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Camino de Santiago
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23 février 2023

El náufrago entrañable

ROBINSON CRUSOE NAUFRAGÓ frente a las costas de un pequeña isla deshabitada y desprovista y sin embargo sobrevivió al naufragio, vivió una vida digna de ser vivida y finalmente regresó a su patria.

Yanko Goorall naufragó frente a las costas de una gran isla habitada y bien provista, al punto de que considerada el centro del mundo civilizado en ese entonces, y sin embargo no sobrevivió. O su sobrevivencia no alcanzó para vivir una vida digna de ser vivida ni para volver a ver su patria. 

La historia de Yanko y su mujer, Amy Foster, es lo que cuenta este breve y extraordinario relato de Joseph Conrad. ¿Qué hace un joven campesino de los Cárpatos orientales —allí donde un confín de Polonia toca con Eslovaquia, Rumania y Ucrania— en un pueblo costero del condado de Kent, en el sur de Inglaterra a fines del XIX. Y cómo reaccionan los nativos ante su desconcertante presencia?

En unas breves páginas, Amy Foster dice más sobre la alteridad que un sesudo tratado y aporta más luces que un manual de historia sobre la manera cómo los campesinos europeos fueron expoliados por los vendedores de El Dorado.

No digo más sobre la historia porque ésta es una invitación a leerla. Leer a Conrad es querer pasar página rápidamente para enterarse de lo que viene y al mismo tiempo demorar la lectura para paladear lo que se lee. Sí se puede decir que éste es probablemente el más autobiográfico de sus relatos, a pesar de que el polaco se esforzó porque no lo pareciera.

Y agrego desde ya a Yanko —a Juanito— a mi lista de náufragos entrañables, que encabeza por cierto Crusoe y en la que se hacen sitio a brazadas la abuela del papa Francisco, un escolapio enamorado y tantos más.

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CÓMO SONABA EL PADRE NUESTRO que rezaba Yanko en los oídos congestionados de Amy:

Ojcze nasz, któryś jest w niebie
święć się imię Twoje
przyjdź królestwo Twoje
bądź wola Twoja, jako w niebie tak i na ziemi
Chleba naszego powszedniego daj nam dzisiaj
i odpuść nam nasze winy, jako i my odpuszczamy naszym winowajcom
I nie wódź nas na pokuszenie
ale nas zbaw ode złego
Amen.

________________

LA IMAGEN DE la portada se llama «Le Père Magloire sur la route entre Saint-Clair et Etretat» y la pintó Caillebotte en la costa normanda, del otro lado del Canal, por los años en que Conrad sitúa la historia de Amy y Yanko, y la figura del primer plano evoca la presencia en el relato del doctor Kennedy, quien cuenta la historia. Otro gran narrador, Caillebotte.

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21 septembre 2010

La pelota

Diario de Turquía

Hoy es 21 de septiembre. Es curioso que el otoño escoja un día tan veraniego para comenzar. Leo Half of a Yellow Sun, una novela de la nigeriana Chimananda Adichie. Como se sabe, sólo leo libros escritos por mujeres que tienen nombre de flor. Cuando supo de ese detalle, la Calia dijo que aún quedaba una esperanza para ella. Y queda, equívocos como ése fundan un libro.

Tiempo atrás escuché hablar a Chimananda y me cautivó su expresión. Pero en cuanto abrí la novela me dio apuro, a ver si me quiere contar los Cien años de soledad centroafricanos. Avanzo, sin embargo, en su lectura, incluso si los personos son hasta ahora demasiado superguay para mi gusto.

Así, hasta que Ugwu, el niño mucamo, se niega a botar unas flores de plástico que adornan el jarrón del salón. Su ama se dice: It came with never having had much, the inability to let go of things, ever things that were useless. Por mi parte, abomino de las flores de plástico, pero no las boto. Como dice mi tío, asco le tengo al poto pero no lo boto.

Todo lo que recuerda la historia del Tito, su mujer y su hijo pequeño en una aldea no de Nigeria sino de Costa de Marfil. No sabiendo qué hacer con los pañales usados del pequeño, se alejaron cuanto pudieron por el campo y los depositaron al pie de un árbol, en la creencia de que la naturaleza haría su trabajo. En cuanto volvieron a la aldea vieron que los niños estaban felices jugando a la pelota. Con los pañales.

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2 avril 2010

Extremos de Santiago

Diario de Chile (5)

Es viernes santo, en casa se toma bacalao y la prensa sirve para envolverlo. Es el momento de poner aquí estos extremos de Santiago. Ayer fue primero de abril, día en que la prensa internacional da por buena la publicación de extremos, los famosos April fools.

Aquí van entonces estos extremos de Santiago, oídos, vistos, leídos, imaginados en la capital del nuevo extremo.

1 La última guerra del siglo XIX tendrá lugar en el siglo XXI.
2 La tercera guerra mundial tendrá lugar en Sudamérica (Chávez, etc).
3 El terremoto fue un ensayo para poner a prueba los sistemas de comunicación de la plaza.
4 Los militares entraron en Concepción para imponer el estado de excepción entonando himnos pinochetistas.
5 Tras el terremoto, el cielo se ha llenado de ovnis.
6 Las explosiones ocurridas en los minutos que siguieron al 8.8 no fueron provocadas por los conductores eléctricos sino por la Pachamama o la población extraterrestre de las inmediaciones, la que está tan conmovida como la terrestre.

