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Camino de Santiago
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15 novembre 2013

Ampliamente, Bachelet

Elecciones presidenciales en Chile. Iba a escribir algo cuando leo este resumen en Le Monde:

«Si hay que creerle al Washington Post ni el propio Shakespeare habría imaginado una historia mejor. Dos familias amigas, separadas por el destino. Este domingo los chilenos deberán elegir entre Evelyn Matthei y Michelle Bachelet (los otros siete candidatos no tienen opciones, según los sondeos). La primera es la hija del general Fernando Matthei, uno de los pilares de la dictadura de Pinochet; la segunda, la heredera de Alberto Bachelet, un general torturado y asesinado por esa misma dictadura. Para los analistas, no caben dudas: Michelle Bachelet, presidenta entre 2006 y 2010, sucederá al millonario de centro-derecha Sebastián Piñera en La Moneda. Sólo queda por saber si lo conseguirá ya en la primera vuelta. Su programa, en todo caso, promete una orientación más cargada a la izquierda que la de su primer mandato, según el Guardian y el Wall Street Journal. Sensible al movimiento estudiantil que sacude el país, Bachelet se ha comprometido en favor de la educación gratuita -financiada por un aumento de los impuestos a las empresas- y la consolidación de la seguridad social. Intentará también cambiar la Constitución, heredada del pinochetismo. Bachelet beneficia de un alto nivel de simpatía popular, pero está por ver qué conseguirá hacer con él. Ella misma se cuida de cualquier milagrerismo, según The Economist: Se puede ser popular sin ser populista».

 Tal vez sólo quepa añadir que la propia derecha espera más o menos secretamente ser derrotada en la primera vuelta. De ser así, Bachelet conseguiría una amplia legitimidad gracias a su, digamos, 51% de los votos. De no ser así, su legitimidad sería aun mayor al resultar elegida en la segunda vuelta con una votación probablemente superior al 70%.

S
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21 août 2011

Los ratas

Huelga de fútbol español mediante, cabe preocuparse del fútbol belga.

Que algunos hinchas sacan lo peor de sí cuando se dan cita ya lo sabíamos desde Heysel o incluso antes. Y de vez en cuando no se privan de recordarlo. El viernes abría la fecha belga el derby amberseño, Lierse versus Beerschot. El golero del Lierse es japonés y se llama Kawashima. Pues bien, los hinchas del Beerschot, a quienes se conoce como los ratas, dieron en arrojarle latas de cerveza y gritarle 'Kawashima Fukishima', una y otra vez.

El árbitro se vio obligado a suspender el partido, que ganaba en ese momento el Lierse 1-0. En cuanto permitió que se reanudase, marcó el Beerschot el gol del empate (y en seguida otro, que fue anulado). Las lágrimas que llenaban los ojos del golero japillo le impedían ver el balón.

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29 octobre 2006

Tortura y oro

Domingo de elecciones presidenciales en Brasil, en el Congo, en Bulgaria. De referendum en Serbia. Dentro de tres días, elecciones legislativas en Cataluña. Si las elecciones sirvieran para algo, hace tiempo que estarían prohibidas, afirma el cliché anarquista. Lleva razón, salvo que se equivoca en lo esencial. Lo esencial es que las elecciones existan, que el poder se enfrente, así sea de tarde en tarde, a la posibilidad de la derrota.

Otra cosa, la denuncia sobre el oro de Pinochet en Hong Kong, reportada por este Camino hace dos días, abre, como era de esperar, sobre un barrizal. El Banco de Hong Kong y de Shangai se ha apresurado a señalar que los documentos incriminados son falsos. Es verdad que la magnitud del tesoro, nueve toneladas de oro, parece contradictoria con la mediocridad del personaje. El abogado del Pinochet afirmó, por su parte, que el único oro que posee el Pinochet es el de su anillo de matrimonio.

La afirmación contiene una conexión mental escondida. El joyero Eduardo Vilches recuerda hoy en La Nación dos eventos áureos ocurridos durante la dictadura pinochetesca. En los primeros meses de ésta, los gorilas hicieron un llamado a los jefes de buena familia para que donasen sus argollas de matrimonio y dotasen así al nuevo poder de los fondos que le permitiesen enderezar la economía chilena. Vilches calcula que si cien mil personas respondieron al llamado donando diez gramos de oro (un anillo), la dictadura recaudó alrededor de una tonelada, de la que, por cierto, nunca más se supo. El episodio vale para recordar que Pinochet sólo fue posible gracias al pinochetismo.

El segundo evento es otro oscuro procedimiento abierto por el Banco Central chileno a mediados de los años ochenta, cuando decidió comprar oro, y contra toda lógica, pagarlo en dinero líquido.

Todo lo cual recuerda un remoto episodio de la historia chilena. De cuando los indios mapuches atraparon vivo al capitán de las tropas españolas, en el siglo XVI, don Pedro de Valdivia, y le infligieron esta muerte atroz : Oro quieres, le dijeron. Pues oro tengas. Y le introdujeron un embudo por la boca, haciéndole tragar oro hirviendo.

Tortura y oro, pinochetismos.

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3 avril 2007

África hecha de emociones

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Lejos de la pintura colonial u orientalista, el África de Michel Elias no es la de los safaris ni los campos de refugiados, sino aquella de la vida simple y de las emociones que aporta un rostro, un espacio y la luz.

