.

El nombre del libro, El lugar sin límites, se refiere al espacio de la hacienda rural, ilimitado antes de la reforma agraria. Y viene como anillo al dedo a este respecto. Internet es precisamente eso, un lugar aparentemente sin límites constituido por espacios tan delimitados como pueden ser los que traza un diario local.

Internet, ¿el lugar sin límites? Según y cómo y dónde.

PS: Entretengo la espera de la última entrega de la trilogía 'Tu rostro mañana', de Javier Marías, 'Veneno, sombra y adiós', escuchando a Marías presentarla en el nuevo sitio CeldaTV, que se ha inaugurado en Madrid y cuyo enlace me envía Adolfo. Marcelo Maturana está en Calaceite presentando unas líneas sobre José Donoso. También las espero para copiarlas aquí.

Posté par Josepepe à 13:13 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : , , ,


lundi 6 août 2007

Y ese niño podría venir con nosotros

Lectura a tres voces de Mañana en la batalla piensa en mí

Ma_ana

Visitante asiduo como soy del blog de Clonclón, me enteré de que éste había leído recientemente Mañana en la batalla piensa en mí, la muy leída y premiada novela de Javier Marías. Como casualmente yo mismo había comenzado a releerla, se me ocurrió formular cada día un comentario sobre la novela en el blog de Clonclón, comentarios a los que éste fue puntualmente respondiendo. Circe, otra lectora del blog y de la novela, se sumó a este intercambio.

Josepepe: Estoy releyendo, como Circe y usted, según entiendo, Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Más que sobre sujetadores, que también, me parece que la novela trata de la paternidad.

Clonclón: Pudiera ser, siempre que se refiera usted al Padre Tiempo de negra espalda que, como la Revolución, devora a sus hijos.

Circe: No creo que el tema sea la paternidad. ¿Sobre las vueltas inesperadas que da la vida, quizás? No sé. Esa novela es como el Dragón Khan.

Clonclón: Pudiera ser sobre las vueltas que da la vida... ¿No aparece varias veces un tiovivo envuelto en niebla del que sólo se ven las cabezas fantasmales de los falsos caballos? ¿No hay unos aviones de mentira colgados sobre la cama inconsciente del niño Eugenio, cuyo mundo ha cambiado sin que él lo sepa? Su hipótesis es de lo más plausible.

Josepepe: Las páginas que Mañana en la batalla piensa en mí dedica al gremio de los negros de negros, de los escritores fantasmas de escritores fantasmas, provistos de prosa campanuda y proveedores de arengas espumantes por encargo, dan que pensar que tal vez otra de las cualidades de los blogs sea la de ser una reserva para este incomprendido sindicato. Con todo, la novela se deja leer muy bien.

Clonclón: Qué me va a contar a mí de negros de negros, si yo fui el creador del clon de un clon. Pero tiene usted toda la razón al decir que  Mañana en la batalla piensa en mí se deja leer muy bien, que no es poco en estos tiempos.

Josepepe: El protagonista de Mañana en la batalla piensa en mí va a Palacio a recibir el encargo de redactar un discurso. Javier Marías pone en boca del Rey una reflexión sobre el destino y la Corona. ¿Le parecen verosímiles esas palabras?

Clonclón: La verdad es que me pareció completamente inverosímil la meditación del Rey, pero no creo que Javier Marías buscara ninguna verosimilitud, así que no puede considerarse un fallo: todos los diálogos que aparecen en la obra se presentan sin disimulo como recreados por el autor. De algún modo, podría decirse que el narrador les escribe los discursos a todos sus personajes, no sólo al Rey.

JosepepeAl contarse, el mundo depende de sus relatores, escribe Javier Marías. No sé si se trata de un reflejo de narrador, de la misma manera como para un carpintero todos son problemas de clavos.

Clonclón
: Pensé lo mismo que usted al leerlo, pero no con tanta sencillez ni tanta gracia. Yo recordé a aquellos filósofos que se dedican a meditar acerca del ideal de hombre para acabar concluyendo, mire usted que suerte, que el ideal de hombre es el filósofo.

