Canalblog Tous les blogs
Suivre ce blog Administration + Créer mon blog
MENU
Camino de Santiago
Publicité
24 mai 2023

Sólo Dios sabe si vuelvo

Saldos del Diario de Benidorm

CUANDO EL BÚHO canta el mediodía siento el vértigo del tiempo, por eso de que todas las mañanas del mundo no tienen vuelta, el verso que Quignard pone en boca de Monsieur de Sainte-Colombe. Una menos. A la mañana siguiente no lo noto porque el mediodía me pilla comprando en el Unide (mejor y más cerca).

LLEVABA UN POCO más de 24h y ya me había dado el tiempo para jugar al consabido juego de preguntarme si podría vivir allí y responder que sí, que por qué no. Y cuando regresaba por la tarde, la sensación de familiaridad con  los espacios y las formas era tal que encontraba el camino con los ojos cerrados.

YA NO SE ve gente sola por la calle. Todos van con la pantalla o con el perro y yo voy con el carro de la compra.

ESTA VEZ NO estoy de acuerdo con lo que dice Merino sobre la comida. Lo que yo creo a ese respecto no se puede decir con menos letras: la comida sana sana, la comida mala mata.

LEO QUE SI tu perro te lame la cara no es porque te quiera (aunque te quiera) sino porque quiere saber a qué sabía lo que has comido justo antes.

IMG_20230329_193539

CUELGO LA PRIMERA entrada de este Diario de Benidorm. Ha quedado perfecta para que no la lea nadie. Eso sí, del tópico del tipo al que no lo lee nadie huyo como de la peste.

SEÑORES CALVOS QUE miran largamente por el balcón, tienen toda mi simpatía.

SE VAN los míos y los echaré de menos. Más ahora que antes de que vinieran, porque este espacio los contuvo y en él ha quedado la huella de su estancia. 

TRATAR DE ENTENDER y respetar la situación del otro no siempre se consigue. Pienso en estas cosas en la biblioteca municipal mientras la señora de la mesa de al lado tose y despacha por teléfono.

FRENTE A UNA imagen del Padre Pío, nos acordamos de que éste no sólo hace milagros, a veces incluso hace antimilagros. Tiempo atrás un autobús que llevaba a un grupo de fieles a visitar su tumba se accidentó y murieron unos cuantos. 

MUCHA GENTE YA no escribe sino que se filma, los blogs han sido remplazados por los vlogs. Y está de moda en los vlogs exhibirse bañándose. En asoleadas playas y lagos boreales los ricos y en acequias y albercas de regadío los pobres. 

EN EL ESPEJO de este baño la imagen se multiplica. Cuando la Ce era niña su padre la puso frente a un espejo como éste y le dijo: así es el infinito.

VOY AL MONTE y como Lira vuelvo con un ramo. No de flores, sino un ramo de ramas que alguién cortó y arrojó para deshacerse de ellas. Así es como algunas plantas de jardín consiguen asilvestrarse y los alrededores de la ciudad los comparten las plantas autóctonas con las exóticas. Como la ciudad misma, por lo demás. 

CUANDO LLEGO A la playa busco mi lugar, como hacía don Juan Matus, el brujo de Castaneda. Cuando lo encuentro, no tardan en acercarse las tórtolas de collarín negro, a las que siempre veo como hembras aunque es probable que algunos sean machos.

UN REGUERO DE sangre sobre la acera, un hombre sangrando profusamente de un brazo, rodeado de mujeres. Llega la policía y detrás una ambulancia, donde lo curan. Las mujeres les dicen a los policías que el herido estaba con otros en un bar y que los otros, los que lo hirieron, se perdieron en la oscuridad.

EN LA PLAYA de Villajoyosa, en la de Calpe, en la de Altea, iba a dormir una siesta pero el punto de ataraxia es tal que me duermo despierto.

85396338

EN EL PASEO todo el mundo habla de la carrera del Hotel Bali, que consiste en subir los 180 metros que mide ese rascacielos por los casi mil escalones de la escalera interior. Este año los ganadores son un malasio y una eslovaca. 

ME DUELE ALGO, me pregunto por qué y no tengo respuesta. El dolor llega y se va por sus propios pasos sigilosos. Entretanto voy a la farmacia y encargo un remedio. Le doy mi nombre a la farmacéutica y ella exclama: ¡qué bonito!

IU DICE QUE en sus Diarios él es a 90% él mismo. Yo creo que uno siempre es uno mismo, incluso en ese margen por donde asoma la voluntad de mostrarse de otra manera y sobre todo en ese margen. Nada más personal que las estrategias que uno despliega para gustar y gustarse.

EL OTRO DÍA me decía: no buscar ningún punto de vista en particular, no mirar sino lo que se pone por delante. De más está decir que hago exactamente lo contrario.

EL AEROPUERTO DE Alicante se llama Aeropuerto Miguel Hernández y todo el mundo lo llama Aeropuerto de Alicante. En los lomos de los libros de Anagrama, que sólo ponen el apellido del autor, veo sendos Hernández. Por Miguel Ángel Hernández, profesor de Historia del arte en Murcia. Es curioso que Hernández sea un apellido transparente. Xavi se apellida Hernández y Rodri también se apellida Hernández y es como si no tuvieran apellido. Y hay un árbitro que se apellida Hernández Hernández, lo que ya es decir... 

(Menos mal que este blog no lo lee nadie, ni siquiera mi madre).

SÓLO DIOS SABE si vuelvo, escriben en el espejo los conductores de autobuses. Yo me lo digo cuando voy a cerrar la puerta de la casa. Carrère cuenta que cuando un ruso se va de viaje, se sienta junto a su ser querido un momento en silencio, tras lo cual se levanta y se aleja sin mirar atrás. Pero yo estoy solo, de modo que me siento un momento en silencio junto a la maleta. Ese pequeño ritual me deja en un estado próximo a la instrospección, pero no dura nada porque aún estoy en España y desde la puerta de la casa hasta la puerta del avión me hablan y hablo hasta por los codos. Me despido de unos y de otros porque sólo Dios sabe si vuelvo.

YA EN CASA. Desde la ventana ya no veo la isla de Benidorm sino el cerezo en flor et ce n'est pas plus mal.

PS/ Llueve ahora mismo a cántaros en Benidorm. Por el momento la tormenta no es calamitosa sino bienvenida pero nunca se sabe con la lluvia. Me ha pasado unas cuantas veces que un lugar que me fue paradisiaco (Yemen, el Valais, Bodrum, la Serra da Estrela en Portugal) se convierte luego en un infierno. Ya te digo, sólo Dios sabe si vuelvo.