« Pinto rápido, confiesa Michel, en una especie de frenesí y con ganas de acabar pronto, lo que me deja agotado al cabo de tres horas. Pinto al acrílico, que se aplica y se seca rápido. Temo que me falte el tiempo y  trabajo con urgencia antes de la que realidad cambie y mientras me quede energía, como una manera de correr contra la muerte.

Me interesan los paisajes y los modelos vivos. Últimamente pinto a partir de fotografías que he tomado en África. Mi técnica cambia también. Pinto sobre pedazos de revistas pegados en la hoja de papel de manera aleatoria. Me gusta partir de una especie de caos para dejar asomar una imagen, simplificando una superficie que parte en todas direcciones. Que se parezca a la vida, donde todo se mezcla constantemente, las palabras, las sensaciones, los recuerdos. Hago mi camino en ese desorden ».

Michel Elias vivió cuatro años como cooperante en Ruanda y vuelve al África negra constantemente. Trabajamos juntos durante diez años y en mi despacho en Bruselas cuelga un retrato suyo de un niño africano, con una expresión a medio camino entre la alegría y la tristeza.

Visitar la galería >

20 mars 2009

No tengo miedo

¿Son crueles los niños por imitación o por instinto? ¿Y qué hace ese niño encadenado al fondo de un pozo? Io non ho paura (No tengo miedo) de Gabriele Salvatores (basado en el libro de Niccolò Ammaniti) muestra una aldea rural en el sur de Italia y deja flotando estas preguntas bajo el sol meridional y al calor de unas noches en las que cuesta dormir. El resultado es digno de verse y será difícil olvidar al niño Michele.

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(En los años setenta una ola de secuestros de niños conmovió Italia. La ola fue relativamente contenida a través de unos cambios legales que hicieron casi imposible el pago de rescates. No sé mucho más de esto, pero me pregunto si esa experiencia no sería útil en otros lugares. Seguramente no. Y más vale que cierre cuanto antes este ingenuo  paréntesis.)

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25 février 2009

Un buey sobre mi lengua

Cuenta Christian Salmon que David Foster Wallace imaginaba que en el futuro los años serían auspiciados por las empresas: el año del coche, el año del sujetador, el año del preservativo. A ver cuál sería la marca que se atreviese a auspiciar este annus que ya es horribilis porque así se lo anuncia.

Los chinos aciertan asociando cada año con un animal. No llevan su razonamiento, sin embargo, hasta el rabo, y esto es que deberían, andando el año, adjetivar a la bestia. 2008 fue el año de la Rata, la que abandonó el barco, la que trajo la peste, la que se cebó con los pies de los viejos y los lactantes. La Rata que pasó su rabo pelado por el cuello de la doncella. 2009 será el año del
Buey en el tejado, del Buey castrado, del Buey redundante, del Buey sobre mi lengua. Pero en 2010, oímos, esto se compone. 2010, el año del Tigre.

Buey

23 juillet 2006

San Diego y Santiago

'El postulante no es nada de tonto' es una afirmación tomada del curriculum vitae de Rodrigo Lira, redactado en 1981 y destinado a ser enviado a una serie de agencias de publicidad en busca de trabajo. Así titula Javier García en La Nación de Santiago de Chile una  nota que anuncia la próxima aparición de un segundo libro póstumo de Lira, tras las dos ediciones del Proyecto de obras completas. El libro, que será publicado por las Ediciones de la Universidad Diego Portales, tomará su nombre de Curriculum vitae o de Declaración jurada, dos textos de Lira que se mantenían hasta hoy inéditos.

Otro inédito que dará a conocer la publicación, San Diego ante nosotros, fue escrito a seis manos en 1980 por Rodrigo Lira, Roberto Merino y este escribidor. San Diego y Santiago son la misma palabra. San Diego es, además, una calle entrañable de un viejo barrio de Santiago de Chile. La calle del teatro-circo Caupolicán, del café Sena, la calle de los grandes Almacenes El Rey que rabió.

 

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26 décembre 2023

Otro 26 de diciembre

AÑO TRAS AÑO pongo en esta fecha un texto llamado Otro 26 de diciembre, por el día en que nació y murió Rodrigo Lira.

La novedad de este año podría ser la publicacion reciente de una antología de poemas escritos por estudiantes del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, allí donde Lira cursó asignaturas de Bellas Artes y de Lingüística a fines de los años setenta y cuyos muros y jardines calificaba él mismo como su nicho ecológico.

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La iniciativa editorial se la debemos a Juan Pedro Broussain, quien antologa esos textos a partir de lo publicado por la revista Letras, que circulaba en el Pedagógico en ese entonces. Hay dos textos notables de Lira, STP y She..., entre la veintena de autores antologados. Es probable que de esa veintena de autores todos conocieran a Lira, que era un personaje notorio en ese lugar por sus apariciones siempre singulares y a veces destempladas.

Leyendo el conjunto impresiona percibir hasta qué punto los textos de Lira despuntan sobre ese suelo común y se propulsan como cohetes que perforan el techo de la carpa del circo y se clavan en la panza de ozono. 

Se dice que el tiempo pone a todos en su lugar. Y esto que parece ir en el sentido del reordenamiento del pasado vale también o más bien para el presente. Porque el pasado, en contra de lo que a veces se cree, sigue siendo inestable. Y lo cierto es que el pasado de Lira aún no ha pasado y aquí nos tiene repitiéndolo otro 26 de diciembre.