Josepepe: En la mitad de Mañana en la batalla piensa en mí nos espera el previsible encuentro con la prostituta. Estábamos avisados y, sin embargo, sostenida por algo de suspense y sobre todo por la escritura, la situación retiene la atención. Un pequeño plus: también vale, para lectores distantes, como paseo por la Castellana.

Clonclón: A ver si es usted capaz de averiguar a qué viene lo de la prostituta. Imagino que será un contrapunto a la trama principal (a la trama, vaya) o algo así de fino, pero la impresión primera, e imborrable, es que esa historia fue metida con calzador y podría ser eliminada sin mayores problemas. También Mañana en la batalla piensa en mí tiene su curioso impertinente.

Josepepe: Me sigue pareciendo que Mañana en la batalla piensa en mí trata de la paternidad.

Clonclón: No acabo de ver claro que esa idea esté presente en la novela, o al menos no con tanta relevancia. ¿Lo dice por el caso del niño Eugenio?

Josepepe: Por cierto. La historia es como una perinola o, como dijo usted mismo, un tiovivo entre la niebla o aun unos aviones de mentira que giran en torno a un niño que duerme.

Clonclón: Es que hay algo de sonámbulo, de nebuloso, en toda la novela. La escena de la puta, que yo sigo sin ver muy bien a qué viene, tiene algo de esto: hay un aire de sueño, o quizá de pesadilla, en ese no saber con certeza si aquella mujer que lleva en el coche es la misma con la que convivió varios meses hace no tanto tiempo.

Josepepe: Qué curioso que lo diga. Me pareció tan inverosímil como supuesto y, sin embargo, eso no me impidió dejarme llevar tras la resolución del falso enigma. ¿Cómo puede dudarse si se trata o no de la mujer con la que se ha vivido hasta hace poco? ¿Porque se ha convertido en otra, en una puta?

Circe: Toda la fabulación sobre la puta y la ex es lo que más me ha aburrido de la novela. Estoy bastante harta de esta fantasía tan extendida consistente en una supuesta equiparación de la mujer legítima con la prostituta. Me molesta que el tratamiento de los personajes femeninos sea inevitablemente tan superficial en muchos autores.

Clonclón: Me da cierta vergüenza reconocerlo, pero no me había dado cuenta de esto que usted dice. En efecto, todo ese capítulo no es más que la típica y tópica fantasía masculina de ver a la legítima como a una prostituta. La única diferencia es que, mientras que la mayoría de los hombres la realizan comprándole unos ligueros a su esposa, Javier Marías prefirió escribir una historieta un poco aburrida que no venía demasiado a cuento. Para mi gusto lo único interesante es esa incapacidad del protagonista para confirmar si es o no su antigua novia esa mujer que se sienta a su lado. A primera vista parece inverosímil, y recuerda un poco a esas comedias del XVII en las que había creer que una mujer disfrazada de hombre daba el pego en cualquier circunstancia, pero si uno lo piensa bien puede llegar a ocurrir: a mí, que soy bastante despistado para caras y nombres, me ha pasado algo parecido con gente no tan cercana como una novia, pero tampoco muy lejana. Quizá hubiera sido mejor que Javier Marías hubiera escrito un relato independiente con esa historia, en lugar de incrustarlo de mala manera en su novela.

Josepepe: Me parece que Circe y usted han dado en el clavo con la historieta de la prostituta. Por otra parte, contando todo a través del narrador, Javier Marías condena a éste a ser un sempiterno husmeador, un espía de su propia causa (a riesgo de resultar un poco cargante). También, imagino que ha de haber más de una relación entre esas películas que el protagonista ve en la televisión y la forma de la novela. Como no he visto esas películas ni conozco el cine al que es aficionado Javier Marías, el de Welles y Wilder, no me atrevo a suponer mucho más, pero sí me atrevo a preguntarle a usted cómo ve a este narrador que parece estar constantemente dentro de una película que él mismo ve a intervalos en la televisión (siempre muy tarde por la noche).