7 Los extremos de Santiago andan muy subidos por la escala de Richter.

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15 février 2010

La pasta al pepe

Diario de Roma

Ahora estoy en Zaventem, a la espera de subir al avión que nos llevará a Fiumicino si consigue despegar del suelo nevado. He dormido pocas horas, la cabeza trabaja al ralentí, apenas un puñado de palabras se mueven a paso de lobo. Al contrario del ritmo de la noche, cuando van y vienen, y aletean.

Alitalia es una compañía en liquidación por cierre de temporada, a juzgar por las caras de los sobrecargos. Los pasajeros componemos una comunidad de destino que se disuelve en cuanto el avión toca el suelo mojado. Podría habernos unido la calamidad, pero nos separa la normalidad. Unos vienen y otros vuelven, unos compran y otros venden. Con algunos, la comunidad de destino se adelanta o se prolonga por unos cuantos metros. Con Bertram Tupra, por ejemplo, como tendría que llamarse ese señor dado su parecido con el personaje de Tu rostro mañana. Íbamos juntos en el mismo vagón entre Bruselas y Zaventem y ahora nos subimos al mismo vagón que nos lleva al centro de Roma, en el que Tupra echa una mano a las señoras con las maletas.

La entrada a Roma es el recuerdo de la primera vez. Los lugares están condenados a ser su primer recuerdo, sobre todo aquellos a los que volvemos, con lo que esa primera vez tuvo de decepción y de encantamiento. Con su puñado de palabras sobre los mármoles y los dorados, sobre las piedras venidas abajo y las basureros volcados. Un puñado de palabras, como las que comparten los comensales en las mesas de este restaurante, al que vengo porque en él estuve meses atrás con los míos y volver es mi manera de celebrarlos. Estoy cenando pasta al pepe (a la pimienta), cuando recibo desde B mi puñado de palabras. Del cielo raso cuelgan decenas de botellas de vino. Parece una instalación de artista plástico pero es sólo la decoración. Un puñado de palabras que brillan en la oscuridad, como la hélice que lanza al aire el bangladesí que vende juguetes multicolores en Santa Maria de Trastevere. Como la música del acordeonista. Como las risas que intercambian las chicas de la mesa vecina, contentas de estar sólo entre ellas y descontentas de sólo estarlo, mientras se emborrachan con agua mineral y unas cuantas calorías, y su contacto recíproco. Estoy en Roma, la vida está en otra parte.

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Cada cual va tecleando en su teclado particular el puñado de palabras de su ahora. Todos los servicios que hoy me han prestado, tren, avión, restorán, han consistido en mantenerse sentado. Al servicio del tranvía o del taxi he resistido, y camino bajo la ridícula lluvia romana Viale de Trastevere arriba. Este invierno el Tíber baja tumultuoso. Se avecinan elecciones regionales, se suceden los carteles, una cara, un eslogan, la horma de su zapato. El eslogan de la candidata berlusconiana es 'energía positiva'. Aun así, a pesar de la vacuidad del eslogan, ganará la próxima elección del mes de marzo. El eslogan de los opositores es aun más vacuo, si se puede: 'En poche parole, un'altra Italia'. La gente, me dice mi amiga, antiberlusconiana de la primera hora, no quiere otra Italia, quiere esta Italia del calcio y la tivú berlusconiana, con más puestos de trabajo y menos filas en los hospitales, de ser posible. Al común de los mortales les encanta Berlusco y los culebrones y los cómicos que se ríen de él en su propia tivú, y las rubias que le alegran su vida de viejo recauchutado. Hasta las madres de sus opositores han acabado conmovidas al verlo sufrir.

(Continuará, ma non troppo)

La banda sonora

15 août 2022

Los puentes y los túneles

Tiene 13 años y vive en una casa antigua en un viejo barrio. Antes de salir a la calle, se detiene frente al espejo del paragüero, se mira con seriedad y experimenta ese desdoblamiento que se produce cuando uno sostiene su propia mirada hasta que la imagen se separa del modelo.

En esa escena de Mundos habitados, el último libro de Roberto Merino, cabe al menos la mitad de la historia del arte: Borges hablando con su doble, Rembrandt registrando el paso del tiempo por su cara y todo el Bildungsroman. 

La introspección a la que se libra Merino se resume en esa imagen («quería entender qué mierda de cara era la mía») y al mismo tiempo no cabe completamente en ella. Porque no se trata de una confrontación con el vacío existencial sino más bien con la vasta profusión del mundo y sus lugares compartidos. Con las calles, con los demás, con todo lo que suena o enmudece y se mueve o está quieto: con las letras de las canciones de la radio, sin ir más lejos.

«Los niños escuchan las letras de las canciones como en un trance permanente, escribe Merino. No se las cuestionan, son receptores transparentes de cualquier cosa que se diga mediante las canciones». Las canciones que resuenan en este libro son un retrato de una época y sobre todo una caja de resonancia a la que hay que entrar para entender cómo conecta uno con el mundo, como funciona la circulación en los puentes y los túneles que abrimos con la realidad. 

Más que convertirse en personaje, Merino se apersona en Mundos habitados para sostener en su propia experiencia su indagación sobre la relación entre la intimidad y la realidad. El niño de la casa se convierte en el joven de las calles que, años más tarde, escribirá este libro. Cuya gracia, por cierto, también está en otra parte y en la manera cómo esa gracia se materializa en esa combinación de lengua culta y habla callejera, un arte en el que probablemente Merino es insuperable.