Foto de Juan Pedro Broussain

5 juillet 2023

Ai Weiwei y el minimalismo desmesurado

UNA PINTURA debe al mismo tiempo parecerse y no parecerse a la realidad, debe situarse entre la semejanza y la diferencia, decía Qi Baishi, un pintor chino que es un referente para Ai Weiwei. La definición de Baishi también conviene para caracterizar el arte de Ai Weiwei, que pretende estar en constante interacción con la realidad.

Cierro su libro, pienso en las obras de Ai Weiwei y veo las 24 cabezas de animales y los mil y un chinos en Alemania y los ocho millones de granos de girasol. Qué desmesura tan china. Tal vez lo diga porque la sobrepoblación y el paso a cien por hora del feudalismo a la híper industrialización le vale a China una asociación más o menos inmediata con la desmesura. Hay otra asociación posible sin embargo y es con el minimalismo desmesurado (una corriente que acabo de inventarme), la producción a gran escala de lo pequeño y el infinito cuidado que esa producción exige.

Si Ai Weiwei cultiva felizmente el arte del oxímoron con su minimalismo desmesurado y su desmesura minimalista, la imagen que mejor representa estos términos encontrados es la de los ocho millones de granos de girasol de porcelana producidos industrialmente y pintados uno a uno a mano.

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22 avril 2016

Carrère en Calais

«Carta a una habitante de Calais» se llama el reportaje que firma Emmanuel Carrère en la última XXI.

Para contar qué sucede en el puerto del norte de Francia, que lleva un tiempo largo encaramado a la actualidad a causa del aflujo de emigrantes que buscan pasar al Reino Unido, Carrère escoge abordar la cuestión a través del punto de vista de los habitantes de Calais. Hablar de Calais sin hablar de los emigrantes, buena idea. Para ilustrar su imposibilidad, Carrère se refiere a esa historieta de un almuerzo familiar en dos viñetas. En la primera el padre dice: «No hablemos de eso». En la segunda, la mesa está hecha añicos y los comensales se dan con las sillas. La leyenda avisa: «Están hablando de eso».

Carrère escoge también para su reportaje el formato de una carta de respuesta a la carta que recibió en cuanto llegó a la ciudad para escribir el reportaje. En esa carta, una habitante lo pone en guardia: su intento será un fracaso. Y le hace sentir el hartazgo de los locales de ver desembarcar al pijerío ideológico en la ciudad a escribir una y otra vez las mismas monsergas. Non, pas vous !, le suplica. El reportaje se convierte así en un intento por responder a esa interpelación y revertir ese juicio.

¿Que si lo consigue?

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Mural de Banksy en el campamento de los emigrantes en Calais, mostrando a Steve Jobs, hijo de un emigrante sirio

30 septembre 2011

El Plan Z

Cualquiera tiene un plan, un plan B, o un plan C incluso, pero rara vez hay que contar hasta la zeta. Mi tío Pepe lee algo sobre Monza en el diario y se acuerda del Plan Z, de su primera vivencia palindrómica. Sería 1972, él vivía en Chile, era un niño pero ya fumaba. Y el tabaco escaseaba. La tabacalera estatal había lanzado una nueva marca de cigarrillos, Monza. Desde la derecha, echaron a correr el bulo según el cual, visto al revés, MONZA quería decir Plan Z NOW. La A al revés significaría plan, la zeta, zeta, y así sucesivamente, tal como muestra la imagen.

Y más, porque la imagen muestra lo que esconde, la efigie de Guevara camuflada en el coche, donde indica la flecha. Se trataba de un palíndromo escripto-visual, como dice mi tío Umberto.

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Ahí queda eso. El Plan Z (la solución final) consistía en asesinar y despojar a la gente de bien, y los cigarrillos Monza eran el mechero para encender esa dinamita.

La campaña del terror portó sus frutos negros. Pero esa historia ya está contada y de tan siniestra ya da un poco de risa. A lo que iba es a que la palindromía no es puro humo. También, como el tabaco y la velocidad, mata.

______________

Luego me entero de que esta historia, como tantas otras, es importada, que tiene su precedente en Norteamérica, donde en la cajetilla de Marlboro hay quien veía las tres K del Ku Klux Klan, incluso las piernas de unos ahorcados. Y dentro del dromedario del paquete de Camel a un niño meando y en la de Kent a una señora pilucha.

22 mars 2015

El griego (2)

Meses mas tarde, «sobre la más improbable tela de fondo y bajo la más inesperada de las encarnaciones», tal como nos había advertido Primo Levi, reaparece ante sus ojos el griego Mordo Nahum.

Lo hace en medio de un prado, cerca de Minsk, en Bielorrusia, casi irreconocible de tan gordo y cubierto con un uniforme soviético aproximativo. ¿Necesitas algo, una mujer?, le pregunta el griego a Levi. Y uniendo el gesto a la palabra le indica una veintena de criaturas que se reparten por el prado, vestidas de manera rudimentaria e incongruente. Soñolientas, rubias y rosas, de contextura robusta, abundantes carnes y rostro bovino. Vienen todas de Besarabia, le explica Nahum, y están bajo mis órdenes. Antes de mí, esto era un desmadre. Pero desde que me hice cargo, todo va viento en popa. A los rusos les gustan así, blancas y fofas, asegura. Es un buen negocio. Y, a veces, moi ausssi j'y prends mon plaisir.