Clonclón: Me temo que no puedo ayudarle en esto: soy muy poco cinéfilo. Mientras leía la novela trataba de recordar algo de Campanadas a medianoche, que había visto hacía años, pero en vano. Sólo puedo sospechar, como usted, que Javier Marías alude a su propia narración, incompleta y fragmentaria (el relato intercalado de la ex novia-prostituta), con esas películas entrevistas a altas horas de la noche que el narrador se promete ver completas algún día. El porqué de esas películas precisamente, sin embargo, es también un secreto para mí. Por cierto, suscribo con entusiasmo su primer párrafo: "Contando todo a través del narrador, Javier Marías condena a éste a ser un sempiterno husmeador, un espía de su propia causa (a riesgo de resultar un poco cargante)".

Josepepe: Javier Marías nos dice que toda muerte puede ser vivida como representación o como espectáculo del que se da noticia, o bien como encantamiento. La novela va de una a la otra, lo que puede explicar a la vez su calidad y su éxito masivo. En cuanto al asunto de los connovios o conyacentes, tal vez quepa recordar que Lévi-Strauss ve la circulación de las mujeres como un sistema de comunicación entre hombres.

Clonclón: Completamente de acuerdo con lo primero: la teatralidad de la muerte, su carácter espectacular, es lo que hace tan eficaces los primeros capítulos. En cuanto a lo segundo, gracias por la referencia de Levi-Strauss, de la que no tenía noticia. Me gustó esa parte filológica de los coyacentes. Al leerlo, recordé que Borges decía que él no sentía hostilidad, sino simpatía, hacia los hombres que estaban enamorados de la misma mujer que él. De algún modo, aquel amor compartido era un vínculo (en términos borgianos, que curiosamente no utilizó para explicarlo: si el amor es el mismo, los dos hombres serían el mismo hombre). La idea es idéntica, si sustituimos amor por sexo, sólo cambia la sensación que produce: de repulsión, a Javier Marías, y de adhesión, a Borges.

Josepepe: No sé si el curioso impertinente, al que se referió usted antes, será el protagonista de la novela. Pero lo que definitivamente no sé es cuál es el otro curioso impertinente.

Clonclón: El curioso impertinente, la novela ejemplar que Cervantes intercaló en El Quijote sin que viniera muy a cuento, fue mi manera de referirme al relato de la posible ex novia prostituida, pero ahora que lo dice el apelativo le viene bien al narrador de la novela, incapaz de resistirse a la tentación de husmear en la vida de la mujer que murió a su lado.

Josepepe: No lo recordaba y me fui de cabeza a leerlo. Y sí que viene a cuento. La cabezonería de algunos hombres por poner a prueba la virtud de la mujer parece tener mucho de obsesión por conocer a los eventuales connovios.

Clonclón: No deja usted de sorprenderme: es verdad que hay un cierto aire de familia entre el marido receloso de Cervantes y el ex novio de Javier Marías. Se me ocurre a mí ahora que Julián Marías, el padre del novelista, ofreció una explicación de El curioso impertinente que a mí es la que más me convence: al introducir una ficción por completo ajena a El Quijote, una ficción del todo impertinente, Cervantes consigue el milagro de que tomemos por realidad a los no menos ficticios Don Quijote y Sancho.

Josepepe : Si, como afirma Javier Marías, por el hecho de existir y de ser leída y releída una novela existe, así ha quedado Mañana en la batalla piensa en mí existiendo aun después de cerrada. Así es como, habiendo aceptado saber de sus protagonistas, ahora ya los recordamos y los recordaremos todavía no sé por cuánto tiempo más. Tras un paréntesis muy cómico (que el diálogo final entre los casi connovios sea tenso y desagradable aumenta retrospectivamente la ligereza y comicidad de la situación anterior, en el hipódromo, con las chicas ensombreradas y el Almirante Almira, de predestinado nombre), la novela se cierra con otra muerte, ridícula e improbable como la muerte que la abre, y nos quedamos con una muerte de entrada y otra de salida, en circunstancias que, como casi todo el mundo hoy, no sabemos muy bien qué hacer con los muertos. Y a lo que iba al inicio, tal vez la novela ilustra (lo hace al menos para mí) de qué embarazosa manera la gente se convierte hoy por hoy en padre y madre. La posibilidad de que el niño Eugenio acabe siendo el hijo del protagonista está insinuada desde el inicio de la novela y sugerida abiertamente al final de ésta: “Y ese niño podría venir con nosotros”. Yo he releído el libro buscando esa confirmación pero he encontrado mucho más, gracias a haber podido comentarlo aquí con Circe y usted.