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24 janvier 2022

El miedo a la segunda amarilla

Parece increíble hoy pero hasta no hace tanto cambiar jugadores durante el partido no estaba permitido. Los partidos acababan, salvo expulsiones y abandonos por lesión, con los mismos 22 que comenzaban. En la Liga ahora pueden hacerse creo que hasta seis cambios y los entrenadores no se privan, tanto así que a menudo el equipo que acaba es irreconocible en relación al que había comenzado.

Así en tres partidos de la Liga de este fin de semana que transcurrieron de la misma manera y casi con el mismo resultado: el primer tiempo ganado ampliamente por unos, el segundo por los rivales. Dos de ellos, el Sevilla-Celta y el Real Madrid-Elche acabaron en sendos empates y el tercero, el Atlético-Valencia, con la victoria in extremis de los locales. 

El Celta fue muy superior al Sevilla en la primera parte y luego la cosa fue al revés. Lo mismo el Valencia con relación al Atlético. Los cambios —las rotaciones las llaman— no explican todo pero casi. Algunos entrenadores aciertan, otros fallan. Estos últimos suelen culpar al empedrado y pocos son los que admiten los errores.

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De esto resulta también que en el partido siguiente suelen comenzar aquellos que jugaron bien en la segunda parte del partido anterior, más aun si marcaron. Y en las segundas partes, a vueltas con los remplazos, instaurándose así el estatus del jugador de medios tiempos.

Una razón más o menos implícita para proceder a un remplazo es quitar a un jugador que recibe una tarjeta amarilla para evitar quedarse con un hombre menos por una eventual expulsión, el miedo a la segunda amarilla. Fue el caso del remplazo de Denis en el Celta. El cambio desdibujó completamente a su equipo que dejó de jugar con la pelota y pasó a intentar deshacerse de ella cuanto antes. El caso del Valencia, por las mismas: acabó tan contrahecho que dejó que el rival se le subiera a la chepa.

En el caso del cuarto y último de los cuatro partidos que vi en esta fecha, el Alavés-Barcelona, la importancia de los cambios fue menor porque el juego era ya tan malo que los remplazantes no consiguieron empeorarlo. Tan malo era todo que al final marcó el que hasta entonces me había parecido el peor jugador en el campo.

13 mars 2021

Camino del cineclub

La India según Naipaul

Corre 1965 y Dipanjan estudia ciencias y escribe poesía en Calcuta. Una tarde va camino del cineclub a juntarse con los amigos cuando se cruza en la calle con un pobre hombre moribundo. Consigue un teléfono, llama a una ambulancia y se siente obligado a acompañarlo al hospital. En el hospital les dicen que no pueden ingresarlo simplemente porque no hay sitio. Que vayan a otro hospital. Como sufre de hidrocele testis, el moribundo lleva los testículos en las manos.

Por el camino el conductor le pregunta a Dipanjan si tiene algo que ver con el menesteroso. Pregunta retórica porque Dipanjan es a todas luces un muchacho de buena familia. «En el próximo hospital nos van a decir lo mismo que en el anterior y al final vamos a tener que abandonarlo en la calle», le advierte el conductor. Pero viendo la cara de desamparo de Dipanjan, agrega: «Bueno, podemos probar suerte en un sitio que acaba de abrirse y donde tal vez lo recojan». Así es como llegan al primer dispensario abierto por Madre Teresa, donde dejan al pordiosero en una especie de corredor. 

«Esto no quiere decir que yo valore la obra de las Misioneras de los pobres», le advierte Dipanjan a Naipaul, a quien le cuenta su historia dos décadas después. «Estoy diciendo simplemente que es el único sitio que acepta a un pobre moribundo en Calcuta». Finalmente Dipanjan se pierde la sesión de cineclub y se va al campo a hacer de maoísta e intentar convencer a los campesinos del delta de Bengala de que tienen que acabar con los terratenientes.

El relato sigue pero se congela en la imagen del mendigo arrastrando los pies con los testículos en las manos por aquel corredor y no sé si puede haber una figura más triste.

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Foto de Eric Parker

1 mai 2021

Al hijo del brahmán le irá bien en la vida

La India según Naipaul, y 4

Los brahmanes son la casta superior en el hinduismo. Los sacerdotes, los depositarios del saber ancestral asociado a la religión. La coexistencia inestable entre la tradición y la modernidad en la India contemporánea ha hecho con que muchos brahmanes hayan perdido sus privilegios y no siempre hayan sabido transformar su capital cultural en capital en metálico y vivan pobres de solemnidad en las ciudades superpobladas o en las aldeas confinadas de la India profunda. Otros no, claro. Entre los científicos e informáticos indios que descollan en el mundo moderno se cuentan muchos hijos de brahmanes.

Kakusthan es un brahmán del sureste de la India. Durante siglos sus antepasados oficiaron como sacerdotes en un templo rural. Hacia 1940 el padre de Kakusthan emigró a Madrás, la capital del estado Tamil Nadu, estudió inglés y aprendió un oficio que le permitió subsistir sin abandonar sus hábitos brahmánicos. La familia vivía en una colonia de brahmanes pobres junto a un templo. Los brahmanes tienen unos cuantos privilegios y también una cantidad de deberes que se pueden resumir en la exigencia de pureza: vegetarianos estrictos, no comen nada de origen animal, ni ajo ni cebolla y sólo comen con su propia vajilla lo que cocinan en sus casas después de ofrecérselo a su Dios. No beben alcohol ni café y en cuanto al agua ésta debe ser de pozo. En general los brahmanes deben mantenerse alejados de las fuentes de contaminación, lo que incluye el comercio con los intocables o impuros. Tradicionalmente un brahmán sólo defecaba al aire libre y nunca en el mismo sitio. Con el paso del tiempo y las exigencias de la vida urbana han tenido que adaptar sus estrictas costumbres pero se esfuerzan por mantener en alto el espíritu que los anima. Por eso suelen vivir en colonias junto a los templos, donde haya un pozo limpio y puedan cumplir con sus exigencias rituales.