Publicité
8 avril 2012

El barco

H

 Foto de Martí Villardefrancos

La foto de estos niños emigrantes que perdieron el barco en el puerto de La Coruña, en 1960, me recuerda al obelisco de la plaza pueblo belga que se llama del Perro del equipaje. En los años de la hambruna por la peste de la patata marcharon muchos lugareños a Winsconsin. A uno de ellos, a la hora de embarcar se le escapó el perro y corrió a buscarlo. Lo encontró, pero entretanto el barco había zarpado llevándose su equipaje. El barco naufragó en la travesía, el lugareño volvió a su pueblo, de donde nunca más volvió a salir, y el obelisco está ahí para recordar la historia.

Esas historias se perpetúan porque a todos nos gusta confirmar el adagio ese que dice que no hay mal que por bien no venga, aunque sepamos que no siempre es así. Estos niños probablemente embarcaron en el navío siguiente y su vida transcurrirá como si hubiesen embarcado ese mismo día de la fotografía. Aunque la lleven en la cartera, y a veces la miren cuando nadie los ve.

14 septembre 2011

El sobrino

Veo que hablas de mí a menudo, me dice mi tío. Podrías contar también otras historias de tíos y sobrinos, más interesantes que la nuestra. La historia de Gary y de su sobrino Ajar, por ejemplo.

No conozco otro Gary que Lineker, le digo, el del accidente gástrico, aquél que afirmó que el fútbol es un juego de once contra once donde al final siempre gana España.

Pues éste del que te hablo ganó dos veces el Goncourt, una vez como el tío Gary y otra como su sobrino Ajar. Porque el Goncourt sólo se puede ganar una vez. En dos palabras, Romain Gary quiso cambiar de nombre de pluma y se inventó un autor llamado Emile Ajar (Gary y Ajar quieren decir lo mismo en ruso, quemado). Y le pidió a su sobrino que representara a ese autor, lo que éste hizo con desenvoltura. Tanto así que sólo a la muerte de Gary se desveló la historieta.

Gary había nacido en Lituania, se enroló en la resistencia francesa y fue diplomático a la par que novelista durante la posguerra. Estuvo casado con Jean Seberg, la actriz de Sin aliento. Como Seberg se había suicidado un año antes que Gary hiciera lo propio, éste dejó escrito en su carta de despedida: Aucun rapport avec Jean Seberg.

La vida del sobrino es más tranquila. Se llama Paul Pavlowitch, ha sido corrector literario y negro, y ha escrito lo suyo bajo su propio nombre desde que el tío Gary le dijo adiós.

G

Placa conmemorativa en la casa parisina de Gary.

24 juin 2011

La foto

V

Ya la hemos visto suficientemente. Ha estado en todos los diarios, en portada, en sucesos, en deportes, en espectáculos. Durante los incidentes que siguieron a un partido de hockey en Vancouver, Canadá, Richard Lam obtuvo esta foto.

Su notoriedad estaba servida porque la foto se funda en un equívoco. Allí donde se cree ver tendresse au milieu de la détresse, según la fórmula acuñada por un diario belga, hay una joven aturdida por el golpe propinado por un escudo policial y su novio que la socorre. Más que un beso, se trata de una suerte de respiración boca a boca.

Con todo, la imagen es espléndida. Un paréntesis que se abre en medio de la calle, entre la policía que carga hacia uno y otro lado, abertura que ocupa la pareja apaisada. El enfoque exacto en el corazón de la situación, el encuadre, el tono, el color de la foto son perfectos. La imagen, como se debe, cita a varias otras, los besos de Doisneau, de Klimt, de Magritte.

También se inscribe en el espíritu de estos días, en que las manifestaciones se multiplican y en cuyo centro descansa, o lo intenta, una pareja de jóvenes. Se llaman Alex y Scott y, para que a la imagen no le falte nada, se niegan a hablar de ella.

26 août 2021

Petrarcas de pacotilla

En Provenza sueles tener a la vista el más alto de sus montes, el Ventoux, y te entran ganas de subirlo, de subirlo por subirlo, como hizo Petrarca, para ver desde la cima la entera Provenza, la planicie que se estira por el oeste hasta los primeros contrafuertes del macizo central y los volcanes apagados de la Auvernia y, por el este, los Alpes y tras los Alpes Italia, la patria de Petrarca que, como se sabe, fue el primero en subir el Mont Ventoux por las ganas que tenía de subirlo y si no fue el primero al menos fue el primero que lo contó.

Subiendo hay que concentrarse porque el camino es sinuoso, los ciclistas movedizos y el paisaje tentador. Suben con esfuerzo los ciclistas y luego bajan con cara de velocidad. Estacionamos cerca de la cima y emprendemos el último tramo a pie, como Petrarcas de pacotilla. Llegados a la cima leemos en voz alta el capítulo que le dedica al Mont Ventoux el libro de Montano. Es precioso ese capítulo, con Petrarca, San Agustín y Duchamp codéandose con los ciclistas. Y a Diego le corresponde el honor de levantar el libro sobre la gorra y poner los dedos sobre el título. 

Capture d’écran 2021-08-26 à 22

En la cima hay flores diminutas, cagarrutas de conejo y un aire purísimo. Y con tres piedras alguien ha levantado una estatuilla. 

Capture d’écran 2021-08-26 à 22

Por la tarde bajamos el Ventoux y vamos a caminar por el lecho de uno de los ríos que lo rodean, el Toulourenc, otro ritual cumplido. Templos molidos bajo el agua, piedras arrastradas por el río, frases sueltas, versos perdidos.

Capture d’écran 2021-08-26 à 22

Publicité
7 mai 2021

¿Qué hago yo aquí?

«Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje».

Genialidad ésta de Nicanor Parra que merecidamente circula mucho e inevitablemente a veces circula mal. En este caso sí que viene al caso. Lo mejor de la pintura chilena —lo que me interesa, o sea lo que más me gusta— son los artistas que pintaron Chile en tanto que paisaje, Antonio Smith, Onofre Jarpa, Pedro Lira. 

La naturaleza en Chile, sobre todo en la cordillera y en la costa —y Chile es sobre todo cordillera y costa—, es áspera, abrupta, destemplada incluso. Los valles interiores están algo más domesticados, pero nunca tanto. Nunca tanto como el paisaje toscano, o borgoñón, o brabanzón, al que mis anteojos se han ido acostumbrando.

Su caracter destemplado le confiere al paisaje chileno identidad y belleza, le hace ser él mismo y diferir de todo lo demás. Y nadie lo ha pintado como Antonio Smith, quien nos pone frente al nacimiento de los ríos en la montaña o frente al océano en la costa y nos abandona en ese vértigo con esta pregunta: ¿Qué hago yo aquí? 