Clonclón: Todos los lectores conocen la pena que produce terminar ciertos libros. Lo que no es tan frecuente es lo que ahora me ocurre a mí: me da pena que haya terminado usted el libro. Me gustaban estos intercambios diarios, y los echaré de menos. No creo haberle sacado jamás tanto partido a una novela como el que le he sacado a Mañana en la batalla piensa en mí y se lo debo enteramente a usted y a Circe. Como regalo final, no está nada mal la frase que rescata ("Y ese niño podría venir con nosotros"), que me hace ver -¡al fin!- que tenía usted razón al señalar como decisivo el tema de la paternidad. Es usted un magnífico lector, Josepepe. Muchas gracias por compartir su lectura conmigo.

Posté par Josepepe à 18:18 - - Commentaires [2] - Permalien [#]
Tags : ,

samedi 23 juin 2007

The Translator

Javier Marías, que conoce el oficio, ha puesto en sus novelas un par de situaciones protagonizadas por resueltos intérpretes. Catherine Tate también es resuelta como intérprete pero compone en The Translator un número más bien escolar, chistoso gracias a las risas en conserva.



Posté par Josepepe à 04:04 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,

lundi 22 janvier 2007

Baile y susto

Tu rostro mañana 2, Baile y sueño, Javier Marías, Alfaguara, 2004

842043079x

Lo principal de los hechos relatados en Baile y sueño ocurre en una discoteca londinense, adonde han concurrido el protagonista, Jaime Deza, su jefe, Bertram Tupra, y un cliente italiano, Arturo Manoia, y la mujer de este último, Flavia. En ese lugar se encuentran con un diplomático español (que no es propiamente un español diplomático), Rafita De la Garza, al que Deza y Tupra conocieron algún tiempo antes en la casa de un profesor de Oxford. Es este profesor, Peter Wheeler, quien induce a Deza, en el primer tomo de Tu rostro mañana, Fiebre y lanza, a trabajar para Tupra. En la pista de baile, De la Garza se propasa con Flavia Manoia y Tupra, siguiendo tal vez órdenes, o aceptando una sugerencia, o accediendo a un ruego de Manoia, un potentadillo romano, acaba sacudiendo y ahogando casi a De la Garza en el retrete para minusválidos del antro londinense, para darle un susto y así « neutralizarlo ».

No sólo en la discoteca aquélla hay baile en Baile y sueño. También en dos pisos separados por una plaza londinense bailan de noche dos parejas desparejas, un bailarín impenitente (ya bailaba en Fiebre y lanza), doblemente acompañado, y un bailarín solitario.

Los hechos no son muchos, pero las consideraciones en torno a ellos son múltiples. Como los calificativos que se gana De la Garza, en tres lenguas : capullo mayúsculo, peste de gañán perfumado, patán mundano, chafarrinón, plasta, inaguantable, títere, vergonzante, saco, zafio, mastuerzo, afrentoso al ojo, idiota, mamón (cunt), tarado (moron), mammalucco totale. A juzgar por los hechos, el diplomático no desmerece.

Las consideraciones pueden ser múltiples pero nunca son gratuitas. La violencia que presencia, atónito, lleva a Deza a engarzar con dos relatos que le transmitió su padre de cuando la Guerra de España. « Quizá no se debería contar nunca nada. Quiero decir nada malo », conjetura el padre entre una y otra muestra de violencia nauseabunda por cada bando, de las que da cuenta. No es que no tuviera bando éste, ni que se hubiese cambiado de bando, fue republicano. La tortura que un grupo de falangistas infligió a un estudiante andaluz, en Ronda, resulta ser el momento más estremecedor del relato. El tiempo es la única dimensión en que pueden hablarse los vivos y los muertos, la única que tienen en común, cita Marías a Juan Benet. Y, continúa Deza, cabría preguntarse cómo hablarían entre sí los muertos de muerte violenta con los muertos que los hubieran matado. Tal vez dirán : « Déjalo convertirse en nada, y que lo que fue no haya sido ».