Así creció Kakusthan. Paralelamente, en los años que siguieron a la independencia de la India, y sobre todo en el sur, surgió un movimiento antibrahmánico fuerte que consiguió debilitar aun más el poder tradicional de los brahmanes. Como suele darse, quienes más sufrieron el acoso del antibrahmanismo creciente fueron los brahmanes pobres. Así fue como cuando niño Kakusthan sufrió acoso escolar y más tarde vio su acceso al mercado laboral bloqueado por llevar las marcas en la frente, la coleta y el faldón ritual de los brahmanes. Kakusthan quería por cierto cortarse el pelo, ponerse un par de pantalones y transformarse en un joven moderno, pero su padre le recordaba sus deberes de brahmán y la fidelidad debida a sus tradiciones. Hay jóvenes brahmanes que consiguen conciliar vida secular y mandato religioso, le decía.

Pero un día Kakusthan no aguantó más y huyó a la casa de su hermana en un ciudad cercana. Allí no le fue mejor porque era una ciudad con población mayoritamiente musulmana y su aspecto de brahmán también era un obstáculo para conseguir un trabajo. Volvió a su casa sólo para tomar fuerzas y dar el gran salto hacia la capital. En cuanto llegó a Delhi se cortó el pelo —el peluquero se resistía y tuvo que convencerlo—, se compró unos pantalones, retomó los estudios, encontró un trabajo.

Andando los años, un día su padre recorrió los más de dos mil kilómetros que separan Madrás y Delhi y llegó a visitarlo. Estaba contento de verlo prosperar, aunque su alegría hubiese sido completa si Kakusthan hubiese conservado sus atributos brahmánicos. En guisa de reconciliación, Kakusthan le pidió que le enseñase los cuatro mil versos védicos en lengua tamil que su padre era capaz de recitar. Comenzamos ahora mismo, respondió su padre, pero en cuanto su viejo volvió a Madrás le llegó su hora. 

Kakusthan decidió entonces volver a su ciudad y recomenzar su vida en medio de la colonia de brahmanes pobres. A pesar de que tiene un buen trabajo como economista, prefiere continuar viviendo en la estrechez relativa de la colonia, en la que ocupa una posición de pater familias, el lugar que dejó vacante su padre. Allí lo encuentra Naipaul y lo entrevista en varias sesiones. El día anterior a la despedida, Kakusthan le pide que hable con su hijo adolescente y le diga que redoble sus esfuerzos con los estudios. Le gusta mucho salir y le dedica demasiado tiempo al cricket —deporte nacional en la India—, le explica Kakusthan y estoy convencido de que sus palabras lo convencerán de lo importante que es para su futuro que estudie ahora.

Cuando el muchacho trae el té y Kakusthan se eclipsa, Naipaul le pregunta si le gusta el cricket. La seriedad y el entusiasmo con que el hijo del brahmán le explica su interés por el juego convence a Naipaul de la inutilidad de soltarle cualquier sermón. Al hijo del brahmán le irá bien en la vida, concluye, a manera de despedida.

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Foto de Leklektik

30 avril 2021

La duda de Papu

La India según Naipaul, 3

Cuando uno viaja para escribir un libro como éste, no sabe qué busca antes de encontrarlo, dice Naipaul. Lo cierto es que allí donde va, Naipaul se entrevista largo y tendido con unos personajes que le ayudan a entender la India contemporánea. Además del placer de conocer gente interesante, seguirle el hilo a Naipaul permite pensar en asuntos que tomados en abstracto son un poco secos pero encarnados en personas singulares se entibian en seguida. 

Escribo estas líneas unas semanas después de haber cerrado el libro e intento no volver a abrirlo mucho porque más que unas referencias precisas prefiero compartir el poso que el libro deja, la imagen de la India con la que me quedo. Y me quedo con la historia de Kakusthan, un brahmán del sur de la India que se cortó la coleta brahmánica el día que emigró a la capital y la volvió a dejar crecer cuando volvió al redil, historia que sí vuelvo a leer a menudo, tratando de saber por qué la leo tanto.

Me quedo también con la duda de Papu, un analista financiero jainista de Bombay.

Papu tiene 30 años y lleva un lustro ganando un buen dinero, por lo que prevé que en una década tendrá lo suficiente como para jubilarse y dedicarse a la filantropía. Se pregunta, eso sí, si no será más eficaz en relación con su objetivo filantrópico continuar trabajando y ganando dinero para poder invertirlo en hospitales y escuelas. 

El jainismo es una antigua rama del hinduismo, anterior al budismo. Los jainistas llevan su interés por todos los seres vivos al punto de usar mascarillas para no respirar insectos y matarlos por la vía respiratoria. Estas consideraciones ne les impiden a muchos de ellos ser unos ases de las finanzas.

La duda de Papu —llamésmola la duda de Bill Gates— la zanjó el filósofo australiano Peter Singer con su doctrina utilitarista. Gana dinero e inviértelo en solidaridad. Fórmula que no estará libre de contradicciones pero ya me dirán qué está libre de contradicciones en este bajo mundo.