Jarpa y Lira nos ponen frente a la quietud del valle, nos instalan en él, en ella. El valle nos da un respiro pero no despeja del todo la interrogación existencial: ¿Y ahora qué?

Antonio_Smith,_Crepúsculo_marino

800px-Río_Cachapoal

 Antonio Smith, Crepúsculo marino y Río Cachapoal, c1860

O_Jarpa_Gran_vista_del_valle_con_palmas_chilenas_56x85_5cm

 Onofre Jarpa, Vista del valle con palmas chilenas, c1920 

 Pedro Lira, Atardecer en el estanque, c1900

________________

Smith y Jarpa, y Lira en parte, pintaron la Historia de Chile en tanto que geografía. Se podrían decir unas cuantas cosas sobre esta afirmación y sus límites pero esa lata mejor la dejamos para otro día.

Smith fue, tanto en su vida como en su obra, propiamente un romántico, un intrépido aventurero y todo lo demás. Jarpa, en cambio, fue un señor razonable. Lira estuvo probablemente entre los dos.

Reconozco la autoridad en esta materia de Antonio Romera, murciano de Chile.

Para Lucio Anneo 

4 septembre 2020

Unos polvillos minerales

Hay tres lugares o espacios en Yoga, de Emmanuel Carrère:

El paraíso perdido, el tiempo inmediatamente anterior al relato, los diez mejores años de la vida del autor-personaje, durante los cuales escribió sus mejores libros, un tiempo y un espacio que quieren prolongarse en un nuevo libro «sutil y sonriente» sobre el yoga. Para escribirlo, el autor se apunta a un cursillo de meditación en la región forestal de Morvan, en el centro de Francia, cursillo que acaba para él intempestivamente. Son los días de la matanza de Charlie Hebdo.

El infierno o una temporada en el infierno, esto es una temporada en la sección de psiquiatría de un hospital parisino.

El purgatorio, en la isla griega de Leros, frente a la costa turca.

Y un epílogo sobre cómo se escribe un libro como éste, un libro de ficción-no-ficción.

Digo que se trata de un libro de ficción-no-ficción porque Carrère le hace un esguince a su principio de contar sus aventuras tales y cuales fueron. Lo explica más o menos así: Yo controlo lo que digo de mí mismo pero los demás no pueden controlar lo que yo cuento de ellos. De lo que se desprende que algunas personas que deberían por la fuerza de los hechos aparecer en este relato le han impuesto al autor un silencio radical sobre esa presencia. «Y en cuanto comienzas a cambiar los nombres de los protagonistas la ficción toma el poder y (...) abres la puerta a todas las ventanas», concluye.

Sobre el paraíso perdido y la temporada en el infierno: «Una mitad de mí es enemiga de la otra mitad», dice el autor describiendo su personalidad bipolar. Para sacarlo de la depresión y ahuyentar las ideas suicidas su terapia se prolonga con la ingesta diaria de litio, sustancia que permite que las fases de euforia y depresión no sean tan acusadas. Es interpelante notar que una vida de introspección a través del yoga, el tai chi, la meditación y la escritura dependa de unos polvillos minerales...

Yo tiendo a señalar a la adrenalina como fuente de estos desarreglos. O a las hormonas, como prefieran. El autor quiere escribir un libro mejor que el anterior y como el género que cultiva es la autoficción —la ficción-no-ficción— se mete en líos. Por la misma vía, quiere conquistar a una mujer más joven y más guapa que la anterior. Y nuevos líos. Y así sucesivamente.

Eso sí, no entiendo cómo un libro como éste —un librito sutil y sonriente sobre el yoga, como dice su autor irónicamente— no hace referencia a un principio de base del hinduismo: la rueda del placer gira a la misma velocidad que la rueda del dolor. Elemental, mi querido Krishna.

_______

PS / Cuenta Carrère que cuando un ruso (él lo es a medias) se va de viaje se sienta junto a su ser querido un momento en silencio, tras lo cual se levanta y se aleja sin mirar atrás.

PS 2/ Debilidad por las islas. Tres momentos claves del libro transcurren en las Azores, en las Baleares y en las islas del Dodecaneso.

PS 3/ La lectura de un libro va dejando una lista de referencias a mirar más de cerca, una lista de cosas por hacer cuando lo acabes. En este caso, ver Rocco y sus hermanos. Y escuchar la Polonesa heroica n°6 de Chopin en la versión de Marta Argerich, o al menos ver el minuto 5'30 de esa grabación. Porque así como cuando uno lee una novela mira de vez en cuando la foto del autor en la solapa, en un libro de ficción-no-ficción buscará de repente la cara de alguna persona que asoma por el relato. Lo hice esta vez con Bernard Maris, asesinado en Charlie Hebdo. Lo conocía, claro, pero tras leer lo que cuenta Carrère de él quise volverlo a ver.

PS 4/ ¿Por qué las portadas de los libros sobre yoga son tan feas?

PS 5/ Sobre bipolaridad y arte, este poema de Ferreira Gullar que me sé de memoria.

PS 6/ Marc Bassets sugiere que Carrère le hace este esguince a la no ficción para ganarse el Goncourt que, como se sabe, premia sólo libros de ficción.

PS 7/ «Si dejas asomar lo que hay en ti, lo que asome te salvará. Si no lo dejas asomar, lo que no asome te matará». El epígrafe, tomado del Evangelio apócrifo de Tomás.

PS 8/ Los libros de Carrère ordenados de izquierda a derecha de muy buenos a buenos no más:

IMG_20210610_093433

1 juin 2018

Música de cámara y vino joven

Didier Eribon entrevista a Ernst Gombrich. Cuenta el historiador que durante la Primera guerra era un niño vienés al que la falta de alimentos dejó al borde de la desnutrición. Para recuperarse, lo enviaron a pasar una temporada a Suecia en el seno de la familia de un carpintero que se ganaba la vida fabricando ataúdes.

Gombrich hace esfuerzos para bajarle el perfil a la imagen de la Viena capital del Imperio austrohúngaro que consumimos sus admiradores —música de cámara y vino joven. Conmigo no lo logra, en cualquier caso. Si tu madre se codeaba con Mahler y con Freud, qué quieres que te diga.

En cambio sí que preocupa que en la ciudad donde numerosos inmigrantes judíos se convertían al cristianismo —es el caso de la familia de Gombrich— incubaba bajo las formas refinadas un antisemitismo purulento que no tardaría en empestar el mundo.

Canaletto Viena

Canaletto, Viena, 1758

4 novembre 2017

El hombre de la chaqueta amarilla

VISTA La Pasión Van Gogh.