Ojalá nadie nunca nos pidiera nada, reza la primera frase de Baile y sueño. Porque sí se pide en él. Pide una mendiga rumana, para su hijo pequeño, a la ex mujer de Deza, Luisa, en una calle de Madrid. Pide también la joven Pérez Nuix, colega de Deza, y para hacerlo tiene que allegarse hasta el piso de éste. No sabremos cabalmente de esa petición hasta leer de Tu rostro mañana su tercera parte, que aún no estará escrita y ya esperamos.

Posté par Josepepe à 16:15 - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,

dimanche 30 juillet 2006

Dinamita con dinamita

Durante este Mundial 2006 me divertí sobremanera (y distraje la tonta espera de los medios tiempos) escribiendo una bitácora, Pelotudísimo. El Mundial se acabó demasiado pronto para mi gusto. Y de qué impensada manera. Con un sonoro cabezazo de Zinedine Zidane sobre el esternón de un provocador de nombre Materazzi. Como es sabido, Zidane jugaba, por designio propio y de su propio sueño, sus últimos minutos sobre un terreno de fútbol.

Me propuse entonces cerrar Pelotudísimo escribiendo un comentario sobre ese gesto, su alcance, su semántica. Comenzaron a sucederse, sin embargo, unos textos interpretativos, algunos algo pasados de rosca para mi gusto. Y en la medida en que los leía iba perdiendo la gana de reaccionar.

Para unos, Zidane no es más que otra construcción de la mitología mediática, que crea Supermanes de supermercado y los pone a cabecear adversarios.

Para otros, Zidane sigue siendo un salvaje que sólo ha accedido a comportarse de civilizada manera para cumplir con las expectativas del propio sistema mediático (y de su suegra), y enriquecerse de paso, pero que en el postrer minuto no ha podido evitar volver a ser el de siempre, un genuino bárbaro de las montañas, un carnero metamorfoseado en humano que baja la cabeza y no duda en atacar. "Lo que conmueve en Zidane es su brutalidad", escribe Francis Marmande.

"El gesto de Zidane representa la intrusión de la pesada realidad en el juego", dice el escritor haitiano Dany Laferrière. Eduardo Galeano afirma, por su parte, que "esa loca embestida" fue, "aunque Zidane no lo quisiera ni lo supiera, un rugido de impotencia" contra los males del mundo y de la mundialización. O bien, según Philippe Corcuff, Zidane encarnaría la imagen de héroe contemporáneo que no esconde su fragilidad, como Marcos en el Chiapas o por el estilo, héroes "que llevan consigo unos abismos de rabia, de duda y de vergüenza que deben taponear cueste lo que cueste".

Javier Marías, con más tiento, lee el episodio desde el único terreno posible a posteriori, el de la ficción. El héroe cansado que conduce a los suyos a las puertas de la victoria hubiese escrito, de lograrla, un guión para un cuento de Disney, para un filme ramplón y adolescente. Con su gesto, Zidane dota a esta historia de una ambigüedad adulta y nos deja "un relato hondo, extraño, quebrado, rugoso, y no una historieta tan previsible" proyectándola al terreno de la obra de arte.

Otros medios, más apegados a los hechos, encargaron a unos analistas tradicionales (detectives privados y lectores de labios), unos informes sobre la cuestión. Por el lado de la televisión brasilera, estos analistas apuntaron como causa de la agresión el insulto barriobajero : "Tu madre es una puta jubilada pero tu hermana ejerce". El informe de la prensa inglesa se inclinó, por su parte, por el silogismo geopolítico : "Eres musulmán y todos los musulmanes son terroristas".

Tal vez, como afirma Las Mil y una noches, la verdad no esté en un único sueño (por más que el soñador se llame Zinedine) sino en varios. No en un insulto, sino en una combinación de insultos. Así, bien pudo ser que rebalsase la tolerancia de Zidane esta insolencia :

"Tu madre es una puta terrorista".