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Suparshvanath, séptimo maestro del jainismo, sXIV

21 septembre 2019

Olor a pobre

He llevado el vicio por el cine coreano al extremo de ir al cine a ver Parásitos.

En Corea, dónde si no, una familia de pobres consigue incrustarse en una casa de ricos en calidad de sirvientes, cómo si no, y adueñarse ilusoriamente durante un sarao de la posición de los patrones. Un sarao que terminará mal. Como en «Las sirvientas» de Genet, en más a lo bestia. Es verdad que historias de pobres parasitando el lugar de los ricos hay muchas, de La Cenicienta adelante... En este caso, la picaresca del pobre buscándose la vida se convierte pronto en una espiral mimética con final paroxístico. Porque Parásitos comienza como comedia y acaba en tragedia a punta de golpes de efecto y de utilización a destajo del suspense para dar paso a la catarsis final.

El hijo pobre convertido en profesor de la hija rica gracias a una superchería le toma el pulso cuando ésta pierde pie en un examen y le dice que ha fallado una respuesta porque ha dejado escapar el ritmo. Solo se aprueba en la vida gracias a un ritmo sostenido. Así también con la película y su guión supervitaminado. La exigencia de mantener al espectador con el aliento cortado la cumple tan ampliamente que la cumple un poco demasiado.

Tanto como el favoritismo de Bong Joon Ho por los pobres es acusado. La capacidad de adaptación de éstos es más darwiniana que la del camaleón —son más listos que el hambre— y sus defectos los hacen ser entrañables. Visto así, no se entiende por qué son tan pobres. Los ricos en cambio son lelos y neuróticos, por lo que caen redondos en las trampas que les tienden los pobres. Será porque se enamoriscan de ellos igual como hacemos los espectadores. Hay un único problema que llevará la historia por mal camino: el viejo pobre apesta. Apesta a pobre.

Es la primera Palma de oro coreana. Vendrán otras.

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26 août 2019

Una rusa kirsch

Iba a ver otra película coreana y finalmente vi una rusa. Una rusa rosa, o kirsch.

14 años, de Andrey Zaitsev, cuenta la historia del primer amor entre dos adolescentes de dos barrios diferentes de Moscú, y es como un cuento infantil con un esquema narrativo de base: estos son los que se oponen al amor y estos los que lo promueven y aquí van los protagonistas a consumarlo, como en un clip musical bien hecho.

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Tras verla creo saber dos cosas sobre el alma eslava. Una es cómo beben los muy sedientos, y no sólo kirsch, pero eso ya lo sabía, y la otra es qué cara de pena ponen cuando van a por lo que quieren, cuando se acercan a la alegría y al placer, qué cara de pena ponen.

Se puede ver aquí, enteramente en ruso, el idioma en que la ven los valientes.

28 septembre 2019

Provenzal e imprevisible

El Diario de Raúl Ruiz cubre desde 1993 a 2011, el año de su muerte.

He visto unos cuantos filmes de Ruiz pero estoy lejos de haberlos visto todos (probablemente suman más de 100 y menos de 200) y hasta ahora no había tenido el impulso de buscar las películas que iba filmando Ruiz mientras escribía su diario. Hasta ayer, en que me di una vuelta por la mediateca del pueblo, a ver si encontraba alguna. Y curiosamente encontré la que filmaba por los días que voy leyendo ahora en su Diario, los del año 2000.

Se trata de Las Almas fuertes, basada en una novela de Jean Giono. Uno ve moverse a la Casta Laetitia y a su gente por la Provenza del XIX como si bailaran un baile conocido y al mismo tiempo imprevisible. Cuenta Ruiz que la Casta se las vio negras para asumir su papel, que la producción le quería imponer un coach que ella rechazaba y tal y cual. Y sin embargo el resultado es que todo fluye y nada chirría. Pura magia del montaje y de la maestría.

En una palabra como en dos, una preciosidad.

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PS/ Leo en las páginas siguientes que Ruiz lo pasó mal defendiendo su montaje frente a los productores. Estos estaban en desacuerdo con su versión y presentaron un montaje alternativo al festival de Cannes, que felizmente lo rechazó. Si entiendo bien. A no ser que el montaje que he visto, el que está en el DVD, sea el de los productores, y mis elogios arriba sean para ellos. No lo creo, pero no lo sé.

PS 2 / Sobre el acento provenzal de los protagonistas dice Ruiz con guasa: Se demora uno una hora y media en acostumbrarse, el tiempo que dura la película.

11 août 2019

Tralalá bretón

Comienzo a leer a Pierre Loti por la que fue su novela mas leída, «Pescador de Islandia» [1].

Islandia, de la que asoma sólo la forma entrevista desde un barco de pescadores bretones que iban año tras año a pescar el bacalao y la merluza al mar islandés, por lo que en sus pueblos del finisterre francés los llamaban «islandeses». De regreso de la campaña de pesca, que duraba la primavera y el verano, bajaban en otoño a Gascoña a vender el pescado y a comprar la sal para la campaña siguente. Y pasaban el invierno en sus pueblos, dedicados a la reproducción social. Tal vez todavía lo hagan, como dice la canción.

Al menos los que volvían. Se adivina que los protagonistas de la novela no vuelven.

Loti cuenta bien las cosas, sus formas y movimientos, el cuerpo a cuerpo de los marineros con la mar y las tempestades y los regresos a la engañosa firmeza de la tierra, la intensidad emocional con que viven estos vaivenes, indirectamente proporcional a la parquedad de su expresión. Y pone el acento o, mejor, enriela la trama por el carril de una historia sentimental.