Levi recuerda entonces la vez en que le había preguntado al griego si sabía distinguir un huevo duro de uno crudo (puestos a girar sobre una superficie, el huevo duro gira largo rato mientras que el crudo se detiene en seguida). Mordo Nahum lo había fulminado con una mirada despectiva: «Cítame un solo artículo con el que yo no haya comerciado».

Source: Externe

Óleo de Petre Serban

15 mars 2015

El griego

Este diálogo de Primo Levi y el griego Mordo Nahum, sobrevivientes de Auschwitz, pocos días después de la liberación del campo por el ejército soviético, en La Tregua:

«Cuando hay guerra, hay que pensar antes que nada en dos cosas: primero zapatos y luego comida, y en ese orden, contrariamente a lo que se cree habitualmente, porque sólo el que tiene zapatos puede ir a buscar comida y no al revés. Pero la guerra terminó —objeté yo, y así lo creía, como muchos otros en esos meses de tregua, en un sentido infinitamente más universal comparado con lo que se puede llegar a pensar hoy. «La guerra es eterna» respondió memorablemente Mordo Nahum».

(Me pregunto si el nombre del blog y el del libro, Guerra eterna, se lo deben a Mordo Nahum, el amigo de Primo Levi).  

Más adelante, Levi cuenta que volvió a ver a Nahum en mayo de 1945, «cuando todos los griegos de Katowice, un centenar, hombres y mujeres, desfilaron cantando en nuestro campo en dirección de la estación: volvían a su patria, a su casa. A la cabeza marchaba nuestro hombre, Mordo Nahum, el primero entre los griegos, llevando la bandera albiceleste». 

Antes, Levi cuenta haberle escuchado hablar con elocuencia «de sus múltiples actividades en Salónica, de sus aventuras cuando compraba, vendía y pasaba mercaderia de contrabando por mar o, de noche, a través de la frontera búlgara, de los fraudes de los que había sido victima con escándalo y de aquellos que gloriosamente él habia perpetrado. Y de las horas alegres y serenas pasadas con sus colegas al borde de su golfo, después de un día de trabajo en ciertos cafés sobre palafitos que Mordo Nahum describía con un abandono inhabitual, y de sus largas conversaciones. ¿Qué conversaciones? Sobre dinero, aduana, fletes, naturalmente. Sobre lo que hay que entender por «conocer», «espíritu», «justicia», «verdad». De qué índole es el lazo endeble que une el alma del cuerpo, cómo se establece en el nacimiento y se desune en la muerte. Qué es la libertad y cómo puede conciliarse el conflicto entre libertad y destino. Lo que viene después de la muerte, también, y otros grandes temas griegos. Todo eso al anochecer, desde luego, una vez terminados los negocios, frente a un café, un vino, unas aceitunas, en un juego lúcido de la inteligencia entre hombres activos también durante el descanso, sin pasión».

Mordo Nahum aparecerá una última vez frente a Primo Levi «varios meses más tarde, sobre la más improbable tela de fondo y bajo la más inesperada de las encarnaciones». Volvemos después de unos comerciales.

Source: Externe

1 janvier 2011

Another year (2)

En el festín de año nuevo, faisán, quínoa, ensalada, queso, nueces, papayas, turrón y uvas. Los mostos, chardonnay, tinto del Loira y crémant de Bourgogne. Como mantel, una reproducción de este mosaico de Sosos de Pérgamo. A los detritus greco-romanos se sumaron los nuestros: cinco plomos extraídos del faisán. También hubo candelas, música de cámara, fuegos artificiales a la distancia. Hablamos del tiempo.

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13 juillet 2006

El zancudo

Enciendo la luz e intento localizarlo. Se trata de un zancudo pequeño y movedizo que aparece y desaparece a su antojo. No hay manera de acabar con sus días. También es verdad que no estoy completamente despierto, lo que no quiere decir que esté soñando. Busco una crema que compré en el penúltimo país en que me picó un zancudo, que fue Marruecos. El tubo está escrito en árabe pero se entiende que la pomada sirve pero no mucho.

También se entiende que estoy entre los trópicos. En Cabo Verde, sin ir más lejos. Los viajes se han convertido en una experiencia sensorialmente pobre: poco espacio y mala comida en los aviones, estrés en los aeropuertos. Las ciudades son sucias y ruidosas. Y por la noche pican los zancudos. En Chile dirían : Sóbate pa callao. Es lo que hago.

Al cabo de unas horas me descubro contando la experiencia por internet. Me salva un corte de electricidad. Donde estoy, la luz es coja y se cae a menudo. Andamos todos, como los místicos, esperando la llegada de la luz.

Por contar, cuento también de un niño que se trepa a un papayero, descuelga una papaya madura y me la regala. Sin pedir nada a cambio. De regreso a mi reducto lavo la papaya, la parto con el cortaplumas, le quito las semillas y me la como con una cuchara que me compré en un negocio chino. Está deliciosa y me deja muy buen sabor. Y una pregunta : ¿Seré capaz, alguna vez, de hacer otro tanto?