Ahí el provocador fue demasiado lejos. Ahí mezcló dinamita con dinamita. Y la bomba no le estalló entre las manos, sino en el pecho.

9509838

 

Posté par Josepepe à 22:53 - - Commentaires [1] - Permalien [#]
Tags :

dimanche 31 juillet 2005

Pantalón

Pantalón -Pantalone- era un comerciante jubilado, rácano, rezongón, libidinoso. Perfecto comediante -personaje de la commedia dell’arte, veneciano, como su valet Arlequín, como Bufón-, Pantalón entró en nuestras vidas por los pies, habiendo dado su nombre a la prenda que abriga piernas y cubre rabos y a las farsas burlescas y algo salaces que protagonizaba, las famosas pantalonadas. Mi tío Pepe me explica todo esto y cuando le pregunto a pito de qué, me enseña el modelo de pantalones que gasta un grupo de rapaces que han ido pasando. Todos ellos llevan los pantalones por debajo del culo. Y el “tiro”, la unión de las perneras, a la altura de las rodillas. Como es de esperar, los mozos se desplazan con cierta dificultad. No sé qué ocurriría si tuviesen que echar a correr.

Le comento que este afán ahora unánime de los adolescentes por enseñar el coxis ya le costó el puesto a un funcionario que inició en Chile una campaña publicitaria llamada “La raya”. No recuerdo si su propósito era prevenir contra el sida o contrarrestar el consumo de drogas. O ambos. Mi tío me dice que antes se podía adivinar la nacionalidad de las personas en cualquier aeropuerto del mundo según el modelo de sus pantalones. Cree recordar haber leído algo semejante en una novela de Javier Marías. Los pantalones le sientan bien a Marías como digresión novelesca, casi todo le sienta bien a Marías por lo demás, podría permitirse incluso llevarlos a los títulos de sus magníficas novelas: “Pantalón tan blanco”. “Negro pantalón del tiempo”. “Mañana en la batalla piensa en mi pantalón”. “Tu pantalón mañana”. Pero ahora, con esto de la mundialización, continúa mi tío, los pantalones tiroleses son cortados en Turquía y cosidos en China, y ya no resulta nada fácil adivinar, hay que observar otros detalles.

Nótese que mi tío Pepe sólo observa detalles. Observar es más prudente que mirar, más imparcial. Los europeos no miran el culo de las personas. Por no mirar, tampoco miran a las personas. Tiene razón mi tío Pepón, la relación pantalón-nacionalidad puede llevarnos lejos en el tiempo y en el espacio. El ministro Puccio ha contado alguna vez su dificultad para encontrar pantalones de su talla en Alemania. Cara de alemán tiene, pero cuerpo de chileno. En Arabia, me alerta mi tío, puedes llevar faldón pero nunca pantalones subidos. No se enseñan allí las rodillas impunemente.

Pasa otro grupo de personas. Las mujeres van vestidas justamente a la usanza árabe, veladas y cubiertas, pero sus hijos a la usanza tejana, con pantalones abultados y cortados a media pantorrilla. Se llaman éstos boggy trousers, informa mi tío Pepe, un experto, lo que viene significando pantalones pantanosos, cenagosos, palustres. Pantalones para ir a pescar cangrejos, vamos. Es verdad que con tanto pringue que hay por las calles, es mejor llevarlos recogidos para que no se arruinen. No hay otra prendra que sufra tanto con la moda, concluye. Hoy deben ser anchos y cortos, mañana angostos y largos. Y todavía quiere hablarme de los pantalones bombachos, de los pantalones de jinete y de los pantalones de señora, pero le digo que ya está bien, que cambiemos de tema. Insiste con que hubo un tiempo, su tiempo, en que los pantalones fueron símbolo de virilidad. Ahora se ha celebrado en mi pueblo una boda entre una lesbiana y un lesbiano. Cero problema en cuanto a la pareja, me advierte. ¡Pero había que ver el modelo de los pantalones!

La Nación, Santiago de Chile, 25 de julio de 2005

Posté par Josepepe à 00:50 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,