La película comienza por preguntar por qué se mató Van Gogh. Tras examinar algunas hipótesis —la madre, el padre, su hermano Theo, Gauguin, las mujeres, el alcohol, los amigotes, la locura, la falta de dinero y de reconocimiento—, acaba abrazando la tesis de uno de los médicos que examinó al holandés en su lecho de muerte: Van Gogh no se mató, lo mataron.

Para demostrarlo, el filme pone sobre los últimos pasos del pintor al hombre de la chaqueta amarilla, Armand Roulin, hijo del encargado del correo de Arles, a quien su padre envía a entregar a Theo Van Gogh la última carta escrita por Vincent. De entrada, el hombre de la chaqueta amarilla desprecia al holandés, al que considera un debilucho, pero poco a poco se va identificando con él. Un esquema de historieta, en suma.

800px-VincentVanGoghArmandRoulin1888 

Empeñado en ese punto, del filme sólo aflora un detallazo. Quien se quedó con buena parte de la obra de Van Gogh, el doctor Gachet, fue copiando una a una las telas, lo que obligó luego a los expertos a discernir cuál era el original y cuál la copia. Pues bien, el doctor Gachet admiraba y probablemente envidiaba a Van Gogh porque él mismo era un pintor contrariado y el padre de la mujer que el holandés amaba. Además, el doctor y el pintor se parecían físicamente. Un conflicto mimético donde los haya.

En el plano formal, La Pasión Van Gogh opta por un procedimiento novedoso y celebrado que consiste en pintar la película a mano, a la manera de Van Gogh. Lo que está bien, en la medida en que permite al espectador ver los lugares filmados como si de telas del holandés se tratase. Eso sí, al cabo de un rato la fórmula satura. 

Me apuro en decir que el filme me interesó. Le doy cero almohadas, porque en ningún momento me dormí. No obstante, y teniendo en cuenta de que hay ya más de una docena de buenos filmes sobre Van Gogh —sobresale el de Pialat—, la pregunta es ésta: en los últimos ocho años de su vida Van Gogh pintó más de 800 telas que como conjunto y muchas de ellas por separado están en lo más alto de la historia de la pintura. Y sin embargo, en vida sólo pudo vender una.

Desde ya digo que la explicación al uso, según la cual el artista se adelanta a su tiempo, no me convence. (Y al decirlo estoy pensando, cómo no, en mi amigo Rodrigo Lira, de quien Roberto Careaga acaba de escribir esta biografía).

Así es que vuelvo a la pregunta del inicio: ¿Quién mató al pintor? Fuenteovejuna, señor.

13 août 2017

Siga la concha

Diario del Camino de Santiago, y 5

IMG_20170622_132405

Aun entre la bruma en los trechos más silvestres del camino primitivo abundan las señales. No digo ya las naturales sino las que dejan los peregrinos o los que les marcan el camino. Es conocida la propensión humana a ver signos donde no los hay pero en el camino no faltan.

Hay los que ponen los que marcan el paso de los peregrinos, ya está dicho. A las conchas que antes orientaban ahora les han superpuesto unas flechas porque vivimos tiempos en que la redundancia manda.

Hay los que quieren vender algo, así sean unas humildes botellas de agua. 

Hay los que quieren venderse a sí mismos, cacarear como hace la gallina cuando pone un huevo.

Y hay los signos que están ahí porque se han caído del bolsillo de un distraido. Esos son los que me llaman más la atención.

12 mars 2017

La resurrección

El Reino, y 10

El Reino son muchas historias. 

La historia de Marcos el evangelista que, según Carrère, podría ser el hijo de la mujer en cuya casa Cristo se reúne con sus discípulos la noche de su arrestación y presencia la llegada de los soldados a detener a Jesus, y es el único que no huye y los sigue a buena distancia hasta que lo descubren y le tiran de la capa que lo cubre, y huye desnudo y vuelve a su casa y se duerme y al dia siguiente no sabe si lo que vio lo vivio o lo soñó.

La historia del hijo pródigo, que sólo está en el evangelio de Lucas, como varias otras que serían, según sugiere Carrère, un aporte personal del evangelista griego. Tal como la cuenta Carrère, el énfasis recae sobre el hermano bien portado del hijo pródigo, el que nunca había fallado en su lealtad al padre y acaba por no entender las larguezas de éste con el hijo disipado al que acoge con banquetes y bailes, y se reconcome por ello, como se reconcomió Caín por parecidas razones.

La historia de la comunidad de griegos convertidos por Pablo por la vía de la promesa de la resurrección y, cuando muere el primero de esos conversos, lo velan impacientes por verlo resucitar. Y, en contra de lo esperable, a pesar de que el muerto no resucita no pierden la fe. Tal vez al alba que siguió a ese largo velatorio comenzó a caer el Imperio romano.

Tantas historias son las que cuenta El Reino que otro que intentó contarlas,  George Stevens, a la hora de titular su película la llamó «La más grande historia jamás contada». Carrère, por su parte, fue a buscar en Lucas el atajo que necesitaba para poder seguir contando historias, para mantenerse vivo como narrador.

1624303756

11 février 2017

Cherchez la femme

El 12 de febrero de 1541, pronto hará medio milenio, en una lengua de tierra entre dos brazos del río Mapocho, sobre una colina que los nativos picunches llamaban Huelén, un grupo de extremeños fundan Santiago de Chile. El cacique del lugar se llamaba Huelén Huala y de él obtuvo Pedro de Valdivia el acuerdo para poner la primera piedra de la que sería la capital de Chile.

Fundacion_de_Santiago

En 1898, Pedro Lira pintó este óleo que fija ese momento. Cacique y conquistador indican el lugar donde se desplegará una ciudad que hoy tiene seis millones de habitantes. A lo largo de los años la imagen ha estado en varios billetes en curso y ha circulado abundantemente de mano en mano. Y, sin embargo, poco se la ha mirado de cerca, como afirma con razón Josefina de la Maza, quien centra su análisis de la pintura en una presencia-ausencia, la de la única figura que no es de indio ni de conquistador. Está junto a Valdivia, detrás de su lugarteniente, Pedro de Villagra, cubierta por un manto blanco.

Es Inés de Suárez.

La historia de Suárez no cabe en estas líneas. Pero ella sí cabía en el cuadro porque se había ganado el derecho a estar en él, ella más que ningún otro. Y, sin embargo, ¿qué hace que Pedro Lira, el gran pintor fin de siècle en Chile, la muestre à la dérobée, la señale y la esconda al mismo tiempo? «Ansiedad de género» diagnostica nuestra ensayista. Incapaz de encasillar a la pionera en un formato al uso, el pintor la disimula bajo un hábito de mercedario. 

Claro que, como sea, la gestalt opera. Una vez que la ves, ya no puedes dejar de verla e Inés de Suárez se convierte en el punctum del cuadro.