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Fuera, la calle está llena de comercios chinos y de mujeres vestidas a la africana con la carga en la cabeza. Más preguntas : ¿Tendrán los comerciantes chinos, que son muy jóvenes y van vestidos como futbolistas, tendrán más añoranza de su lejana tierra por estar en Cabo Verde, país de la saudade tropical?

Y la última : ¿Cómo consiguen las mujeres africanas equilibrar la pesada carga sobre sus cabezas y desplazarse durante largos trayectos sin que se vuelque ni una sola gota? Observo el procedimiento. Comienzan llevándose con las dos manos la carga a la cabeza, sobre la que llevan un pañuelo. Luego la equilibran sosteniéndola con una mano. Dos o tres pasos les bastan para alcanzar la cadencia apropiada para estabilizar la carga.

Un prodigio, como la papaya y el zancudo. Porque cuando desperté, el zancudo todavía estaba ahí.

7 août 2012

El periodismo Kapú

De Alepo a Luanda (y 2)

Se decía que Kapuscinski llevaba dos cuadernos estancos. Uno para el periodismo-periodismo, los despachos para la agencia polaca PAP, para la que trabajaba, y otro para el periodismo literario, para sus libros. Pero también sus libros, contra lo que se ha llegado a decir, son periodismo-periodismo, así sea en diferido. Tanto como sus despachos urgentes mantienen la gracia treinta años después. El día de la independencia angoleña, el 11 de noviembre de 1975, Kapú despacha desde una Luanda sitiada y exangüe: No hay agua desde hace dos días en la capital, situación que provoca ásperos combates por conseguir una invitación a la recepción que el presidente ofrece en el palacio de Gobierno porque, según los rumores, en ella se podrá beber agua fresca.

Luanda, la primera ciudad africana fundada por europeos y el principal puerto negrero, está por esos días a punto de caer en las zarpas de la facción bacongo, sostenida por Mobutu, o de la facción ombundu, apoyada por la Sudáfrica racista. Si provocan un baño de sangre, todo el mundo se lo reprocharía, sostiene un combatiente. Que luego añade: Aunque no sé. El mundo está tan lejos de aquí.

Con todo, el mundo intenta seguir la actualidad angoleña y los enviados especiales aterrizan en Luanda para cubrir la declaración de independencia en una ciudad sitiada por la guerra. Me pongo en el lugar de mis colegas, escribe Kapú. El viaje les cuesta a los periódicos los ojos de la cara, por lo que esperan de sus enviados reportajes siderantes, scoops, historias sensacionales escritas bajo una lluvia de balas.

Tras varios intentos infructuosos, sin embargo, los corresponsales internacionales deben volver al hotel con la cola entre las piernas. En el hotel, la mucama está ocupada y el recepcionista responde con eslóganes. El gerente del hotel, en cambio, les da el concepto que define mejor la situación: confusão. Ahora bien, ¿cómo traducirlo? Los hombres han provocado ellos mismos una situación de la que han perdido el control. Los intentos por explicarla, tanto como la incapacidad para hacerlo, forman parte de la propia confusión y la amplifican.

Salvo para el periodismo Kapú.

M

Monolito maconde

2 juillet 2012

Los abrazos

El fútbol trae por la tele un poco de todo y sobre todo emociones. La Eurocopa fue una zarabanda para los sentidos y las emociones que desata este juego colectivo. Y el uso que les damos. Decía el otro día que veo los partidos para entender lo que se comenta luego. Y también que el alma humana habla incluso por los pies. Y es verdad que hemos visto el alma de unos cuantos transparentarse.

Ha ganado España otra vez y está muy bien que sea así. Durante mucho tiempo tuvimos que escuchar abundantes tonterías sobre la supuesta incapacidad de los españoles para forzar a través de la victoria el reconocimiento ajeno. Hubiese querido no escucharlas cuando niño pero, cómo tuve que hacerlo y no las he olvidado, hoy día la alegría es doble al ver nuevamente demostrado que no era así, y no sólo para mí (que bien lo sabía) sino también para los otros, para los demás. 

A partir de 2008 ha sido un placer sacarse las ganas de ganar. Y no se trata de ganar por ganar sino de ajustar el valor propio al reconocimiento ajeno. 

Por lo demás, qué alegría ver esos goles, gritarlos con el alma y abrazarme con los míos.

E

6 octobre 2012

Memento martes

El martes se conocerá el detalle de los despidos en el diario El País. No voy a extenderme ahora sobre mi condición de lector de ese periódico. Me refiriré más bien al día de la semana escogido para dejar caer la piedra. Así como existe el memento mori, el detalle que se dispone en un lugar de la composición para recordarnos nuestra condición mortal, existe también lo que podríamos llamar el memento martes. Recuerda que hoy es martes. Momentos mediocres que, por cierto, tienden a darse también a lo largo de toda la semana. Podría hacer una lista de mementos martes pero me temo que resulte latosa. Y, además, lo propiamente martes del asunto es la evidencia de que uno mismo protagoniza las listas de mementos martes ajenas.

M

Ilustración tomada del blog del Crítico constante

22 septembre 2012

El minarete

Se suele decir de los clásicos que siempren están en fase con la actualidad. Apegado a Heródoto, Kapuscinski no anda lejos. En Viajes con Heródoto describe dos realidades paralelas, el mundo antiguo, valiéndose del relato del griego, y el de los años sesenta, el de sus primeros viajes como corresponsal, y en ambos relatos resuena la actualidad, las trifulcas de los salafistas y las movidas de los mandamases. Todo recuerdo es presente, dice Novalis.