Al mismo tiempo que me dejo atrapar por ese entramado emotivo me pregunto por qué me dejo atrapar. Al final, no sé por qué... Así es que voy y me leo en diagonal Fragmentos de un discurso amoroso, de Barthes, a ver si me entero. Y tampoco. Barthes dice muchas cosas de muy variada índole y entre otras que el discurso amoroso es hoy «d'une extrème solitude». No es lo que veo, pero tal vez el gascón quiere decir que la muerte de la novela decimonónica nos dejó huérfanos y desconsolados.

En fin. Como suele darse, un personaje que merece un par de líneas es la abuela. Un ser sobrio y alegre al que el tiempo y las desgracias van haciendo perder la cabeza hasta que un buen día se echa a cantar delante de la gente letrillas como ésta:

«Mon mari vient de partir / Pour la pêche d'Islande / Il m'a laissé sans le sous / Mais tralalà / J'en gagne !». (Mi marido se ha marchado a pescar a Islandia. Sin dinero me ha dejado pero, tralalá, ¡yo igual me lo gano!).

O sea que tralalá. A eso quería llegar.

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[1] Tiene miga que siendo Loti el novelista decimonónico de los viajes lejanos y los amores exóticos en su novela más conocida los protagonistas sean franceses. Aunque hay que admitir que los bretones son para los demás franceses exóticos, como los corsos. Otra cosa que tiene miga es lo rápido que gira la rueda de la fama y la fortuna. Ayer a Loti lo leía todo el mundo. Hoy no lo lee nadie. Mañana, quién sabe...

30 décembre 2018

Nombres de películas

Habiendo visto pocas me puedo permitir mencionar las tres mejores de este año 2018, Guerra fría, Roma y Un asunto de familia.

También vi y me parecieron buenas Girl y El Retrato.

De Roma, me quedo con la imagen del avión sobre el agua en el sumidero del zaguán de la casa de la colonia Roma en Ciudad de México. Sólo los niños y las nanas mirarán imágenes como ésa en la realidad pero mucha gente la estará mirando ahora en el mundo vía Roma. Me quedo con esa imagen pero ésta tampoco está mal.

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18 août 2019

Quemando

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El afiche muestra el clásico triángulo con jóvenes guapos. El primer plano para el muchacho pobre, hecho de buena madera pero ingenuo y testarudo. El intermedio para el pijo insoportable que se hace el interesante. El distante para la muchacha, tan alegre como triste, que va de uno al otro hasta que se hace humo. El filme, Burning, de Lee Chang-dong, despliega el triángulo y lo explora por varias aristas.

Todo esto en Seúl. No me acordaba de que Seúl estuviese a un paso de la frontera con Corea del Norte, desde donde se emite constantemente propaganda por altoparlantes. Con todo, la ciudad parece normalita, o tan normalita como puede serlo una gran ciudad contemporánea.

Luego te enteras de que al origen del entramado de Burning hay una nouvelle de Faulkner, Incendiar establos, reescrita por Murakami. O sea que el filme es muchas cosas —y por eso ha ganado premios— y también es una nota a pie de página a una nouvelle escrita en 1939.

También digo que los filmes se regrupan según el momento en que el jovencito se queda en pelotas. En este caso, al final.

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PS/ Una película dentro de la película, breve y bien llevada, el encuentro entre el muchacho y la muchacha, del coito inicial a la progresiva ausencia de ésta y las formas fantasmales de sus reapariciones. Un corto con esas imágenes, sin más contexto que el que las propias imágenes desprenden.

Ver la película en coreano sin subtítulos, volver a verla subtitulada y comparar.

7 décembre 2018

El estallido

El auge y las caídas en la estima de los franceses de los presidentes de su república son de vértigo. Emmanuel Macron ha sido excepcional en muchos aspectos pero no en ése. Francia parece por momentos estar al borde de una insurrección dirigida contra él o al menos de un soberano alboroto dirigido contra todos. Los franceses son buenos para estos estallidos, a los que siguen después largos años de inmóvil narcisismo.

Me entero de que el filósofo de cabecera de Macron sería Bernard Mandeville, un holandés del siglo XVIII que vivió en Inglaterra la mayor parte de su vida. Doy un vistazo a su biografía y unas cuantos detalles que espigo dan que pensar o al menos se prestan para comentarios. Como que se marchó justamente a Inglaterra porque su padre fue desterrado de Róterdam por su participación en unos alborotos relacionados con los impuestos.

Su libro Vicios privados, virtudes públicas (La Fábula de las abejas), supuestamente la Biblia de Macron, desarrolla la tesis de la utilidad social del egoísmo. Los vicios son elementos necesarios al bienestar social, viene a decir. Un libertino vive con vicio, pero su prodigalidad da trabajo a sastres, servidores, perfumistas, cocineros y mujeres de mala vida, quienes a su vez dan trabajo a panaderos, carpinteros y un largo etcétera, escribe Mandeville.

El reproche principal, que no el único, que los amarillos hacen a Macron es su condición altanera y su abierto favoritismo por los pudientes. Tal vez Mandeville y est pour quelque chose...

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18 novembre 2018

Padres e hijos

Diario de Murcia

En la finca cultivaban mandarinas. Ahora han tenido que arrancar los árboles porque las mandarinas con semillas se han vuelto invendibles. En su lugar han puesto un campo de fútbol para que jueguen los niños.