5 octobre 2016

Siete días en Portugal

No cabe un turista más en Lisboa. Exagero apenas, siempre caben unos cuantos más. Como en Barcelona. Hay que ser comprensivos: Túnez, Egipto, el Magreb, están cerrados al turismo. ¿Dónde van a ir de citytrip los jubilados septentrionales si no es a las ventiladas ciudades de las costas ibéricas, dónde van a sentirse más cómodos y estar mejor atendidos?

La mejor manera de seguir siendo comprensivos es alejarse un poco, y eso es lo que hacemos. Bordeando la costa hacia el sur, hacia el Cabo de San Vicente, hacia el punto extremo donde el océano se convierte en una realidad total.

Enfrente tenemos el paisaje de las sierras del Alentejo y a las espaldas los acantilados de la Costa Vicentina, en cuyas hendiduras se forman playas. O al revés, según nos giremos. Allí todavía pueden verse casas campesinas que dan la espalda a la mar mientras abren puertas y ventanas al campo. Blancas, con los dinteles azules, uniformadas y bien dispuestas.

Así fue como fuimos de una playa de naturistas a una playa de surfistas, de una playa de añosos alemanes a un playa de alemanes bisoños. Ya es octubre y aunque el verano sea extensible o interminable, esa costa debe de ser la menos frecuentada de Portugal. 

Así que todo bien. Tanto, que pasar varios días desconectados resulta llevadero, como seguir el curso del canal de riego y llevar la atención de los sapos a las garcetas y observar luego en la caleta cómo se asa una lubina.

P1100306

Y después de estas consideraciones geoculturales, una consideración geopolítica: los portugueses llaman «geringonça» al gobierno socialdemócrata de Costa apoyado por la izquierda. No daban por él dos días y lleva ya diez meses. La «jerigonza» de Costa era el horizonte o el espejismo de Pedro Sánchez. Desde donde cayó al abismo oceánico o a la piscina sin agua ya por el interminable verano.

23 août 2016

¿De qué color son los ojos azules de la Virgen?

5

AZULES, SEGÚN DECOIN

Yo no estoy tan seguro. En la catedral de Burgos o en la de Tournai hay unas cuantas vírgenes a las que se puede mirar a los ojos, a ver. Pero las vírgenes miran al suelo, o al cielo, o al Niño, o llevan los ojos llenos de lágrimas.

(Cómo me gustaría ser como aquel niño al que le escuché decir en un autobús en Sevilla: «Yo, de las vírgenes, mi favorita es la de la Almudena»).

Esta de Van der Weyden está en Tournai. La catedral de Burgos es sólida como la Tierra. La de Tournai, en cambio, parece estar a punto de caerse. La saquearon los iconoclastas en el Renacimiento, los revolucionarios durante la Revolución y en el 40 la bombardearon los alemanes, pero lo que casi la derrumbó fue una ventolera en el año 1999.

Para volver a Burgos, Gibran dice que Susana, una vecina de María, contaba que, estando encinta, María solía pasear por entre las colinas y volver al anochecer con los ojos llenos de belleza y de dolor.

Pero no dice nada sobre su color.

CqZ2NBbWcAQM0DV

20 février 2023

Profundidad del ombligo

CRUZANDO A NADO la laguna Chiu Chiu me acordé de estos versos que escribió Marcelo Castillo cuando éramos cabritos: «Cómo decirle al pez de la pecera que el mar es ancho y el río largo y el lago contenido en un ombligo de la Tierra es inmenso hacia adentro». Cuando llegué a la orilla —no tardé mucho, el agua estaba fría y la laguna es pequeña— me dijeron que el comandante Cousteau la había explorado sin encontrar el fondo. Chiu Chiu es una laguna superficialmente pequeña pero profundamente profunda

Así el ombligo, una cavidad que ocupa poco espacio físico pero mucho espacio espiritual, puesto que el centro anatómico del ser humano es la sede del ensimismamiento y también su metáfora. No serían Eva ni Adán quienes acuñaran tal metáfora porque en estricta lógica carecían de ombligo. Se cuenta en cambio que allá por el año de la pera unos monjes meditaban con la cabeza gacha, lo que los hizo blanco de las críticas por pasarse el día supuestamente mirándose el ombligo. De entonces ahora se llama ombliguista al egocéntrico, cuya actitud nadie ha descrito mejor que el cantor Lenorman: «Tengo ganas de abrir la ventana para verme pasar por la calle».

Marcelo Maturana llamó recientemente a su columna El ombligo vacío. Entiendo la idea pero creo que el ombligo está lleno de contenido puesto que las líneas que nos deja la separación de la madre, los detalles de esa cicatriz, componen un mandala que dice mucho sobre lo que nos espera y nos desespera. El hinduismo hace radicar allí, en ese centro del centro, el chakra más poderoso. Tanto así que tal vez tenían razón aquellos monjes. Si te miras concienzudamente el ombligo puede ser que acabes comprendiendo cómo funciona el universo porque para entender esto último hay que haber entrenado suficientemente la capacidad de concentración.

Pensando en estas cosas del ombligo me acordé también de un gran momento del periodismo universal. En los años en que Luis Alberto Ganderats dirigía la Revista del Domingo del diario El Mercurio, en plena dictadura, escribió un reportaje en el que conspicuas personalidades de la vida pública de aquel entonces se explayaban sobre su relación con su propio ombligo. La revista ya estaba impresa y encuadernada y su portada, en la que se veía, cómo no, el primer plano de un flamante ombligo, olía a tinta fresca, cuando el director y propietario del periódico se enteró del asunto y hasta ahí no más llegamos.

Eran años ésos de censuras y secretismos, el episodio fue comentado sotto voce y desapareció rápidamente de los mapas físicos y de los radares mentales. Iba a escribirle a Ganderats para preguntarle si cuarenta años después conservaba un ejemplar del ombligo censurado y si quería contar ahora algún entretelón, algún pliegue de esa cicatriz, cuando me entero de que murió hace unos meses. 

Vuelvo a mirarme el ombligo y creo que no me arrepiento de nada, aunque sí lamento un poco no haber hecho algo entonces con esa noticia, algo así como un análisis abstruso o un llamativo pastiche.

Sátiros_atlantes_-_sec_II_-_Louvre

Sátiros mirándose el ombligo, Roma, sII

15 février 2014

El efecto muñeca pepona

Buenas risas días atrás con el periodista de La Vanguardia que contaba de Houellebecq (Ulbec, para entendernos) que, durante la entrevista, se tocaba el flequillo. Lo de Ulbec es más bien una ensaimada capilar, como la de Anasagasti, lo que en Chile llaman, con guasa, un parrón.