La hegemonía del mundo antiguo se la disputan griegos y persas. Heródoto cuenta de un rey griego que malinterpreta el oráculo y es derrotado por los persas, a los que acaba contagiando. Heródoto miraba con escepticismo la supuesta superioridad de su propio pueblo griego, que llamaba bárbaros a todos los que no hablaban su lengua. Y a su vez, miraba con interés declarado a los pueblos sometidos por los griegos. Al punto que demuestra que los griegos tomaron sus dioses de los egipcios, a los que despreciaban, transformándolos apenas.

Kapú va leyendo a Heródoto mientras se encuentra en El Cairo o en Jartum, que están a orillas del mismo río Nilo. En ese entonces, en 1960, tras sacudirse el poder colonial franco-británico, el ejército egipcio había constituido junto a Siria, apuntalado por las nuevas potencias hegemónicas, Norteamérica y la Unión Soviética, la República Árabe unida, al mando del coronel Nasser. Pacato, el poder nasserista combatía entre otros vicios nefandos el consumo de alcohol.

Así es como Kapú cuenta un jocoso recorrido por las calles del Cairo intentando desembarazarse de un envase vacío de cerveza. Frente a cada basurero se lo impiden los ojos de algún miembro de ese ejército de reserva de esbirros ociosos en búsqueda de protagonismo que pueblan las capitales de las dictaduras.

Y cuenta también el atraco más ingenioso que alguien haya padecido y contado. O para qué sirve un minarete:

«Un día, cuando salgo del hotel a la calle, uno de esos hombres (supuse que era de ésos porque siempre estaba apostado en el mismo lugar, debía de tener asignada una zona) me para y me dice que lo siga, que me enseñará una mezquita antigua. Soy crédulo por naturaleza, y la desconfianza la considero no como señal de sentido común sino como un defecto de carácter, y, en aquella ocasión, el hecho de que un secreta me proponga ir a una mezquita en vez de ordenarme comparecer en una comisaría me causa tal sensación de alivio —incluso de alegría— que acepto sin pensármelo un segundo. Es un hombre de trato correcto, llevaba puesto un traje pulcro y hablaba en un inglés bastante bueno. Me dice que se llama Ahmed. Y yo, Ryszard, le contesto, pero te resultará más fácil llamarme Richard.

Primero caminamos. Luego subimos a un autobús y viajamos un rato largo. Nos bajamos. Nos encontramos en un barrio viejo: callejones estrechos, rincones recónditos, plazoletas diminutas, pasajes sin salida, fachadas torcidas, pasos angostísimos, paredes de barro gris oscuro, tejados de hojalata ondulada. Quien entre aquí sin un guía, no sale. Sólo aquí y allá se divisan unas puertas en las paredes, pero están clausuradas, cerradas a cal y canto. Todo parece desierto. De vez en cuando se ve deslizarse como una sombra a una mujer o a una pandilla de niños, pero los pequeños, asustados por el grito de Ahmed, desaparecen enseguida. Así llegamos ante un macizo portalón de metal sobre el cual Ahmed golpea con los nudillos un código. Desde el interior llega el susurro de unas sandalias arrastrándose y luego se oye el ruidoso chirrido de una llave girando en la cerradura. Nos abre la puerta un hombre de edad y aspecto indefinidos e intercambia con Ahmed unas palabras. Nos guía a través de un pequeño patio cerrado hasta una puerta hundida en la tierra que conduce a un minarete. Está abierta, los dos me indican que la franquee. Dentro reina una espesa oscuridad, pero se divisan los contornos de una escalera de caracol que sube por la pared interior del minarete, que, a su vez, recuerda una gran chimenea de fábrica. Quien dirija la vista hacia arriba verá que en lo alto, muy alto, brilla un punto de luz difuminada que desde este lugar parece una estrella remota y pálida: es el cielo.

—We go! —me dice con voz entre imperativa y alentadora Ahmed, que antes me había dicho que desde la cumbre veré toda la ciudad de El Cairo. Great view! —me asegura. Así que en marcha. La cosa se presenta mal desde el principio. La escalera es estrechísima y resbaladiza pues está cubierta de arena y polvo de argamasa. Pero lo peor es que no tiene ningún pasamanos, ni agarraderos, ni mangos, ni siquiera una cuerda, nada a lo que asirse.

Pues nada, allá vamos. Sube que te sube. Lo más importante es no mirar hacia abajo. Ni hacia abajo ni hacia arriba. Clavar la vista en el punto más cercano que se tiene delante, en ese peldaño que está a la altura de los ojos. Desconectar la imaginación, la imaginación siempre magnifica el miedo. Irían de perlas cosas como el yoga, el nirvana y los tantras, o como el karma y el moksha, algo que permitiera dejar de pensar, de sentir, de ser.

Pues nada, allá vamos. Sube que te sube. Estrechez y oscuridad. Vértigo en círculos. Desde la cumbre del minarete, cuando la mezquita está abierta, el almuédano llama a los fieles a oración cinco veces al día. Los exhorta con una especie de cánticos monótonos, a veces bellísimos, solemnes, cautivadores, románticos. Sin embargo, nada parece indicar que nuestro minarete sea usado por alguien. Es un lugar abandonado desde hace años, huele a rancio, a polvo estadizo.