El médico le ha diagnosticado a su hijo autismo. «Mi sueño es que sea Asperger», dice.

En la entrada de la tienda hay un anciano. «¿Vende usted miel?», pregunto. «¿Huevos?», responde. «Que si tiene miel», repito. «Ya luego viene mi hijo», me dice. «Tiene 94 años y aquí le gusta estar todos los días», me cuenta su hijo.

Estaba en la catedral observando una escena pintada sobre un muro. Sin nombre, sin fecha, sin firma. Creo que es José que sueña que un ángel le advierte del peligro que acecha a su hijo. Es un José muy joven, sin embargo. Se diría que el pintor sólo tenía a mano un solo modelo porque José y el ángel parecen hermanos. Me distraen (me despiertan) unos gritos fuera y salgo a ver de qué se trata. Un centenar de chavales se manifiestan contra el acoso sexual. Advierten de que están en peligro. No sé si exageran. Tal vez quieren sobre todo desplegar una manera de ser y de estar juntos. Pero allí están. Se me vienen a la cabeza unos versos del «Roque santeiro» de Gilberto Gil: «Só quem não amar os filhos vai querer dinamitar os trilhos da estrada». Me acuerdo del sueño de José.

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Obdulio Miralles, «Niño con perro», 1894

11 novembre 2017

Quién la mandaba flores por primavera

Me enteré ayer de que la canción Un ramito de violetas se escucha cada 9 de noviembre. La escucho y compruebo que cuenta una historia ambigua, cosa poco común en la canción popular.

Ahora leo esto que le dedica El País y veo que la última línea dice que la canción es dulce y, a la vez, perversa. Ya te digo.

La flor está bien escogida, porque Violeta viene de Ío, una amante de Júpiter a la que, «para protegerla», el dios del rayo convirtió en una ternera que alimentaba con flores de violeta.

Por lo demás, en la versión de su autora, Cecilia, es una buena ilustración de laísmo, ese hábito entrañable de viejos castellanos.

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30 décembre 2017

Así se cuenta una historia

Mi abuelo era paralítico. Una vez le pidieron que contase una historia sobre su maestro. El se puso a contar cómo el santo Baal Schem acostumbraba a saltar y a bailar cuando rezaba. Al contar la historia, mi abuelo se puso de pie, la narración lo arrebató sobremanera y, sin darse cuenta, se puso a saltar y bailar como hacía su maestro. Así fue como se curó de la parálisis. Y así es como se cuenta una historia.

Martin Buber

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Marc Chagall, La lluvia, 1911

25 novembre 2017

La muchacha

Leyendo La Obra, de Zola. Llegué a ella, cómo no, por el morbo consabido: Zola y Cézanne eran amigos entrañables hasta que un mal día Zola publica esta Obra, donde pinta a Cézanne como un pintor fracasado. 

Llegué al libro por eso, como digo, pero lo leo como se lee una novela. Me salto el prólogo y las notas de pie de página, o sea. Y tengo que decir que el primer capítulo funciona. A la buhardilla de un pintor más o menos misántropo llega de la provincia una muchacha perdida. El pintor la acoge, seca su ropa empapada de lluvia, le cede su cama —a la que tiene el buen cuidado de poner sábanas limpias, y él mismo duerme en un incómodo diván.

No me acuerdo ahora de cómo llama el mester de juglaría el trance de dormir junto a un cuerpo deseado y ser capaz de retener el impulso de ir hacia él para no perturbarlo.

Pues eso hace nuestro pintor cabe la muchacha, la escucha dormir y se duerme. Y a la mañana siguiente, mientras la mira dormir aún, la dibuja con fruición y luego, cuando ella despierta, la ve alejarse, sin más.

La manera de narrar de Zola es propiamente naturalista y no obstante lo que cuenta parece el argumento de un sueño o de una de esas ensoñaciones de las que se valen los solitarios para dejarse ir al sueño. ¿Y si llegara ahora a mi covacha una muchacha? Cualquier explicación para esa circunstancia resulta tirada de los pelos, y sin embargo se maravilla uno de lo inverosímil que puede ser a veces la realidad.

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Óleo de Cezanne

3 février 2018

El aeropuerto

En Zaventem, el que me queda más cerca, las llegadas están en la planta baja y las partidas en el primer piso. Un piso para las despedidas, el otro para las bienvenidas.

Tengo visto y resentido que la emoción de la bienvenida es abierta y breve, mientras que la de la despedida es demorada y contenida. «No somos para despedirnos», me dijo una vez Joaquina y lo recuerdo cada vez que hay que pasar por el trance.

Para muchos, el aeropuerto no es más que un lugar de tránsito, un espacio para reuniones, un supermercado. Bienaventurada la gente que vive alegremente la vida al ritmo de los vaivenes. Me gustaría ser como ella pero yo no soy para despedirme.

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2 août 2017

La pipa

Tres salas ciegas en tres niveles, el museo Magritte en Bruselas.

Magritte comenzó ganándose la vida creando afiches publicitarios. Y en cierta medida nunca dejó de hacerlo. Tanto más cuanto que fue perfeccionando la técnica. Andando el tiempo, sus pájaros voladores que llevan el cielo puesto fueron adoptados como reclamo por la difunta Sabena, la compañía aérea de los años dorados del reino flamenco-valón.

Lo suyo era combinar la representación de unos pocos elementos dispares —mujeres, pájaros, piedras, lunas, árboles— y retener así la atención del espectador a través de unos acertijos visuales. Enigmas estos reforzados por la imposición de unos títulos marcadamente arbitrarios —decía Magritte que titulaba las telas sólo para facilitar la conversación.