Ignacio Vidal-Folch ve el asunto desde otro ángulo. Cuando conoció a Ulbec, éste «acababa de hacerse un desafortunado injerto de cabello y la parte alta de su espaciosa frente presentaba el efecto muñeca pepona en el que se ven los agujeritos de los implantes en el cuero cabelludo. Esos agujeritos —cuenta— me hipnotizaban como ojos de cobra, no podía apartar de ellos la vista: exactamente lo mismo pasa con sus libros, repulsivos pero irrresistibles».

También sobre cuestiones capilares, y a cuenta de lo aburridas que le resultan las peluquerías, Vidal-Folch recuerda aquella entrada del Diario de Renard: ¡Por fin soy calvo!

VL

Carle Van Loo, Retrato de un desconocido

2 août 2013

La música del agua

(Saldos de Cangas de Onís)

Estábamos días atrás con S sobre el Puente Romano. Miramos al Sella, abajo, y dictaminamos: De aquí no se lanza nadie. A continuación, como si nos hubiese oído, se trepó un rapaz sobre la barandilla y se lanzó al río, como muestra la secuencia.

P1000627

P1000630

P1000631

Cuento esto porque me entero de que Haendal, el compositor de la Música del agua, se sentía un día tan desesperado que se lanzó al Támesis. Schumann, por su parte, se lanzó al Rin. En pantuflas. Una cosa no tiene que ver con la otra, ya lo sé. Unos saltan por el oro, otros por la plata y otros por el bronce.

Será la música del agua. Yo he visto en los lechos de los ríos magrebíes florecer los laureles de tan secos que están en estos meses en que quema el aire. El señor que contaba lo de Haendel acabó citando a Walter Benjamin cuando decía que la esperanza la traen de vuelta los que la han perdido.

30 août 2023

Ocho días en Montenegro

Día uno 

LO PRIMERO es el nombre, Montenegro. ¿Por qué un país balcánico de lengua eslava lleva un nombre en español? Porque hace mil años los navegantes venecianos comenzaron a recorrer la costa dálmata y viendo los montes oscuros que la ciñen llamaron a este trecho en su lengua Montenegro y ese nombre se consolidó en los idiomas de Europa occidental. En montenegrino, en cambio, Montenegro se llama Crna Gora, que quiere decir literalmente montaña oscura, monte negro.

Día dos

Candidato a miembro de la Union Europea con ingreso previsto en 2030, Montenegro adoptó unilateralmente el euro en 2002 sin formar parte de la llamada eurozona. Lo cierto es que, al menos en verano y en la región costera, los precios montenegrinos son más o menos los mismos que se practican en Fráncfort del Meno, la ciudad sede del Banco central europeo...

Día tres

Sobre el tira y afloja de los montenegrinos entre Oriente y Occidente, entre venecianos y otomanos, entre serbios y croatas, la costa y las montañas de Montenegro han sido una línea de fuego a través de la Historia.  Un montenegrino puede ser hijo de yugoslavos y nieto de otomanos o austrohúngaros. «Se pregunta uno qué será de estos eslavos que bajaron de sus montañas y se convirtieron en una verdadera nación», escribía Pierre Loti. Ahora mismo los veraneantes de la playa de Lucice exhiben su mestizaje eslavo-germánico-otomano y se les ve bien aspectados.

Captura de pantalla 2023-08-30 a las 16

Día cuatro

Temprano por la mañana recibo la noticia fúnebre. Me voy a refugiar a una iglesia minúscula del sXVI consagrada al profeta Elías. Estoy solo durante una hora hasta que entra una mujer y me pregunta si trabajo en la iglesia. Enseguida se recoge y se echa a llorar. Me parece que estamos allí por las mismas razones.

Día cinco

Los montenegrinos son altos y por lo visto el culto al tamaño no es nuevo: «Esteban Dussan, que fue proclamado rey joven en 1331, ocupa un lugar importante tanto por su talla (medía dos metros) como por sus actos». Pero también en la mesa del lado —cómo fuman los montenegrinos— hay un niño sentado entre adultos que luego resulta que bebe cerveza y es el encargado del negocio vecino. Parece un niño pero es un hombre pequeño. La distancia cultural produce estas distorsiones. Las monjas ortodoxas que venden objetos de culto y productos locales en el paseo marítimo son altas también y me dejan con las ganas de escucharlas porque no hablan ni media palabra en inglés. Dussan por su parte es serbio y vive en Montenegro y como hizo un erasmus en Barcelona habla español fluidamente. ¿Y catalán?, escucho que le preguntan. Es una mezcla de español y francés que hablan las personas mayores, concluye. Alabamos los paisajes de esta costa y Dussan asiente pero añade que en el invierno hay poco que hacer: de la iglesia al trabajo y del trabajo a la casa, eso es todo, dice. Y lo dice en ese orden.

Día seis

Dubrovnik está a dos pasos de la frontera montenegrina pero está saturada, de manera que decidimos ir a Budva, cuyo casco viejo es una Dubrovnik en miniatura. Las iglesias ortodoxas son tan pequeñas y están tan sobrecargadas de imágenes que suponen una experiencia límite para los iconoclastas. Llama también la atención que el dinero que la gente deja por los objetos de culto quede sobre las mesas y aparentemente nadie lo sustraiga. En la iglesia de la Santa Trinidad me compro un anillo con el Padre Nuestro grabado en cirílico. En la playa de la isla de San Nicolás, frente a Budva, me echo a nadar y en seguida siento que el anillo resbala y cae al fondo. Intento recuperarlo pero no hay manera. Supersticiosamente me siento desprotegido porque, supersticiosamente también, un anillo con el Padre Nuestro suponía una protección. Para hacer flores de mis penas y teniendo en cuenta que ya perdí otro en similares circunstancias en Benidorm, se me ocurre perder otros ocho (Poseidón tendrá diez dedos) en playas mediterráneas cuyos nombres también comiencen con la letra B... 

Día siete

«Mañana me voy de este pueblo y no es que no quiera quedarme» escribí una vez en Extremadura, y lo que vale para Extremadura vale también para los Balcanes. Me pregunto a dónde iría si me quedase por aquí más tiempo: ¿a Croacia, a Bosnia, a Serbia, a Albania o a las montañas del interior de Montenegro? O bien me instalaría a hojear libros en lenguas que no entiendo en la biblioteca de la ciudadela de Budva, desde cuyas ventanas asoma por lado y lado el Adriático. Sobre la puerta de entrada a esa ciudadela luce esta inscripción: «Erbaut im jahre 1836» (Construido en 1836). Creía que  la habían construido los venecianos en el medievo pero ni el idioma ni la fecha de la inscripción lo indican así. Averiguo y, sí, la ciudadela la construyeron los venecianos en el medievo pero la fachada la reconstruyeron los austrohúngaros en el sXIX...