No sé si es debido al esfuerzo o a la creciente sensación de miedo, pero lo cierto es que empiezo a acusar cansancio y a todas luces ralentizo la subida pues Ahmed se pone a apurarme.

—Up, up! —insiste, y puesto que va detrás de mí me corta toda posibilidad de retroceder, dar media vuelta, huir. No puedo girar sobre mis talones y sortearlo: a un lado se abre el abismo. Pues nada, pienso, vamos allá. Sube que te sube. Nos encontramos ya tan alto y la situación se presenta tan peliaguda en aquella escalera sin pasamanos ni asideros que un movimiento brusco de cualquiera de nosotros significaría una caída libre de los dos desde una altura de varios pisos. Estamos unidos por un absurdo lazo de «intocabilidad»: el que toca al otro también se precipita al vacío.

Pero esta simétrica configuración no tarda en cambiar en mi contra. Al final de la escalera, en la misma cumbre, hay una terracita diminuta y angosta en torno al minarete: el lugar para el almuédano. Por lo general, estas plataformas suelen exhibir una baranda de piedra o de metal. Pero aquélla, que seguramente había sido metálica al cabo de tantos siglos se había caído, comida por la herrumbre, y brilla por su ausencia: el estrecho saliente de piedra no tiene protección alguna. Ahmed me empuja suavemente hacia el exterior y él mismo se queda en la escalera. Y, apoyado con toda la seguridad del mundo contra un vano en la pared, me dice:

—Give me your money».

M

Foto de Michel Setboun

25 juillet 2012

Una meridionalidad

Cuatro días en Gauma (3)

El 21 de julio es la fiesta nacional belga y al mediodía llueve. En vista de la votación del nacionalismo flamenco que predicen los sondeos, pocos 21 de julio nos quedan. De manera que decidimos celebrar éste en el punto más distante del nacionalismo flamenco, la Gauma, el extremo meridional de Bélgica.

La Gauma cultiva su meridionalidad con esmero. Rodeados por la Ardena belga y la Lorena francesa y luxemburguesa, los gomeses dicen tener el ánimo jovial gracias a los dos o tres grados más de temperatura de que disponen. Tanto así que en un par de villorrios gomeses, los techos de las casas de piedra caliza están cubiertos de tejas romanas, proscritas al norte del río Loira en razón del frío. Se dice, pero no lo he visto, que como buenos belgas cultivan también un jardincillo surrealista donde juegan petanca con cubos en lugar de bochas. En su versión naturalista, beben cerveza de la abadía de Orval y fuman tabaco local, como en las historias de Servais.

No tengo quejas del comportamiento de los gomeses, al contrario. Todo lo bien que me habían hablado de ellos lo he visto cumplido, lo que no quiere decir que sean previsibles, aunque también.

Y por cierto, estaba previsto y el 21 al mediodía diluvió.

S

Ilustración de Servais

27 mai 2012

La estación de Gembloux

Enciendo la radio del auto para oír las noticias. Acaba de ocurrir un crimen, esta misma tarde, en las inmediaciones de la estación de Gembloux. Se da la casualidad de que estoy justamente en las inmediaciones de la estación de Gembloux.

En ocasiones, el kilómetro sentimental no respeta las distancias. Días atrás, un sujeto mal encarado intentó agredir a un señor muy parecido a mí en una calle por la que circulo a diario. En plena vía pública.

Vida privada es aquello que no interesa a nadie más que a uno mismo. Y a veces ni siquiera. El problema es que no estoy aún en un nivel tan avanzado de evolución. Y como resulta algo obsceno preocuparse tanto por su propia suerte, intento desde entonces dar vuelta la hoja y pensar en la gente que vive frente a un lugar infame y se deja distraer por señuelos, o al revés.

Mal de muchos, dice mi tía. En casos como ése suelo recordar el privilegio de ser un hombre común que ha conseguido anidar en lo alto de la campana de Gauss y oír su tañido monocorde a intervalos regulares. En ese intersticio he plantado el árbol del que cuelga la hamaca en que me echo la siesta los días de asueto. Cualquier día cometo una imprudencia, lo corto, lo muelo y con la pasta publico un librito.

D

Óleo de Paul Delvaux

13 avril 2012

Fallaste, Machuca

C

El fallo del lanzamiento del cohete norcoreano recuerda, cómo no, al loro de La Oreja rota. También que durante las protestas contra la dictadura de Pinochet en los años ochenta en Santiago de Chile, cada vez que un policía disparaba, los muchachos le respondían con este grito: Fallaste, Machuca. De día o de noche, de cerca o de lejos: Fallaste, Machuca.

El mundo es la Gran Sonaja, decía Alfonso Reyes. Los que están en el secreto sonríen.

30 mars 2012

Entrevista con un jardinero

¿Por qué cultiva un jardín?

Porque viví muchos años cultivando plantas en macetas. Y cada vez que iba a la ciudad vecina me detenía a mirar un jardín con un árbol al centro. Una de las historias más conocidas de las Mil y una noches cuenta de un hombre que viaja del Cairo a Ispahán en busca de un tesoro. En Ispahán lo detiene la policía y un oficial se burla de él contándole la historia de un hombre que va de Ispahán al Cairo en busca de un tesoro, sin saber que lo que busca está en el jardín que ha dejado atrás. Vuelve entonces el hombre a su ciudad y encuentra el tesoro en su viejo jardín.