Todo esto sobre la base de formas y colores puros, tal como los de Hergé con Tintín —la línea clara—, los de Warhol con las benditas sopas e incluso los de Dalí con otras sopas. Con todo, la fórmula de Magritte es —para usar uno de sus términos fetiches— más mental que las citadas, más elaborada conceptualmente, incluso si el producto resultante sea formalmente simple.

El rendimiento en términos museísticos es un éxito mayúsculo de concurrencia. Hay que ver cómo se agolpa el público para intentar resolver concentradamente esos acertijos visuales casi siempre resultones y a veces, sólo a veces, cuando el sexo asoma la nariz, graciosos.

Por mi parte, creo haber resuelto el acertijo principal: la famosa pipa —que no es una pipa— es un pito. Ya lo sabía pero había que ir al museo Magritte para comprobarlo.

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14 mai 2017

El segundo milagro de Fátima

No alcancé a ver toda la Eurovisión anoche, pero vi cantar al ganador y al perdedor.

Antes había escuchado por la radio que el cantante portugués estaba enfermo y que su canción era «diferente». Pensé que ganaría. Era Fátima, el papa acababa de canonizar a dos pastorcillos, se estaba quedando una tarde estupenda para un milagro.

Por cierto, espero que el cantante se cure cuanto antes. Pero creo que su canción es diferente sólo en el sentido de que se presenta como tal: su diferencia radica en que va acompañada de un discurso sobre la diferencia, el que el cantante prodigó antes, durante y después de la canción, un discurso que no es mucho más que autoafirmación: lo mío es auténtico, lo de los demás es chatarra.

Y esa es manifiestamente la música que el público quería escuchar anoche. La fragilidad del cantante sentimentoso, con look de poeta extraviado en Las Vegas, cantando una canción compuesta por su hermana, compuso un relato ganador.

La presencia del papa en Portugal y la canonización de los pastores de Fátima ese mismo día hizo el resto. El segundo milagro de Fátima, o el primero de los pastorcillos a los que el papa canonizó ayer, estaba servido.

Al otro extremo, el pseudo reggae del cantante español y su banda de supuestos surfistas lo tenía todo para quedar último. Si el público optaba por la autenticidad de la canción sentimentosa nada más normal que condenase al último lugar a quien mostraba la actitud opuesta. Ayer era Fátima, sentaba bien dar un espaldarazo al doliente y empujar a la pileta de los tiburones al bañista inoportuno.

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19 mars 2017

Voy y vuelvo

Días de idas y venidas.

Mi castellano favorito me ha traído ésta, que espero leer en la larga travesía. Este último tiempo había estado releyendo Infancia y Juventud. Tanto así que se me escapó esta publicación y me la encuentro ahora ya traducida. 

Segundas partes nunca fueron buenas, cita con coña Coetzee al Quijote en el epígrafe. Es verdad que es la primera vez —descontando los dos primeros tomos de la autobiografía, a los que me refiero— que un libro suyo prolonga explícitamente el precedente. Al anterior, La infancia de Jesús, cierta crítica adicta al énfasis lo vapuleó. 

Releyendo Juventud me decía que tal vez será una característica de los grandes ser capaces de mirarse a sí mismos sin condescendencia. En él, Coetzee se presenta como un pusilánime que merced a unos meros vaivenes se codea un día en Cambridge con los más brillantes matemáticos en el empeño por crear los ordenadores que vendrían pocos años más tarde a cambiar el signo de los tiempos. Cualquier mediocre con un papel infinitamente más pequeño que el suyo contará más tarde la importancia de su participación en esa hazaña. Coetzee, en cambio, en su empeño por mirarse de cerca se permite hacer lo contrario y disminuirse. 

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12 décembre 2022

El grupito

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Vemos Close, el segundo filme de Lukas Dhont. 

A la salida del cine comentamos que como en Girl, su opera prima, uno espera que después del drama la aparición de un culpable lo explique. Estamos esperándolo porque nos acostumbramos al modelo de la explicación por el culpable y porque en su ausencia los dramas son aún más insoportables. Pero al final no hay tal explicación ni menos un culpable. O sólo en parte... 

Sólo en parte porque si en lo fundamental el drama es el drama en sí mismo, en lo accesorio sí hay una explicación en la medida en que el drama escoge a unos personajes para hacerse presente. En ambos casos, en Girl y ahora en Close, ese personaje es el grupito de chicas. 

La protagonista de Girl integra un grupo de danza de muchachas de su edad y todo funciona bien hasta que las chicas le piden, todas a una, que puesto que comparte con ellas la intimidad del camerino les enseñe su secreto. A partir de ese momento el drama está servido.

En Close, por las mismas. Los protagonistas son felices en sus campos de flores bordados hasta que comienza el año escolar y en el patio del colegio los rodea un grupito de chicas para preguntarles si ellos salen juntos. Es simple curiosidad, se apresuran a puntualizar, como si hiciera falta. A partir de ese momento el drama está servido.

En Elephant, la magnífica película de Gus Van Sant, la cámara se pasea por la escuela antes del drama y se detiene en un grupito de chicas que comen en la cantina. Las chicas hablan de sus cosas y la cámara se regodea contemplándolas ser tal como son. No hay nada que permita decir que a partir de ese momento el drama está servido porque, además, el drama está servido de antemano. Pero igual lo digo.

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