Día ocho

Último día, nadie se enoja. Despedida de Petrovac a la luz de la luna sobre el puerto. Es triste irse de aquí después de tan pocos días pero sería aún más triste no haber venido. 

Día nueve

Tocan a la puerta. El taxista que nos trajo ayer desde el aeropuerto me tiende una bandeja de higos montenegrinos que olvidamos en el maletero. Se lo agradezco y luego me digo que debí proponerle compartir los higos. Pero la generosidad no busca la reciprocidad. ¿O sí?

25 mai 2015

Las escaleras

Ojo, dice, las esquinas son para distraerse y hacerse daño con los tranvías, como le ocurrió a Gaudí. Caso, además, agravado porque lo tomaron por un mendigo y tardaron en llevarlo a un hospital donde no lo atendieron.

O bien puede que le ocurra lo de uno del que cuenta Uriarte: a la salida de la iglesia se le fueron los ojos detrás de una muchacha y se cayó por las escaleras.

El hombre es un par de ojos y unos cuantos fantasmas, decía San Agustín. 

Source: Externe

Óleo de Francis Bacon

28 février 2015

Larga vida y prosperidad

Live long and prosper les desea un actor fallecido a unas familias de refugiados que intentar volver por sus pasos en la frontera turco-siria a ver si sus casas abandonadas siguen en pie. «Estamos cansados, somos desgraciados», dicen. Es el telediario de Euronews. Las noticias se suceden rápidamente y tienden a entreverarse sin un presentador que las ancle —el famoso eje Y Y, los ojos del presentador en los ojos del espectador.

En el diario de papel, las noticias se despliegan en el espacio como en un mapa sobre el que el lector puede clavar sus banderillas y fijarlas. Pero en la tele se suceden los planos en una larga seguidilla de imágenes que se empujan unas a otras cuando están en el primer plano para dar paso a la siguiente, y acaban mezcladas en la licuadora mental del afligido (o excitado, o aburrido) espectador. Allí están otra vez esos cretinos descabezando estatuas como rehenes, y allí hay un combatiente de otro frente que se ha tatuado las cabezas de Lenin y de Stalin en las costillas, y allí está el lugar adonde la cámara no consigue llegar, el puente frente al Kremlin donde Boris Nemtsov fue acribillado anoche.

Aguanto hasta los deportes, hasta que el golfista sudafricano Coetsee me previene, palo en mano, que la vida es mucho más simple sin ver televisión: «Nos acostamos temprano y leemos muchos libros y nos levantamos temprano a pasear por la playa antes de llevar a los niños a la escuela».

¿Qué hago, le hago caso y la apago? Tiene razón, pero a mí no me gusta obedecer.

Source: Externe

24 avril 2015

La estepa

No se me ha perdido nada en Rusia. Sin embargo, Rusia me sale en la sopa.

Leo la Sonata a Kreutzer, de Tolstoi, y atravieso con un desdichado al lado la estepa, en carroza, en tren, exaltado y sofocado, sucesivamente.

Leo La Tregua, de Primo Levi. Cuenta su larga estadía en el campo soviético de Katowice, tras la liberación de Auschwitz por el Ejército rojo, la travesía de Polonia, de Ucrania, de Moldavia, a pie, en camión, en tren.

Leo Limonov, de Carrère, y vuelta a lo mismo, vuelta a los trenes a través de la estepa. A pensar en lo insondable del alma humana y en otros detalles menores. Vuelta a la exaltación y al sofoco.

Enciendo la radio y suenan Prokofiev, Shostakovich. No falla. Si suena Tchaikovsky, la apago, eso sí.

La lectura de Levi deja la imagen de los rusos como unos entrañables grandullones, caóticos, vitalistas. Es verdad que haber sido ellos los liberadores cuenta a la hora de hacer recuento. En contraste, los alemanes de entonces resultan antipáticos, por decir lo menos.

Ahora, desde mi ventana puedo ver a cierta distancia la terraza del piso de una familia de rusos. En cuanto la temperatura sube de ocho grados y hay un asomo de sol la familia entera comparece en ropa ligera a hacer la vida fuera. La madre con sus quehaceres, el hombre con su trabajo, los niños saltando sobre una cama elástica. Parecen napolitanos. Se ve que son inmigrantes recientes pero ya hablan francés con los niños, con su áspero acento.

Source: Externe

13 janvier 2015

Verdaderamente

La diferencia entre un mentirando y un mentiroso es que este último sólo miente de vez en cuando, mientras que el mentirando está siempre mintiendo. Una vez que se conoció la gran mentira de Enric Marco, esto es pretender haber sobrevivido al campo de concentración nazi de Flossenburg y haberse convertido por esa vía en el mascarón de proa de las asociaciones españolas de víctimas del nazismo, quedaba por dilucidar si sólo mintió en ese extremo, o si durante toda su vida no hizo más que mentir.

El Impostor, el libro que Javier Cercas consagra a Marco, lo sitúa en la categoría de los mentirosos totales, de los que se hacen con un lugar en el mundo, un lugar ciertamente mayor del que les corresponde, a punta de embustes gordos. Embustes apuntalados, eso sí, con medias verdades que les sirven de entramado, de sostén. Marco estuvo en Alemania durante la Guerra, pero no en tanto que resistente, sino como trabajador mecánico voluntario en los astilleros de guerra de Kiel, y estuvo luego detenido en una cárcel común, pero nunca pisó un campo de concentración. Se informó sobre ellos, sí, y construyó sobre esa base un relato en torno al cual reordenó su vida y constituyó un personaje bien recibido en muchos lugares. Un personaje que, ostensiblemente, estaba encantado de conocerse.

Source: Externe

Es un acierto del libro de Cercas mostrar hasta qué punto Marco produjo un tipo de kitsch que la sociedad española quiso ver y oír -consumir- durante un periodo que se puede situar entre la caída del muro y la crisis financiera. Cuando la película de Roberto Begnini La Vida es bella conmovía a las audiencias, Marco envió una carta a La Vanguardia, como solía hacer, pletórica de autoflores: «Debo convenir que en mi caso logré sobrevivir gracias a la conciencia de que la vida es esencial, independientemente de su circunstancia, de que la vida hay que soñarla bella y que había que saltar, volar sobre los alambres y las barreras cuando no existía opción de evasión real».

En su abundante produccion de discursos, cartas y otros mensajes, la palabra que más usa Marco, su muletilla favorita, es verdaderamente. «Verdaderamente esto, verdaderamente lo otro, verdaderamente lo de mas allá». Con certeza señala Cercas que «igual que el énfasis en la valentía delata al cobarde, el énfasis en la verdad delata al mentiroso. Verdaderamente, todo énfasis es una forma de ocultacion, o de engaño. Una forma de narcisismo. Una forma de kitsch».