Otra vieja historia muy conocida es la del gigante egoísta, de Wilde. Cuando por fin llega la primavera, en el jardín del hombre necio permanece el invierno. Yo soy ese hombre necio. Tal vez el jardín sea una parcela del mundo. Dice Juan Ramón: « Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y mi jardín permanecerá ». El suyo era un jardín andaluz, tan diferente del que yo cultivo.

¿No será mucha literatura para tan poco jardín...?

Seguro. Pero lo contrario sería peor. Según Borges, el jardín de los senderos que se bifurcan es una imagen incompleta pero no falsa del universo. A quien pasa su tiempo leyendo se le corre una teja, como a Alonso Quijano, y no le queda tiempo para dedicar al jardín. A quien pasa su tiempo en el jardín, le alcanza el tiempo para leer.

¿Aprende algo en el jardín?

Una lección cada día. La de hoy: las hormigas enseñan que no hay enemigo pequeño.

¿Ha llegado por fin la primavera?

Cuando puede decirse que una estación ha llegado, ya comienza a irse. Pero, bueno, no nos vamos a quejar.

¿Y qué trae de nuevo?

Ahora mismo están en flor las violetas. El domingo llega abril y florecerán las lilas, como decía Elliot: Abril es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando la memoria y el deseo, removiendo raíces turbias con lluvia de primavera.

¿Da trabajo el jardín, en esta época?

Poco. Las hormigas comienzan a instalar a los pulgones en los cogollos de los groselleros. Es un fastidio. Pruebo a detenerlas con un papel impregnado de goma, que pego en el tronco para impedirles subir. Pero son pertinaces. Algunas consiguen pasar y, las que no, se cambian de árbol. Ya le digo, no hay enemigo pequeño.

-Veo que insiste: cómo es eso de que no hay enemigo pequeño...

-Bueno, la hormiga más pequeña mide menos de un milímetro. Se ha trasladado del campo a la ciudad (es de origen etíope). Aprecia particularmente los hospitales. Se sospecha que se ha convertido en vector de infecciones nosocomiales.

-Caramba...

-Se escucha a los humanos quejarse de que muchas especies animales están en vías de extinción. En cuanto a las hormigas, no hay de eso ningún peligro, al contrario: hay centenares de especies aún por descubrir...

-El futuro para el que lo trabaje...

-Y el mañana es del que lo vio primero... Por más que la humanidad engorde, no conseguirá hacerle el peso a las hormigas. Si ponemos a los seis mil millones de humanos a un lado de la balanza y a las incontables hormigas del otro, ya se imaginará de qué lado se inclina. Y esto, sin contar con las termitas, que tienen alas.

 J

Le jardinier, óleo de Georges Seurat

30 novembre 2011

El último día de Hugo Claus

El último martes de noviembre suele ser uno de esos días como para quedarse en casa escuchando a Schumann y condoliéndose de la suerte que a uno le toca, según decía Hugo Claus [1].

Casualmente ayer, último martes de noviembre, el diario publicó una entrevista con su viuda, Veerle De Wit. Sabía que ella y su editora, Suzanne Holtzer, habían acompañado a Claus el día de la eutanasia. Sobre Claus ya he puesto unas cuantas líneas.

¿Qué hicieron en la víspera de su muerte?, pregunta la periodista. «Hugo quiso ir al cine a ver París, de Cédric Kaplisch (Si tú mueres primero, yo me iré a vivir a París, solía decirle Claus a Veerle). Sólo estábamos los tres en la sala, Hugo, Suzanne y yo. Habíamos debido correr para alcanzar el tranvía. Hugo me dijo: Qué cosas, hoy corremos tras el tranvía y mañana ya no estaré».

El día aquél, su último día, Hugo Claus repetía a la hora de comer el título de esa canción de Lou Reed: It's a perfect day.

H

[1] «Voyager, se dit Maurice, plus jamais, non, plus jamais. Rester à la maison. Entre quatre murs. Ecouter Schumann, s'attendrir sur soi même. Si on tient le coup quelques années, on se fabrique une carapace de croûtes parfaitement étanches. La perfection, un gros oignon comprimé. Mais les glandes, alors ? Ben, les pollutions nocturnes règlent le noble organisme, le premier regard matinal est chaque matin blanc comme neige, ébloui par la neige». Un cercle étrange, dans L'Amour du prochain (De Mensen Hiernaast).

[2] Coetzee sobre Claus: ¿Por qué le presta tanta importancia a sus maestros muertos?

31 octobre 2010

Ay

J

Más desagradable que la confesión que ha soltado Sánchez Dragó es la manera como ha corrido asustado a desdecirse. Desagradables también son algunos de los comentarios que ha provocado.

El prólogo que escribió Dragó a una buena novela, Samurai, de Hisako Matsubara, prólogo efectista como su autor, contiene, sin embargo, un dato interesante.

En japonés, amor se diría love. Es decir que no habría en la lengua japonesa un equivalente para tal concepto que, a su vez, no existiría como tal antes de Hiroshima. El amor formaría parte del acopio de experiencias importadas de Occidente, cuyo contenido es intraducible, razón por la que se les adopta con el nombre incorporado.

Pero no. Amor se dice en japonés ay, lo que es mucho más elocuente.

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