Y acierta doblemente, además por la concisión de ese capítulo. No siempre es el caso. A mí, lector, se me hizo larga la lectura de un capítulo o dos; de uno, seguro, aquel en el que el autor, Cercas, dialoga supuestamente con el personaje Marco. En otros, Cercas consigue, en cambio, formular buenas síntesis sobre cuestiones como memoria e historia, o ficción y verdad (Quijote y Quijano).

En tanto que lector, también, y esto escapa ya al libro en sí, se da la circunstancia que leí paralelamente este Impostor y el relato que hace Primo Levi de su estadía en Auschwitz, Si esto es un hombre. Hay lecturas paralelas de las que los libros salen favorecidos; en este caso, el empaque moral de Levi es tal que la mermelada traficada por Marco queda a la altura del unto.

27 mai 2014

Del buen humor del bueno

Vamos a necesitar mucho humor para aguantar lo que viene.

Y el humor es impensable sin un infinito buen humor, y no hablo del sarcasmo sino del buen humor del bueno, sin el cual es imposible soportar la estultucia del mundo, afirma un personaje de Kundera, citando a Hegel.

El librito que cito, el ùltimo de Kundera, La fête de l'insignifiance, pretende ser él mismo una muestra de que el humor es posible en medio de tanta tonterìa. Segùn el diario de Jrúchov, cuenta Kundera, Stalin se burlaba de su círculo màs estrecho de colaboradores contàndoles con absoluta seriedad unas historias tiradísimas de los pelos que sus incondicionales se sentían obligados a dar por serias. Stalin se regocijaba estirando el elàstico de lo inverosímil para poner a prueba la docilidad de sus pretorianos. Si estos hubiesen asumido que se trataba de bromas, afirma Kundera, ésa sería la prueba de que habrían cambiado de época. 

Lo más gracioso es la relación de Stalin con su adjunto Kalinin. Kundera pretende que el viejo Kalinin sufría de la vejiga y necesitaba vaciarla frecuentemente, pero no se atrevía a hacerlo por no interrumpir las largas tiradas de Stalin, tiradas que el dictador prolongaba aposta para ver hasta dónde aguantaba la vejiga de su fiel segundón. Tanta retención se vio recompensada porque a la hora de rebautizar la ciudad de Koningsberg -la cuna de Kant-, enclave ruso en Prusia conquistado por la URSS en 1945, Stalin decidió llamarla Kaliningrado, burlándose tal vez por esa vía de Kant, de Hegel y del conjunto de la filosofía alemana.

Pues eso, no sé cuánto habrá que aguantar antes de echar a correr para ir a aliviarse, y no sé cuánto humor habrá que echarle a todo esto, sabiendo además que entender el humor de los nuevos tiempos -el nuevo humor- es imposible por ahora en la medida en que éste sólo se hará inteligible una vez que el cambio de los tiempos se afirme como tal.

Un apéndice sobre el libro y su crìtica. Sabiendo de la relación desastrosa que Kundera ha mantenido en estos ùltimos años con ciertos críticos franceses, una vez cerrado el libro he ido a leer la crìtica de Assouline. Que lo deja, era de esperar, como chaleco de mono. Con todo derecho, no faltaría más. Eso sí, me parece impertinente que el crítico se permita sugerirle al autor que abandone el francés y vuelva a escribir en su lengua materna. Si eso no es lepenismo, que venga Le Pen y lo empeore...

Source: Externe

Dibujo de Milan Kundera

3 novembre 2009

Le petit Nicolas

Ayer se fallaron los dos principales premios literarios parisinos, el Goncourt y el Renaudot. Para Trois femmes puissantes, de Marie Ndaye, el Goncourt , y para Un roman français, de Frédéric Beigbeder, el Renaudot.

Hace un par de años Beigbeder fue sorprendido por la policía consumiendo cocaína sobre el capot de un coche en pleno centro de París. Beigbeder cuenta ese episodio en su libro, que se vende como pan caliente. 'No hay mejor droga que el Renaudot', declara ahora Beigbeder, y le dedica el premio al fiscal que lo mantuvo detenido, según él, de manera abusiva.

Ndaye cuenta la historia de tres mujeres africanas. Ya el Goncourt del año pasado, Syngué sabour, de Atiq Rahimi relata la vida de mujer afgana. Como el Planeta reciente, Contra el viento, de Ángeles Caso, lo hace con una mujer caboverdiana.

La prensa presenta a Ndaye como francosenegalesa. Es hija, en efecto, de un senegalés y una francesa. Su padre desapareció cuando ella era una niña de pecho, la novelista vive entre París y Berlín y de sus 42 años de vida sólo ha pasado un par de semanas en Senegal.

Otra historieta parisina es que se ha descubierto que el don de Sarkozy por la propaganda y la venta de aviones viene de lejos. Ya la imagen del petit Nicolas ayudaba a su padre, publicista, a vender detergente.

Sarkozyto

10 novembre 2009

El lugar

15738_164160022685_621497685_2910415_243392_n

El lugar que muestran estas fotos es el culo del mundo, la estación terminal del ramal donde los pasajeros debemos bajar. Es largo y angosto, etcétera.

Por cierto, estas fotos de Elde Gelos no están hechas para mostrar ese lugar. Su propósito es otro, pero entretanto lo muestran, o me lo muestran a mí.

Y, como se puede imaginar viendo estas fotos, la gente de ese lugar (un lugar caminero, orillero, un lugar extramuros), mira mucho la televisión y lee unos diarios que huelen al pescado que envolverán. En torno a esa gente se mueven los autos y los animales, gatos, caballos y hasta alguna cabra, pero sobre todo perros, innumerables perros.

n621497685_1338419_158

 

n621497685_1338420_460

 

n621497685_1338421_910

Las fotos de Elde Gelos están más cerca de la pintura que de la instantánea. Véanse los gladiolos que cuelgan en el tren y este manojo pintado por Natalia Babarovic. El tiempo pasa lentamente a través de ellas, tal como asoma la imagen sobre la emulsión en el líquido revelador, antes de pasar por el baño fijador. A pesar de éste, no me sorprendería que dentro de algún tiempo se desvanecieran.

Por si no ha quedado claro aún, me gustan mucho estas fotos, tanto así que las miro a menudo detenidamente. Quien tenga cuenta en Facebook puede verlas aquí.

Publicité
<< < 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 20 30 40 50 60 70 > >>
Camino de Santiago
Publicité
Sobre el nombre de este blog
Publicité
Derniers commentaires
Publicité